Ese día había llegado puntual a clase, cosa poco habitual en él, mucha gente lo había catalogado como un "presagio de mala suerte". Luego resultó ser todo lo contrario.

Era extraño que en el Konoha's High School hubieran peleas, era un instituto bastante tranquilo situado en una zona con dinero, por lo que era extraño ver a alguno de los alumnos, sobretodo de los que vivían por los alrededores, meterse en problemas.

Guiado por el barullo encontró un corrillo de gente, no parecían enfadados así que supuso que algo gracioso debía estar pasando. Había demasiada gente arremolinada como para ver algo. Oyó una voz melodiosa seguido de un golpe y eso bastó para hacerse paso entre la muchedumbre para entender la procedencia del sonido.

Entonces la vio, en el suelo y con el ceño ligeramente fruncido, debía reconocer que en un primer vistazo, en el que a penas pudo distinguirla le pareció muy guapa. Era extraño que no se hubiese fijado en la belleza de la chica antes, ya que sabía que iban a la misma clase.

En cuanto la vio levantarse enfadada entendió que la situación no tenía nada de divertida como pensó en un principio e impulsivamente saltó a socorrerla.

Iba a golpearlos a todos por idiotas y por tratar a una chica de esa forma pero ella parecía tan delicada que temía evaporarla si hiciese cualquier movimiento brusco, algo le hacía querer alabarla y adorarla como a todas las cosas hermosas.

Así que, pacíficamente, cosa extraña en el alborotado rubio que solía ser una persona demasiado brusca, pero no por ello ruda, hizo desaparecer a todos de su alrededor quedándo ellos a solas.

Se giró animado viendo un pequeño rubor en las mejillas de porcelana de la muchacha, se le hizo muy tierna la visión y sintió la necesidad de presentarse, quizá aquello comenzase algo inovador.

No le preguntó qué había sucedido pues realmente no le interesaba así que la agarró del brazo y salió corriendo a clases con ella escusando el contacto con un "Vámos, llegamos tarde".

No quiso separarse de ella en todo el día pues disfrutaba con sus sonrisas fugaces y tímidas, sus furiosos sonrojos y la delicadeza de sus movimientos, como cuando mecía su larga cabellera de petróleo en un vaivén provocado por el viento, el cual le llevaba el agradable y empalagoso aroma a lavanda de éste.

Pero cuando sentía que con verla y adorarla no tenía suficiente, que la necesidad de besarla y frotarse con ella con su traje de carne y hueso hasta el infinito, se ponía muy nervioso, era tan inocente que cuando se daba cuenta un potente sonrojo cubría la mayor parte de su cara. Luego en seguida se relajaba, Hinata tenía algo que lo adormecía, le hacía flotar en una nebulosa y caer estrepitosamente en una pesada ansiedad de abrazarla y quedarse así por siempre.

Claro que él no creía que pensar así de chica que consideraba su amiga aun que a penas la acabase de conocer, fuese correcto, si quiera sano.

Pero las estrañas mariposas revoloteaban con mucha fuerza dentro de su ser cada vez que se acercaba de más a la chica de piel de porcelana, casi translúcida, y entonces pensaba que quizás eso no estaba tan mal...

Estar junto a ella era como un boleto a un Júpiter con 16 Lunas.