Hello everybody!

VERANO=Calor y Aburrimiento, así que es posible que suba demasiado seguido... pero, comprendedme!! hasta que no empiece Julio (no queda nada) mis días van a estar un poco vacíos. Lo mejor? mi imaginación parece estar en plena etapa adolescente, porque no para de sugerir nuevas ideas. En fin, a ver qué os parece este capítulo! :D


CAPÍTULO 17 – EL CABALLO BLANCO

-NARRA LIZ-

Decidí echar a correr. Sólo eso podía hacer que me olvidara de pensar. De hecho, tenía calculados mis pasos hasta el momento en que dejé detrás de mi el parque Disney, pero luego... bueno, la decisión de marcharme de aquella locura y no volver a tener contacto con Joe había sido precipitada, pero no podía estar segura de si sería la correcta. La nota "Me voy. Adam, sé feliz" no había sido muy valiente por mi parte, pero sabía que no habría podido mirar a los ojos a Joe y decirle esas palabras en voz alta.

Llegué a la carretera, un punto en el que ya no tenía ni idea de qué hacer. Aparté las lágrimas de mi cara, que no habían parado de brotar desde que eché a correr. Necesitaba centrarme en mi situación, dejar de pensar en sus ojos tristes: poco dinero y sin transporte para volver a casa. Los coches pasaban a mi lado zumbando, a una velocidad de vértigo. Encontré unos cuantos gatos atropellados en la cuneta, así que, deseando no correr la misma suerte que esos pobres animales, salté el quitamiedos que bordeaba toda la carretera y me detuve un segundo para pensar.

Saqué mi móvil del bolsillo del pantalón para comprobar todas las llamadas que no había contestado. April, Joe, Nick... mil llamadas perdidas y mil mensajes sin leer también.

"Liz, no seas dramática. Vuelve, todo tiene una explicación. –April"

¿Explicación? Dejé escapar una risotada. La explicación era lo que menos me importaba. Había comprendido que Joe y yo no podíamos estar juntos, nuestras vidas eran demasiado diferentes... además, por mucho que le quisiera, otro millón de chicas más estaban locas por él. No estaba dispuesta a que le hiciera daño una rubia egocéntrica como Sophie por mi culpa.

Guardé el móvil, aún sin leer la mayoría de mensajes y de pronto se me ocurrió una idea: ¡auto-stop! Quizá si podía conseguir que algún amable conductor me acercara a Pasadena... porque California no estaba tan lejos de Orlando, Florida ¿no?

Me levanté rápidamente del suelo, salté el quitamiedos otra vez y levanté el pulgar, mientras que los coches seguían pasando, impasibles. ¡Ojalá alguno parara!

No pasó mucho tiempo, cuando un pequeño descapotable azul metálico se detuvo unos pasos por delante de mi. Corrí para asomarme por la ventanilla.

-¿Adónde vas, guapa? –gritó el conductor sin bajar. Era cincuentón, de pelo canoso que empezaba a escasear y dientes amarillos. Un poco repulsivo. De todas formas, intenté acordarme de que era una situación de máxima importancia.

-A Pasadena, California –contesté con una sonrisa forzada -¿le queda de paso?

-No, pero puedo dar un pequeño rodeo –me guiñó un ojo.

Justo en ese momento, una mezcla de asco y sentido común se agolpó en mi estómago. Nunca subas al coche de un extraño, y mucho menos si es medio calvo.

-Eehm... –balbuceé –perdone, es que acabo de recordar que mi novio tiene que venir a recogerme.

-¿Tu novio? –contestó el hombre, sorprendido por el giro de la conversación –No importa, pequeña. Pasa de él, sube al coche y nos iremos de fiesta a Las Vegas, ¿qué te parece?

-No, gracias de verdad - ¡¡ALARMA!! Me aparté del coche y eché a andar lo más rápido que pude en dirección contraria –mi novio me espera... ¡¡y es enorme!! ¡El otro día dejó KO a 3 tíos él solo!

Alcancé a oír el acelerón. Sonreí para mis adentros, aunque había estado a punto de cometer una estupidez.

Volvía en dirección Disney, decidida a regresar al hotel y quedarme con April, mi mejor amiga. Eso no implicaba encontrarme a Joe. Ella, educadamente, le podía decir a Nick que le dijera a Joseph que no quería hablar con él.

Mantuve la mirada fija en el horizonte, ignorando a los coches que pasaban a mi lado. Pero, de pronto, uno bastante grande y oscuro paró con un frenazo seco detrás de mi.

-Princesa, sube al coche –dijo una voz de chico.

-¡No, gracias! –contesté sin ver al conductor –voy en dirección contraria.

Seguí andando sin mirar el coche; lo que menos necesitaba en ese momento era a otro depravado. Oí un portazo, al parecer el conductor había bajado y escuché sus pasos apresurados detrás de mi.

-¡Liz, sube al coche, por favor!

Me giré lentamente, como en las películas. Creí reconocer la voz, pero no estaba demasiado segura. Podía haber sido mi imaginación...

No, no había sido mi imaginación.

Era él, en persona.

***

-NARRA KEVIN-

Annette parecía tan emocionada... había tenido una idea y estaba a punto de decírmela, pero algo le impidió seguir, algo que estaba justo detrás de mi.

-Ni se te ocurra moverte –susurró como si fuera un cazador acechando a una presa, mirando a un punto que no pude identificar.

-Anne, me asustas... ¿qué pasa? –me había quedado completamente parado, como si fuera una estatua.

-Si te lo digo, ¿prometes no ponerte nervioso? –preguntó aún con voz calmada.

-Sí –me estaba poniendo histérico. ¿Qué tenía detrás?

-Mira, voy a levantarme poco a poco y a intentar coger algo para espachurrarla –dijo ella a la vez que se incorporaba con movimientos lentos y seguros –Dime que no le tienes fobia a las arañas...

¡Una araña! ¡Una araña en mi hombro! Sentí un asco profundo, pero intenté hacerle caso y no moverme. Cerré los ojos, respirando profundamente.

-¿Es muy grande? –ella abrió la boca para hablar, valorando la situación. Pero le impedí que me diera detalles -¡No! No hace falta que me lo digas.... ¡Acaba con ella cuanto antes, por favor!

-Te empiezas a poner histérico –dijo ella riéndose –así que al señorito Kevin le asustan las arañas...

No me di cuenta de que llevara un papel enrollado en la mano, pero le sirvió de mata arañas. La indeseable cayó muerta y con las patas en alto al suelo. La verdad, sí era bastante grande. Respiré aliviado.

-Te debo la vida –le dije ya calmado –un picotazo de eso me habría convertido en el Spiderman más feo de la historia.

-Cierto, te habrían salido pelos por todos los brazos –se interrumpió al ver mis brazos descubiertos–ah, veo que ya los tienes...

-Por si no lo sabes, se llama "vello masculino" –contesté altanero.

-Muy masculino –repitió riéndose.

-¿Te estás riendo de mis brazos de hombre? –dije intentando ser intimidante. La acorralé en la pared, de manera que no tenía escapatoria posible.

-Para nada –contestó nerviosa. Intentaba mantenerme la mirada, produciendo un encuentro entre sus ojos verdes esmeralda y los míos, verdes también pero más oscuros. Pero no lo conseguía, se veía obligada a bajar la vista.

-Ahora sí que te intimido, ¿no? –murmuré.

-Un poco –dijo –es que estás muy cerca.

-¿Quieres que me aparte?

-No –ahora me miró a los ojos y sonrió –casi estoy mejor así.

-¿Y eso? –pregunté extrañado.

-Me siento más protegida... por tus "brazos de hombre"

Sonreí. Me distraje un poco recorriendo su cara con la mirada... tenia la piel cubierta de pequeñas pecas allá donde mirara. Una me llamó la atención.

-¡Tienes una peca en el labio! –dije sorprendido –nunca había visto una de esas.

-Yo nunca había visto ningunas como las que tienes en el cuello.

-¿Qué les pasa? –pregunté.

-Tienen forma de estrella –repasó con la yema de su dedo las dos más grandes, una justo en la garganta y la otra más abajo, muy cerca del borde de mi camisa. Sentí un escalofrío por toda la espalda al sentir el contacto de su dedo con mi piel.

Fue un impulso, un arrebato, el que me hizo lanzarme a sus labios. Le di un beso de prueba, breve, para ver cómo reaccionaba. Ella tenía los ojos abiertos por la sorpresa, pero se recuperó enseguida, los cerró y salió disparada en busca de mis labios otra vez. Sonreí en medio del beso, acariciando con mis manos su precioso pelo rojo fuego.

***

­-NARRA JOE-

Después de leer la carta de Liz, supe que no podía perderla. Ella significaba ahora todo para mi, a pesar de haber estado poco tiempo juntos. ¿Qué más daba si Sophie me había abandonado por otro? Liz había hecho que el resto del mundo me diera igual, que sólo quisiera estar con ella.

Salí de su habitación, para ir directamente a la de mis padres. Ellos tenían que ayudarme en mi plan improvisado. Cuando llegué, llamé unas cuantas veces hasta que me abrió mi madre, al parecer aún un poco adormilada.

-Joseph, ¿va todo bien? –preguntó asustada.

-Sí, sí... –contesté impaciente. Me acordé de la hora, no muy decente. Ellos ya se habían ido a dormir, y yo los acababa de despertar –Mamá, siento venir aquí tan tarde, es que...

-¿Te encuentras bien? –apareció mi padre por detrás. -¿Por qué no estás durmiendo?

-Kevin, cariño –le dijo mamá –mañana no tiene que madrugar, pero tú si, así que vuelve a la cama. Frank quiere que le llevemos a ver el parque por la mañana.

Mi padre obedeció, dándole un beso a mi madre en la mejilla antes de irse.

-Vale, cuéntame –me pidió mi madre. –¿tiene ella algo que ver?

¿Cómo lo sabía? Yo aún no le había contado nada de Liz, porque no quería precipitarme, pero mamá siempre adivinaba lo que nos pasaba.

-Sí, mamá –contesté triste –se ha ido.

-¿Qué le has hecho, bestia? –preguntó alarmada.

-¡Nada! Ha sido un malentendido –ella frunció el entrecejo –y quiero arreglarlo. Pero necesito tu ayuda, mamá.

-¿Mi ayuda? –pareció extrañada -¿Qué puedo hacer por ti?

-¿Tienes tú las llaves de mi coche? –pregunté impaciente.

-Joseph Adam Jonas, bajo ningún concepto te voy a permitir que conduzcas a estas horas de la noche por ahí –dijo alterada. -¿Te has olvidado de la última vez que cogiste el coche?

Inconscientemente rocé la cicatriz que se había quedado en mi frente, disimulada por las cejas. Me habían dado unos cuantos puntos al chocar contra un cubo de basura y golpearme contra el volante.

-No, mamá –dije cansinamente –no me he olvidado. Pero esta vez es diferente...

-¡Claro que es diferente! Está más oscuro y puede que te golpees contra algo que no sea un cubo de basura, sino otro coche. Puede ser grave, Joe.

-¡Mamá! He practicado mucho desde entonces, y ya sé conducir bien –argumenté –Además, si no voy a buscarla, la chica de mis sueños puede desaparecer para siempre.

Pareció pensárselo.

-¿Y no te puede llevar alguien? Pídeselo a alguien del equipo, seguro que accede –intentó convencerme.

-¿Y dónde queda el romanticismo de ver llegar al caballero a lomos del caballo blanco, mamá? –dije yo. Ella, que era una romántica empedernida, seguro que accedía ante esto.

-Tu coche es negro, Joseph –contestó impaciente, pero más vulnerable.

-No importa, mamá, ella lo verá blanco, porque lo que importa no es el caballo, sino el príncipe que va encima.

Ella sacudió la cabeza, dando la batalla por perdida, volvió un momento al interior de la habitación y salió haciendo tintinear las llaves de mi Mercedes-Benz G500. ¡Sí, lo había conseguido!

-Joseph Adam Jonas, -dijo antes de dármelas –ten mucho cuidado...

-Lo tendré –cogí las llaves y las guardé en mi bolsillo, a salvo. Luego le di un beso en la mejilla –soy Mister Seguro.

Ella pareció dudar.

-¿De verdad que no te puede acompañar alguno de tus hermanos? –preguntó a la desesperada. Suspiré exasperado -¡está bien! Ve tu sólo, pero ¡vuelve pronto!

Salí de allí lo más deprisa que pude, haciendo cuentas mentalmente. Ya eran las 2 de la madrugada, pero ninguno de los tres estábamos en la cama... lo cierto era que cada uno tenía sus propios problemas... y sus propias chicas.

Busqué en el aparcamiento mi coche, que había traído Big Rob por si acaso lo necesitábamos, y lo encontré gracias al sonido que hizo al apretar el mando a distancia.

En cuanto subí, me pregunté qué dirección tomar, decidiendo recorrer la carretera más cercana. Arranqué el motor y se encendió la radio automáticamente.

"Buenas noches a todos aquellos corazones solitarios que nos escuchan a estas altas horas de la madrugada. Hoy os ofrecemos una lista de canciones perfectas para la ruptura. Desahogaros, pequeños seres sin dueño"

¿Qué tipo de programa era este, uno decidido a provocar el suicidio de los deprimidos? Decidí poner un CD, "Viva la Vida" de Coldplay y en cuanto sonaron las primeras notas de la canción, me animé, a pesar de tener mucho trabajo por delante.

Llevaba un rato conduciendo, a solas con mis pensamientos y con la voz de Chris Martin a todo volumen en los altavoces, cuando vi en el arcén de la carretera a una chica que caminaba sola, en dirección contraria a la mía. Cargaba una mochila al hombro, y sorprendentemente, sonreía. ¿Porqué sonreía? Tal vez hubiera decidido volver a Disney conmigo...

Me arrimé al borde de la carretera, un poco más optimista.

-Princesa, sube al coche –le pedí. Ella ni siquiera se giró a mirarme.

-¡No, gracias! –contestó aún de espaldas –voy en dirección contraria.

¿Dirección contraria? ¿Hacia Disney para encontrarse conmigo y darme un beso hasta el fin de los tiempos? Pero, ¿porqué no subía al maldito coche? Bajé dando un portazo, y la seguí a unos cuantos pasos de distancia.

-¡Liz, sube al coche, por favor! –grité. Ella se detuvo en seco, pero le costó más decidir si girarse o no. ¿Es que no me reconocía?

-¿Joe? –dijo por fin cuando se volvió hacia mi -¿Qué haces aquí?

¿Qué tipo de pregunta era esa?

-¿Acaso esperabas que me quedara de brazos cruzados al leer tu intento de despedida? –pregunté.

-No era un intento, Joe, era una despedida real –dijo ella con la cabeza gacha.

-Pues lo siento, pero yo no acepto tu despedida –contesté acercándome a ella con unos cuantos pasos. Le sujeté la barbilla para que me mirara. -¿Porqué te has ido tan rápido?

-Pues... –me miraba con ojos llorosos –¡Joder, Joe! No quería tener esta conversación contigo...

-¿No te atrevías a mirarme a los ojos y decirme que te ibas? –pregunté.

-No –contestó, a punto de echarse a llorar –no tengo el valor de decirte a la cara que me voy.

-Es un don –sonreí. Ella pareció confundida.

-¿Don? –masculló -¿Qué don?

-Soy tan adorable que nadie puede intentar herirme cuando pongo estos ojos –le hice una demostración de mis "ojitos de cordero degollado". Conseguí arrancarle una sonrisa.

-Es que eres demasiado perfecto –dijo ella.

-Para ya, que al final me lo creeré y todo –bromeé acariciando su cara. –Liz, ¿no entiendes que no puedo vivir si te vas?

-No.. yo... –balbuceó. –Tampoco puedo vivir sin ti, Joe... pero era necesario.

-¿Necesario para quién?

-Necesario para que no me odies dentro de poco –contestó.

-¿Odiar a la cosa más adorable que he conocido? –pregunté sonriendo. Su cara relucía bajo la luz de los faros de los coches que pasaban muy deprisa a nuestro lado, llegándonos trozos de canciones que retumbaban en sus altavoces.

-Sí, Joe –continuó –odiarme porque te impediré vivir la vida, tu vida.

-Liz, no me importa la vida si tú no estás. Sin ti, todo será música, nada más. Y, ¿sabes una cosa? Tengo corazón, a pesar de lo que digan. Y mi corazón ya ha decidido.

Sin esperármelo, una lágrima cayó por su cara. ¡Lloraba! Intenté averiguar porqué.

-Joe... –dijo ella. Esperé a que continuara –no sé qué decir a eso.

-Sólo di: ahora subo contigo al coche, Joe –sugerí. Ella se rió.

-Ahora subo contigo al coche, Joe –repitió sonriente.

-Buena chica.

Con el dorso de la mano le sequé las lágrimas, le eché el pelo detrás de las orejas, acaricié sus hombros y brazos, rocé con mi nariz la suya, la estreché entre mis brazos y susurré:

-Ni se te ocurra desaparecer mañana –y le di un beso, largo y dulce.


¡Tachán! (: eso es todo por hoy.

¿Y bien? demasiado pasteloso? ya era hora de que Joe y Liz dejaran las cosas claras... y Annette y Kev!! no son lo más adorable del mundo?? ^^ (sorry, se me ha pegado la palabra "adorable" y ahora no paro de usarla)

Por cierto, dia 1 de Julio... snif, la nena se hace mayor!! queridas lectoras, el miércoles cumplo 18 años!! se va a hacer raro, porque la verdad, no tengo la mentalidad de una de 18...

Espero vuestros reviews... y felicitacionees! ;D

Un beso a todas! GRACIAS POR LEERMEE! :D

Disclaimer: mira que lo he intentado... pero no, los Jonas Brothers NO son de mi propiedad, yo no los he creado. Sólo a April y a Liz... aunque ellas son "un reflejo de la realidad". Por cierto, alguien tiene el teléfono de NickJ? quiero llamarle para decirle que está a punto de cometer una GRAN cagada.

-Vicky'