Lamento muchísimo no haber actualizado antes, pero he tenído una comida familiar y he vuelto a casa sobre las 8. Gracias por leer. ¡Disfrutad!

-Un mes después-

"Ding Dong"

Hinata abrió la puerta y asomó su pequeña cabecita tras ella.

-¿Sí? ¿Qué desean, agentes?- Hinata se lo veía venir. Lo sabía, sabía que vendrían a por ella, pero no era tonta y tenía varios planes B por si algo no salía según lo previsto. -Srt Hyuga Hinata, va a tener que acompañarnos a comisaría, tenemos que hacerle unas preguntas. Tiene derecho a guardar silencio.

La esposaron y la subieron al coche patrulla. Hinata estaba tensa y suspiraba para relajarse de vez en cuando. Sus mejillas se tintaban y miraba nerviosa por la ventana.

Pero Hinata realmente reía y maquinaba cosas en su cabeza. Tantas. Tantas cosas susurrándole al oído que se le hacía imposible negar sus peticiones.

Su corto vestido marcaba sus torneadas piernas cuando se sentaba recta y elegante. Así que decidieron que debían tratar bien a la bella fantasma.

No había de que preocuparse.

-Un mes antes-

Hinata olía a lavanda. Le gustaba frotarse a conciencia con los jabones perfumados con ese olor tan lila. La espuma subía en un firme ascenso y luego resbalaba lamiendo su piel. Cuando iba al campo solía tumbarse sobre las florecillas y dejar que los bichitos le hicieran cosquillas mientras sujetaba dulcemente un delgado tallo de lavanda en sus manos. Luego acercaba la florecilla a su nariz y la olfateaba notando como se destensaban sus músculos rápidamente. Relajante.

Ese olor era una obsesión. Y ella quería que su padre disfrutara de ése también. ¿Qué mejor sitió para descansar en paz por el resto de la eternidad que en un campo lleno de flores de lavanda? El Sol acariciaría todas las mañanas la piedra sobre su cuerpo y la esencia empalagosa flotando en el aire haría la muerte más amena.

Hinata volvió a ser mala por que sí y dejó de serlo por la locura y frustración. Volvió a sonreír cínica y vacía. Y a amar profundamente a Naruto. Con él había aprendido a amar de nuevo y realmente era feliz a su lado. Pero lo era más aún cuando la trataba como la linda y delicada flor de lavanda que no era. Solía preguntarse qué pensaría Naruto de ella, no de "ella". Se entendía que la copia erronea era la Hinata la cual su pelo te adormilaba como la noche , no cuando parecía una cortina negra que te impedía ver la luz, luz que transpasaba a través de los ojos de cristal de la imitación, no a la que le brillaban con ansiedad mientras su cabeza se retorcía un poco.

Una vez la sangre salpicada fue limpiada se duchó, su precioso vestido amarillo ardió en llamas al igual que el resto de posibles pruebas. Y el cadáver fue enterrado en una pradera rodeada de flores silvestres junto con un móvil insistente que exigía respuestas.

Cuando su padre le dijo a Hinata "volveré el miércoles sobre las 12" cerrando con un portazo tras de sí, dio pequeños brinquitos de alegría. Ahora se alegraba de que la noticia no la hubiese recibido a través de cualquier aparato tecnológico como usualmente ocurría. Muchos conocían la situación familiar, por lo que no sería extraño que no ella no supiese absolutamente nada de él cuando le preguntaran si había tenido noticias de su padre o si había llegado a casa. No tendría nada de que preocuparse. Si no fuera por que un par de ojos azabache contemplaron la entrada del mayor a su casa.

Pero igual que ella no tendría por qué saber nada de su padre, tampoco podía saber del espectador que observaba todo desde la oscuridad de un matorral.

Todo era tan aberrante que sentía que en cualquier momento tendría a los patrulleros tocando a su puerta.

Hinata al día siguiente de acabar con la existencia terrenal de su padre entró al cuarto de baño y se miró frente al espejo. Rozó sus cornosos labíos de cristal y notó la profundida de sus ojos de lejía. No entendía como la gente caía tan fácil cuando eran una clara ventana a su alma. Pensó crudamente en lo que ella era y en lo que haría a partir de ahora.

La gente mala también tiene anhelos.

Deseaba desde el fondo de su corazón continuar al lado de su rubio idiota, quizás si el amor perduraba lo suficiente, que estaba segura de que lo haría, se casarían y formarían una familia. Tendrían dos hijos, el primero sería un nene al que llamaría Hiashi, como su difunto padre, (al que a pesar de todo amaría siempre) pues no quería olvidarse de su turbio pasado y una nena de nombre Hanabi en honor a la que hubiese sido su hermana mayor si el destino no hubiese sido tan cruel de acabar con su existencia con a penas 2 meses de vida. Luego ella, tras tener su segundo retoño vendería la casa en la que vivía junto a su padre para alojarse los 4 en un chalet mucho más grande cerca del campo. Allí harían barbacoas en familia y serían realmente felices. Ella trabajaría de funcionaria para el ayuntamiento y su marido haría lo imposible para darles la mejor vida que pudiese. Allí olvidaría que ella es mala y quizás su negro corazón se volvería a tintar con un tibio rojo que le recordase que seguía viva.

Le sonrió al espejo con la calidez que sólo le mostraba al Uzumaki y se metió a la ducha.

Naruto decidió que sería agradable salir todos juntos a dar una vuelta por el centro comercial y organizó una quedada. La translúcida, desganada como siempre accedió a pasar la tarde con los amigos de su novio. No hubo nada interesante en toda la tarde hasta que a la Haruno se le ocurrió insinuar una posible ruptura de Naruto y "la mudita".

Sabía que a la muy ... le gustaba el rubio atolondrado pero no la creyó capaz de meterse de forma tan descarda en relaciones ajenas. También sabía que para Sakura no era agradable su compañía, así que para cuando le ofreció acompañarle a casa en un primer momento se vio reacia, pero luego pensó que quizás no tenía por que ser tan seca con ella y mucho menos despreciarla por sus tontos celos cuando estaba siendo tan amable. Y Hinata sonrió complacida.

No le permitiría interponerse.

Realmente siento la brevedad de mis capitulos pero no hay otra forma para que mi cerebro funcione. Nos leemos.