Capitulo 27: El interior de Hatchiyack

– Ya he absorbido a tres namekianos para intentar superar los poderes de los enemigos pero nunca ha sido suficiente… pero ahora sé que sí que lo es – manifestó Piccolo.

– Eso significa que… ¿no era una treta? Maldita sea, podía haber acabado con ellos fácilmente – pensó Raichi – bueno, tendré que derrotarlos de todos modos. Aún me queda un as en la manga.

El namekiano giró y giró y el Huracán de Huida eliminó a los clones de Hatchiyack. A continuación, Piccolo arremetió contra Hatchiyack y este recibió el golpe de lleno y chocó contra una montaña. A continuación, Piccolo lo atacó con una lluvia de disparos, los cuales Hatchiyack evitaba con facilidad.

Lo que Hatchiyack no sabía era que llevaba truco y cuando se aproximó a Piccolo porque la lluvia de proyectiles había cesado, todos y cada uno de ellos chocaron contra él. Hatchiyack aulló de dolor pero consiguió golpear a Piccolo en el estómago, dejándole sin aire. Luego Raichi decidió que lo más prudente sería un uppercut a la barbilla y un golpe a dos manos hacia el suelo.

Raichi aprovechó esto para hacer que su robot se transformase o, más bien, se hiciese gigante. El tamaño del robot de 3 metros ahora superaba ampliamente los 20 y su fuerza había aumentado con él. Todos los presentes se cagaron de miedo (casi literalmente) pero el namekiano no.

– Goten, Trunks, vamos, sé que estáis ahí, ¡salid de detrás de esa roca!

– ¿Lo sabías? – preguntaron dos chiquillos saiyan asustados mientras salían de su escondite.

– Claro que sí, ahora, tenéis que introduciros dentro de Hatchiyack y destruir al fantasma Raichi para que vuelva a su estado previo y mi victoria esté asegurada.

– ¿QUÉ? ¿CÓMO?

– No seáis estúpidos, ya lo he pensado. Sabréis cuando podréis meteros.

Dicho esto, el namekiano se volvió tan grande como el robot y su poder también aumento, pero muchísimo menos. Los dos gigantes no se elevaban ni se movían tanto pero todos los golpes eran mucho más devastadores y rápidos. Los puñetazos fluían a la cara, las patadas chocaban contra el estómago y las técnicas eran mucho más peligrosas a esa distancia.

Hatchiyack, aprovechando esto, saltó lejos, cruzó los brazos como si de un bloqueo se tratase y cargó energía hasta que Piccolo se le acercó, que la soltó toda. Piccolo fue muy dañado y voló varios metros, destrozó varias montañas y casi cae encima de Zangya, Tiencha y Raditz. El namekiano se levantó, cargó energía en su frente y lanzó un makankosanpo que abrió una herida en el pecho del robot.

– ¡Ahora, entrad!

Los dos chavales se transformaron en súper saiyans y volaron hacia el robot gigante. Este trató de impedir que entraran en su cuerpo pero no lo consiguió y los dos chavales se encontraron en un mundo lleno de cables. Cables de todos los colores inundaban la zona, algunos dañados por el ataque de Piccolo.

– ¿Y cómo pasamos? – preguntó Goten.

– Bueno, esto va a ser destruido de todos modos así que… – respondió Trunks vaporizando una parte de los cables – bueno, ya está, ya podemos continuar.

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El robot atacaba a Piccolo ferozmente y este se defendía como podía. Hatchiyack lanzó una ráfaga de energía que Piccolo esquivo con algo de suerte. Por desgracia, esa ráfaga de ki llegó al escondite de Krillin y Chaoz y rompió una pierna y un brazo a Krillin pero mató a Chaoz.

Piccolo se deshizó de Hatchiyack con el huracán de huida y llegó a tiempo para evitar que Krillin muriese pero, por desgracia, no pudo curarle la pérdida de la pierna ni del brazo. El namekiano se dio la vuelta para vengarse de Hatchiyack y...

Al darse la vuelta, Piccolo notó que el robot perdía control sobre un brazo y aprovechó para usar el Golpe Cortante en sus otras tres extremidades. El robot aulló de dolor, incapaz de atacar, así que Piccolo simplemente lo dejó estar así un rato. No lo destruyó por miedo a que Goten y Trunks también muriesen.

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Goten y Trunks estaban llegando al centro del cuerpo cuando, de repente, varios tentáculos los intentaron asfixiar. El aire escapaba su garganta, los pulmones se les vaciaban y sus cuerpos pesaban cada vez más. Los segundos pasaban y ambos saiyans eran incapaces de moverse pero, de repente, justo después de escuchar un aullido de la máquina, los tentáculos perdieron fuerza y estos lograron escapar.

A continuación, los pequeños corrieron hacia la cabeza, hacia donde Raichi estaba situado. El fantasma los estaba esperando.

– Saludos, visitantes, ¿qué os trae por aquí? – preguntó Raichi.

– A decir verdad, venimos a destruirte, Raichi – espetó Trunks, mientras Goten y él se volvían súper saiyans.

Trunks intentó golpear a Raichi en la cara pero este se transformó en humo y desapareció. Reapareció detrás de Goten, a quien golpeó por detrás y tiró al suelo.

– Ay, los jóvenes de hoy en día no tienen educación ni respeto a sus mayores – criticó el fantasma – ¡qué lástima que seáis el futuro de los saiyans!

– A mí el que me da lástima eres tú, Raichi, tu robot ya debe de estar casi destrozado gracias a nosotros y a Piccolo, tu venganza no es contra nosotros sino contra gente ya muerta y encima tu plan maestro está teniendo muchísimos fallos – le respondió Trunks.

– Te has dejado lo más importante, Trunks, y es que jamás nos ganará – concluyó Goten.

– ¡Ya estoy harto! ¡Os mataré! – gritó Raichi mientras le pegaba una patada en la cabeza a Trunks.

Trunks recibió el impacto de lleno y chocó contra una máquina. Raichi gritó y se volvió un poco más débil durante unos instantes. Goten entendió lo que pasaba rápido y lanzó un kamehameha a dicha máquina, que detonó cuando el kamehameha hizo contacto. Eso hizo desaparecer a Raichi. Justo después recibieron un mensaje telepático de Piccolo.

–Por fin he logrado contactar con vosotros. Escuchadme, Goten, Trunks, sé que habéis acabado con Raichi porque el robot se ha des-transformado y está empezando a encoger así que deberíais salir de allí.

Los dos pequeños saiyans empezaron a volar cachos de robot para lograr escapar hasta que, por fin, consiguieron salir de dentro del robot. Aproximadamente una millonésima de segundo después de que salieran, Piccolo y su Granada Ligera desintegraron a Hatchiyack, eliminándolo para siempre de la faz de la Tierra.