Capítulo XII:

-Rose, esto está delicioso…-me decía Rue, mientras terminaba de comer una de las ardillas fritas que me había encargado de cazar ni bien despertamos.

Apagué la pequeña fogata que habíamos hecho para cocinarlas, y comencé a guardar las ardillas sobrantes en mi mochila.-Ya no queda casi nada de agua… Tenemos que buscar un río…-sentencié.

-Por dónde vine, había uno…-me dijo.-Tendríamos que tomar ese camino.-señaló a la izquierda.

-Mejor vamos yendo, Rue…-le contesté poniéndome de pie.

-…Este lugar comienza a aterrarme…-me contestó.-Tienes razón…

Tomé las dos mochilas que teníamos, y nos encaminamos hasta donde estaría el río.

-En mi distrito, trabajamos hasta la noche…-me contaba Rue en el transcurso- ¿Tu trabajas, Rose?

-No… ¿Acaso no vas a la escuela?-le pregunté.

-No-respondió apretando los labios-Si tu familia es muy pobre, y las teselas no alcanzan, puedes empezar a trabajar en los huertos desde los once años.

Vaya, pensé.

Pobres niños.

-En mi distrito, sólo los hombres trabajan en las minas… -le comenté.

-¿Y las mujeres?

-Bueno, ellas, trabajan en fábricas o en tiendas… Mis primas, trabajan en un boticario…-expliqué.

Luego de responderle, Rue, se quedó algo pensativa, parecía querer saber mucho más, pero decidida a ello, continuó con su cuestionario.

-¿Rose… te han hablado de Hogwarts?-preguntó con timidez.

-Claro que me han hablado de Hogwarts.-contesté sonriendo-Mi tía Ginny, se encargó de eso.

-Mi padre, también me contaba sus anécdotas… -decía- ¿Y… haz tenido magia involuntaria?

-No.-sentencié-Nunca. Aunque, mi primo Fred, juró haberla experimentado hace tiempo, pero él es tan mentiroso, que no le creo...

Rue, rio.

-Es en serio… -le dije.- ¿Qué hay de ti, la haz tenido?

-No, tampoco… Mi familia, aún tiene la esperanza de que alguien la tenga, pero hasta el momento, nadie.-respondió.

Ni bien terminó nuestra charla, escuchamos como si unas ramas se quebrasen a nuestras espaldas.

Inmediatamente, giramos, y nos encontramos con un voraz incendio, que arrasaba con todo.

-¿¡De dónde ha salido eso?!-gritó Rue, sin embargo, no pudo seguir hablando, pues empezaron a llover bolas de fuego a nuestro alrededor.

Tomé su mano, y comenzamos a correr a toda prisa.

-¡No te sueltes!-le grité.

Las bolas de fuego, caían por todas partes, e intentaba evadirlas con algo de destreza, poniendo a Rue detrás de mí.

Seguíamos corriendo, pero en un momento, sentí que ella se soltó de mi mano.

Giré a ver, y estaba en el suelo, pues se había tropezado con una rama.

Rue, se paró con rapidez, pero no contó con que una bola de fuego ardiente, iba directo a ella.

Con rapidez, la empujé como pude, y la bola de fuego, rozó mi pierna, dejándome una enorme quemadura.

-¡Rose!-gritó ella totalmente desesperada, ayudándome a ponerme de pie.

-Estoy bien…-mentí sufriendo internamente, y comenzaba cojear por el dolor.

-¡El río!-gritó Rue adelantándose-¡El río! ¡Hemos llegado!

De inmediato, llegamos hasta el amplio río, donde me adentré tan rápido como pude, para apaciguar el dolor de mi quemadura.

-¿Rose, planeas bañarte?-me dijo Rue, riendo-El Capitolio entero, nos está mirando.

-No planeo hacerlo, sólo quería refrescar la quemadura… Ve llenando los frascos con todo el agua que alcancé…-le dije entregándole las mochilas.

-¿Segura que estás bien?-me preguntó terminando de llenar el primer frasco.

Sólo asentí, sin embargo, me olvidé de sus palabras, pues escuchamos el ruido de dos cañonazos, y a la par, se oían unas voces conocidas.

-¡Ahí, está!-gritó una de las voces- ¡Cato, encontré a la chica en llamas!

-¡Vamos por ti, chica en llamas!-gritó este.

-¡Atrápenla!

Maldita sea, me dije saliendo del agua.

-¡Rue, corre!-le dije-¡Yo te sigo!

Comencé a correr con desesperación, mientras sentía que la quemadura me ardía como si me clavaran un cuchillo con cada paso, pero aun así, intentaba moverme con rapidez.

-¡Rose, subamos a ese árbol!-me indicó Rue.

Trepé como pude, y sentí que la corteza del árbol, me raspaba la herida cuando ya estaba por llegar a la copa.

-¡Ahhh!-grité adolorida.

-¡Rose! ¡Me dijiste que no tenías nada!-gritó Rue ayudándome a subir a las últimas ramas.

Tanto ella, como yo, nos agarramos fuertemente al tronco, mientras que los profesionales, ya nos habían visto, y comenzaban a lanzar flechas desde abajo.

Comenzaba a pensar, que todo esto había sido preparado u ordenado por el mismo Voldemort, al ver que estábamos hablando de Hogwarts y la magia involuntaria.

-¡Bajen!-gritaba Glimmer, quien era la que tenía el arco.

-¡Te estamos esperando, chica en llamas, y a tu amiga también!-esa era la voz de Clove.

-¡Dame eso, Glimmer!-gritó Cato, al parecer, le había arrebatado las flechas, y ahora él las apuntaba hacia nosotras.

Miré hacia abajo, y noté que Scorpius también estaba con ellos, sólo que él miraba para arriba con algo de impotencia.

-No te sueltes, Rue-le dije dándole ánimos, pues comenzaba a temblar por el miedo.-No saben trepar… No nos alcanzarán…

-¡Las estaremos esperando! ¡Tendrán que bajar en algún momento!-nos gritó Clove.


Ya era de noche, y estábamos hechas un lío, pues en cualquier posición que me ponía, sentía que mi herida me punzaba.

El himno, ya había sonado, y los rostros de los tributos fallecidos, no se hicieron de esperar.

Los profesionales, acampaban abajo, y de cuando en cuando, lanzaban una flecha.

Dejé de pensar en ello, y me quedé quieta.

¿Qué es eso?, pensé al ver que una especie de paracaídas plateado, venía hacía mí.

-¿Rose, ves eso?-me preguntó Rue.

-Sí, intenta atraparlo….-le pedí.

La niña, extendió sus brazos y este cayó en sus manos.

-Es un regalo-me dijo, abriéndolo y sacando un pequeño frasco.

-Déjame ver…-y está me pasó inmediatamente, el frasco.

-Hay una tarjeta…-sentenció Rue extendiéndome el trozo de papel.

Sonreí de inmediato.

Rápidamente, lo comprendí.

Era un regalo. Al parecer, un patrocinador tenía fe en mí.

-Gracias, Haytmich.-solté de pronto, y con suspicacia, sentencié:-Creo que es medicina, Rue…

Destapé el frasco, y me eché un poco del contenido cremoso sobre mi quemadura.

Como por arte de magia, comencé a dejar de sentir dolor.

-¿Funciona?-me preguntó.

-Sí…-respondí con alivio.

La medicina y sus alimentos, eran lo único bueno que tenía el Capitolio.

-Rue, no te preocupes, intenta dormir un poco…-le dije al verla inquieta.-Estamos a salvo…

-Pero, no por mucho tiempo, Rose-me interrumpió con tristeza.-Sabes que sólo hay un ganador…

-Entonces, me encargaré de que tú seas la ganadora…-le dije haciéndola sonreír.

Luego de eso, Rue, comió una de las ardillas que teníamos guardadas, y se abasteció con agua.

Yo no comí absolutamente nada, no tenía hambre, ni sueño.

Sin embargo, comenzaba a formular un plan de escape para poder salir de ahí cuanto antes, y escapar de los malditos profesionales.

-¿Se te ocurre algo, Rue?-le pregunté de pronto, como para subirle el ánimo.

-Sabes, que sí, Rose…-dijo traviesamente, y señalando hacia arriba.

Miré hacia arriba, pero no vi nada.

-Escucha bien…-me dijo.

-… ¿Qué son?…-sentencié al escuchar los zumbidos-

-Son avispas…. Hay un nido, más arriba….

-¿Cómo lo viste?

-Mis gafas nocturnas, aunque, para serte sincera, las escuché ni bien subimos al árbol…-me contestó, pasándome los lentes para que me los pusiera.-Míralo por ti misma.

Ni bien lo hice, observé todo con más claridad, alcé el rostro y efectivamente, sobre nuestras cabezas, a unas ramas más arriba, estaba un nido de avispas.

-Pásame una daga-le pedí sonriendo.-Esto será genial, Rue… ¿De dónde te vienen tantas ideas?

Ella, sólo sonrió en respuesta.

-Esto será un buen espectáculo para el Capitolio.- ironicé.