¡¡He vueltooo!! :D casi lloro de la emoción al tener de nuevo a mi querido ordenador delante de mi ^^

he estado escribiendo en una libreta durante toda la semana (sí, al estilo prehistórico) así que ahora me toca ir pasándolo al pc.

Este cap es un poco de transición (SON NECESARIOS!)... por cierto, espero que os guste la moda. ;)


CAPÍTULO 24 - VESTIDAS PARA LA OCASIÓN

-NARRA KEVIN-

La verdad era que el masaje de Annette había conseguido aliviarme el fuerte dolor de espalda, pero ahora tenía que concentrarme en otra cosa: mantener la mente fría. Mantuve la cara enterrada en el almohadón, procurando pensar en otra cosa, intentando olvidar que ella estaba sobre mi.

-¿Voy bien por aquí? -me preguntó mientras apretaba con más fuerza la zona de mis hombros.

-¡Mm! -me limité a balbucear.

-¡Vaya, qué expresivo! -dijo ella riéndose -. Vale, ahora date la vuelta, me falta el masaje frontal.

¿Cómo? De repente me puse tenso otra vez.

-Pero… ¿has acabado con los hombros? -le pregunté intentando evitar girarme. Bajo ningún concepto podía permitir que ella acabara cabalgando encima de mi.

-Sí, Kevin -dijo exasperada -va, date la vuelta.

¡Mierda! Y ahora, ¿cómo se lo decía?

Justo en ese momento sonó mi móvil; ¡perfecto, salvado por la campana!

Di un salto, sin acordarme de que Annette estaba encima, de modo que ella cayó con un golpe seco sobre el suelo de la habitación.

-¿Sí? -contesté al móvil.

-Kevin -era mi madre -siento molestarte.

-¿Pasa algo? -le pregunté. Anne me miraba aún desde el suelo, con cara de malas pulgas. Fingí ignorarla.

-No, nada -continuó mi madre -sólo quería decirte que hoy comemos todos juntos.

-¿Todos? ¿A quienes incluyes? -le pregunté.

-Papá, Frankie, Joseph, Nicholas, tú y yo -contestó.

-¡Ah, vale! ¿se lo has dicho ya a Joe y a Nick?

-No, confiaba en que se lo dijeras tú…

-Vale, lo haré -de repente pensé algo -pero mamá, te recuerdo que tenemos invitadas…

-Es cierto -se quedó pensando -decidles que vengan.

-Perfecto -sonreí. Annette seguía en el suelo, mirándome con reproche.

-Dentro de dos horas nos vemos en recepción -gritó mi madre antes de colgar.

Dejé el móvil sobre la mesa y me quedé mirando un momento a Annette.

-Vaya, por fin el señorito se ha dignado a darse cuenta de que estoy en el suelo -dijo intentando parecer enfadada.

Sonriente, le tendí la mano para ayudarla a levantarse.

-Tenía una buena razón -le dije. -¿a qué hora tienes que ir al aeropuerto?

-A las seis -bajó la cabeza, triste de repente.

-Me parece bien -ella levantó la cabeza, confundida y decepcionada.

-¿Así que sólo querías que te hiciera un masaje gratis para luego deshacerte de mi, no? -dijo.

-Por supuesto -la abracé, tirándola sobre la cama. Luego me tumbé a su lado.

Ella se quedó mirándome extrañada, sin saber por qué actuaba de esa forma. La miré a sus ojos, que brillaban hipnotizantes.

-Queda usted invitada a una comida típica de la familia Jonas -le dije.

-¿Qué? -se incorporó un poco sobre la cama.

-Comida familiar, llevad a vuestras acompañantes -le expliqué -tú eres la mía.

-Pero Kevin, tus padres… -de repente estaba nerviosa.

-Ellos son muy simpáticos, no van a hacerte nada.

-¿Y si no les caigo bien? -preguntó.

-En ese caso, tú y yo nos fugaremos a Las Vegas y nos casaremos con Elvis como testigo de boda -bromeé.

-¡Ah, no! -dijo ella -me niego. Cuando me case quiero que el testigo de boda sea Mickey.

Nos echamos a reír.

-¿En serio crees que puedes no caerle bien a alguien? -le pregunté dándole un beso demasiado breve. Ella se encogió de hombros -no, no puedes.

Me levanté de la cama, tendiéndole la mano para que me acompañara.

-¿Adónde vamos? -preguntó.

-Tenemos que avisar a mis hermanos.

***

-NARRA APRIL-

Nick y yo estábamos en el piano, haciendo algo más que tocar y Joe y Liz seguían en el sofá, con su estúpida guerra de miradas.

-Me extraña que ella no haya explotado aún -me dijo Nick.

-¿De qué hablas? -pregunté confundida.

-De Liz -la señaló con la cabeza. Me giré para mirarla. Ella mantenía los ojos clavados en los de Joe, pero estaba roja tomate.

Me reí por lo bajo.

-A mi lo que me extraña es que siga viva -le dije a Nick. Él me miró confundido.

-Ese color no es muy saludable, pero, ¿porqué dices eso?

-Estoy segura de que si Liz estuviera ahora mismo conectada a un monitor de hospital, los pitidos de su corazón estarían descontrolados.

-¿En serio lo crees? -Nick la miró preocupado.

Liz y Joe estaban mirándose directamente a los ojos desde hacía bastante tiempo, y el color rojo de la cara de ella aumentaba progresivamente.

-Sí, en serio lo creo -dije riéndome -tu hermano tiene ese efecto en ella.

-Joe tiene ese efecto en todas -me corrigió Nick.

-No -le dije sonriendo -en mi no.

-¿Y eso cómo es posible? -me preguntó.

-Porque sólo hay uno que hace que me ponga así.

Le cogí la mano y me la llevé al corazón, haciendo que sintiera mis latidos enfurecidos. Él se rió.

-¿Todo esto por mi? -preguntó.

-No, por ti no. Por el piano -dije sarcásticamente.

Acto seguido, sacudió la cabeza y se acercó a mi, pasándome la mano por la cintura, acariciando mi espalda y besándome tiernamente. Mantuvo una mano sobre mi corazón, dándose cuenta irremediablemente de cómo se aceleraba cuando sus labios rozaban los míos. Dejó escapar unas carcajadas, separándose de mi.

-Creo que mejor lo dejamos -dijo -no quiero que te dé un ataque por mi culpa.

Yo gruñí por lo bajo, sin querer que se separara de mi.

De repente, nos llegaron unas risas desde el sofá.

-¡He vuelto a ganar! -gritó Liz -te has reído.

-¡Pero es que no vale! -decía Joe -si haces caras raras es normal que me ría.

-Joe, no es ninguna cara rara, simplemente es la que tiene -le dije yo. Liz se hizo la ofendida.

-¡¡Eres una pécora!! -me tiró un cojín con rabia.

Ahora todos nos reíamos, por culpa de la reacción exagerada de ella.

-¿A qué viene tanta diversión? -era Kevin, que acababa de entrar en la habitación.

Nos giramos a mirarlo, saludándole con una sonrisa. La verdad es que él siempre me había parecido simpático. Kev iba agarrado a una chica pelirroja que me resultaba vagamente familiar. Abrí los ojos desmesuradamente al darme cuenta de quién era, pero Liz reaccionó antes que yo.

-¡¿Annette?! -se levantó del sofá en el que estaba sentada con Joe y se acercó rápidamente a la pareja.

-¡Hola chicas! -saludó la pelirroja un poco sonrojada.

-¿Dónde te has dejado a Cruela? -le espetó Liz refiriéndose a Sophie, su amiga. Joe se levantó y se aproximó a ella veloz, abrazándola por los hombros, tratando de calmarla.

Annette se puso seria de repente, agachando la cabeza.

-Sophie y yo ya no tenemos nada que ver -dijo en voz baja, pero firme.

-Ella no sabía nada, chicos -aclaró Kevin. Nick y yo nos acercamos a ellos.

-Bien, vale, tranquila -dijo Nicholas. Por algo era el tranquilo: odiaba las peleas. Liz seguía mirando desconfiada a Annette y, después de todo, yo la entendía.

No sabíamos de qué bando estaba ella, si del de Sophie o del nuestro, y era normal que tuviéramos nuestras dudas al saber que las dos eran amigas. Sin embargo, eran completamente diferentes y ya me había dado cuenta de eso en el avión. Anne no desprendía ni una sola gota de maldad.

Así, le sonreí sinceramente y me acerqué para darle un abrazo.

-¡Me alegro mucho de volver a verte, Annette! -le dije. Ella sonreía, feliz ahora por haber encontrado apoyo. Luego miré significativamente a Kev: ¡qué callado se lo había tendido!

Después de mi abrazo, los demás la saludaron alegremente, aunque Liz aún se mostraba un poco incómoda.

-Bueno, Kev, así que era esto lo que nos has estado ocultado -le dijo Joe a su hermano.

El mayor asintió sonriente. Pude ver cómo apretaba con más fuerza la mano de ella. Annette miraba a Kevin casi con devoción, sonriente y feliz. Sí, los dos hacían una bonita pareja.

-Ha sido inesperado -contestó él mirándola tiernamente.

-¿No me digas? -dijo Nick en voz baja. Luego me miró de reojo, pasando su brazo alrededor de mi cintura, aproximándome hacia sí.

Al ver a Kevin y a Annette ahí de pie, juntos, me empecé a preguntar si Nick y yo teníamos el mismo aspecto. Me preguntaba si también parecíamos tan enamorados como ellos, o si por el contrario no pegábamos ni con cola.

-¿Tenéis algo planeado para comer? -preguntó Kev.

Los hermanos se miraron, negando con la cabeza. En un descuido, me di cuenta de que Annette nos observaba atentamente a Nick y a mi, que su mirada iba desde el brazo de él alrededor de mi hasta sus ojos. No quise darle importancia, seguramente estaba reconociendo el terreno…

-Creo que no lo habíamos decidido -dijo por fin Joe.

-Pues ya tenéis plan: comida familiar -Kevin soltó la bomba. Liz y yo nos miramos nerviosas y muertas de miedo. ¿Comida familiar? Sabía exactamente lo que el cerebro de Lizzie estaba maquinando en esos instantes, en parte porque yo también lo estaba pensando.

Comida familiar significaba reconocer públicamente la relación que mantenía cada uno con nosotras, la forma en que nos presentaran delante de sus padres era crucial para saber qué tipo de lazo nos unía a ellos.

-Pero, ¿vamos todos? -preguntó Liz medio ahogada.

-Sí, mamá ha dicho que llevemos a las acompañantes -le contestó Kev. -Dentro de una hora y media en recepción.

Las chicas nos miramos nerviosas, pensando seguramente lo mismo: teníamos 90 minutos para conseguir el aspecto adecuado delante de, quizá, nuestros futuros suegros. Annette, Liz y yo compartimos una mirada cómplice y asentimos.

-Bueno, me parece que los chicos sobráis un poco aquí -cogí cariñosa pero decididamente la mano de Nicholas y estiré un poco de él, dirigiéndolo a la puerta.

-Exacto, debéis abandonar el cuartel general de las chicas -corroboró Liz haciendo lo mismo con Joe.

Ellos intentaron parecer molestos pero no podían evitar reírse.

-¿Así que vais a sacar la artillería pesada, no? -bromeó Joe.

-Puede ser -contestó Liz.

Joseph y Nicholas ya tenían un pie fuera de la habitación, el único que se resistía era Kevin, pero era porque Annette estaba hablando con él. Liz se acercó a ellos, mandona y enérgica.

-¡Venga, fuera! -dijo dándole pequeños empujoncitos a él -no se aceptan chicos.

-Es que trataba de saber qué iba a hacer Anne -se excusó.

-Pues se queda con nosotras, por supuesto -dijo Liz abrazando en señal de camaradería a Annette.

Sonreí al ver que ya no había rastro de sospecha en la mirada de ella. Eso era lo bueno de Lizzie, que perdonaba y comprendía enseguida.

-Gracias, chicas, pero tengo que coger mi ropa -dijo Anne.

-Para eso está el botones Kevin -contesté yo, dándole un codazo al mayor.

-¡A sus órdenes! -él salió veloz, apartando a Joe y a Nick que contemplaban la escena divertidos desde la puerta.

No tardó en volver, cargado con la maleta de Annette, se la dio y la besó por última vez.

-Perfecto. Ahora fuera -ordenó la sargento Liz.

Los chicos salieron, con la típica broma de que no les importaba quedarse a "ayudar con la ropa".

-¡En hora y media, todos abajo! -gritó Joe antes de que le cerraran la puerta en la cara.

Una vez solas, las chicas comenzamos a dar vueltas por la habitación.

-Annette, no te creas que te libras de contarnos cómo y cuándo conociste a Kev -le dije yo. Ella sonrió.

-Por supuesto… ¡lo mismo os digo! Tenéis que contármelo todo -dijo.

-Sí, sí… me parece muy bien, pero ahora, a lo que íbamos -Liz estaba histérica -veamos qué llevas, Anne.

Cargó la maleta de la pelirroja y la llevó como pudo al dormitorio, apresurándose a abrirla.

-Pues no sé qué ponerme -dijo Annette.

Corrimos todas a los armarios y nos pusimos a hacer un rápido reconocimiento. De repente, me acordé del color de los ojos de la pelirroja.

-Annette, dime que tienes algo verde -le dije mirándola atentamente. Ella asintió, sacando rápidamente una falda con vuelo de color esmeralda, como sus ojos.

-¡Es preciosa! -exclamamos Liz y yo a la vez.

-Pero, ¿con qué me la pongo? -preguntó preocupada.

-¿Blusa negra? -propuso Liz. Anne sacó al instante una de la maleta.

-Vaya, Annette, tu maleta parece una tienda de ropa -le dije impresionada. Ella se rió y volvió a meter la mano para sacar unos zapatos de tacón negros.

-¿Estos? -preguntó sonriente. Liz y yo asentimos emocionadas: eran perfectos.

-Vale, ya tenemos a una -dije animada -ahora tú, Liz.

Las tres nos acercamos impacientes a su parte del armario, aunque yo ya tenía claro qué le iba a obligar a ponerse.

-Esto -dije. Saqué un vestido precioso que se había comprado conmigo.

Era morado, de tirante grueso, que se ceñía por la cintura y luego caía de una forma muy natural, hasta un poco más arriba de las rodillas. Annette asentía muy deprisa.

-Sin duda -decía emocionada -¡este!

Liz lo miró un rato, como evaluándolo y luego sonrió.

-¿Zapatos? -pregunté yo -Tienes que llevar tacón, porque no eres exactamente alta…

-¡Cállate! -me dio un puñetazo en el hombro, ofendida. Anne y yo nos reímos, mientras Liz rebuscaba entre los zapatos hasta dar con el que quería: unas sandalias de tira gruesa, moradas. Simplemente perfectas.

-Vale, ahora sólo quedas tú -me dijeron. De repente, Annette dio un respingo: había tenido una idea.

-Sólo os voy a decir una cosa: "high heels, red dress" -empezó a cantar Burnin' Up.

-¿No pretenderéis que me ponga "tacones altos, vestido rojo", no? -dije asustada.

Las dos me miraban con un brillo demente en los ojos. Realmente querían que me lo pusiera. Liz buscaba frenética en el armario.

-¡¡Lo has traído!! -exclamó cogiendo mi vestido rojo -¿te acuerdas cuando lo compramos?

¿Cómo me iba a olvidar? Cuando lo vimos colgado en la tienda nos pusimos a cantar como histéricas Burnin' Up delante de todo el mundo. Como no encontramos talla pequeña para Liz, acabé comprándomelo yo…

-Lo compré porque estaba rebajado, pero no pretendía ponérmelo para algo así -me excusé yo.

-¡Calla y póntelo! -me dijo Liz -y estos zapatos.

Me tendió unos negros, con abertura delante y suela roja. Había suplicado por tener esos zapatos, hasta que en un acto de bondad, mi madre por fin me los había comprado.

-¿No nos estaremos pasando? -dije yo mirando toda la ropa -¿y si ellos tienen pensada una comida tranquila en algún sitio normal?

Las dos se me quedaron mirando como si hubiera nacido ayer.

-¿Has visto alguna vez fotos de sus "comidas familiares"? -me preguntó Annette.

-Pues claro -dije yo, orgullosa. Por algo me consideraba una de sus mejores fans.

-Pues ya está -concluyó Liz.

Mientras nos vestíamos, arreglábamos el pelo y maquillábamos ligeramente, Annette nos contó cómo había conocido a Kev. La historia de la guitarra en una sala vacía o el encierro en la cocina nos habría parecido increíble si no hubiera sido porque la nuestra tampoco era demasiado corriente. Contestar a una llamada de teléfono con número desconocido y que el que llama sea Nick Jonas no es algo que pase todos los días.

Al cabo de una hora, estábamos las tres listas: Annette se había alisado el pelo rizado, Liz también y yo opté por una diadema roja, a juego con el vestido.

-Creo que vamos aceptables -dijo Annette, repasándonos con la mirada.

-¿Bromeas? -replicó Liz -¡vamos espectaculares!

Así, riéndonos como locas, nos dirigimos con paso firme sobre nuestros tacones hacia el ascensor.


En fin.. (: qué opináis? cómo irá la comida familiar? cómo se presentarán ante los padres? Lo tendrán fácil?

En serio, se me ha quedado una SONRISOTA al ver los reviews :DD millonadas de gracias!!! ^^

Disclaimer: los Jonas Brothers son INALCANZABLES para mi (de momento, jojo) así que no, por desgracia no son míos.

Espero subir prontoo! :D Gracias de nuevo!!! sois genialosas (sí, como genial+osas... no quiero decir que seáis peludas cual osas, sino que sois tan geniales como las osas... bueno, dejémoslo estar)

-ViCKY-