Hola a todos, quería agradecer a nickell, a Shyno238, a Carlos R.C y a naru por su apoyo. Me enorgullece saber que os gusta y espero me sigáis leyendo. Las correcciones están hechas muy rápido por lo que si veis alguna falta o algo no dudéis en decirlo. Nada más que añadir. ¡Disfrutad! :)
FLASHBACK
Caminaba en silencio, sola, mórbida y desesperanzada. De alguna forma también despreocupada, ya no le importaba a nadie, quizás por eso recorría las calles vacías a media noche a falta de un hogar. No quería volver.
Jamás le aceptó o quiso y eso le rompía el alma. Se quebraba al intentar convencerse de que era difirente y que con eso le valía. Llego un punto en el que le dio igual el amor que le pudiesen procesar si no era su padre el remitente, pero éste tenía un gran hueco en el corazón y Hinata era demasiado pequeña para poder llenarlo. Sus manos eran demasiado débiles y nunca pudo alcanzarle.
Aún le costaba creer en que hubo una temporada en la que amó a su padre tal y como una hija haría, la época en la que se sentía casi muerta si no acaparaba su vista. Casi. Pero el infierno en su mente cada vez se hacía más grande y una nueva brisa helada enfriaba un poquito más el invierno en su corazón.
Por eso cuando vio a lo lejos a los patrulleros con linternas y al preguntarle su identidad se la llevaron, sintió un calorcito en el vientre y un resquicio de esperanza le alumbró el camino.
Qué bonito hubiese sido, qué bonito. Ella con el corazón hecho un puño dispuesta a entregarle una segunda oportunidad, con las mejillas sonrosadas de la emoción y el frío de la noche. Qué bonito, qué bonito. Y que triste. Su padre sólo quería saber donde había metido los licores y por qué había osado creerse lo suficientemente buena como para merecer una pizca de cariño de su parte. Y ¡hey! ¿Qué es eso que ha hecho "Crack"?
Todos dirían que su pobre corazón negro ya no podía más y que del desgaste del tiempo y la humeda lo empezaba a podrir tal y como un suelo de madera viejo en una casita allá a lo lejos de la que nadie se acuerda. Pero eso no fue así.
La carita sonrosada de la joven seguía sonriendo y con más avidez que nunca. No era muy comprensible.
Pero Hinata se sentía feliz y así se quería ver. Porque cuando esa vocecita empezó a susurrarle cosas horrorosas y extridentes al oido sintió su pecho palpitar y la emoción se hizo visible con la intensidad de la luz que sus ojos, que normalmente la dejaban pasar a través de ella porque eran de cristal, exhibían.
FIN FLASHBACK
Pero ya estaba, era el momento. Su garganta ardía como ácido y sus órganos se extremecían dentro de su cuerpo. Cómo le odiaba. Cuánto odio... Deseaba verle suplicar mientras hacía correr su sangre, a él, la persona que más aborrecía en su vil y patética vida. Sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa. Sus ojos desorbitados eran escalofriantes y la levedad de sus movimientos lo tensaban más, sabiendo que atacaría a su presa en cuanto menos se lo esperase.
Se agachó para quedar cara a cara y al levantarse le enseño el filo de un hacha.
La lamió y rozó con sus dedos de mariposa delicadamente. Y abanzó. Lentamente. Le miró a los ojos y le desordenó el pelo, como si de un niño pequeño que acabase de hacer alguna travesura se tratase. Él se intentaba zafar del agarre pero no podía, no importaba cuanto lo intentase y un pequeño hormigueo ardiente nació en la boca de su estómago. No dolía y Hinata no había vuelto a moverse por lo que descartó un posible ataque suyo. En ningún momento se planteó que podría ser una broma. Estaba claro que Hinata estaba dispuesta a llegar muy lejos. Tampoco era miedo pues este se manifestaba en su piel herizando el bello de su nuca y con leves pero constantes temblores.
-Hinata... no va a salir nada bueno de todo esto... -Shh...- Estaba concentrada.
Esto lo había ocasionado él. Era su culpa.
Remordimientos...
Le estaban quemando por dentro, nunca supo ni quiso saber cuanto daño le había hecho. Y había hecho falta llegar hasta estos extremos para darse cuenta. Idiota... Idiota...
Hinata maduró muy pronto, su padre lo sabía, tuvo que hacerlo. La inocencia que todo niño disfrutó en su momento, ella la perdió a muy temprana edad, vivió en un mundo de hipocresía y sus únicos acompañantes eran la soledad y el dolor que él le brindaba. Ella no entendía, no lo asimilaba. Era una niña muy inteligente, pero esto estaba fuera de sus espectativas, ella no conseguía saber por qué su padre odiaba tanto a un ser de su misma sangre. Dudaba que ni siquiera sintiera odio. Tal vez indiferencia, molestia...
Una semillita de negatividad y frustración fue creciendo con el paso de los días y ahora era un frondoso árbol que sólo le permitía ver una pequeña luz entre las hojas
Hinata alzó el hacha y con fuerza la dejó caer sobre su pierna. - ¡AAAAH! - Un grito ensordecedor retumbaba por toda la habitación, era tan excitante para ella oirlo... Ella solía pensar en ese momento. Ahora sabía que su imaginación era muy pobre.
La respiración agitada del contrario le incitó a continuar y se escuchó otro grito más fuerte que el anterior. Su pierna se había desprendido ya completamente del cuerpo y el hombre se sentía morir.
Sin embargo, para la dulce Hinata era como un extasis y gozaba al ver sus brazos cubiertos de sangre. Las gotas resbalaban fluidas maquillando su piel.
-Hi-Hinat-ta... -Sus palabras salían casi en un susurro
-Shh...
-No...H-Hinata, yo... l-lo siento mucho, sólo... te quería pedir perdón, por...
-¡CALLATE! NO HABLES MÁS - ¿Por qué ahora?
-No, Hinata, yo qu-quería decirte q-
-¡QUE TE CALLES! ¡NO HABLES!
-Escuchame, quiero que seamos una familia de verdad, quiero quererte, qu-
-¡QUE TE CALLEEES! - Hinata, cogió el hacha histéricamente, no sabía como reaccionar, estaba siendo muy impulsiva y ella lo sabía. Toda la rabia y dolor se acumularon en su pecho tan sólo unos segundos.
Todo paso muy rápido, había perdido el control de sus actos y respiraba entrecortadamente, mucha sangre bañaba su cuerpo y una ligera película de sudor perlaba su piel. Recorrió con la vista el suelo, para encontrarse con una cabellera a unos centímetro de sus pies.
Ya estaba, acabó. Dolía todo mucho pero también fue agradable la sensación de libertad.
-Hmp...jaja...jajaja...¿Que dices ahora papi? No te oigo -Dijo con voz aguda- Espero que haya donde sea que hayas ido te pudras.- Dicho esto se fue con pasos firmes pero silenciosos, avanzó con la completa seguridad del que se cree ganador.
La muerte era condenadamente atractiva, y más cuando habías sido tú misma quien le había llevado hasta allí.
Espero que os haya gustado. Nos leemos.
