Lalalá! otro más!! :D


CAPÍTULO 33 – EL ATREVIDO

-NARRA NICK-

Dormí de un tirón, sin sobresaltos y, como siempre, sin acordarme de lo que había soñado. Sólo una cosa rondaba mi cabeza al abrir los ojos: aquella melodía que April me había enseñado hacía un tiempo. Y esa melodía, necesitaba una letra… pero no se me ocurría ninguna.

-¿Estás listo? -preguntó Joe, abriendo la puerta de mi habitación.

-¿Qué haces despierto tan pronto, Joseph? -le pregunté extrañado.

-No podía dormir -dijo, cerrando tras de sí la puerta -No paraba de darle vueltas a una canción durante toda la noche.

-Qué suerte… -murmuré, incorporándome en la cama -¿de qué va?

-Pues, es algo sencillo… habla de que has encontrado a alguien mejor, y que no echas de menos a la anterior.

-Uhm, ¿por qué me suena? -dije poniendo los ojos en blanco.

-Liz es mucho mejor -aseguró Joe -¡eh, me gusta ese título: Much Better!

-Sí, creo que puede funcionar… ¿tienes algo escrito? ¿Algo por lo que podamos empezar? -pregunté.

-¿Estáis trabajando en una canción sin mi? -dijo Kevin, irrumpiendo en la habitación.

-Sólo tratábamos de clarificar las ideas de Joe -me disculpé yo.

-Si ya, claro -nos reprochó el mayor -¿alguien me pone al día?

Iba a explicarle a Kevin que Joe quería escribir una canción sobre que Liz era mucho mejor que su anterior novia, Sophie… lo más seguro era que esa canción nos iba a dar muchos problemas. De repente, mamá entró en la habitación.

-¿Reunión ya, de buena mañana? -preguntó, al vernos a los tres juntos.

-Más o menos -dijo Joe. -Buenos días, mamá.

-Buenos días, cariño -contestó ella -¿Sabéis la hora que es? Tenéis que estar en el estudio en media hora.

-Es cierto, no tardamos nada –dije yo.

-Desayunaremos de camino –añadió Joe, al ver la cara de preocupación de mi madre.

-¡Sí! Creo que hay un Starbucks de camino hacia el estudio –exclamó Kev, emocionado. Si algo le volvía loco, eso era el Starbucks. Podía oler uno a kilómetros.

-Está bien –cedió mamá – ¡pero daros prisa!

Tras unos segundos, todos salieron de mi habitación, dejándome un poco de espacio. Una ducha sonaba muy bien en esos momentos.

***

-NARRA LIZ-

Ya era de día. Y Joe no me había llamado. ¿Pasaría algo raro? Seguro que no quería ponerme más nerviosa de lo que estaba por todo el asunto del nuevo álbum y de la entrega de premios… ¡¡pero necesitaba su voz para darme ánimos!! Odiaba el colegio, lo odiaba con todas mis fuerzas. Antes podía soportarlo con la idea de llegar a tener un trabajo que me permitiera estar cerca de Joseph de alguna manera… pero ahora que ya lo tenía, ¿qué sentido tenía desperdiciar mi vida en él en vez de estar con Joe a todas horas? Aunque, pensándolo bien, no creía que él quisiera a una inútil a su lado las 24 horas del día…

Salté de la cama, volviendo a echar un vistazo a la pantalla de mi móvil. Nada, ni un mensaje. Suspiré, resignada a su olvido. ¿Y si le llamaba yo? No, tampoco quería molestarle. Gruñí por lo bajo mientras dejaba el móvil encima de la mesa, volviendo a intentar decidir qué ponerme.

Estaba en ello cuando llamaron a la puerta.

-Buenos días –dijo mi padre, mientras abría la puerta con cuidado -¿puedo entrar?

-Sí, supongo que sí –murmuré. Él entró titubeante.

-Verás… quería hablarte sobre ese chico, Joseph.

-Joe, papá –le corregí. –Es increíble, ¿verdad?

-Sí, la verdad es que parece buen chico –admitió –pero, has de entender que es un hombre… y los hombres… bueno, todos son iguales…

-¡Oh, no papá! –ya sabía por dónde iba -¿no irás a darme la charla de las abejas y las flores, verdad?

Él se sonrojó, avergonzado.

-Si era eso, puedes estar tranquilo –mentí –tu hija no se va a dejar polinizar por ninguna abeja antes de tiempo. Además, él no es de esos. Por si no te acuerdas, lleva un anillo de promesa.

-¿Eso quiere decir que te casarás a los 18 para poder hacerlo antes? –preguntó, entre burlón y preocupado.

-No –dije. –Papá, no te preocupes por eso. Joe es un buen chico… y tu hija no va a conseguir cambiarle.

Eso ya lo veremos me dije interiormente. De hecho, no había faltado mucho la última vez para que… eso.

-Está bien… date prisa o llegarás tarde a clase –me dijo, antes de salir de la habitación.

¿Acababa de pasar lo que creía? Había confiado en no tener que soportar una de esas charlas jamás de los jamases, pero la desgracia exhalaba su maloliente aliento sobre mi nuca. Lo que fuera que significara eso.

Al llegar al punto de encuentro con April, pude notar que estaba un poco alterada. Sus ojeras le llegaban hasta la mandíbula, por lo menos.

-¿Se puede saber qué te pasa? Pareces la novia cadáver –le dije, intentando ser simpática. Ella me echó una mirada fulminante. Mientras, dio otro sorbo al cappuccino gigante que llevaba en la mano.

-No he podido dormir nada –murmuró ella, con una voz ronca.

-¿Y eso por qué? –pregunté, interesada. ¡¡Si ahora su vida iba perfectamente!! Nadie había tenido que hablarle de abejas y flores, así que, ¿de qué se quejaba?

-Matt quiere hablar conmigo hoy y no me veo capaz de soportar un llanto de quiero-que-volvamos y Nick esta tarde viene a casa a conocer a mi madre y a hacer las presentaciones oficiales –dijo de un tirón.

-Te acompaño en el sentimiento, maja –le di unas palmaditas en la espalda, compadeciéndome de ella. Luego eché a andar en dirección al colegio. Me tenía que hacer a la idea de que mi mejor amiga estaba muerta, porque tras el día que le esperaba, iba a ser hierba pisada y arrancada de cuajo.

-¿Así es cómo apoyas a tu amiga? –gritó April, detrás de mí -¿te digo que me muero y me dices que "me acompañas en el sentimiento"?

-Te olvidas del "maja" –la corregí yo. Suspiré al ver su cara de frustración –era broma. A ver, ¿qué te preocupa más: que el capullo de Matt vaya a pedirte disculpas por la gran cagada del siglo o que Nick vaya a conocer a tu madre?

-Creo que… creo que lo de Matt -dijo ella, tartamudeando. La miré inquisidora –quiero decir, está claro que Nick va a caerle muy bien a mi madre, así que por eso no debería preocuparme.

-¿Y por el imbécil de Matt sí? –pregunté, incrédula.

-Supongo… es que no quiero hacerle daño –aclaró April. Gruñí, frustrada por lo que me acababa de decir. Me acerqué a ella, sujetándola por los hombros, tratando hacerla comprender.

-April, el efecto de Matt en ti es como cuando bebes demasiada coca-cola –ella me miró como si me hubiera vuelto loca –lo más gracioso es que te das cuenta de que no te gusta después de beberla. Te pasas mil años con dolor de barriga y gases, y todo por un momento de placer.

-Creo que, a pesar de tu horrorosa metáfora, te entiendo –me dijo, pensando –quieres decir que, no vale la pena pasarlo mal por un único momento bueno que haya tenido con él, ¿no?

-Soy un genio –me regodeé. Justo llegamos a la puerta del colegio.

-Vale, ahora compara el efecto que produce Nick en mí con el de alguna bebida –me retó.

Tras unos segundos de estruje cerebral, obtuve la respuesta.

-Está bien. Nick es para ti, lo que el cappuccino. Delicioso en el momento en que lo tomas, te mantiene despejada durante un buen rato y encima, está buenísimo –concluí, exultante.

-¿Cómo que está buenísimo? –preguntó con la ceja levantada, sospechosa.

-Quiero decir, que está bueno para ti, que te gusta... sabes que yo soy "Team Joe" pase lo que pase…

-Más te vale –amenazó April.

Bueno, por lo menos había conseguido calmarla ante lo que le iba a caer ese día.

***

-NARRA APRIL-

Supongo que comparar a Nick con un cappuccino no estaba tan mal encaminado como creí al principio. No era amargo como lo podía ser el café sólo, sino que, como en el cappuccino, al añadirle un poco de nata y chocolate, lo convertía en algo perfecto. Todos sabían que Nick podía ser un poco seco a veces, pero para eso estaba el chocolate y la nata: para hacer que esa faceta suya desapareciera. Además, en el momento en que lo tomabas, notabas su gusto bueno, pero cuando pasaba un rato después, seguías sintiendo lo genial que era.

-¿Y bien, April? ¿Puedes contestar a mi pregunta? –la voz del profesor de geografía me sobresaltó.

¿Qué pregunta? ¿Qué diantres estábamos dando en clase? Sintiendo la mirada de toda la clase clavada en mi nuca, traté de orientarme, mirando a la pizarra en busca de alguna señal. El profesor seguía esperando.

-Eehh… sí, su pregunta… una pregunta que voy a responder… -intenté ganar tiempo.

Busqué la mirada de Liz, para que me echara una mano, pero al parecer estaba tan perdida como yo. Justo en ese momento, una mano me tendió un pequeño papel sin que el profesor se diera cuenta.

-Todo el mundo sabe que el caudal de un río es… la cantidad de agua que lleva, ¿no? –leí disimuladamente el papel.

-Sí, muy bien –dijo el profesor, girándose para seguir con su clase.

Eché un vistazo para ver quién había sido mi salvador, dando con Matt, que se sentaba a mi lado en esa clase.

-Gracias –susurré, eternamente agradecida. Ya tenía suficiente con suspender sus exámenes, así que no necesitaba que me pillara distraída en clase.

-De nada –dijo Matt, serio –quizá deberías dejar de pensar en estrellas del rock y centrarte en la clase, ¿no crees?

Malhumorada, y un poco avergonzada, erguí mi cabeza, mirando la pizarra. Traté de ignorar su comentario, pero la última frase no paraba de dar vueltas en mi interior: "Dejar de pensar en estrellas del rock y centrarme en la clase" Era un buen consejo, con un único fallo: era imposible dejar de pensar en él.

Al fin, el timbre sonó, dando paso a un pequeño descanso de media hora.

-Vamos a tomar algo ya –dijo Liz, tirando de mi brazo en dirección a la cafetería –Mi estómago gruñe hambriento.

Iba a dejarme arrastrar felizmente, cuando otra mano aferró mi otro brazo con fuerza.

-Me debes una charla –dijo Matt, sin soltarme. Liz le echó una mirada fulminante. Si las miradas matasen…

-Te la debe sólo si ella quiere –contestó.

-Vale, creo que sí deberíamos hablar. Tranquilizaros los dos –dije yo, tratando de calmarlos –Luego nos vemos, Liz.

Seguí a Matt hasta el patio trasero, que daba al campo de fútbol y a la cancha de baloncesto, vacía en esos momentos. Todo el mundo estaba en la cafetería o se había escapado por la puerta de atrás para tener unos segundos de libertad. Él se sentó en un banco, mirando al frente con la mirada más o menos perdida. Decidí sentarme a su lado, a una distancia prudencial.

-¿Y bien? ¿A qué viene tanto alboroto? –pregunté, tratando de mostrar normalidad.

-Nick… -dijo él en voz baja.

-¿Qué pasa con él? –pregunté.

-¿Estás… estás bien con él? –preguntó, ahora mirándome directamente. Sentí que enrojecía.

-Estoy más que bien, Matt –confesé, con una sonrisa furtiva.

-¿Más que antes, cuando estabas conmigo? –volvió al ataque.

-Es diferente –murmuré mirándome los pies.

-¿En qué es diferente?

¿Ser sincera o callarme y tragar todo durante más tiempo? Decidí ser lo primero.

-Porque él no es un cerdo que me dejará a la primera de cambio.

Abrió los ojos, procesando el golpe. Si de verdad pensaba que teníamos que hablar, no me iba a dejar nada para mí misma.

-Pero April…

-No, Matt. Te fuiste porque quisiste, sin avisarme –las lágrimas empezaron a descontrolarse –y luego ni siquiera te molestaste en llamarme. ¿Cómo quieres que te diga que lo nuestro fue mejor que lo que tengo con Nick?

-Sabes que no me fui porque quisiera –se excusó él –mis padres decidieron mudarse…

-No importa –le reproché –lo mínimo que podías haber hecho era avisarme. ¿Cómo te crees que me sentí durante una semana sin tener ni idea de dónde estabas? ¿Cómo te crees que me sentó saber que estabas en Nueva York con otra chica que habías conocido hacía dos días?

-¿Quién te dijo eso? –preguntó.

-Tu mejor amigo –dije, amargamente. Me sequé las lágrimas. Eso ya se había acabado para mí –Y encima, te dignas a volver y tienes la suerte de que te ofrezco mi amistad, que no te mereces lo más mínimo, y lo primero que haces es ser un incordio con mi novio. ¿Crees que todo esto está bien?

Él negó con la cabeza, mirando el suelo.

-Pero April, he vuelto –murmuró –he vuelto… por ti. Porque entendí que al irme así, lo había fastidiado todo.

-No esperes volver y encontrarlo todo igual que antes.

-Está claro que no… sé que tendré que esforzarme…

-Ahórratelo –le dije –Estoy muy bien como estoy, gracias.

Sin esperármelo, se lanzó a mis labios, sujetándome por la espalda, impidiendo que me apartara. Tan sólo duró cinco segundos, pero los sentí como si fueran años. Cuando pude apartarme de él, le di con todas mis fuerzas en la cara. Estaba roja de ira.

-Ni… se te ocurra… volver a hacer eso –repliqué, jadeante. ¿Cómo se atrevía?

Matt sonreía, acariciándose la zona en la que le había golpeado.

-Tranquila –dijo. Me levanté de un salto, dando zancadas para alejarme de allí. Él se quedó sentado en el banco, sonriente y pensativo.

¿Sonreía? ¿Cómo se atrevía a sonreír después del bofetón que se había llevado? Cuando me encontré con Liz, mi interior gruñía tan ferozmente que tuve que sentarme para relajarme.

-¿Qué ha pasado? ¿Llamo a Big Rob? Es amigo mío, así que seguro que está dispuesto a hacernos un favor –dijo Liz, sentándose a mi lado.

-El muy idiota me ha besado –escupí con asco. Liz dio un salto.

-¿Qué?

-Se ha atrevido a juntar sus labios con los míos y después de darle un bofetón, se ha quedado allí parado, sonriendo.

-¡Este tipo es un psicópata! –exclamó Liz –ahora sí que la ha armado buena: voy a llamar a mi "pequeño" amigo Rob y verás cómo se le van las ganas de ir besando a chicas por ahí –dijo, mientras sacaba el móvil de su bolsillo.

-Para –se lo quité de las manos –Si Big Rob se entera, Nick, Joe y Kevin se enteraran también… ¿de verdad quieres eso?

-Creo que no –dijo Liz tras reflexionar un poco –todos sabemos lo que puede hacer Joe con un bate cuando se lo propone.

Asentí. Por nada del mundo quería que Nick se enterara de que Matt me había besado, ya me había costado suficiente convencerlo de que entre él y yo no había nada.

-Necesito salir de aquí –dije, echando una mirada furibunda al colegio.

-Eso está hecho, señorita –me dijo Liz -¿no crees que el desayuno nos ha sentado un poco mal?

Una buena excusa… así podríamos escapar de la cárcel con discreción.

Lo primero que hicimos al salir del colegio fue ir al Starbucks. Sin duda, casi vivíamos allí… ¡pero es que se estaba tan bien!

-¿Te ha llamado Nick hoy? –preguntó Liz. Al parecer, las dos estábamos decididas a ignorar el percance con Matt.

-No –contesté, apenada –lo cual es raro, porque aún tiene que decirme a qué hora viene esta tarde a mi casa.

-¿Y si les llamamos nosotras? –preguntó.

-¿Eso no nos hará parecer desesperadas? Además, deben de estar ocupados en el estudio.

-Pues ya es hora de un pequeño descanso –dijo Liz decidida, cogiendo el móvil y marcando el número de Joe.

Me mordí nerviosa las uñas, mirando concentrada a Liz, que esperaba a que contestara.

-¡Hola, Joe! –exclamó ella, por fin –soy Liz, tu novia, ¿recuerdas? Llámame cuando puedas, señorito ocupado.

Y colgó.

-Era el buzón de voz –dijo Liz –al parecer, lo tiene apagado.

-Entonces, sólo nos queda esperar.

***

-NARRA JOE-

-Bien, entonces esto va así: "now I see, everything I'd ever need, is the girl in front of me, she's much better"

Tratábamos de seguir la canción, mi canción sobre ella.

-¿Y algo así con el piano? –preguntó Nick, desde su banqueta.

-¡Perfecto! Otra vez.

Ya casi la teníamos. Llevábamos toda la mañana, sin interrupciones. "Much Better" ya casi estaba lista, y Nick parecía estar a punto de sacar otra canción en unos momentos. En cada rato que tenía, jugueteaba con las teclas de su piano, tratando de sacar algo en claro… sin éxito. Aunque seguro que no tardaría mucho.

-Chicos, un descanso –dijo mi padre, viendo que ya llevábamos un buen rato sin parar.

Cuando todo el equipo salió del estudio, nos quedamos Kevin, Nick y yo solos.

-¿Qué es eso que llevas toda la mañana toquiteando, Nick? –preguntó Kevin, pellizcando inconscientemente su guitarra.

-¿El qué? –dijo Nick.

-Ese sonidito molesto –aclaré yo –es broma, no es molesto. ¿Es una nueva canción?

-¿Esto? –rápidamente, Nick repitió la melodía, sin titubear. Nosotros asentimos –aún no tengo letra para esto.

-¿Quieres que trabajemos en ella? –preguntó Kev.

-No… creo que tiene que ser un poco personal –nos dijo Nick –veréis, April soñó hace un tiempo con esta melodía...

-¡Y tú quieres ponerle letra! –exclamé. A veces yo mismo me sorprendía por su genialidad.

Nick bajó la cabeza, un poco avergonzado.

-Entonces, ¿está claro? Cada uno escribirá una canción para nuestras chicas, y estará en el nuevo álbum –dije.

-¡Pero nadie debe decir nada! –previno Kevin –tiene que ser una sorpresa.

Todos asentimos, conformes. Yo casi tenía la mía: Much Better. Nick tenía que trabajar en la suya… y Kev debía empezar de cero.

-Por cierto, Kevin –pregunté -¿qué sabes de Annette?

-La he llamado esta mañana y me ha dicho que acababa de llegar a Nueva York –nos miró a todos, emocionados –va a venir a vivir a Los Ángeles.

Nick y yo nos miramos, completamente en shock.

-¿Cuánto tiempo llevas escondiendo ese bombazo? –le pregunté a Kevin.

-Desde ayer. Annette lo ha decidido. Dice que quiere seguir estudiando aquí.

-Eso es genial, Kev –dijo Nick. –Ahora la tendrás más cerca.

El mayor sonreía, pletórico.

-Hablando de chicas… Nick, ¿tú has llamado esta mañana a April? –pregunté.

-No –se quedó helado de repente -¡mierda! ¡Y esta tarde tengo que ir a conocer a su madre! Va a pensar que me he olvidado de eso.

Hurgó en sus vaqueros, buscando su Blackberry para encenderla. Se detuvo un momento.

-¿Y tú? ¿Has llamado a Liz hoy, Joseph? –preguntó.

-Ehh… creo que no –eché un vistazo a mi móvil, en busca de alguna llamada perdida… ¡estaba apagado! –se me ha acabado la batería, perfecto. Kevin, déjame tu móvil, por favor.

-¿Quieres que te deje a mi bebé? –dijo el mayor, haciéndose de rogar –estamos conectados, no podemos vivir el uno sin el otro. Dime, Joseph, ¿me has visto alguna vez sin mi móvil?

Negué con la cabeza. De hecho, era raro ver a Kev sin su teléfono.

-¡Pero es una emergencia! Sabes que no te lo pediría si no fuera necesario –intenté convencerlo… con éxito. Kevin me tendió el móvil, un poco reacio.

-Trátalo bien –me pidió –y cuando notes que se te recalienta la oreja, cambia de lado.

Un poco extrañado por ese consejo, salí de la habitación sacudiendo la cabeza. Cuando estuve lejos de oídos curiosos, marqué el número de Lizzie.

-¡Hola! Es usted la ganadora de cincuenta pizzas con queso. ¡Felicidades! ¿a qué dirección debo enviarlas? –dije en cuanto Liz respondió. Oí unas risas.

-¿Cincuenta? –contestó ella –se debe de haber equivocado de número, vaquero, porque con cincuenta pizzas no tengo ni para empezar… ¡Joseph!

-Hola, galleta –le dije, aún sonriendo -¿me has echado de menos?

-Uhm… no mucho la verdad –se calló un momento -¡pues claro que sí! ¿Dónde has estado?

-En el estudio, ya te lo dije.

-¿Y? ¿Cómo van las nuevas canciones? –preguntó, emocionada.

-Bien, pero son alto secreto –dije misterioso –oye, ¿qué tal el día? Tenía ganas de hablar contigo.

-Y yo… -oí unas risas de fondo y a Liz intentando haciéndolas callar.

-¿Con quién estás? –pregunté.

-Es April. Al parecer le hace gracia la cara que pongo al hablar contigo.

-¡Es que es muy graciosa! –gritó April a través del auricular. Intenté contenerme la risa.

-Dile a tu amiga que Nick va a llamarla dentro de poco –dije. –Por cierto, me gustaría poder ver esa cara.

-¿La mía? –preguntó Liz –¡pero si me viste ayer, Joseph!

-No es suficiente. Cuéntame qué tal tu día.

Justo en ese momento, Nick entró en la habitación.

-Joe, dile a April que estaré en su casa esta tarde a las seis –me pidió.

-Liz, perdona, el pesado de mi hermano… dice que le digas a April que irá a su casa esta tarde a las seis. ¿Para qué tienes que ir a su casa, Nicholas? –pregunté extrañado.

-Va a conocer a su madre –dijo Liz, emocionada.

-¡Vaya, eso no me lo habías dicho! –exclamé -¿quieres que te deje mi vieja plancha para el pelo? Por una vez en tu vida tienes que ir arreglado.

Oí un pequeño golpe en la otra parte del teléfono. Nick negó con la cabeza.

-¿Joseph? –dijo Liz –sólo voy a transmitir las palabras de April textualmente. Dice que "como se te ocurra tocarle un solo rizo a Nick, te meterá la plancha por el culo"

-Nicholas –dije yo, algo sorprendido –tienes una novia muy bien educada.

El pequeño me miró extrañado. Créeme Nick, la inocencia es un don. Mejor que no supiera lo que su novia estaba dispuesta a hacerme si le planchaba el pelo.

Pero una cosa estaba clara: se me habían quitado todas las ganas de acercarme a la plancha en, por lo menos, cinco años.


Más le vale a Joe alejarse de la plancha... sólo si quiere mantener sus piernas en su lugar... ¬¬ (personalmente, creo que Nick está perfecto con rizos, no sé cómo lo veréis vosotras...)

Y bueno.. ¡¡esto era todo por hoy!!

he tenido unos pocos días libres y he podido escribir, pero no tenía internet para leer y ponerme al día... aún así, no me doy por vencida: ESTA SEMANA SIN FALTA LEO Y COMENTO VUESTROS FICS!!! :)

btw, MILLONES, INFINITAS más una Gracias por los reviews.

Sois genialess :D

-Vicky.