Capitulo 23: Historias del pasado (o Raichi el cuentacuentos)
– Bienvenidos, viajeros – dijo el extraño científico con aspecto viejo – me llamo Raichi. Este es mi laboratorio. Yo soy de una raza llamada Tuffle. Nosotros habitábamos el Planeta Plant antes de que los saiyans que habíamos cobijado en nuestro planeta se revelasen contra nosotros.
Todo fue hace mucho, mucho tiempo. Yo era el más grande científico de nuestra época. Decidí atreverme con la creación de un superordenador. Muchos antes que yo lo habían intentado pero nadie lo había conseguido. Por aquel entonces tenía un ayudante llamado Hank Johnson, el cual estaba muy colado por una universitaria llamada Emily Borgia, la hija de un político corrupto encarcelado hace años.
– Oiga, señor, ¿me puedo ir a casa? Es que ya son las nueve.
– De acuerdo, Hank, te puedes ir. Pero, pídele una cita a Emily de una vez, la vas a perder.
El joven ayudante se puso rojo como un tomate y me espetó:
– Oiga, ¡Déjeme con mis asuntos! ¡No se meta en mi vida!
– De acuerdo, Hank, era solo una broma.
Cuando se hubo ido, seguí con mi superordenador, el Hatchiyack. La computadora más inteligente jamás creada por un tuffle.
°º¤ø,¸¸,ø°°º¤ø,¸
Unos días después, decidí organizarle una cita sorpresa a Hank porque, al ser tímido y no declararse, iba a perder al amor de su vida. Les reservé una cita en el restaurante más lujoso de la ciudad y me ocupé personalmente de que Emily viniese al restaurante Tuffle City, donde Hank la esperaba.
Al encontrarse, ellos cenaron y luego charlaron… y algo más. Cinco semanas después, ella concibió un bebé al que llamaron Francis. Próximamente se casaron.
°º¤ø,¸¸,ø°°º¤ø,¸
Mientras tanto, el Hatchiyack seguía mejorando. Tenía un prototipo de voz insertado y muchos otros datos. Pero lo más importante, el Hatchiyack sabía pensar por sí mismo. También había pensado que vendría empaquetado en cajas de madera y que costaría un millón de tuffle-dólares (la moneda Tuffle).
°º¤ø,¸¸,ø°°º¤ø,¸
Un día, en las noticias, salían imágenes de un planeta vecino explotando y las tribus nómadas que vivían en él pereciendo. Por suerte, las unidades espaciales Tuffles, las UET, llegaron a tiempo de salvar a algunos habitantes de este misterioso planeta.
Por alguna extraña razón, tuve un presentimiento, que los saiyans, como se llamaban los habitantes con cola de ese planeta, acabarían traicionándonos, a nosotros, y a nuestra hospitalidad.
°º¤ø,¸¸,ø°°º¤ø,¸
Siete años y medio después, el Hatchiyack estaba casi terminado y Hank había ascendido hasta convertirse en mi ayudante personal. El padre de Emily, el señor Borgia, hacia negocios con los saiyans, como ayudarles a aumentar su poder si le ayudaban a matar a ciertos sujetos indeseados, como el comisario Vincent.
Como cabía esperar, al tener un poder tan grande, los saiyans acabaron por traicionarnos y asaltaron nuestras ciudades. La FAT, las fuerzas armadas tuffles, combatieron contra los saiyans pero estos últimos iban ganando terreno cada vez más.
Yo, que había hecho una invención en secreto para acabar con toda especie que respirase y no fuese Tuffle, el Gas Destron del que Freezer, Cooler, Slug y Turles estaban hechos, la usé para debilitar a los saiyans. Estos fueron retrocediendo cada vez más.
°º¤ø,¸¸,ø°°º¤ø,¸
Como también cabía esperar, el Señor Borgia intento negociar con ellos pero acabó muerto. Emily y Hank estaban muy asustados y yo decidí re-configurar el Hatchiyack para que almacenase toda la información del Planeta Plant, nuestro planeta, y que tuviese un cuerpo para luchar. Lamentablemente, para que eso funcionase, tenía que conseguir otra fuente de energía.
°º¤ø,¸¸,ø°°º¤ø,¸
Me pasé días construyendo el futuro cuerpo del Hatchiyack. Sería rojo y tendría unas cápsulas verdes con forma de gema, para almacenar su energía, en los brazos, las piernas y la cabeza.
Un buen día, o más bien una buena noche, soñé con los saiyans y cuanto odio les teníamos los tuffles. Entonces comprendí que podría usar el odio hacia los saiyans como fuente de energía para el Hatchiyack.
°º¤ø,¸¸,ø°°º¤ø,¸
Hasta ahora, los ataques de los saiyans habían sido con pocos guerreros pero ahora, por desgracia, un líder de la tribu orgullo de los saiyans, un tal Vegeta había empezado a reunificar a otras tribus. Y si nos atacaban todos juntos sería muy probablemente nuestra ruina.
Entonces dejé prácticamente de comer y dormir para sobrevolar todas las ciudades, una por una, recogiendo el odio a los saiyans para alimentar al Hatchiyack. Luego, volví a hacerlo una y otra vez, hasta que ya apenas quedó.
Por desgracia, pasaron ocho años de la explosión del planeta saiyan y un gran escombro reflejó la luz de la estrella Betelgeuse hacia nuestro planeta. Los saiyans lo miraron y sucedió lo inevitable.
Estos empezaron a transformarse en monos gigantes que lo arrasaron todo. Pero lo más raro era que el Gas Destron apenas les afectaba. Tuve que poner en marcha el cuerpo del Hatchiyack y transportar todos los datos. Una hora después, nuestra ciudad estaba siendo asediada por unos simios brutales y yo no tuve más remedio que llamar a Hank y a Emily para llevármelos y viajar lejos de aquí, a otro planeta. Lo hice con tal mala suerte que Emily me respondió, pero muy asustada: habían matado a Hank y ahora iban a por ella y su be… la señal se cortó de repente.
Yo maldije mi suerte y cogí un traje de astronauta. Subí una escalerilla y pulsé el botón de arranque del Hatchiyack. Lamentablemente me caí en el último segundo y me partí el cuello, muriéndome en el acto.
°º¤ø,¸¸,ø°°º¤ø,¸
Pasaron segundos… o días quizá. Incluso puede que décadas hasta que el Hatchiyack logró reconstruir mi cuerpo modificando el Gas Destron. Yo continué con la investigación y logré averiguar unas cuantas cosas sobre los saiyans, como que tenían nuevos enemigos, enemigos que luego convertiría en guerreros fantasma y junto al Hatchiyack os destruirían.
Cuando por fin la energía fue suficiente para asegurar una victoria contra los primeros saiyans, ellos ya estaban luchando contra un tipo morado que podía cambiar de cuerpo, un tipo verde que paralizaba el tiempo, un tipo pelirrojo muy resistente, un tipo azul muy rápido y un tipo completamente rojo en Namek. Cuando logramos superar ese nivel de poder, ellos andaban luchando contra unos androides, uno de ellos el saiyan con pelo muy largo que tengo delante, y un monstruo con un millón de distintas células. Ahora estoy completamente seguro de que os eliminaré para siempre.
– Si quieres pelea la tendrás, don científico cuentacuentos – se burló Raditz.
– Yo te aseguro que jamás te dejaremos vencer – siguió Flouk.
– Soy la más fuerte entre los tres – soltó una Zangya muy confiada – y te prometo que tú y tu robot Hat-fi-duck la vais a palmar.
