y sin más dilación (y porque esta semana he escrito más que en toda mi vida)

nuevo capítulo!! :D


CAPÍTULO 36 – DECISIONES

-NARRA JOE-

Había faltado poco para que pasara lo que tenía que pasar en el estudio, con Liz. Cuando estaba con ella no me podía contener y, además, sospechaba que lo había hecho a propósito para ganar la cena conmigo. De alguna manera, seguía sintiéndose insegura respecto a mis sentimientos por ella… y yo ya lo tenía claro, ¿no? Sacudí la cabeza, convenciéndome a mí mismo de que sí. Además, no había nada de malo en tener dudas… ¡¡pero yo no las tenía!! Eché un vistazo a Liz, que estaba sentada enfrente mía, cenando tranquilamente.

-¡Esto está muy bueno, señora Jonas! –dijo ella, tras probar la comida. Mi madre sonrió, dándole las gracias.

Los pasos importantes ya estaban dados: mis padres la conocían, las fans sabían que existía y ahora mismo, ella estaba cenando con mi familia. Eso significa que una relación va en serio, ¿no? Miré a Nicholas, que parecía demasiado concentrado en su plato de cena. Al parecer, todo le había ido bien con la madre de April… pero había algo más que no nos había contado. Decidí guardarme las preguntas para otro momento.

Kevin había vuelto de su "misión secreta" sin querer decirnos nada de lo que había hecho, pero estaba seguro de que tarde o temprano conseguiría sacárselo. Parecía emocionado, sonriente y hablaba más de la cuenta (si eso es posible).

-Kevin, cariño, ¿cuándo viene Anne a Los Ángeles? –preguntó mi madre, dándole tema de conversación

-Seguramente pasado mañana –contestó él. Se le veía emocionado, con los ojos brillantes.

-Y, ¿dónde va a vivir? –preguntó mi padre, en la otra punta de la mesa.

-Bueno, eso os quería comentar… -empezó Kev. Los ojos de todos se clavaron en él, ansiosos por saber qué era lo que tenía pensado en su loca cabecita –esta tarde he estado mirando una casa, no muy lejos de aquí, y he pensado en alquilarla para ella… si os parece bien.

Afirmé brevemente la cabeza, dando mi consentimiento. Algo así me imaginaba… seguí comiendo, mientras que los demás seguían mirándole. Nick sonrió, asintiendo también, Liz se le quedó mirando, boquiabierta. Estaba claro que ella no sabía lo detallista que era Kev cuando se enamoraba… sin embargo, mi madre y mi padre se le quedaron mirando un rato, sin saber qué decir.

-¿Una casa? –preguntó mamá, algo confundida –pero, ¿no piensas irte de aquí, verdad?

Mi hermano mayor le decía a mi madre que iba a comprar una casa para su novia en la que, seguramente, se pasarían el día haciendo cochinadas, y lo único que le preocupaba a ella era que su pequeño hijo abandonara el nido materno.

-Mamá, somos una familia, y Kev estará aquí hasta que tenga arrugas por todas partes, hasta en el cogote –dije yo, tratando de calmarla. Mi hermano mayor me lanzó una mirada fulminante, mientras que Nick y Frankie se reían. Liz trataba de contener la risa como podía.

-Cariño, es sólo que… no sé, creo que hasta que… bueno, hasta que te cases… -comentó mi madre.

-Esa casa es sólo para ella, mamá –dijo Kev. –Por supuesto que iré a visitarla, o ella se pasará por aquí, pero yo no tengo planes de mudarme. Ya sabes lo que opino sobre eso.

Levantó su mano izquierda, enseñando su anillo. Contuve un sonido de reprobación, mientras que Nick hundía su cabeza en el plato, tratando de pasar desapercibido. ¡El muy hipócrita! Los tres sabíamos que todos habíamos tenido impulsos… sobretodo él. Empecé a preguntarme si Kev nos estaba ocultando algo, porque antes de estar con Anne, se le veía raro. En realidad, Nick y yo sospechábamos que había tenido una novia, pero no nos había dicho nada.

Mi madre asintió brevemente, suspirando aliviada. Consideré que era hora de cambiar de tema, porque el ambiente se había puesto demasiado tenso.

-Entonces, ¿cómo van los preparativos para la entrega de premios la semana que viene? –pregunté, a nadie en particular. Luego miré a Liz, que había levantado la cabeza de repente.

-Tenemos que ir de compras –murmuró Nick. El perfecto Nick. Tenía que ir siempre impecable a cualquier sitio.

-Es cierto, sospecho que las chicas van a hacer un despliegue increíble –dijo Kev.

-Algo así –comentó Liz, sonriendo misteriosa. Me pregunté qué tenía pensado.

Cuando acabamos de cenar, cada uno se inventó una excusa para irse pronto a la cama, incluso mis padres, pero yo quería pasar más rato con Liz, así que les dije a todos que ella y yo nos encargaríamos de fregar los platos. Galletita me miró, un poco sorprendida, pero luego sonrió, poniéndose de ese color rojo que tanto me gustaba.

-Joe, es tarde… quizá debería irme a casa –murmuró cuando nos quedamos solos en la cocina.

-¿Te quieres librar de tener que fregar los platos? –le dije, deseando con todas mis fuerzas que no se fuera.

-No, para nada –se acercó al fregadero, abriendo el grifo –venga, compañero, ¡pásame un plato!

Creamos un tándem imbatible, acabándolo todo en muy poco tiempo. Cuando nuestras manos se rozaban al ir pasándonos los platos, sentía un cosquilleo en mi estómago, como si fueran mini descargas eléctricas. Estaba seguro de que nunca me había pasado aquello con otra chica, nunca en toda mi vida... ¿significaba eso que ella era la única, la adecuada, la ideal y perfecta para mí?

-No sé cómo estar seguro… -murmuré cuando acabamos, mientras que Liz se secaba las manos. Ella se me quedó mirando, extrañada.

-¿Seguro de qué, Joseph? –me preguntó, tendiéndome la toalla.

-Nada, no importa –dije, negando con la cabeza. Ella no pareció satisfecha con mi respuesta, pero se calló. Luego, echó un vistazo a la hora.

-Es muy tarde, Joe –murmuró –me extraña que mis padres no me hayan llamado aún para saber dónde estoy.

De repente, sentí una especie de sacudida. Galletita se iba, Liz tenía que marcharse. Me apoyé en el mármol de la cocina, débil.

-Eh, ¿estás bien? –preguntó ella, acercándose a mí. Yo negué con la cabeza.

-No quiero que te vayas –murmuré, sin mirarla directamente.

-Joe… -susurró ella. Levanté la vista, para encontrarme con sus ojos, brillantes –puedes enseñarme tu cuarto, si quieres… supongo que no pasa nada si llego un poco más tarde a casa…

Sonreí, más tranquilo. Cuanto más tiempo se quedara, mejor. La cogí de la mano, conduciéndole a mi guarida, mi espacio personal. Muchas revistas para adolescentes gritonas habían hablado de cómo era, pero ninguna había tenido razón, ni siquiera se acercaban.

Subimos las escaleras intentando no hacer ruido, yo delante y ella detrás, cogida por el borde de mi camiseta, para no perderse. Al entrar en mi habitación, ella sonrió.

-No es como me la había imaginado –comentó, recorriendo el cuarto con la mirada.

-¿Cómo creías que era? –pregunté yo, intrigado.

-No sé, pensé que estaría lleno de bates de goma, bigotes postizos y cosas así –dijo Liz. Yo me reí.

-Pues ya ves que no. Aunque –me acerqué al armario, revolviendo entre el desastre –, sí tengo esto…

Al sacar el bate de goma, ella sonrió, emocionada.

-¿Es el del video? ¿El de "Nick J Show", verdad? –preguntó, refiriéndose al video que habíamos grabado mis hermanos y yo hacía un tiempo en youtube. Asentí, sonriendo.

Mientras ella lo observaba con devoción, yo me tumbé en la cama, mirándola atentamente. Me encantaba cómo se le iluminaba la cara por cosas que a mí ya me parecían normales, cómo la sonrisa le llegaba a los ojos, y se sonrojaba ligeramente. Al parecer, se dio cuenta de mi análisis, porque dejó el bate con cuidado en su sitio, y se sentó a mi lado en la cama.

-¿Qué pasa? –preguntó, al darse cuenta de que no dejaba de mirarla -¿tengo la cara manchada de algo?

Negué con la cabeza, sonriendo aún. Tenía que contener mis impulsos de lanzarme sobre ella, debía hacerlo.

-Entonces, ¿qué pasa, Joe? –preguntó, acomodándose.

-Simplemente estaba mirándote –dije –es algo que me gusta hacer: mirar.

Ella se rió, sonrojándose un poco más. Perfecto, la estaba poniendo nerviosa.

-Pues no mires tanto, y dime de qué no estás seguro –me pidió. Se acordaba de mi triste balbuceo, el de "no sé cómo puedo estar seguro…", en la cocina. Me armé de valor. Necesitaba hablar con ella.

-No estoy seguro de cómo puedo saber si estoy enamorado de ti –solté de golpe. Ella se enderezó un segundo, mirándome fijamente.

-Eso se nota, Joseph –murmuró.

-Es fácil para ti, y al parecer es fácil para todos… pero yo ya no sé qué creer –dije –me ha fallado demasiada gente.

Liz me cogió de la mano, mirándome a los ojos.

-Yo nunca te voy a fallar –dijo, seria. –No sé con qué tipo de malas pécoras te has relacionado últimamente, Joe, pero el amor no es así. Cuando quieres a alguien, confías en él.

-Puede ser que esté tan confundido porque nunca he estado enamorado antes –murmuré.

-Joe, comprueba una cosa –puso mi mano sobre su pecho, cerca de su corazón -¿lo notas, no? –yo asentí, asombrado por lo rápido que bombeaba -¿te crees que estoy así por cualquiera?

Me encogí de hombros, sin saber muy bien qué decir. Ella mantuvo mi mano allí, mirándome fijamente. Era gracioso, porque lo intentaba, pero seguía poniéndose tremendamente roja.

-Supongo que no –dije –al igual que yo no siento descargas en el estómago cuando me rozo la mano con cualquiera.

Ella sonrió, como si hubiera acabado con su argumentación y hubiera ganado.

-Espera un momento –dijo, sacando su móvil. Tecleó algo rápidamente y luego lo volvió a guardar.

-¿Qué…? –pregunté extrañado.

-¿Quieres que me quede contigo toda la noche? –me dijo ella, entre avergonzada y emocionada –les he dicho a mis padres que me quedo en casa de April a dormir…

-Pero, mañana tienes clase, ¿no?

-Sí, pero… supongo que me da igual no ir –dijo ella –entonces, ¿me quedo o me voy?

-¿Tienes que preguntarlo? –le dije yo, sonriente –quédate siempre que quieras.

Le di un beso, demasiado feliz como para decir algo más. Nos quedamos abrazados sobre la cama, ella apoyada sobre mi pecho.

-Pero, ¿qué pasará por la mañana? –pregunté yo.

-Cada uno seguirá su vida normal…

-No puedo llevar una vida normal si tú no estás a mi lado –dije.

-Joe, créeme: no quieres que esté contigo las 24 horas del día.

-¿Por qué no? –dije extrañado –claro que quiero. Y así será cuando acabes de estudiar… si quieres.

Ella sonrió, dejando la respuesta en el aire, dándome un beso y volviendo a tumbarse a mi lado. Nos dormimos abrazados el uno al otro, compartiendo los mismos sueños.

***

-NARRA APRIL-

¿Dónde se habría metido Liz? La primera clase de la mañana acabó y ella no había llegado aún… ni si quiera me había enviado un mensaje, y su móvil estaba apagado cuando intentaba llamarla.

-¿Le pasa algo a Lizzie? –preguntó Matt, sentándose a mi lado en la segunda clase.

-No tengo ni idea. No contesta mis llamadas –dije preocupada.

-Qué raro… -dijo él. Luego sonrió, quitándole importancia al asunto –seguro que se ha quedado dormida.

Me encogí de hombros, intentando convencerme a mí misma de que era cierto. Luego, me giré para mirarle.

-Buenos días, señorito Matt –dije, sonriendo – ¿ha tenido usted sueños raros en los que aparecía mi novio?

-Créeme, no lo quieres saber –contestó él, poniéndose misterioso. Empecé a reírme.

Justo en ese instante, apareció Liz, medio despeinada y ahogada. Al parecer, había subido las escaleras corriendo. Di un brinco en la silla, muriéndome de la curiosidad por saber qué era lo que le había pasado. Tras disculparse al profesor por haber tardado, me dirigió una mirada nerviosa, corriendo a sentarse a mi lado. Luego, se dio cuenta de que Matt, el anterior enemigo número uno, estaba sentado en el otro asiento y le lanzó una mirada fulminante.

-Liz, ¿llevas la misma ropa que ayer? –pregunté, al darme cuenta de eso. Ella sonrió, misteriosa.

-Luego te cuento –dijo en voz baja. El profesor iba a empezar la clase, y no quería que le llamaran más la atención.

-¿Qué le pasa? –me susurró Matt. Yo me encogí de hombros, mordiéndome el labio, muriéndome de la curiosidad.

Estuve el resto de la clase sin prestar demasiada atención, dándole vueltas al hecho de que Liz había venido sin cambiarse, arreglarse el pelo… y encima tarde. Pero, por suerte, no todo dura para siempre.

Cuando salimos al descanso, asalté a Liz, cogiéndole del brazo y llevándomela a un lugar tranquilo. Matt se mantuvo a una distancia prudencial, por si acaso ella se ponía violenta. Al fin y al cabo, Lizzie no sabía las últimas noticias sobre él.

-¿Dónde estabas? –le pregunté –no sabes lo preocupada que estaba… ¿tanto te costaba enviar un mensaje?

-Es que… no pude –dijo ella. Luego, miró a Matt, con los ojos entrecerrados -¿por qué nos sigue ese?

-Verás, las cosas han cambiado un poco –murmuré. Liz abrió los ojos, impaciente por saber más -: Matt es gay.

Casi se atraganta con su almuerzo, pero consiguió calmarse para que le contara todo detalladamente. Entre Matt y yo le informamos de todos los acontecimientos recientes, desde que él y Nick habían tenido una conversación importante hasta que Matt no me engañó con otra, realmente. Liz trató de digerir la información, algo aturullada.

-Ahora cuenta tú –dijo Matt, muerto de la curiosidad. Yo asentí, mirándola expectante.

-He pasado la noche en casa de los Jonas –soltó Liz, como una bomba. Abrí los ojos desorbitadamente.

-¿Qué has qué? –pregunté, alarmada.

-He dormido con Joe –añadió. Creí que Matt se iba a desmayar… o yo misma.

-¡Liz! –exclamé -¡¡dime que no habéis… ya sabes…!!

-No. ¿Estás loca? –dijo ella, escandalizada -¿cómo íbamos a hacer eso en su casa, con toda la familia por allí?

-Quién sabe –comentó Matt.

-No, no. Os lo puedo asegurar –repitió Liz –pero April, mis padres creen que he dormido en tu casa…

-Tranquila, yo te cubro –le dije –y, ¿cómo has salido esta mañana sin que sus padres te vieran?

-Por eso se me ha hecho tarde –empezó ella –he tenido que esperar a que todos se fueran de la casa. Nick, Kev y el padre han ido al estudio, a seguir preparando las nuevas canciones, Denisse y Frankie iban a algún sitio, no me he enterado bien, y Joe se ha inventado una excusa para quedarse un rato más en casa.

-¿Te ha traído él al colegio? –preguntó Matt, interesado. Liz asintió, orgullosa.

-He tenido que ir en el asiento trasero, agachada durante todo el camino, porque los paparazzi le siguen a todas partes.

-Tarde o temprano el mundo sabrá quiénes sois, ¿no lo habéis pensado? –dijo Matt. Liz y yo nos miramos. ¿Estábamos preparadas para eso?

-Supongo que todos lo sabrán cuando nos vean con ellos en la entrega de premios la semana que viene –dije yo.

Lo cual me recordaba algo: esa tarde teníamos que irnos de compras.

-¿Cuándo viene Annette? –le pregunté a Liz.

-Mañana. Y, ¿adivinad qué? –dijo ella. Nos quedamos mirándola, interesados –Kevin le ha conseguido una casa. Es una sorpresa, así que tenemos que mantener la boca cerrada.

¿Así que una casa, no? Menudos fiestones se iban a pegar allí, los dos solos. Me preguntaba si ellos ya habían…

-¿Van a vivir juntos? –preguntó Matt.

-No. Sólo es para ella –contestó Liz, quitándole importancia al asunto.

Tuvimos que volver a clase, pero en mi cabeza no dejaba de darle vueltas al mismo asunto. Liz y Joe en la misma cama, sin hacer nada… bueno, no era tan raro. Ya me había pasado eso con Nick.

Por la tarde, quedé con Liz y Matt en ir de compras. Ahora que teníamos un amigo gay íbamos a sacarle todo el partido que pudiéramos. Antes de salir de casa, mi móvil empezó a sonar: Nick.

-¡Hola! –contesté al móvil, feliz.

-Hola, April –dijo él. Parecía solo –me estaba preguntando... ¿tienes ya un vestido para los premios?

-No, iba a salir ahora mismo a buscar uno –contesté, emocionada.

-Vale. Y, ¿tienes pensado un color? –preguntó, interesado.

-¿Estás intentando que vayamos a juego? –dije, divertida.

-Puede ser…

-Verde –contesté –me gustaría que fuera verde.

-Está bien. Me encanta el verde –añadió él. Luego colgó, dejándome con la intriga.

Tras una larga e intensa jornada de compras, llegué a casa de noche, derrotada. Había encontrado el vestido perfecto, pero me había costado lo suyo. Me tumbé en la cama, demasiado cansada, dispuesta a dormir, pero mi móvil sonó atronador.

-¿Diga? –pregunté, demasiado ida como para ver el nombre en la pantallita.

-¿April? –gritó una voz. Era Annette, pero se la oía demasiado lejos. Di un respingo.

-¡¡Annette!! –contesté -¿cómo estás? ¿Dónde estás?

-Estoy muy bien, a punto de coger el avión para ir a Los Ángeles.

-¿Mañana nos veremos? –pregunté, emocionada. Tenía ganas de verla. En poco tiempo se había convertido en una amiga.

-Claro que sí. He quedado con Kevin para comer. Dice que tiene una sorpresa para mí. ¿Sabes algo? –preguntó. Yo me mordí el labio.

-Una sorpresa es una sorpresa… -murmuré. No podía contárselo.

-¿Todo el mundo lo sabe? –dijo muero de ganas por saber qué es lo que tiene preparado.

-Créeme: es bestial –contesté –pero no te lo puedo contar.

-Todos me dicen lo mismo. He llamado a Liz, a Joe y a Nick y ninguno quiere decírmelo.

-Es que vale la pena que sea sorpresa, Anne –aseguré -¿me llamas mañana cuando estés aquí y podamos vernos? Es que creo que estoy a punto de dormirme.

-¡Claro! –dijo ella – ¡que duermas bien!

Cuando colgó, di media vuelta, quedándome dormida casi al instante.

***

-NARRA NICK-

¿De verde, eh? Tras tener la conversación con April, reuní a mis hermanos, con carácter urgente.

-Tenemos que irnos de compras –advertí. Todos asintieron, serios. Nos tomábamos muy en serio la apariencia.

-Concuerdo contigo, Nicholas –dijo Kev -¿todos sabéis de qué color van a ir vuestras chicas?

-Verde –informé yo.

-Rosa claro –añadió Joe.

-Pues Anne irá de azul cielo. Yo mismo estaba presente cuando se lo compró –dijo Kev.

-Entonces, perfecto –dije –yo conduzco.

-Tu coche es demasiado pequeño, Nicholas –se quejó Joe –vamos en el mío.

Era cierto que el suyo era más grande… pero mi Mustang era como mi hijo pequeño. No quería dejarlo de lado. Tuve que ceder. Por una vez no pasaba nada.

Volvimos a casa cargados de trajes, camisas, camisetas, zapatos… hasta de ropa interior. No nos podían dejar solos. El grupo de paparazzi habituales delante de nuestra puerta, pareció darse cuenta de nuestras compras, ya que al llegar nos bombardearon con preguntas y fotos.

-¿Todo eso es para la entrega de premios de la semana que viene? –preguntaba uno.

-¿Vais a ir con vuestras chicas? –decía otro. Nosotros nos limitamos a sonreír, metiéndole prisa a la puerta para que se abriera.

-Nicholas, ¿has leído lo que Faith ha dicho sobre ti? –soltó uno de ellos. No pude hacer otra cosa que girarme, al escuchar la pregunta.

¿Faith? ¿Mi ex novia? ¿Había dicho algo de mí? Negué con la cabeza, totalmente perdido. Sentí el impulso de preguntarle al paparazzi qué era lo que ella había dicho, si se acordaba de mí… pero Joe me cogió del brazo, sacándome de esa nebulosa.

-No escuches, Nicholas –murmuró él, mientras Kev apretaba el botón para subir las ventanillas de cristal tintado.


Taaaataaaaaaaan!! Faith al ataque!

sin distraerme demasiado, no tengo demasiado más que añadir.. bueno sí, que ESPERO QUE OS HAYA GUSTADO MUCHO!!!!

¡Reviews, oh preciosos reviews! (casi tanto como las que los escribís) ;P os he dicho ya que MUCHISIMAS GRACIAS??

(lo repito..)

MUCHISIMAS GRACIAS POR LOS REVIEWSSS!!! :D me hacéis felices (aunque algunos sean amenazas de muerte) xD

cuidaros mucho!

-Vicky.