Holaa!! no me quiero enrollar demasiado, así que adelante con el capíitulo número 30 (:
CAPÍTULO 30 - EL SEDUCTOR
-NARRA JOE-
Tarde libre, ¡genial! Cada uno había hecho sus planes: Nick iba a ver a April, Kev y Annette pensaban ir al cine y a dar un paseo y yo… bueno, tendría que haber ido a ver Liz, pero algo me lo impedía.
Ya habíamos aterrizado todos en Los Ángeles, de manera que ahora era cuando nos separábamos. Kev y Anne desaparecieron en el instante en que dejamos las maletas en casa, y Nick ya nos había dado esquinazo en el aeropuerto. Poniendo de excusa que no me encontraba demasiado bien, escapé hacia mi cuarto, para poder tumbarme y pensar.
¿Por qué no iba corriendo a buscarla? Necesitaba abrazarla, decirle que la quería, que no quería que se separara de mi pasara lo que pasara… pero de alguna manera, sentía que no podía mirarla ahora a la cara. Al fin y al cabo, todos los líos en los que nos habíamos metido eran culpa mía. Me incorporé demasiado rápido en la cama, decidido: iba a buscar a Sophie. Saqué el móvil de mi bolsillo, buscando su número.
-¿Sophie? -pregunté cuando descolgó.
-Hola Joe -contestó secamente.
-No quiero ir con rodeos, ¿dónde estás?
-Vaya, qué educado eres, Joe Jonas -dijo irónicamente -sí, ya que lo preguntas estoy bien… ¿y tú?
-Perdona, preciosa. Es sólo que necesito verte.
***
-NARRA APRIL-
Seguía esperando a Nick sentada en un cómodo sofá del Starbucks, agarrada a un cappucino gigante. Me había enviado un mensaje diciendo que tardaría un poco más de lo previsto, así que no presté mucha atención cuando alguien se sentó en el sofá enfrente mío.
-¡Por fin! -dijo un chico -no sabes cuánto me ha costado encontrarte…
Levanté la cabeza, esperando encontrarme con esa sonrisa tímida de Nick, pero en vez de eso, me topé con los fríos ojos negros de Matt. ¿Qué estaba haciendo allí?
-¿Matt? -pregunté sorprendida.
-Como habías escapado tan de repente, he venido a buscarte. En serio, me he recorrido unos 4 Starbucks antes que este…
-¿Cómo sabías que estaría en uno? -pregunté, aún más perpleja.
-Sé que te encantan, así que supuse que habrías quedado en uno con Jack. Por cierto, -levantó la cabeza, buscando entre la gente -¿dónde está? ¿Ha ido al baño o algo así?
-No, sólo se retrasa un poco -murmuré -En serio, Matt, esto era una cita privada -intenté que se diera cuenta de que sobraba.
-Aprilita, no pensarás que voy a dejarte salir con alguien a quien ni siquiera conozco, ¿no? -contestó él, acomodándose aún más en el sofá.
Mis instintos asesinos empezaron a dispararse. ¿Cómo se atrevía a poner condiciones? ¿Cómo se atrevía a tan siquiera volver a hablarme después de dejarme tirada hacía casi un año?
-Yo creo que con quien salga no es tu problema -repliqué, duramente.
-Pues déjame decirte que te equivocas -contestó él -sí es mi problema, porque me importas.
Me quedé muda. Sin saber qué hacer, me limité a mirar por el ventanal, que daba a la calle, deseando con todas mis fuerzas que Nick apareciera.
-¿Te siguen gustando los Jonas Brothers? -preguntó Matt para romper el hielo. -Recuerdo que yo te regalé su primer CD.
Asentí con la cabeza, muerta de la vergüenza. Si tú supieras…
-Son cada vez mejores -contesté, orgullosa.
-Si tú lo dices… ¿cómo se llamaba aquel que te gustaba? ¿Nick?
-Ajá -estaba segura de que a estas alturas mi cara estaba tan roja como un tomate. Bajé la cabeza, centrándome en mi taza de café.
-April… -empezó a decir. No quería levantar la mirada, no quería ver sus ojos, demasiado intimidantes -te he echado de menos.
¿Porqué tenía que decir eso? ¿Porqué había tenido que volver ahora que yo ya estaba bien?
-Matt, he superado lo tuyo -dije, armándome de valor -no quiero que…
Me corté al ver aparcar delante de la puerta un Mustang. El Mustang de Nick. Y era él quien lo conducía. Iba perfecto, como siempre. El pelo rizado despeinado por el viento que se colaba por las ventanillas, la camiseta blanca de manga corta marca de la casa y vaqueros. Simple, pero impresionante. Creí que me desmayaría cuando se recolocó el pelo y se puso las gafas de sol.
Sin decir una sola palabra, me levanté del sofá, dejando a Matt solo y aturdido, y corrí hacia fuera del local. Necesitaba darle un abrazo. Cuando estuve cerca de él, me tiré a sus brazos, sin importarme que hubiera gente alrededor. Nick era muy fácil de reconocer y mucho más si llevaba el coche… pero, ¿qué más daba?
-Tenía ganas de tenerte así de cerca otra vez -murmuró él en mi oído. Sonreí sobre su hombro.
-Y yo -me separé de él un momento, inspeccionando el terreno. Parecía de buen humor, así que me atreví a darle un tímido beso. Él sonrió cuando me aparté, besándome él esta vez.
-¿Te estás planteando enamorar a muchas más así vestido? -le pregunté, colgando de su cuello.
-¿Muchas más? Entonces, ¿tú estás enamorada? -preguntó quitándose las gafas, clavando su mirada en la mía.
-Qué va… -dije sarcásticamente -sólo estoy contigo para pasar el rato.
Me aparté de él, para quedar justo enfrente. No podía describir cómo me sentía cuando lo tenía cerca, mis pulsos se aceleraban, la respiración se me entrecortaba…
-¡Ey, Aprilita! -gritó Matt, acercándose hacia nosotros. ¡Mierda, me había olvidado de él! Nick lo miró con mala cara.
-¿Aprilita? -murmuró en voz baja con repugnancia, de forma que sólo le pude oír yo. Me encogí de hombros, exasperada mientras Nick se escondía otra vez tras sus gafas de sol.
-Hola, Matt -contesté cansina.
-Creo que no conozco a tu amigo -dijo, pasándome la mano por la cintura y aproximándome hacia sí. No pude hacer demasiado para impedirlo, y Nick hizo una mueca, creando una forma rara con su boca.
-Bueno, de algo así estábamos hablando ahora -dijo.
-En realidad -me aparté de Matt para acercarme a Nick, entrelazando mis dedos con los suyos -no es mi amigo…
-Soy su novio -completó Nick la frase por mí, quitándose las gafas de sol otra vez. Matt abrió los ojos, sorprendido.
-¿Eres Nick Jonas? -preguntó, completamente pasmado.
-¡Shh, no tan alto! -le pidió Nicholas. Matt cerró la boca, por fin.
-Ah, pues… ¡encantado de conocerte! -le tendió la mano, que Nick estrechó educadamente.
-Aprilita… ¿pero Jack? -preguntó, aún un poco descolocado.
-Jack es Nick -le aclaré. A continuación le eché una mirada significativa. Si no se callaba ya, iba a estrangularle.
-¿Cómo os conocisteis? -preguntó Matt, interesado. Nick seguía mirándolo de arriba abajo, completamente serio.
-Es una larga historia -presionó con fuerza mi mano. Indirecta captada.
-Eh… esto… Matt, tenemos que irnos -anuncié. Él nos miró, primero a mi, luego a nuestras manos entrelazadas, a continuación a Nick y por último de nuevo a las manos.
-Hasta luego -dijo Nick, sin ni tan siquiera darle tiempo a reaccionar. Se dio la vuelta sin soltarme, abriéndome la puerta de su coche. Luego, lo rodeó sin mirar a Matt, que seguía parado mirando la escena, y se sentó en su asiento. Hasta que no arrancó el coche y estuvimos a unas calles de distancia, no dijo nada.
-¿Él era el complemento de vestuario de hoy? -preguntó divertido, sin apartar la vista de la carretera.
-No… se ha auto-invitado -contesté nerviosa -no debí haberle dicho que iba a venir a Los Ángeles.
-No pasa nada -dijo Nick -ya te ha dejado en paz.
-Por hoy -completé.
-Venga, dejemos de hablar de él. No se lo merece -decía Nick -cuéntame qué tal tu día.
-Pues ha mejorado hace un rato.
-Uhm, me pregunto porqué…
Los dos nos reímos. Me sentía a gusto con él, sin ningún tipo de presión. Ahora conducíamos por una zona desierta, de esas en las que la carretera parece no tener fin y te sientes solo en el mundo, sin nadie a tu alrededor. Bajé la ventanilla, dejando entrar el aire caliente de fuera, despeinándome… sin que me importara. Luego, di un salto para ir a los asientos traseros, que eran para mi sola.
-Miedo me das ahí detrás -dijo Nick. Me puse roja. Al parecer, se acordaba del momento "deseos".
-Tranquilo, que hoy me portaré bien -prometí, sin estar demasiado segura.
-No, si a mi me da igual -aclaró. Yo me reí, volviendo a mi asiento delantero.
-¿Dónde vamos? ¿Me estás raptando? -pregunté sonriente.
-¿Acaso te importaría?
-¡Qué va! Sería la chica más feliz del mundo…
Nick soltó una carcajada, cogiéndome de la mano tiernamente.
-Ya lo verás.
***
-NARRA KEVIN-
-¿No deberíamos ir a hablar con Sophie? -me preguntó Annette, justo antes de que aterrizáramos en Los Ángeles.
-No creo que se merezca tanta atención -le contesté.
-Pero, ella tiene mi diario y puede seguir utilizándolo en nuestra contra.
-No creo que pueda hacer nada más -la tranquilicé. Ella parecía más convencida -además, esta tarde tú y yo tenemos una cita a solas.
-Vaya, señor Jonas, ¿qué vamos a hacer? -se interesó, sonriente.
-Quién sabe…
***
-NARRA JOE-
El mundo es un pañuelo. Sophie me dijo que estaba en Los Ángeles también, en uno de los hoteles de lujo que tanto le gustaban a ella. Tras colgar, me duché y vestí, nervioso por volver a verla a solas.
-¿Tardarás mucho? -preguntó mi madre, antes de que saliera de casa.
-No lo sé -contesté vagamente.
Salté al asiento de mi coche, poniendo en marcha el motor, deseando estar en la carretera con el aire golpeándome la cara para poder aclarar mis ideas. Por fin, llegué al hotel de Sophie y, tratando de no ser visto, llegué a su habitación.
Ella no tardó en abrirme; al parecer, había sacado la artillería pesada: camisón rosa de raso, demasiado sexy para por la tarde y el pelo rubio suelto, perfectamente alisado.
-Joseph Adam Jonas -dijo ella, echándome un rápido vistazo -nunca creí que me volverías a llamar.
Utilicé mi sonrisa seductora; necesitaba ganar esa partida.
-Bueno, digamos que la vida da muchas vueltas -contesté. -¿Puedo pasar?
Sin decir una palabra, Sophie se apartó de la puerta, dejándome el camino libre. Armándome de valor, entré con paso firme, recorriendo la habitación con la mirada. Nada, no había suerte.
-¿Y bien? Te has cansado ya de esa niña, ¿no es así? -preguntó, cerrando la puerta y acercándose a mi… quizá demasiado. Traté de mantener la calma.
-Simplemente… necesitaba verte -esquivé su abrazo, fingiendo interesarme por la vista desde su ventana. Ella se quedó parada, con la mirada clavada en mi nuca.
-¿Así, de repente? -dijo, incrédula. Ahora tenía que sacar mis armas de actor, así que me giré, intentando una sonrisa misteriosa.
-¿Por qué no me enseñas tu dormitorio? -le dije, quizá demasiado directo.
Tras el shock que eso supuso para ella, me hizo un gesto con la mano y giró hacia su derecha, adentrándose en otra habitación. La seguí sin decir nada.
Sophie se sentó en la cama, acomodándose y sin dejar de mirarme. Siempre había estado muy segura de sí misma… Centrándome en mi misión, hice un repaso detallado de la estancia, buscando lo que había ido a buscar… sin éxito, otra vez. Decidí jugarme todas las cartas.
-Sabes, aún no me puedo creer que esa estúpida de Annette escribiera todo eso en un diario -le dije, sentándome a su lado, apartándole el pelo de la cara. Pude ver en sus ojos que se ponía nerviosa.
-Pues… ella siempre lo apunta todo y… no sé, pensé que eso también -contestó, sin poder mantener la mirada. Ya casi la tenía. Apoyé mi mano en su rodilla, acariciando su piel descubierta.
-Debe de estar todo muy detallado, ¿no? -le pregunté, sin dejar de mirarla a los ojos. Bingo. Se estremeció ante el contacto de mi mano, que iba subiendo por su pierna.
-Un… un poco -contestó. Sonreí. Estaba siendo demasiado fácil.
-La verdad, me gustaría saber qué tal se comporta mi hermano mayor con las chicas -susurré. Aparté mi mano de su pierna para acercarla a su cara, acariciándola con delicadeza.
-Bueno, puedes leerlo si quieres…
Sophie se apartó un poco de mi, inclinándose para alcanzar el cajón de la mesa que había al lado de la cama. ¡¡Premio!! Temblorosa, sacó un pequeño cuaderno de piel: el diario de Annette. Sonreí. Había sido demasiado fácil.
-Quizá te interese la parte final, en la que cuenta cómo se conocieron y todo eso -añadió ella, en voz baja.
Cuando por fin tuve el diario en mis manos, lo agarré con fuerza. ¿Debía irme ya? Todo había ocurrido con tanta facilidad que me había quedado con ganas de más. ¿Y si jugaba un rato más? Lo cierto era que me lo estaba pasando bastante bien… Decidí jugar.
-Quizá luego -murmuré, apartando el cuaderno dejándolo sobre los pies de la cama -¿has pensado mucho en mi?
Ella bajó la mirada, al parecer muy nerviosa. Me encantaba producir ese efecto en las chicas… y ella estaba siendo una presa fácil.
-Un… un poco, Joe -contestó con voz baja. Luego, volvió la Sophie segura de sí misma. Levantó la mirada, demasiado fría para mi gusto -¿y tú?
Con disimulo, alcancé el diario, agarrándolo con fuerza. Después, súbitamente, me aparté de ella, poniéndome de pie.
-Pues… no mucho, la verdad -contesté duramente. Ella pareció descolocada.
-Pero, ¿y esto? ¿a qué han venido tu llamada y tus ganas de verme? -preguntó acelerada.
Como respuesta, balanceé el diario, mi nuevo trofeo de caza. Aún me faltaba la última parte de mi misión: la retirada.
-¡Seré tonta! Sólo has vuelto a por el estúpido cuaderno -entendió ella. Se levantó, hecha una furia. Parecía a punto de llorar -Joe, te quiero, ¿cuándo lo vas a entender? Tienes que darte cuenta de que esa niñita no se merece estar contigo. Si he hecho todo esto ha sido por ti.
-¿Por mi? -pregunté, incrédulo -¿nos has puesto a mis hermanos y a mi en ridículo delante de millones de personas porque me quieres?
-Sí, Joe -lloriqueó.
-Es una forma un tanto rara de demostrar amor, Sophie -espeté. Di media vuelta, decidido a salir de aquella habitación. Sin embargo, ella me agarró del brazo.
-Joe, sólo tú haces que me estremezca cuando me acaricias… sólo sé que es contigo con quien quiero estar… cuando es por ti, actúo sin pensar, sin importarme las consecuencias.
-Sophie… no quiero estar contigo. Estoy harto de ti y de tus dramas -dije deshaciéndome de su agarre. -No te vuelvas a meter con mi familia -la avisé, serio -y sí, eso incluye a Annette, April y Liz… sobretodo Liz. Mantente alejada de ella.
Su cara cambió a una expresión de respeto, quizá asustada. O puede que intimidada.
Suspirando, abrí la puerta, sin ni siquiera mirar atrás.
Adiós Sophie, adiós dramas, adiós dolores de cabeza.
Hola Liz, hola mundo de hadas, hola labios de fresa.
***
-NARRA LIZ-
Bueno, Joe podía no querer verme esa tarde, pero yo sí iba a verle a él. Después de una sesión de paz y tranquilidad, seguida de un poco de comilona de chocolate, me encerré en mi cuarto, decidida a repasar todos los videos que encontrara de Joe y sus hermanos. Ahora que era para mi sola, tenía que saber lo máximo posible de él.
Creía que había visto todos sus videos, pero al parecer me equivocaba porque encontré muchos que ni sabía que existían. De hecho, estuve a punto de asfixiarme de la risa con uno… Sin esperarlo, sonó mi móvil con el tono de llamada de Joe.
-Hola, aquí corazón solitario Liz, ¿qué desea? -contesté rápidamente. Oí unas carcajadas desde el otro lado de la línea.
-¿Siempre contestas así al teléfono? -preguntó Joseph.
-Qué va, sólo cuando mi novio me deja tirada una tarde que tiene libre -dije, más en serio que en broma.
-Créeme: era algo importante -murmuró.
-Si, ya claro… -dije incrédula.
-Va, no seas tonta -me pidió, burlón -apaga el ordenador, ya.
Di un respingo. ¿Cómo sabía que estaba encendido?
-Joe… ¿qué? -murmuré. Él colgó.
-¿Prefieres verme en un ordenador antes que en persona?
Me giré de repente. ¡¡Joe estaba en mi habitación!! ¿Cómo había entrado? ¿Quién le había abierto la puerta?
-El portero tiene todas las llaves, ¿no es cierto? -respondió, leyendo mi pensamiento. Estaba apoyado en el marco de la puerta, como una visión, demasiado perfecto.
-¡Qué mala es la seguridad en este edificio! -exclamé, apagando el ordenador y corriendo enfrente suyo.
-¿Y te quejas de eso? -preguntó, con la ceja levantada.
-Para nada -lo agarré del cuello, aproximándome a él para besarle, tiernamente. Él me rodeó la cintura.
-Te he echado de menos -dijo.
-Y yo -contesté. Luego caí en algo -¿dónde ha estado usted, señorito?
Joe hurgó en su bolsillo, sacando un pequeño cuaderno de piel. ¿Un diario? ¡El diario de Annette!
-¿Has ido a ver a Sophie? -pregunté escandalizada.
-Sigo siendo irresistible -alardeó él. -No ha podido negarse a dármelo.
-¿Has usado tus técnicas infalibles?
-Soy un seductor -dijo poniendo su sonrisa perfecta.
-Pero, Joe… -estaba un poco preocupada. ¿Había pasado algo que yo necesitara saber?
-Tranquila, todo ha sido sin rebasar el límite. Yo soy sólo tuyo.
Más tranquila, me eché a su cuello, necesitada de sus labios. No iba a salir vivo de aquel cuarto.
¡¡Espero que os haya gustado!! :)
por cierto, hoy, 16 de Septiembre es el cumpleaños de Nick Jonas!! :D cada vez está más cerca de ser mayor de edad! eso hará que mi padre deje de llamarme pederasta ¬¬
GRACIAS, MILLONES DE GRACIAS POR LOS REVIEWS!! Me hacéis muy happy!
-Vicky.
