Hello!! capítulo 20 ya! jamás me había imaginado que llegaría a escribir tanto!! y pensar que lo empecé en clase, con mi dear Cookie de consejera... xD la verdad, no es que nos enteráramos mucho de lo que decía el profesor, porque nos daban pequeños ataques al corazón con sólo imaginarnos a Joe y a Nick en algunos momentos...
bueno, dejémonos de recuerdos.. y leed!! :D
CAPÍTULO 20 - TORMENTA
-NARRA LIZ-
Estábamos sentados sobre el césped, mirando las luces de los edificios que se extendían ante nosotros. Joe no paraba de decir cosas graciosas para hacerme reír y aliviar un poco la tensión que había causado estar hablando de su anillo y del significado.
-¿A cuántos crees que les tocará levantarse dentro de una hora? -preguntó él señalando con la cabeza el horizonte. La verdad, el cielo empezaba a clarear… eran las cinco de la madrugada y aún no nos habíamos acostado.
-Pues… ni idea -comenté yo. De repente una gota de agua calló sobre mi cabeza, haciéndome dar un respingo.
-¿Estás bien? -me preguntó Joe con una sonrisa de burla por mi reacción.
-Sí, es sólo que… -de pronto, empezaron a caer las gotas con más fuerza. ¡Llovía un montón! Me levanté de un salto -¡Mierda! ¡Corre, vamos al coche!
Me dispuse a salir corriendo hacia el coche de Joe, y me quedé mirándolo un momento, para ver si reaccionaba, pero a él parecía no importarle estar empapándose. Se levantó ágilmente e hizo una pequeña pirueta.
-¿Para qué correr si puedes bailar? -dijo. Ante esto, empezó a moverse bajo la lluvia, dando saltitos y con los brazos extendidos, como si fuera un pequeño colibrí.
-¡Joseph, estás loco! -le dije riéndome.
-Sí, pero eso ya lo sabías -me guiñó un ojo y extendió su mano, ofreciéndomela -¡Baila conmigo! Bailar solo bajo la lluvia es muy triste…
Le miré un momento, medio atontada por su proposición. El agua le caía sobre el pelo, haciendo que este quedara empapado, con algunos mechones en su frente. Las gotas resbalaban por su cara, dando la sensación de que estaba llorando, pero su amplia sonrisa y la forma en que sus ojos estaban iluminados hacían que me diera cuenta de que era imposible que estuviera triste en esos momentos. Su expresión era de felicidad, y a la vez súplica. No podía decirle que no a esa cara… Le cogí de la mano y aproveché para dar una vuelta. Él me siguió y de repente me agarró por la cintura, poniendo mi mano en su hombro.
-¿Vamos a bailar un vals? -pregunté mirándole a los ojos.
-Eso sólo se baila en las bodas -contestó perdido en algún punto de mis ojos -y para la nuestra aún queda un poco…
-¿Me estás hablando de boda, Joseph? -pregunté tensa y en shock. ¿Boda? ¿Él? ¿Yo?
Él se limitó a sonreír de esa manera suya que hacía que sintiera ganas de bailar al estilo cosaco ruso, me empujó hacia sí, haciendo que nuestros cuerpos casi se rozaran, mientras me mantenía abrazada por la cintura.
-Siempre he pensado que eres demasiado pequeña, ¿no? -dijo de repente.
-¿Pequeña? Joe, tengo dos años menos que tú -le dije -así que no soy tan pequeña.
-No me refiero a edad, sino a tamaño -contestó burlón -eres como un Tamagotchi.
Me quise apartar, para hacerme la ofendida, pero al ver mis intenciones, Joe me apretó aún más. Nos estábamos empapando, porque ahora la lluvia caía mucho más fuerte que antes.
-No entiendo qué haces aquí si soy tan pequeña… -dije con tono molesto.
-Eso mismo me pregunto yo -murmuró él sin dejar de mirarme -no sé porqué, pero siento como si necesitara tenerte a esta distancia.
Ante esto, volvió a aproximarme hacia él, si era posible. Estábamos completamente pegados, y yo intentaba mantener la cabeza un poco alejada de la suya, lejos de tentativas de lanzarme a sus labios. De hecho, tenía que intentar pensar en otra cosa, no mirarle directamente.
-Se te han mojado las pestañas -dijo él divertido.
-Y a ti las cejas -contesté. Él se reía.
-Son mi signo de identidad -contestó -¿Qué te parece si cantas algo para acompañar el baile?
No sabía de qué baile me hablaba, porque no nos habíamos movido del sitio en todo el rato que llevábamos abrazados y en posición, pero si pretendía que yo cantara, iba listo…
-Joe, eres tú el cantante, no yo -le dije.
-Sí, ya lo sé… pero tú me has oído muchas veces cantar y yo a ti nunca. Creo que me lo debes, ¿no?
-Nunca te he oído tan de cerca… -murmuré evitando mirarle a los ojos.
-Eso tiene fácil solución -acercó sus labios a mi oído, empezando a susurrar un trozo de canción, Gotta find you. Creí que me iba a desmayar. Luego, a mitad de estribillo, paró y se separó -ahora te toca a ti.
-¿Crees que en mi estado actual puedo cantar? -dije.
-Prueba -contestó.
Me armé de valor. Siempre había querido hacerlo, así que aproveché el momento. Empecé a cantar las primeras palabras de This is Me, mientras él me miraba atentamente. Bajé la mirada, pero él levantaba mi cara para que lo mirara también, así que mis ojos iban nerviosos de los suyos a su nariz, pasando por sus pestañas. Cuando llegué a la parte adecuada, Joe se unió a cantar conmigo. Me sentí más segura, así que casi levanté la voz, igual que él. La escena debía ser muy divertida, porque los dos cantábamos a pleno pulmón, alternando la mirada, hacia nuestros ojos y hacia el cielo.
Acabamos la canción, con la última palabra dicha en voz baja, casi en un susurro. "no more hidding who I wanna be, this is… me". Se quedó mirándome un momento.
-Pues no entiendo porqué no querías cantar -dijo. Yo sonreí avergonzada -sí, esta eres tú, y me gusta lo que eres.
Sin decir nada más, se acercó rápidamente y me dio un beso. Al principio me pilló desprevenida (con Joe nunca se sabe), pero luego se lo devolví, pasando mis brazos por su cuello. Justo en ese momento pasó algo mágico: las luces de la ciudad que se extendía ante nosotros, se apagaron de golpe, quedando todo a oscuras. Joe se apartó de mi, echando un vistazo a la oscuridad.
-¿Te has dado cuenta? -dijo - se ha apagado todo al besarnos.
-Sí, es que hemos creado una sobrecarga -contesté. Y era cierto, no podría haber durado mucho más allí parada sin hacer nada más que besarle.
-Puede ser -volvió a besarme, pero más brevemente esta vez -Quizá deberíamos irnos ya al hotel, ¿no?
Asentí, y él me dio la mano, tirando de mi hacia el coche. Me sabía mal mojar la tapicería de piel con mi ropa mojada, así que le miré antes de subir.
-¡Sube! -dijo él -no te quedes parada o te mojarás más aún.
Le hice caso, intentando no resbalarme al sentarme en el asiento delantero. Ahí dentro sí que hacía un poco de frío, y no pude evitar estremecerme con un escalofrío.
-Joe, ¿no tendrás una manta o algo así, verdad? -pregunté temblando. Él se giró para mirar en el asiento trasero, y se volvió hacia mi apesumbrado.
-Pues no… pero espera -encendió el motor del coche y conectó el calefactor, haciéndome sentir mucho mejor. -¿te vale?
-Sí -contesté -pero, ¿sabes qué estaría mucho mejor? -él me miró desconcertado y negó con la cabeza -un abrazo.
Él sonrió y se inclinó para abrazarme, rodeándome con sus fuertes brazos. A pesar de estar mojados, su contacto me hacía sentir bien, sin frío y completamente seca.
-Eso no lo tenías que pedir -dijo Joe por encima de mi hombro -te abrazaré siempre que quieras.
-La cuestión es que quieras tú -contesté. Él se apartó, y me miró otra vez a los ojos.
-Querré siempre -dijo. Mi respuesta fue sonreírle -y ahora, tenemos que volver, porque en teoría le había dicho a mi madre que regresaría pronto…
Pero antes de que acabara de hablar, me lancé a sus brazos otra vez. Era increíble tenerlo ahí, y no quería que movernos del sitio tan mágico nos rompiera el encanto. Con disimulo, apagué el motor y quité la llave del contacto, haciendo que el coche se quedara otra vez inmóvil. Nuestro beso se interrumpió por sus risas.
-¿Qué pasa? -le dije yo con voz inocente.
-¿Ahora me vas a decir que el coche se ha parado solo? -dijo Joe divertido. Yo me encogí de hombros, fingiendo que no sabía de qué me hablaba -venga, Liz: dame las llaves.
Apreté con fuerza las llaves en mi mano, y me aparté de él. Fue un impulso; le saqué la lengua y negué con la cabeza.
-Tendrás que quitármelas a la fuerza -le reté. De alguna manera, salté al asiento de atrás, que era enorme, habrían cabido perfectamente 4 personas. Abrí la puerta de atrás y salí bajo la lluvia, quedándome de pie. Saqué las llaves y las hice tintinear en el aire, como provocándole.
Joe se rió, y saltó al asiento de atrás, mientras me miraba desde dentro del coche. Yo me estaba empapando otra vez, pero no me importaba, porque me lo estaba pasando demasiado bien.
-No me retes -dijo él, aún dentro. -No sabes de lo que soy capaz.
Seguí mirándole, provocándole. Quería que saliera y me intentara coger. Lo que fuera para no tener que irnos de allí.
-No, no sé de lo que eres capaz -contesté -sólo sé que no eres lo suficientemente valiente como para salir aquí y coger las llaves por ti mismo.
Su expresión cambió, y de un salto se plantó delante de mi, bajo la lluvia, sin tocarme. Nos miramos un momento a los ojos, antes de que yo echara a correr alrededor del coche, con él pisándome los talones intentando cogerme. Puede sonar infantil, pero me lo estaba pasando genial. Pensar que tenía en mi poder algo que Joe necesitaba me hacía sentir bien. La puerta del coche seguía abierta, así que lo consideré como una forma de escapar. Entré en la parte trasera y me dispuse a recuperar el aliento, pero detrás de mi entró él riéndose aún.
-Estás demasiado mojada -dijo él cerrando la puerta. No sólo yo lo estaba, los asientos parecían una laguna.
-Tú también -contesté -pero me encanta como te queda el flequillo mojado.
-Gracias. El tuyo… -se detuvo a mirar mi flequillo -bueno, digamos que el tuyo está diferente.
Me miré con dificultad en el reflejo de la ventanilla, ya que la oscuridad de fuera hacía que no se viera nada más que las gotas contra el cristal. Era cierto, mi flequillo se había quedado un poco deshecho… pero me daba igual. Volví a girarme para mirarle, sonriente.
-Mi flequillo no me importa en estos momentos, Joe -le dije.
-Me alegro -contestó echándomelo hacia atrás.
Como había ganado, le di las llaves, y él las tiró en el asiento delantero, sin darles demasiada importancia.
-¿No nos íbamos? -pregunté confundida.
-Sí, pero he cambiado de idea -contestó.
Ante esto, me abrazó con fuerza, haciendo que quedara sentada encima de él, como si fuera una muñeca o algo así. Para él no era difícil levantarme del suelo (en este caso del asiento) y manejarme como quisiera. Así que acabé sentada en sus rodillas y con mi brazo alrededor de su cuello, mirándole directamente a los ojos.
-¿Sabes que dicen que bailar bajo la lluvia trae buena suerte? -dijo de repente.
-¿En serio? -pregunté medio ida. Me daba igual que diera buena suerte, no estaba pensando en eso en un momento como ese.
-No, me lo acabo de inventar, pero es que no puedo pensar con claridad cuando estás a esta distancia -dijo.
-Me pasa lo mismo, así que no te extrañes si me pongo a hablar del dedo gordo del pie de mi abuela.
-¿Estás pensando en tu abuela ahora mismo? -preguntó.
-No… pero era un ejemplo.
-Estás loca, ¿te lo he dicho ya? -dijo riéndose.
-Tus ojos son marrón claro -dije yo.
-¿En serio? Y yo toda la vida pensando que eran morados…
-No bromees. Son lo más bonito que he visto nunca -dije embobada.
-Tú eres lo más bonito que he visto nunca -me corrigió.
-Estaba pensando… -empecé.
-Espero que no sea en tu abuela -se apresuró a decir él.
-¡Cállate! -le golpeé -pensaba en cuando estábamos en tu camerino, en Disney…
-Sí, ¿cuando casi me dejas desnudo en el sofá?
-Exacto -sonreí avergonzada -¿qué habría pasado si no hubiera parado?
-Pues… -él también parecía muerto de la vergüenza -ni idea.
-Es que me sentiría muy culpable si… bueno, si te hiciera hacer algo así sin querer.
-¿Sin querer? -contestó -Créeme, si pasara algo así sería queriendo.
-Captado -concluí.
Me quedé pensando un momento. En el camerino no sabía cómo pero había estado a punto de bajarle los pantalones… pero ahora me planteaba lo del anillo. La verdad, no sabía qué habría hecho Joe en realidad. ¿Me habría parado antes de que siguiera más allá? Además, que yo no habría tenido el valor de seguir…
Unos cuantos rayos de sol se colaron por el cristal delantero, y a mi se me escapó un bostezo. Al fin y al cabo habían sido muchas horas despierta.
-Creo que ahora sí que tenemos que irnos al hotel -dijo él. Asentí con la cabeza, y los dos trepamos hasta los asientos delanteros.
***
-NARRA NICK-
Cuando rodeé a April con mi brazo pareció calmarse, a pesar de que aún se oían los truenos. La tormenta parecía bastante importante, así que no dejé de abrazarla en todo el rato. Intenté centrarme en la película (que yo ya había visto mil veces), pero el olor de su pelo recién lavado y su mano sobre mi pecho hacían que me distrajera de vez en cuando. Aún así, podía disimular mirando la pantalla del televisor… hasta que se apagó de repente. Pero no sólo había sido eso, sino que todas las luces de la habitación se apagaron, y del exterior sólo entraban unos cuantos rayos tenues de sol; estaba amaneciendo. Bajé mi mirada para comprobar si April seguía dormida. Y así era; tenía los ojos cerrados y respiraba profundamente, pero por su expresión pude notar que no estaba demasiado contenta. Tenía razón con lo de que la tormenta le daba miedo… Intenté que se relajara y se diera cuenta de que no le iba a pasar nada apretando aún más mi abrazo, protegiéndola como haría si estuviera en peligro. No pude evitar sonreír al ver que, aún estando dormida, ella se sonrojó un poco, y cambió su expresión rígida a una más relajada, sonriente.
¿En qué momento me había pasado eso? ¿cuándo fue que me di cuenta de lo mucho que la necesitaba? Me quedé dándole vueltas al asunto, perdiendo mi mirada entre su ropa tirada en el suelo, en el techo, en la ventana y en ella otra vez. Debí de quedarme dormido en algún momento, porque fue un pequeño grito el que me despertó de golpe.
-¡Oh! -gritó sorprendido alguien. Me incorporé para encontrarme a mi hermano pequeño Frankie, en el umbral de la puerta, con los ojos como platos.
-¡Shh! -le ordené. Comprobé que April no se había despertado. Y así era, seguía dormida. -¡Ni se te ocurra decir nada, Frankie!
-Pero… -empezó a balbucear. Al ver mi mirada amenazadora, bajó la voz aún más -¿qué haces durmiendo con ella?
-Pues… no… es que… -intenté decir. ¿Cómo le explicaba a un niño de 9 años que April llevaba mi ropa (y mis boxers) y que no era lo que parecía?
El pequeño echó a correr hacia fuera de la habitación, dejándome un poco desconcertado. ¿Dónde iba? No sabía qué hacer, si despertar a April y avisarla o dejarla dormir… no me dio tiempo a decidir.
-¡Nicholas! -era un grito escandalizado, pero esta vez de mi madre, que me miraba sorprendida.
April sí se despertó en esta ocasión, y al ver a Denise en la habitación, trató de taparse rápidamente con una sábana y apartarse de mi al mismo tiempo… lo que provocó que se cayera con un ruido sordo de la cama. No pude evitar dejar escapar una carcajada. Después, se incorporó rápidamente, poniéndose de pie de un salto, aún envolviéndose con la sábana para que mi madre no viera que llevaba mis boxers.
-Buenos días señora Jonas -dijo April muerta de la vergüenza. Mi madre la miró un momento, sin saber si reír o ponerse a gritar como una loca. Tenía esa expresión que aparecía cuando estaba indecisa.
-Buenos días, April, cariño -consiguió decir. Luego me miró -Nicholas… creo que me tienes que explicar muchas cosas.
-Sí, mamá -dije yo -pero antes que nada, esto no es lo que parece…
April se apresuró a negar con la cabeza, apoyándome. A pesar de lo grave del asunto, no podía evitar hacerme gracia.
-Verá señora Jonas… -empezó a decir April avergonzada.
-Espera, cielo, me gustaría que mi hijo me lo explicara, puesto que esta es su habitación -dijo mi madre educadamente.
-Bueno, es que… -dije yo. Pensaba a toda velocidad, buscando una excusa perfecta -mamá, anoche se nos hizo tarde cenando, y al final… bueno… Liz, la compañera de habitación de April no estaba y por eso ella no pudo entrar. No la iba a dejar dormir en el pasillo, ¿verdad?
Mi madre me miró, intentando descubrir si decía la verdad, y luego miró a April, que sonreía inocentemente. Pareció convencida, así que sonrió y respiró aliviada.
-Sí, es verdad Nicholas… no la ibas a dejar fuera -repitió mi madre. -Bueno, sólo venía a decirte que tu hermano ya está en su habitación.
-¿Hha venido con Liz? -preguntó April. Mi madre la miró y asintió -¡genial! Entonces quizá debería ir a verla…
Recogió sus cosas, me dirigió una mirada fugaz y salió corriendo hacia su habitación, llevándose la sábana con ella. Cuando escuché la puerta cerrarse, solté una carcajada.
-¿Qué te hace tanta gracia? -preguntó mi madre mirándome.
-Nada, es sólo que se ha llevado mi sábana -contesté más tranquilo. Me levanté de la cama y me acerqué a ella, para darle un beso en la mejilla -Buenos días, mamá.
Ella suspiró, y me miró un rato más, como evaluándome.
-Nick, siéntate un momento -me pidió. Yo le hice caso, y me senté en el borde de la cama. Ella se sentó a mi lado.
-Mamá, sé lo que me vas a decir… -me adelanté yo. Era cierto, me imaginaba algo.
-No, no tienes ni idea de lo que te voy a decir -contestó ella.
La noche se ha hecho muuuuy larga, pero espero que haya valido la pena..! y, lo siento si lo he dejado en un momento demasiado importante... ¿Qué le irá a decir Denise a Nick? jojo a saber...
Lo de Joe y Liz... ohhh! ^^ en este cap no había nada de Kev y Annette, pero prometo poner en el próximo. (: recordad que se quedaron encerrados en la cocina del hotel, con un poco de helado como sustento alimenticio! xD
espero poder actualizar pronto.. Creo que sí.
:D MUCHÍSIMAS GRACIAS POR LOS REVIEWS!!!!! Y MUCHÍSIMAS GRACIAS A LOS QUE PASÁIS SIN DEJAR UNO, PERO ME LEÉIS! :D
Disclaimer: uhhmm... veamos... los Jonas Brothers no son míos. Kevin es de Danielle (ya oficialmente), pero... JOE y NICK ESTÁN LIBRES!!! aún así, no tengo la suerte de ser una real. Sólo en mis sueños (que son muchos y muy bonitos) xD
Besos!!! Cuidaros mucho! (:
-Vicky.
