Buenasss! (: nuevo cap, y sin demasiada inspiración para introducirlo.. es q es muy tarde! xD
espero que os gustee!
CAPÍTULO 19 - APAGÓN
-NARRA KEVIN-
La cosa no pasó del beso. Después de separarnos algo avergonzados, Annette me cogió de la mano y tiró de mi.
-¿Adónde vamos? -pregunté. No dejaba de sorprenderme.
-Es bastante tarde y no podemos estar por ahí a estas horas.
-¿Piensas irte a dormir?
-La verdad es que estoy algo cansada… -la miré con ojos tristes -¡es broma! Quiero que vengas conmigo.
-Donde tú quieras -contesté, dejándome arrastrar por ella.
Subimos al ascensor, pasando por el vestíbulo del hotel, desierto ya. Mantuvimos durante todo el rato las manos entrelazadas, como si fuera imposible que nos separaran. De hecho, me gustaba pensar que así era.
-¿Mañana tienes que madrugar? -me preguntó levantando la vista.
-No. Tengo el día libre -sonreí. -¿Propones algún plan?
-Prefiero que improvisemos… pero mañana por la noche tengo que volver a Nueva York -contestó triste.
-¿No puedes quedarte un poco más? -me dolía pensar que se iba tan pronto.
-No… mis padres me pidieron expresamente que volviera pronto. Además, tengo un asunto que arreglar.
-Entonces tendremos que aprovechar muy bien esta noche, ¿no? -dije.
-Supongo… ¿es que no piensas verme más? -preguntó ella.
-¡Claro que voy a verte! El problema es que dentro de poco empezaremos la gira por el país… y se nos hará difícil poder tener tiempo para nosotros mismos.
El ascensor llegó a su piso, dando un pequeño saltito. Ella tiró de mi.
-Sólo tengo que pasar un momento por mi habitación -dijo.
-¿No la compartes con Sophie?
-No, cada una tiene una -dijo sacudiendo la cabeza -además, supongo que ella se habrá ido ya a casa.
-¿Y eso es malo? -pregunté.
-No, para nada -sonrió -No me interesa ya su amistad. No después de todo.
Yo le había contado todo el lío que había armado, consiguiendo así que ella sintiera mayor repugnancia hacia su "casi amiga". Annette me dio un beso rápido y entró a su habitación, cerrando la puerta detrás de sí, impidiendo que pudiera ver la estancia. No tardó mucho en salir, con el pelo recogido y una especie de tarjeta.
-¿Qué…? -pregunté confundido.
-Calla, no digas nada -contestó misteriosa -ya verás lo que es…
-Annette, no es por nada.. pero esto es un poco raro -dije yo.
-Haz el favor de callar y seguirme -volvió a agarrarme del bolsillo delantero del pantalón, arrastrándome de vuelta al ascensor. Una vez allí, para evitar que siguiera hablando (y pensando), empezó a besarme tiernamente. Lógicamente, su plan funcionó, ya que mis neuronas se desconectaron.
El ascensor paró, y ella estiró de mi para sacarme, ya que por mi mismo no podía reaccionar. Sólo había un pasillo largo, sin puertas de habitaciones. Me fijé en que estábamos en el sótano.
-¿Qué…? -pregunté.
Ella se acercó a la única puerta que había, sacó la tarjeta que había cogido de su habitación y la pasó por un lector. La puerta se abrió enseguida. Empujó con el pie, dejando a la vista una gran estancia iluminada por tubos fluorescentes en el techo. ¡Era la cocina del hotel! Pero estaba vacía.
-¿No nos meteremos en un lío si nos pillan aquí? -pregunté.
-No lo creo… al fin y al cabo eres "el señor Jonas", ¿no? -dijo ella pícaramente.
-Sí… pero, ¿cómo tienes esa tarjeta? -aún estaba un poco confundido.
-Hay una cosa que no sabes de mi: me dan ataques devoradores de vez en cuando -explicó tímidamente. -así que eso explica mi figura de ballenato.
-¿Qué ballenato? ¡Si estás estupenda! -dije. Era verdad… Annette tenía un cuerpo envidiable. -Además, lo que me preocupa no es tu peso, sino saber qué es lo que devoras cuando te dan esos ataques.
Ella se rió. Empezó a juguetear con el cuello de mi camisa, inocentemente.
-Pues, normalmente me da por el chocolate… pero creo que de hoy en adelante me van a gustar mucho más las estrellas.
-¿Por estrellas te refieres a mis pecas? -pregunté.
-Sí, y ya de paso, a tu cuello.
Se lanzó a darme besos por el cuello, subiendo por la mandíbula y llegando a los labios. Volví a quedarme sin habla. Cuando ella consideró que se había divertido bastante, me dejó plantado y entró a la cocina.
-Cierra cuando entres -me dijo, sacándome de mi mundo feliz. Obedecí, y la puerta se cerró con un golpe sordo.
-No puedes hacer esas cosas y parar tan de repente -murmuré indignado.
-Perdóneme usted, señor Jonas -dijo ella riéndose -creía que eras un caballero… y pensé que no estaría demasiado bien seguir hacia zonas más comprometedoras.
-Annette, soy un caballero… pero en esos momentos, puedes hacer lo que te plazca conmigo.
-Lo tendré en cuenta -contestó. Se dirigió a la gigante cámara frigorífica -Y ahora, ¿qué te apetece más: pastel de manzana o helado de vainilla?
-Odio la fruta -contesté cansino.
-Entonces, ¡dos de pastel de manzana marchando! -la miré escéptico -vale, vale… ¡era broma! ¿te parece bien el helado, o prefieres otra cosa?
-Está bien… helado. Pero, ¿puedo tomarlo con un poco de pelirroja como complemento, por favor?
-¡Marchando! -entró en la nevera, para salir con dos pequeños cuencos con el helado.
-¿Qué te parece un picnic improvisado en el suelo de la cocina del hotel a las… -miré el reloj en mi muñeca -cuatro de la madrugada?
-Perfecto. Y más si es contigo.
Nos sentamos uno frente al otro, y empezamos a comer.
***
-NARRA APRIL-
Nerviosa.
Nerviosa e histérica. Así estaba yo cuando nos detuvimos en el umbral de la habitación de Nick. Él se puso a revolver sus bolsillos, buscando la llave, así que yo aproveché para repasarle por millonésima vez de arriba abajo. La verdad, es que en persona estaba mucho más bueno (lo cual, por difícil que parezca, es posible).
-¿En serio te cabe algo en esos bolsillos? -le pregunté burlona.
-¿A qué te refieres? -se giró para mirarme extrañado.
-Quiero decir… ¿tienes pensado tener descendencia algún día de estos? Creo que llevas los pantalones demasiado apretados y eso no puede provocar nada bueno…
-¡Qué va! No son tan incómodos como parecen… lo cierto es que si lo fueran no podría hacer todas las piruetas que hago en concierto, ¿no crees? -me guiñó un ojo mientras sacaba la llave.
Se giró y, tras empujar la puerta y encender la luz desde fuera, me hizo un gesto con la mano para que entrara yo delante. Le hice caso, y di unos pequeños pasos dentro de la habitación, de espaldas a él. Se había dejado las ventanas abiertas, y se respiraba la humedad de fuera, la típica de la madrugada.
-¿No hueles como a lluvia? -pregunté mirando el exterior. Lo cierto es que el cielo, que ya empezaba a clarear, estaba cubierto de nubes más oscuras.
-Puede -oí que la puerta se cerraba -pero nosotros estamos a cubierto.
-¿Crees que lloverá? -pregunté.
-Quién sabe… -se acercó por detrás de mi, apoyando su mano en mi cintura. Lo sentía pegado a mi espalda, con su barbilla ahora descansando sobre mi hombro.
Me estaba poniendo MUY nerviosa, tanto que me había quedado petrificada. ¡No sabía qué hacer! Intenté deshacerme de su abrazo, girándome como una tonta en otra dirección.
-¡Me encanta este piano! -fui directa hacia el piano de cola que había en su habitación, igual que el que había en la mía. Era blanco, el típico que solía utilizar Nick.
Desde donde estaba, no me atrevía a mirarle a la cara, porque me moría de la vergüenza.
-¿Qué te apetece hacer? -dijo él acercándose poco a poco a mi. -Tus deseos son órdenes para mi.
-Puees… -busqué desesperadamente con la mirada por toda la habitación, hasta dar con la cama gigante -¡sígueme!
Salí disparada hacia el enorme colchón, y de un salto me puse de rodillas encima. Él, aún a altura del piano, se me quedó mirando extrañado, sacudió la cabeza y se rió.
-¡Definitivamente, te falta un tornillo! -dijo riéndose.
-¡Qué va! -me incorporé encima de la cama y me puse a saltar. Luego le miré y le guiñé un ojo -¿te apuntas?
Él vino directo a mi, subiéndose conmigo sin mucho esfuerzo.
-Nunca había saltado sobre una cama -dijo él.
-¡Imposible! -contesté sorprendida -¿nunca?
-¿Se te ocurre alguna forma de saltar en una litera en un autobús?
-Pues no, la verdad -admití. -Pues siempre hay una primera vez para todo.
-Como ahora -nos pusimos a saltar los dos, riéndonos. Él se bajó, medio ahogado por las risas y buscó un mando, que resultó ser el del equipo de música. Le dio al play y empezó a sonar "Thrill Of It" de Robert Randolph & The Family Band. Bastante animada para los saltos. La música me poseyó y me volví medio loca… lo cierto es que cogí una pequeña botella de agua que había por ahí y la usé de micrófono.
-¿Qué haces? -preguntó él riéndose.
-¡Lo que tú! -contesté alto para que me oyera por encima de la música -¡y este es mi baile del pompis!
Le hice una demostración rápida, que consistía en mover el culo de un lado a otro, dar media vuelta y volver a repetir el principio. Él no paraba de reírse, y hasta se puso a imitarme.
-Mira, ahora voy a hacer de ti en concierto -dije cuando venía la parte de guitarra. Toqué con todas mis fuerzas una guitarra imaginaria, poniendo las expresiones que hace él cuando está tocando una canción demasiado emocionado.
-¡Va, no es cierto! -dijo él -¡yo no hago esas caras!
-¡Sí que las haces! -y seguí concentrada en mi papel.
-Esto es demasiado -seguía riéndose, hasta que acabó tumbado en la cama, sin quitarme un ojo de encima. Yo hice mi gran final, que era acabar de rodillas en la cama y él aplaudió.
-Sólo me faltan los gritos histéricos de vuestras fans -murmuré yo, aún recobrando el aliento.
-¿Te estás llamando a ti misma histérica? -preguntó él.
-Un poco -admití. ¡Mierda! El bailecito me había dejado toda agotada y sudorosa -ya entiendo porqué necesitáis una toalla después de cada concierto… necesito una ducha.
Iba a levantarme para irme a mi habitación y cambiarme, pero él me sujetó del brazo.
-¡Espera! -dijo -dúchate aquí. Prometo no mirar.
-Vale, me fío de ti -contesté -pero, ¿qué me pongo luego? No tengo ropa limpia aquí.
-Yo te dejo algo. Pero quédate, por favor -suplicó con ojitos tiernos.
-¿Cómo te voy a decir que no así? -cedí. -Pero me tienes que dejar elegir a mi la ropa.
-¡Por supuesto! -se levantó y fue directo al armario, abriendo las puertas de par en par -coge lo que quieras.
Yo le hice caso, y me acerqué inspeccionando los estantes súper ordenados de Nick. No tenía nada fuera de su sitio, y todo estaba impecablemente doblado y colocado. Hice ver que me pensaba lo que quería ponerme, pero ya lo tenía claro desde mucho antes; es más, era uno de mis sueños locos. Estiré la mano hacia un montón de camisetas blancas de manga corta, para coger una con la punta de los dedos y acercármela. Olía súper bien. Luego, me giré hacia Nick, como pidiendo permiso para ponerme eso. Él se limitó a sonreír y asentir.
-Necesitaras algo para la parte de abajo, ¿no? -dijo él.
-Supongo que sí… a no ser que a ti no te importe que no lleve nada…
Él se quedó un rato pensándoselo, un poco descolocado y vergonzoso.
-Ehm, esto… bueno, yo lo decía por ti -balbuceó -por mi no te preocupes…
Yo me eché a reír; había conseguido justo lo que quería: hacer que Nicholas se pusiera nervioso.
-¡Es broma! -dije -quizá tus pantalones me queden grandes…
-Espera, sé de algo que te estará bien -dio media vuelta y se dirigió a una mesita al lado de la cama, abrió el cajón y sacó una especie de pantalones cortos. Luego, me los tendió con cierto rubor en la cara.
-¿Eso es lo que creo que es? -pregunté medio descompuesta. Genial, Nick Jonas me estaba dando sus boxers para que me los pusiera.
-Sí… pero si prefieres la opción de no llevar nada… -rápidamente se los arrebaté de las manos, descartando la posibilidad al instante.
-¡Me voy a duchar! -dije entrando en el baño gigante.
-Yo también tengo que darme una ducha… a poder ser de agua fría -murmuró casi inaudible -voy un momento a la habitación de Joe, que sé que no está.
Recordé el mensaje de Liz. No iba a venir a venir a dormir al hotel… bueno, ni ella ni Joe, claro estaba. Sonreí a Nick.
-Pero date prisa, que yo no tardo nada… y no quiero estar sola aquí -le dije.
-No te preocupes -se acercó a mi de una zancada y me dio un beso rápido -estaré cuando salgas.
Luego cerré la puerta, aún asimilando todo lo que estaba pasando. Abrí el grifo dejando que el agua corriera un momento.
No tardé mucho en acabar, incluso me lavé el pelo. Con la camiseta de Nick parecía un saco descompuesto, porque me estaba gigante. La verdad, ni siquiera necesitaba sus boxers para tapar mis vergüenzas, porque la camiseta tapaba justo por debajo del culo. De todas formas, por las dudas, me puse los mini pantalones. Eran de color verde, lo cual me hacía pensar cada vez más que a Nick le volvía loco ese tono… como a mi.
Cuando salí de la habitación, él ya estaba duchado y cambiado de ropa sobre la cama, cambiando desinteresadamente de canal.
-¡Qué rápido eres! -le dije. Sacudí mi pelo mojado, para que no se me quedara todo compactado en el mismo sitio. Él me miró sonriente.
-Te dije que estaría aquí cuando salieras -me echó una mirada de abajo a arriba, con cara burlona -lo siento, no he podido evitarlo.
Me quedé mirándolo, y me di cuenta de que íbamos iguales… sólo que a él la camiseta blanca le quedaba mil veces mejor que a mi, resaltando los músculos de sus brazos. Sin embargo, los boxers que él llevaba (sí, ese detalle no lo había pasado por alto) eran blancos con rayas negras y sus rizos ya estaban medio secos.
-No importa… no hay punto de comparación -articulé, aún absorta mirándolo detenidamente.
-Va, ven conmigo -dio unos golpecitos a su lado en la cama. Yo lo miré con desconfianza -creo que hacen alguna película en la tele.
Con unos pasitos tímidos me acerqué, para luego sentarme a su lado. Casi era de día… de hecho, las cinco de la madrugada.
Sin saber cómo, al cabo de un rato me encontré a mi misma con la cabeza apoyada en su hombro y su brazo rodeándome. Pero no me importaba. Había dejado un canal en el que estaban haciendo una película de James Bond… y que yo seguía a ratos. De repente, algo empezó a golpear la ventana, como el sonido de gotas.
-¿Está lloviendo? -levanté la cabeza, atenta a la ventana.
-Sí -contestó él. Volví a relajarme, recostándome sobre él. Pero un ruido fuerte me hizo dar un brinco.
-¡Mierda, Nick! ¿eso eran tus tripas o un trueno? -pregunté asustada. Él se rió.
-Un trueno
-Joder, odio las tormentas -me acurruqué aún más, abrazándole fuerte, como si él pudiera servirme de protección.
-Pues si tú reaccionas siempre así cuando hay una, a mi me encantan -contestó.
-Es que me dan miedo…
-No te preocupes, pequeña -dijo él con tono protector -yo estoy contigo.
Pasó su brazo alrededor de mi, sujetándome fuerte. Y no sé porqué, pero sirvió para calmarme. Con él, nada malo me podía pasar.
***
-NARRA KEVIN-
Estábamos tranquilamente comiendo y hablando, ella contándome cosas de Nueva York (aunque yo ya había estado un par de veces con mis hermanos), cuando de repente, se fue la luz.
-¿Es otro truquito tuyo? -pregunté burlón a Annette.
-No, esta vez no he hecho nada -contestó. No la veía pero me la imaginaba petrificada en el suelo, enfrente de mi.
-Espera, no te muevas -dije -voy a ver si encuentro la puerta y salimos de aquí.
Me levanté con cuidado y a tientas, intenté recordar en qué dirección estaba la entrada. Di media vuelta, avanzando arrastrando los pies y con los brazos estirados, para evitar chocar contra algo… sin resultado. Me di contra una mesa, provocando un golpe sordo.
-¡Ay! -exclamé.
-¿Estás bien? -preguntó preocupada Anne.
-Sí, sí… sólo era una mesa -contesté. Esquivé a la puñetera, y me dirigí otra vez con cuidado hacia la puerta -¡he encontrado la salida!
Recorrí con mis manos la pared, en busca del pomo de la puerta, para poder salir de allí, pero cuando por fin lo encontré, no se abrió ni siquiera aunque empujara con todas mis fuerzas.
-¿Por qué no abres? -escuché la voz de Annette desde alguna parte por detrás de mi.
-No puedo -pensé cómo explicárselo -creo que está cerrada.
A oscuras y encerrados en una cocina. Perfecto. Ahora sí que nos descubrirían allí metidos.
-¿Cómo que cerrada? -gritó histérica -¿estamos atrapados aquí?
-Creo que sí -dije. Su reacción fue muy diferente a lo que me esperaba: se puso a reír. Creí que le había dado un ataque de nervios -¿Estás bien? ¿por qué te ríes?
-¡Porque es gracioso! Hemos querido colarnos aquí, y ahora resulta que no podemos salir -contestó -Anda, da media vuelta y vuelve conmigo, que a la oscuridad sí que le tengo miedo.
Sonreí aunque ella no podía verme, y me dirigí hacia mi anterior posición. De repente, las luces de emergencia se encendieron, permitiéndome así ver un poco más.
-Quizá la puerta se ha bloqueado por el apagón -aventuré. Ella asintió.
-Habían previsiones de tormenta… pero no importa -dijo -vamos a acabarnos el helado hasta que vuelva la luz y podamos salir de aquí.
Y, la verdad, me parecía un plan fantástico.
Bueno, eso es todo! (: gracias a todos los que lo leéis y me dejáis reviews :D animan muchísimo !!
por cierto, a quien le interese... HE SIDO ACEPTADA EN LA UNIVERSIDAD DE DERECHO! :DD seps..
valee, cuidaros mucho! y q sigáis pasando un verano requetegenial (:
-Vicky.
