A Hinata depués de todo le gustaban los chicos buenos, pese a que ella no lo fuese. Quizás era por el morbo de corromper algo puro y volverlo un remolino caótico de actos y pensamientos turbios, tal y como ella.
Ella disfrutaba mucho de los colores, puesto que las tonalidades grises son demasiado frías y el frío quema. Le gustaba jugar con las vidas ajenas por que ella quería una propia y se la habían negado a base de golpes que duelen en el alma y en la fisura de la cabeza que sangra por culpa de su padre y el amor que no le procesa. A ella le gustaba girar mientras miles de petalos de rosa caían sobre ella por que tanto rojo la extasiaba, también las cosas dulces y blanditas ya que tanto sabor amargo como el café y duro como la realidad la acababan agotando por completo.
Se levantó con dolor de cabeza y los pelos muy enredados de dar vueltas por la cama. -Esta noche tampoco pude dormir bien- dijo resignada. Se arregló después de una breve ducha y bajó a desayunar. Encendió la televisión mientras se tomaba un vaso de leche y unas tostadas con mermelada. Fue cambiando de canal constantemente, pues no había nada interesante, pero se detuvo al ver que en las noticias estaban echando lo que pasó anoche, sonrió al ver que la mencionaron como testigo.
Una vez ya en clase las reacciones de sus compañeros no fueron las que se esperaba, no es que le importara, pero conociéndolos supuso que le mirarían fascinados con estrellitas en los ojos por ser mencionada en la televisión. Pero nada, sólo varios niñitos diciendo:"Sí, es esa".
Igualmente estuvo satisfecha con el resultado.
A primera hora tenían matemáticas, pero a la salida vinieros varios niños tontos a molestarla, ella no podía evitar sonreír tímida e inocente. Era muy divertido.
-¿Por qué finges? Das asco. Estás loca.
-¿Por qué me decís esas cosas? Yo no finjo nada.- Dijo con una sonrisa amable.
-Seguro que fue ella quien la mató, le daría una psicosis rara y se volvería loca, no me lo quiero ni imaginar.- Se burló un chico de cabellos platinos de nombre Hidan.
Siguió finguiendo inocencia y educación para retirarse sin llamar mucho la atención, pero la cosa se complicó un poco más cuando Kakuzu decidió que sería divertido tirar al suelo a la pequeña Hinata. Algo quebró en ella. Decidida se levantó para enseñarle con quien debían meterse y con quien no, aunque estuviese cavando su propia tumba.
Se veía de lejos que no iba a salir nada bueno de hay. La chica más bajita estba furiosa, con las mejillas encendidas y sus ojos blanquecinos destilando odio y veneno. Parecía la heredera caprichosa de un reino a la que no se le conceden sus deseos. Y como buena niña caprichosa se haría respetar. La ira le cegaba aunque aparentemente se mostrara sólo un poco molesta, por lo que para cuando un chico rubio muy apuesto de unos ojos tan azules como la inmensidad del océano apareció para socorrer a la princesa se asombró demasiado, tanto tanto que su corazón se estrujó trémulo.
El chico danzaba de un lado a otro para defender a la joven, gritando y maniobrando para alejar a los corrillos sin recurrir a la violencia. Cuando cesó el barullo se giró para enfrentar a la chica con una de sus enormes sonrisas.
Hinata se sentía desfallecer, el hormigueo en su vientre a penas le permitía respirar mientras el rubio blandía una espada invisible protegiéndola de todo mal, cuál principe.
Y eso ya fue demasiado, pensó que su pecho estallaría en cuanto el chico sonrió y alzó una mano hacia ella.
-Uzumaki Naruto, encantado. Pese a estar en la misma clase nunca hemos hablado asi que pienso que sería mejor que me presentase adecuadamente. -Dijo alegre.
-Hyu-hyuga Hinata, igualmente.- Se esforzó por no tartamudear.
-Vayamos a clase, ya es tarde.- La tomó de la mano y salió corriendo derecho al salón de artes plásticas mientras que la pequeña Hinata a penas salía de su ensimismamiento.
Una vez en el salón cogieron unos cuantos botes de pintura acrílica, platos de plastico, pínceles y un lienzo. Hinata al príncipio no sabía que dibujar, pero las imagenes del día anterior de cuando salió al 24 horas le llegaron a la mente. Jaja perfecto, su obra maestra iría en honor a la tipa que mataron ayer, se sentía orgullosa de si misma.
Cogió un pincel para ponerse manos a la obra, empezó a darle vueltas a lo que exactamente pintaría, tenía que quedar perfecto. Como si fuera un flash las imagenes llegaron nítidas a su cabeza; aquel hombre que había asesinado frente a sus ojos a una mujer de no más de 35 años, en su huída, había conseguido verle entre las sombras de su capucha medio rostro.
Se paralizó, hasta ahora no se había dado cuenta pero esa cara le resultaba vagamente familiar. Decidido entonces, pintaría a aquel hombre.
Hinata estaba molesta, había algo..., se sentía observada. No era como si tuviera que molestarle, pero se sentía juzgada, como si la estuvieran acusando de algo que todavía no había echo. Se guió con la mirada hasta dar con el foco de su incomodidad.
Era bastante guapo, de ojos azavache, pelo lacio y negro y de piel nivea. Nadie conocia mucho de él, era bastante reservado, a diferencia de muchos, le gustaba que su vida privada siguiera siendolo. Chico listo. Igualmente era raro verlo por la escuela, normalemente el solía faltar por Dios sabe qué.
Ella se dejó de tonterías y empezó a crear su obra de arte, sin duda, le tenía que salir magnífica. Siguieron pasando las horas hasta que al fin pudo marcharse a casa. Estaba sólo a una calle de llegar y se encontró con el mismo chico que horas antes le había observado tanto. Se acercó a él ya que se empezaba a hartar de que la mirara tan fijamente.
-Oye, ¿tú eres Sasuke, cierto?- Le dije melosa.
-Sí, así es.
-¿Ocurre algo? Como no dejabas de mirarme pensaba que a lo mejor tenía algo en el pelo o cualquier cosa...
-No, para nada, es sólo que eres muy bonita
-Gracias.- "Este tío de qué va?"
-Tú vives por aquí cerca con tu padre, ¿no?
-Sí... ¿Cómo lo sabes?
-No lo sé, supongo que alguna vez te vería llegar a casa. A propósito, ¿eres tú la que salió por las noticias esta mañana?
-Sí, fue muy raro. Jaja.
"¿Se ha reído? ¿Qué tía más rara, la seguiré de cerca."- Lo siento mucho pero me tengo que ir, ya hablamos.
-Claro, hasta luego.- "Hump" Y se dirigió a su hogar, "dulce" hogar.
En todo el día Naruto no se separó de ella, se sentía atraído como una abeja al polen, se acercaba más y más extasiado por su empalagoso perfume a Lavanda, él quería que fuesen amigos y ella no podía quitar sus marchitos ojos de su angelical rostro.
Aún estando en su casa su imagen no desaparecía de su mente.-"¿Por qué no puedo dejar de pensar en ti?"- Se preguntó preocupada. Estaba pensando tan detenidamente en la posibilidad de un amor obsesivo que se llevo una mano al pecho del susto que le había dado al escuchar el timbre de la puerta, bajó rápido y abrió.
-¿Sí?, ¿qué quieren?
-Somos agentes de policia, venimos a hablar con la señorita Hyuga Hinata.
-Esa soy yo, ¿desean pasar?
-Por favor...
Me gustaría que me dieran una sincera opinión de lo que os está pareciendo el fic y agradecería alguna que otra corrección ortográfica por si se me ha pasado algo. Acepto con mucho gusto críticas reconstructivas pero no la falta de respeto. Gracias por leer y paséis un buen verano.
