Cap Nuevo! ¡Disfrutad!
A Sasuke últimamente se le solía ver más por el instituto, cosa que extresaba mucho a Hinata, pues sentía constantemente su mirada taladrándole la nuca.
Los días pasaban y ella no se acostumbraba a sus "nuevos amigos". Kiba olía a perro y era muy pesado, con Shikamaru era incapaz de mantener una conversación normal por su pereza, Ino era una zorra peliteñida y Sakura era demasiado violenta. La única con la que no se sentía reacia a hablar era con Tenten, pero igualmente...
Solía salir con ellos sólo por que Naruto se lo pedía y a ella le gustaba hacerse de rogar.
Según tenía entendido su padre volvería muy por la noche del viaje de trabajo. La verdad es que no sabía cuando fue que dejó la empresa de telefonía móvil para hacerse camionero. No veía nada de lógica sana ahí, debía ser agotador y en la otra empresa le pagaban más.
Hinata reposaba sobre el sofá tranquilamente pasando los canales del televisor sin realmente fijarse en lo que echaban mientras cenaba un bocadillo. Había dejado la cocina hecha un asco por un simple trozo de pan y luego le tocaría limpiar el desastre. Cuando escuchó el tintineo de unas llaves adentrarse en la cerradura para posteriormente abrir la puerta se envaró violentamente ¿Ya estaba aquí? A penas eran las 9...
Él la miraba muy cabreado, llevaban semanas sin verse y su hija le daba la bienvenida a casa con una mueca de asco. Se acercó a ella con aire amenazante. Hinata sabía que quería golpearla así que rápidamente corrió hacia la cocina.
Su padre corrió tras ella y cuando pensó que ya la tenía, le agarró del brazo izquierdo y la giró tan velozmente que no notó cuando ésta enterro en su abdomen un cuchillo de cocina.
Gimió de dolor cuando ella retiró el cuchillo bruscamente. Se dejó caer lento al suelo mientras gruesas gotas de sangre se escurrían por los bordes de sus labios.
Naruto a veces se preguntaba si la conocía tanto como creía, a veces le parecía poder ver un destello electrizante en sus ojos que le advertía que tomara una distancia con la chica de porcelana, era peligrosa.
Y eso por alguna extraña razón le alentaba a indagar más sobre ella. Le gustaba el contraste de su pusilánime personalidad del día a día con la fiereza del sexo rudo y salvaje que le proporcionaba en la intimidad de su habitación. A veces pensaba que salía con dos mujeres completamente distintas a la vez. Y eso no hizo más que fascinarlo y obsesionarlo más con ella.
Había momentos en la noche en las que despertaba por la brisa que se colaba por su ventana y luego no podía volver a pegar ojo, pues el cielo en la noche le recordaba de alguna manera al negro de Hinata y las estrellas en el horizonte a sus ojos de cristal. Le era imposible no pensarla y cada vez el se sentía un poquito más loco.
Naruto sabía que no era la manzana más inteligente del árbol por lo que siempre había preferido el trabajo práctico. Él tenía 17 años, estaba haciendo un 2º de bachillerato. Luego no tendría nada más que hacer, quizás se haría mecánico, por que eso de estar sucio y sudado debe molarle a las mujeres, quizás montaría un pequeño gimnasio donde enseñaría todo lo que el había aprendido durante esos 14 largos años de reclutamiento en artes marciales, quizás... Él tiempo se le escapaba de las manos, pero más rápido de lo que el creía.
Hinata estaba enterada de que antes de ella naciera, su padre era un respetado médico y ella aprovechó y aprendió de antiguos apuntes suyos. Eso esplicaría el porqué tenía un quit médico con un montón de medicamentos raros, etc.
Su padre se ahogó en su tristeza cuando su madre murió e impotente por no poder salvarla dejó la médicina de lado sintiendo como le había traicionado.
Pasaron un par de horas y su padre despertó de la inconsciencia en la que se había sumido por la pérdida de sangre. Intentó moverse pero unos cuerdas en sus brazos, piernas, cuello y torso se lo impedían. Alzó la vista y vio su reflejo acostado sobre una tabla y una venda apretada en su abdomen.
-Hola, papi.- Le acarició la oreja la melodiosa voz.
-¡Hinata, suéltame ahora mismo! ¿Qué crees que estás haciendo, eeh?
Hinata se inclinó sobre él y le miró enfurruñada.- Te odio, papá.- Le dijo sin ninguna emoción en su voz.
-¡Hija de puta!, ¡suéltame ahora mismo o cuando consiga hacerlo yo te aseguró que te arrepentirás!
Hinata arrugó la nariz al oir aquello.-Vas a suplicarme que te mate, maldito cabron, vas a suplicarme y arratrarte para que acabe con tu repugnante vida, vas a morir siendo la mayor mierda que jamás haya existido.- Le dijo con veneno cargado en la voz.
-Hinata, ya estas advertida, te juro que cuando me suelte te mataré maldita bastarda, luego veremos quién le suplica a quién.
-Si eso es lo que crees, intentalo.- Dijo ya harta.
Hinata recogió una jeringa de una bandeja cercana y se la mostro al mayor. Luego la aparto y le inyectó el líquido.
-Qué es eso?
-¿Ésto? Es adrenalina, supongo que tú sabras para que la voy a usar, ¿verdad?
-Hinata, no hagas ninguna tontería.
-Has tenido mucho tiempo para arrepentirte, ahora es muy tarde. Te contaré que es lo que haremos. Como todo buen médico que se respete sabrás que la adrenalina impide la pérdida de consciencia por pérdida de sangre, ¿cierto? El espejo de arriba es sólo por gusto, ¿no crees que sería divertido verte a ti mismo mientras vas perdiendo extremidades una detrás de otra, sufriendo un interminable dolor sin poderte desmayar para privarte de la sensación? Ya te lo he dicho, vas a suplicar que te mate.- Todo sonaba tan vacío y hueco... tan falso y aberrante...
-Estás loca...
-Y sabes de quién es la culpa, ¿no?
Todo se había precipitado demasiado, pero dolía tanto... dolía como un infierno quererle, su padre cada vez la alejaba y hería más y ella tontamente albergó durante más tiempo del necesario la esperanza de tenerlo a su lado.
El afecto que nunca debió sentir poco a poco desapareció dejando que creciera el odio en sí. Ahora ella también quería ver las ebras rojas. Quería romper, destrozar y podrir todo a su alrededor, así se sentiría más viva que muerta. Porque ella era mala.
Pero habían dos tipos de gente mala. La que lo es y la que se hace. Él mal albergaba los corazones de todos y este solía tomar bentaja en situaciones límite. Pero quizá y sólo quizá ella era mala por que sí.
Por que el sufrimiente llegaba a ser de una absurda manera más bonito que el amor.
Espero os haya gustado. Agradezco mucho los reviews, prometo llevar este fic hasta el final.
Un saludo.
