Vais a pensar que me he vuelto loca porque subo cap dos veces en una semana... pero sólo se me puede acusar de exceso de inspiración. Donde quiera que mire, me encuentro con algo que me gustaría poder poner en el fic.
Pues, este capítulo sigue siendo un poco de clarificador sobre los sentimientos de los chicos (y chicas!) así que espero no aburriros.
Mención especial!!! JAS! (: TE QUIERO! a todos aquellos que no lo hayan hecho ya, PASAD POR SU CUENTA Y LEED SUS GENIALOSOS FICS.
Ok, ahora sumergiros en el mundo de los...
CAPÍTULO 22 - SUEÑOS
-NARRA KEVIN-
No sé cómo pasó, pero acabamos los tres dormidos de cualquier manera en la habitación de Nick. Él en su cama, bocabajo y abrazado a la almohada, Joe en el sillón que había en un rincón, completamente espatarrado y con la boca abierta y yo… bueno, yo me desperté en el suelo. ¿Es que no había tenido suficiente con dormir toda la noche en el de la cocina del hotel? Me levanté e intenté estirarme, haciendo sonar mi columna, que intentaba reponerse. Mierda, me iba a pasar unos cuantos días con dolores…
Miré la hora: ¡las doce! De repente caí: ¡había quedado a las once con Annette en mi habitación! Maldiciendo por lo bajo, salí corriendo de aquel sitio, pegando un portazo. No tuve que andar demasiado, porque mi habitación estaba justo al lado de la de Nick… pero Annette no estaba fuera. Desanimado, decidí entrar y llamar desde allí a recepción, para volver a pedir el desayuno. Quizá, hasta podía convencer a Anne de que volviera…
-¡Ya era hora, señorito! -oí desde la sala de mi suite. Cerré la puerta y me asomé, para ver quien era la que decía eso. ¡Era ella! Sonreí.
-¡Annette, lo siento muchísimo! Me he quedado dormido en la habitación de Nick y…
-Shh, calla y ven a desayunar -dijo ella con urgencia. Me acerqué a su lado, y me encontré con que tenía una bandeja repleta de comida delante. -he empezado sin ti, pero es que tenía hambre…
-No pasa nada, tenías que hacerlo -dije yo sin darle importancia -¿qué hay para mí?
-Pues te he dejado algo de fruta -fruncí el ceño. Ella se rió -¡es broma! Tienes gofres con chocolate, si los quieres.
Mi estómago crujió, pidiéndolos como loco, así que le hice caso.
-Gracias -le dije mientras me acercaba el plato. Me senté con ella, a la mesa. Al parecer ella había estado con la televisión puesta mientras me esperaba -de verdad, siento mucho haber llegado tarde.
-No pasa nada -dijo ella con una sonrisa. Al parecer, se había duchado porque tenía el pelo aún mojado, cayendo despreocupadamente por su espalda y hombros. Engullía unas tortitas con pinta deliciosa. Otra vez, mi estómago se quejó, así que empecé a comer.
Estuvimos un rato sin hablar, simplemente comiendo y dedicándonos miradas fugaces. Ella observaba cada movimiento que hacía, ya fuera al acercarme la leche o cuando me quedaba un rato mirándola atentamente. Dejó escapar unas carcajadas.
-¿Qué pasa? -le pregunté confundido.
-Nada -contestó. No me convenció su respuesta, porque seguía riéndose.
-¿Tengo algo en la cara o… ? -la verdad era que me empezaba a preocupar.
-Pues, la verdad es que sí -acercó su mano hacia mi mejilla, para señalar algo. Yo me miré en el reflejo de una cucharilla, y ahí estaba: una mancha de chocolate.
-¿Me mancho y no me dices nada? -le reprendí. Ella seguía riéndose.
-Si quieres te la quito -contestó. Se levantó de su silla y se acercó a mi… demasiado, diría yo. Sin esperármelo, pasó su lengua por mi mejilla, "limpiando" la mancha de chocolate -ya está, ya no tienes nada.
Luego se volvió tan tranquila a su silla, para seguir comiendo su tortita, mientras yo me había quedado petrificado. Completamente.
-¿Qué…? -balbuceé. Ella levantó la vista de su plato, un poco roja, para mirarme.
-Lo siento… ha sido un impulso -se disculpó. -De verdad que no quería molestarte, yo…
No quería que pensara eso, así que salí como pude de mi estado de shock y me acerqué a ella, para devolverle el lametón. Exactamente eso hice: le lamí el moflete tal y como ella había hecho. Su reacción fue similar a la mía, se quedó un rato callada y quieta, pero luego rompió a reír.
-Si hubiera sabido que ibas a hacer eso, te habría limpiado la mancha mucho antes -dijo.
-No habría estado mal -contesté.
Anne se levantó de repente y me estiró hasta la altura del sofá, para luego tirarme en el de un pequeño empujón.
-¡Ah! -grité. La espalda me había hecho "crack".
-¿Qué pasa? -preguntó preocupada -¿no debí tirarte, verdad?
-No, si eso no importa… es que mi espalda no es la que era. Hoy he dormido dos veces en el suelo -dije. No me podía mover, y me había quedado con el culo en pompa sobre el sofá, la cual no era la mejor postura del mundo delante de una chica.
-Por suerte para ti, estás con la mejor masajista del mundo -dijo haciendo crujir sus dedos. -Vamos, levántate.
-Es fácil de decir, pero más difícil de hacer -dije desde mi lecho de dolor.
-¡Calla, no seas quejica y levántate! -ordenó -Estarás mejor en la cama.
Como pude, me puse en pie y me arrastré hacia mi cama, que estaba medio deshecha, dejándome caer bocabajo. Mi espalda volvió a sonar.
-Esto… -murmuró ella -Kevin, creo que el masaje será más efectivo si te lo hago sin… esto, sin camisa.
Lo último lo dijo en voz muy baja, demasiado avergonzada. ¿Sin camisa? ¿En mi cama? ¿Con ella y un masaje? En un segundo pasaron mil cosas por mi cabeza, pero tuve la suficiente fuerza de voluntad como para dejarlas pasar y contestar con la voz más normal que tenía.
-Sí, claro -dije mientras me quitaba la camisa -estoy tratando con una profesional, así que no pasa nada.
¿NO PASA NADA? ¡¡Sí que pasaba!! Porque de repente, ella dio un salto y quedó sentada sobre mi, dispuesta a empezar a masajear mi espalda dolorida. ¡ENCIMA DE MI! Cerré los ojos, intentando mantener la mente fría.
-Vale, esto lo aprendí hace poco… pero creo que es muy efectivo -decía ella mientras empezaba por mis hombros -¿sabes cómo sería muchísimo mejor? Con aceite aromático… ¿no tendrás velas por aquí, verdad?
Aunque no me podía ver, puse los ojos en blanco.
-Sí, claro… tengo un spa portátil en la maleta, mira a ver si encuentras algo -dije sarcástico. Ella apretó con más fuerza.
-¡Cállate! -se rió -nos tendremos que conformar con esto…
-Pues no está nada mal -murmuré. De momento, sólo pensaba en que el tiempo pasara rápido, que me curara la espalda, que se quitara de encima y me pudiera poner la camisa… y tal vez, en darme una ducha fría.
***
-NARRA NICK-
Fue el portazo lo que hizo que me despertara. Normalmente no lo habría hecho, pero supongo que una parte de mi deseaba que abriera los ojos, porque mi sueño no estaba siendo demasiado bueno. Pero, como siempre, al recuperar el sentido me olvidé por completo de lo que había soñado. Muy frustrante, la verdad.
Recorrí la habitación con la mirada, buscando a mis hermanos. Supuse que el portazo había sido de Kevin, porque era el que faltaba. Joe seguía sin inmutarse en una posición un tanto extraña en el sofá. De hecho, me pareció que hablaba… ¡Joseph estaba hablando en sueños!
-¿Porqué dices que sin pantalones estaré mejor?… Ah, ya claro… hace calor, es verdad… -sonreía. Parecía un sueño un poco raro -¿pero tú no tienes calor con el bigote? Ya sé que es falso, pero aún así dan calor…
¿Pero qué cosas raras soñaba? Aguantándome la risa, le tiré un cojín, acertando en toda su cara. Él se despertó dando un salto, buscando al causante del impacto con cara de confusión.
-¡Nick! -gruñó -qué manera más educada de despertar a tu hermano mayor…
-Pensé que tenías calor, así que te he despertado… -dije con tono burlón. Él se puso rojo, de repente acordándose de su sueño -Va, cuéntame qué soñabas.
-¿Yo? -se hizo el loco -yo no estaba soñando nada, enano.
-¿Estás seguro? -dije -porque creo haber oído que había un bigote falso involucrado… y querían que te bajaras los pantalones.
Él se levantó del sofá, nervioso, y fue dando tumbos hacia el baño. Oí que se abría el grifo.
-Lo que yo sueño no es de tu interés, hermanito -gritó desde allí. Yo me levanté de la cama, yendo con Joe a lavarme los dientes.
-¡Eh! -le grité -¡Ese es mi cepillo, Joe!
Él acabó su limpieza, enjuagó el cepillo y me lo tendió.
-Toma, no pasa nada… mis gérmenes son los tuyos -guiñó un ojo.
-Eres asqueroso, Joseph -miré el cepillo con asco -quédatelo, te lo regalo.
Él se rió, sacando de su bolsillo otro cepillo idéntico… el mío, el verdadero.
-Era broma, hermanito -dijo -el que he usado yo estaba sin abrir…
Le eché una mirada fulminante, arrebatándole de las manos mi cepillo de dientes. Mientras yo hacía mi trabajo, él se miraba en el espejo, repasándose meticulosamente.
-¿Crees que debería cambiar de peinado? -me preguntó. Yo gruñi, encogiéndome de hombros. Joe me miró atentamente -de verdad, Nicholas, eres la persona más expresiva que he conocido…
Esto último lo dijo irónicamente, claro. Joe se pasaba la vida diciendo que podría abrirme un poco más, mostrar mis emociones… pero no podía. Al menos no siempre. Escupí la pasta de dientes, me enjuagué la boca y me lavé la cara. Cuando abrí los ojos me encontré con el pesado sacando músculo y mirándose aún en el espejo.
-¿Has visto qué brazos se me están haciendo? -dijo. -De hecho, creo que ya no soy competencia para ti…
Eso me sacó de mis casillas. Si tenía un punto débil, ese era la competitividad.
-Perdona, Joseph, pero creo que te equivocas -le dije. Él me miró con superioridad.
-Nicholas, está claro que yo tengo más músculos que tú.
-¿Hacemos un pulso a ver quién es el más fuerte? -le reté. Él, por supuesto, asintió.
Salimos hacia la sala, donde había una mesa y nos pudimos sentar. Contamos hasta tres y empezamos a hacer fuerza. Tenía que ganarle… pero no pude. Mi mano chocó contra la mesa.
-¡Has hecho trampa! -le dije -¡te has levantado de la silla y eso no vale!
-No, yo no me he levantado -contestó. -admítelo Nick: estoy más bueno que tú.
En esos casos, lo mejor era dejar a Joe con su idea, porque nada podría demostrarle que estaba equivocado. Sacudí la cabeza, dejando el caso por perdido. Él se acercó a la mesa, donde había algo de fruta, cogió una manzana y la mordió despreocupadamente. Luego, se tumbó en el sofá, cogió el mando de la televisión y la encendió.
-¿Piensas quedarte aquí toda la mañana? -dije mirándole significativamente.
-Pues, sí, a no ser que propongas otro plan -contestó. -¡Ey, mira, este programa es bueno!
Desesperado, me acerqué al televisor y lo apagué.
-Joe, ¿recuerdas qué estamos haciendo aquí? -dije. Él se golpeó la frente, como si acabara de caer.
-¡Las chicas! -exclamó. Yo asentí con la cabeza -¿sabes algo de ellas?
-No. ¿Crees que deberíamos llamarlas? -pregunté. Él pareció pensárselo, y luego sonrió. No me gustaba esa sonrisa, siempre anticipaba algo malo… o raro.
***
-NARRA LIZ-
Estaba en una especie de castillo, pero me había crecido el pelo tanto como a esa princesa llamada Rapunzel. Sin saber cómo, Joe, vestido con una armadura brillante, cantaba desde debajo de mi torre para que le tirara una cuerda.
-¡No hay ninguna! -le gritaba yo. Él seguía cantando, pero ahora triste. De repente, yo me daba cuenta de mi pelo largo, y lo tiraba a través de la ventana para que él pudiera usarlo de cuerda.
Ahora Joe trepaba por mi trenza, cantando más animado. Sin saber porqué, entonaba la canción de los Enanitos de Blancanieves cuando salen de la mina. Parecía muy contento…
-¡Pronto estaré con mi amada! -cantaba. Mientras, seguía escalando.
Lo peor era que yo no lo miraba con cara de loca habiendo visto a un loco, sino que estaba embobada contemplando su brillante armadura, pensando que él era mi caballero salvador, el que me iba a librar del encierro en mi torre. Sin embargo, algo iba mal cuando, de repente, me caí de la torre, precipitándome al vacío y haciéndole a él caer conmigo.
Lo siguiente, un golpe contra el suelo.
-¡Mierda! -gruñí. Abrí los ojos, de vuelta a la realidad. Si que me había caído, pero no era de la torre, sino de la cama. Me encontré a mi misma tumbada boca arriba en el suelo de la habitación.
De repente, alguien se precipitó hacia mi, tapándome la boca con la mano, para evitar que gritara, me agarró de forma que no pude casi moverme, y me arrastró fuera del dormitorio. Acabé metida con el extraño en uno de los armarios de la suite, a oscuras. No podía hablar ni gritar, porque sus brazos aún me rodeaban con fuerza. A pesar de ello, no me hacía daño. Era un abrazo fuerte pero cariñoso a la vez. Parpadeé muchas veces, intentando que mis ojos se acostumbraran a la oscuridad y vieran algo del desconocido, pero era casi imposible. No tenía miedo… no sentía la necesidad de salir corriendo o de morder, patear y luchar para salir de allí, sino que me encontraba ridículamente a gusto… y más al reconocer los besos que el "desconocido" me estaba dando en el cuello.
***
-NARRA APRIL-
Me desperté un poco antes que Liz, así que decidí meterme en la ducha. Sin hacer ruido, entré en el baño, cerrando la puerta detrás de mi. Abrí los grifos, dejando caer el agua hasta que estuvo a una temperatura adecuada como para despejarme. Sabía que había soñado algo, pero era demasiado raro como para recordarlo. Intenté recordar mientras me enjabonaba el pelo, cerrando los ojos, concentrándome profundamente. Había algo relacionado con un piano… una melodía no dejaba de sonar en mi cabeza. Sí, mi sueño había sido sobre una canción. Sonreí al darme cuenta de que acababa de recordar el sonido de las notas, claramente. Me veía a mí misma tocándolas en un gran piano de cola… supuse que era blanco, como el de Nick… mis sueños eran casi siempre en blanco y negro.
Cuando acabé con la ducha, estaba contenta porque había conseguido rescatar el sueño, manteniendo la cancioncita en mi cabeza. Yo no tenía ni idea de tocar el piano, pero estaba convencida de que esa melodía saldría fácilmente si me ponía a probar con las teclas. Sin embargo, al salir de la bañera, no encontré mi toalla… ¡ni mi ropa!
Me dediqué a mirar alrededor, pero nada… ¿había sido tan tonta como para olvidarme de cogerla? No, estaba completamente segura de que la había dejado preparada…
Con cuidado, entreabrí la puerta del baño para asomarme a ver si Liz ya se había levantado y podía traerme la toalla, pero ella no estaba en su cama.
-¡Lizzie! -grité. Quizá estaba en la sala, y no me había oído acabar -¡Oye, que no puedo salir desnuda por ahí!
Al parecer, o se hacía la sorda o no me oía… pero, ¿y si no estaba? ¿dónde podría haber ido? Liz no era de las que se despertaban de forma fácil… ya podía pasar un huracán, que ella ni se inmutaría.
Frustrada, volví a cerrar la puerta del baño… me negaba a salir desnuda. Recorrí el baño con la vista, buscando algo con lo que poder taparme para salir por lo menos a por ropa… ¡y ahí estaba! Tirada en un rincón, formando un bulto, estaba la sábana de la habitación de Nick. ¿Cómo narices había llegado ahí? Suspiré, pensando que no tenía más remedio que taparme con ella. La enrollé a mi alrededor, procurando que tapara lo máximo posible y volví a abrir la puerta, un poco, asomando la cabeza.
-¿Buscabas esto? -preguntó alguien. De pronto, Nick entró en el dormitorio, con sonrisa burlona y MI toalla en la mano, balanceándola provocadoramente.
-Pues sí -afirmé. Tendí la mano para que me la diera, temblando de la rabia y de los nervios. Él negó con la cabeza y se tumbó despreocupadamente en la cama con la toalla en su poder.
-Si la quieres, cógela -dijo. Me miraba desafiante, pero a la vez sonriente. Se lo estaba pasando bien poniéndome en ese aprieto. Yo me mordí el labio inferior, debatiéndome interiormente.
-¿La traidora de Liz sabía esto? -gruñí. Cuando la pillara, la haría papilla.
-No… ella no tenía ni idea de lo que te iba a pasar a ti… ni de lo que le iba a pasar a ella -contestó con una sonrisa.
A pesar de estar haciéndomelo pasar mal en esos momentos, Nick estaba tremendamente irresistible con los rizos despeinados, su camiseta blanca y unos pantalones cortos negros. A pesar de que una parte de mi tenía ganas de asesinarlo por haberme robado la toalla, la otra parte se moría de ganas de dar un salto sobre él y comérselo a besos. Intenté pensar con claridad…
-¿Así que todo esto es un plan malvado tramado por dos hermanos crueles, no? -dije armándome de valor y saliendo del baño. Aún tenía la sábana alrededor de mi, usándola de escudo, procurando que mis vergüenzas no salieran a la luz.
-Puede ser -dijo Nick riéndose. Se acomodó en la cama, sin dejar de mirarme.
-¿Tienes intención de darme la toalla? -pregunté, sospechando su respuesta. Él negó con la cabeza.
-Dime qué has soñado hoy -dijo con total tranquilidad. Era como si no estuviera manteniendo una conversación con una chica casi desnuda…
-Nick, dame mi toalla, me pongo la ropa y te cuento lo que he soñado -contesté nerviosa. Me acerqué aún más, intentando arrebatársela de las manos. Fallé.
-Dime qué has soñado hoy -repitió. -Bueno, dime con quién -rectificó.
-¿Con quién he soñado hoy? -él asintió -Pues verás, he soñado con Joe.
Su cara cambió, de sonriente a ceño fruncido.
-¿Con Joseph? -repitió. Oí una risa desde la parte de la sala. Creí que salía de dentro de un armario, pero ignoré ese pensamiento.
Sonreí y me acerqué a la cama, sentándome en el borde, cerca de Nick, que seguía un poco malhumorado mirando el suelo e intentando ignorarme.
-Nick, mírame -él levantó la vista, para dirigirse a mis ojos. Yo sonreí -¿crees que podría soñar con otra cosa que no fueras tú después de todo lo que nos ha pasado?
Él pareció animarse, sonriendo de nuevo.
-No lo sé… -dijo.
-Pues que lo sepas: no es posible. En serio Nicholas, eres un pesado. ¡Estás hasta en mis sueños! -exclamé.
-¡Ah, vale pues si soy un pesado me marcho! -hizo ademán de levantarse, pero yo lo sujeté con una mano (con la otra me encargaba de mantener la sábana en su sitio). Se volvió y me miró.
-Quiero que sea así siempre. Quiero soñar contigo siempre. Por eso odio al sol, porque hace que me despierte y abandone mis sueños. Me hace ver que no estoy sola en un mundo perfecto, que tú no estás conmigo…
-Pero en eso te equivocas -dijo Nick. -Sí estoy contigo.
Tras eso, me acarició la cara con delicadeza, acercándose para darme un beso… demasiado dulce para ser el primero del día, demasiado intenso para ser tan breve, demasiado perfecto para ser real.
-¡¡Vale!! -gritó alguien -¡¡Vale ya!! Os quiero a 5 metros de distancia. Vais a convertir esto en una película para adultos si seguís así…
Se oyeron unas palmadas y alguien tiró de mi, separándome de Nick… y haciendo que la sábana se me escurriera.
La situación fue tremendamente vergonzosa. La que me había estirado había sido Liz, que iba seguida de Joe, el responsable de los gritos. Lizzie lo hizo tan bruscamente que me dejó completamente desnuda delante de Nick y Joe Jonas. Perfecto.
pues eso quería decir yo.. xDD demasiado. No os podéis imaginar lo que me estuve riendo al imaginarme el sueño de Liz...
En fin, espero que os haya gustado!! (: las hormonas de los chicos se revolucionan!!
GRACIAS por vuestros reviews, significan muchísimo para mi! GRACIAS y GRACIAS MIL VECES!
-Vicky.
