Capitulo 8- Mensaje malinterpretado

El pueblo de Koopa era un lugar agradable según lo describían sus habitantes, era un pequeño lugar que algunos hallaron en el medio del camino y se quedaron, y luego otros, después otros, hasta que 587 personas conformaban Koopa, todos emparentados de alguna forma, dándose cuenta de los extraños que llegaban a Koopa y siguiéndoles desconfiadamente con la mirada hasta saber si eran amigos o enemigos, era gente buena, cuya vida transcurría plácidamente hasta aquel día en que el sol se oculto y jamás volvió a aparecer como si hubiese sido engullido en alguna parte del vasto universo. Poco sabían los habitantes de Koopa de los acontecimientos del mundo después de que la energía eléctrica se perdió para siempre, momento en que los 587 habitantes se atrincheraron en su propio pueblo pendientes de cada movimiento anormal, a la expectativa durante las horas muertas, ayudándose los unos a los otros aun en medio de esa oscuridad.

Fue una conmoción en el pueblo de Koopa cuando 3 extraños llegaron jadeantes en el medio de la oscuridad, los reconocieron por los pasos, tan distintos de la forma de caminar de sus habitantes, incluso por el patrón de respiración, guiados por la luz de esos tres invasores, motivados por la curiosidad, Koopa entero encendió sus velas y salió al encuentro de los tres caminantes.

Les rodearon con sus velas, impresionados de que ninguno de ellos tuviera miedo por aquella acción que hubiese intimidado a cualquier otro visitante. Las llamas de las velas danzaban de un lado a otro según el capricho del viento, haciendo que las mismas sombras parecieran tener vida propia. Se detuvieron en el medio de lo que antes fue el centro municipal, fueron rodeados ante las miradas escrutiñadoras de los habitantes, se escuchaba un cuchicheo que iba de un lado a otro hasta que comenzaron a tomar forma de palabras

-Son ellos

-¿Quiénes?

-Los caminantes

-¿De dónde vienen?

-No lo sabemos

El murmullo general continuaba creciendo, hasta que una mujer de unos 50 años se abrió paso entre la multitud, le miraron con respeto mientras caminaba lentamente hacia los forasteros, tenía el cabello entre canoso amarrado en una cola, un vestido negro con gris; pero era evidente que en algún momento aquella tela era blanca. Uno de ellos, el caminante de cabellos morados le miro con recelo

-¿De dónde vienen?- pregunto la mujer con su severa voz-¿Con que propósito han venido al pueblo de Koopa? se hizo un minuto de silencio, el joven de cabellos morados bajo la mirada, mientras los otros cuyas similitudes les hacían parecer hermanos se vieron entre ellos, la mujer les miro de soslayo y observo la playera manchada de sangre en el costado izquierdo del joven- estas herido- dijo ella

-Mi nombre es Trunks, venimos de ciudad del oeste buscando una señal de radio

-¿una señal de radio?... ¿Desde dónde?

-Cerca del este, pero aun no sabemos dónde exactamente- contestó Gohan

Trunks les miraba sin decir palabra alguna, solo la expresión de desesperación en su rostro hacia evidente el estado en el cual se encontraba, de la absoluta desesperación, de un enojo que no lograba consumar, que se había quedado en el medio de su pecho sin lograr transformarlo en otra cosa, siempre ahí, estático, causando todo tipo de estragos en su alma.

-Esa señal de radio- dijo Gohan- nos dice lo mismo una y otra vez, un llamado de auxilio

-¿y por que acuden a su llamado desde tan lejos?- pregunto la mujer con un atisbo de desconfianza

-Porque es la única esperanza de llegar a lo que sea que este provocando estas tinieblas

-Aun así, es muy tarde para que vayan a ese lugar- esgrimo la mujer- lo mejor será que se queden aquí a descansar

-No necesitamos descanso- respondió Trunks estoico- lo que necesitamos es llegar pronto a esa estación cada minuto es tiempo valioso perdido

-Si esa señal lleva tantos días como lo afirman entonces no será ningún problema esperar un día mas y tal vez sea lo mejor para usted darse un tiempo para curar sus heridas.

-Es lo mejor- respondió Gohan con seguridad- tenemos que descansar

-Es verdad- contestó Goten, Trunks se limito a dirigirles una mirada furiosa, no podía hacer más; los hermanos tenían razón, su cuerpo le exigía reposo, aunque su mente le pidiera continua hacia adelante.

-¿Se quedaran aquí? – Goten asintió- bien, entonces síganme

Les guio con la ayuda de la tenue luz de una vela, llegaron hacia una casa amplia hecha de piedra y el techo de paja con varios agujeros que dejaban entrar la penumbra en el medio de aquel lugar. Según les dijo la mujer, aquella era la casa de invitados del pueblo de Koopa, Años atrás en la era de la luz del sol, era cuidada y limpiada a diario en caso de que un invitado o un caminante ilustre llegara repentinamente, pero cuando la era de la luz terminó, también el cuidado de esa casa, los habitantes de Koopa prefirieron cuidar sus hogares y a sus familias de las horas muertas que darle su atención a una casa donde no habitaba nadie

-Así que perdonen su estado

-No tiene que disculparse con nosotros por ese detalle- esgrimo Gohan- mientras tengamos un techo donde dormir es más que suficiente

-Es un joven practico- dijo la mujer-de continuar en la era de la luz, es seguro que tendría mucho éxito en su vida, buenas noches- pronuncio la mujer antes de cerrar la maltrecha puerta de madera que estaba a punto de deshacerse en astillas.

-Debimos irnos- gruño Trunks mientras buscaba un lugar donde dormir con ayuda de su linterna

-Estas malherido, por eso dije que lo mejor es que nos quedemos aquí

-Estoy bien, Gohan- contestó el saiyajin de cabellos morados

-Basta de discutir, Trunks, Gohan tiene razón, tienes que guardar reposo con esa herida que te hicieron, no es prudente que vayamos si estas en peligro de desangrarte

El joven Brief dejo de discutir, por mucho que le molestara los hermanos Son tenían razón, era demasiado imprudente incluso caminar con la herida profunda que tenía en las costillas producto de una batalla con un "hijo de las horas muertas" como eran llamados últimamente aquellos engendros, al menos esa era la denominación que él quería darle.

Hablaron con el autor de aquellas penumbras perpetuas, Kaleb, y en cuanto la conversación terminó, una hora muerta comenzaba; pero esta sería distinta a las otras, y difícil de olvidar. Pensaron que se trataba de uno de tantos monstruos producto de una hora muerta de aquellos que estaban acostumbrados a combatir; pero su error jamás sería olvidado. Los pasos desatinados y aquel gruñido en la oscuridad eran el preámbulo a un ser de mediana estatura, cabello puntiagudo, caminaba encorvado como si detrás de su espalda llevara un peso extenuante. Los jóvenes miraban aquello expectantes, con los ojos bien abiertos, pendientes de cualquier movimiento hacia cualquier dirección. Aquello fue tomando forma humana, caminaba aun dando pasos desatinados, continuaba gruñendo con gemidos dolorosos, para Trunks aquel ser comenzaba a tomar una forma familiar conforme avanzaba, al principio sintió como si su ser se sumiera repentinamente dentro de un abismo; se tranquilizo pensando que aquella cosa, no era más que una copia de su padre, quizá enviado por el mismo Kaleb para desconcertarlos, repentinamente, aquel ser dejo percibir un débil ki, uno que horrorizó a los jóvenes saiyajin hasta la medula de sus huesos, aquel ki era del señor Vegeta y era imposible ocultarlo por muy pequeño que fuera. Le tuvieron a unos metros y en un principio le miraron estupefactos sin dar crédito a sus ojos, pero lo que vieron los horrorizo un más, aquel príncipe de los saiyajin, de la mirada fiera que parecía destellar fuego, siempre con la cara en alto, que deslumbraba una vitalidad que podría llegar a aniquilarte, ese saiyajin pasaba al lado suyo como si fuera un muerto viviente, lo único que lo delataba era su ki.

-S…señor Vegeta- trato de llamarle Gohan aun fuera de sí- señor Vegeta ¿hacia dónde va?- pero él nada le contestó tan solo caminaba en dirección hacia el oeste

-Padre- le llamó Trunks con la voz temblorosa. Una lágrima recorrió su mejilla sin que pudiera evitarlo- hacia donde te diriges- al escuchar la voz de su primogénito, el príncipe de los saiyajins se detuvo y le miro directamente, sus ojos negros estaban vacios de toda expresión, su rostro lucía demacrado como si hubiera estado bajo un sufrimiento extremo durante todo aquel tiempo

-¿Dónde está tu madre?- atinó a preguntar con la voz entrecortada

-mi madre- contestó el saiyajin vacilante- ella ha muerto- los ojos de su padre despidieron una ira ciega, su ki aumentó a niveles exorbitantes, tomó a su hijo por el cuello mientras que este, desesperado, trataba de llevar sus manos a la de su padre para impedir que le ahogara

-¡Le mataste!- gritó el príncipe furioso- ¡tú le mataste!- le ahogaba, su mirada se perdía en una oscuridad aun más negra que aquellas penumbras, pensó que era la muerte y estaba decidido a entregarse a ella.

-Él no le mato- grito Goten tratando de hacerlo entrar en razón- murió y nadie pudo evitarlo, usted debe de entenderlo- pero parecía que aquel Vegeta que estrangulaba a su hijo no entendía de razones no entendía nada en lo absoluto, únicamente quería ver muerto a su hijo

Se sumergía adentro dentro de la profundidad de la inconsciencia, perdiéndose del dolor, de la miseria que era vivir en ese mundo sin luz, sin la luz del sol y la calidez de su familia, de la vida como la conocía antes del infierno, se sentía libre

-¡Basta señor Vegeta!- Exclamo Gohan mientras una esfera de energía surgía de su mano-¡he dicho basta!- grito el hombre mientras arrojaba su energía a la espalda del saiyajin- usted no me dejo otra opción, mi padre me educó para no atacar por la espalda; pero no tenía otra posibilidad- dejo caer a Trunks aun inconsciente, le miro con esos ojos vacios de toda expresión

-No te metas…- de inmediato, deshaciéndose de la impresión inicial, Goten tomo una pose de ataque dispuesto a atacar a Vegeta si se veía obligado a hacerlo

-Ambos son escoria, son peor que la escoria de su padre porque están mezclados con la raza humana, híbridos patéticos- su ki se incrementaba a medida que hablaba, sin que los hermanos se dieran cuenta de su mano surgió una esfera de energía negra cubierta de rayos azul eléctrico como si de espinos se tratasen.

"Si eso nos toca nos matara al instante" pensó Gohan, tenía que moverse rápido si deseaba vivir, esperaba que su hermano se diera cuenta de la rapidez que aquella operación de supervivencia exigía. Ante sus ojos la esfera se deshizo, escucharon un golpe seco y vieron caer al príncipe de los saiyajin mientras su primogénito aterrizaba en el piso con el brazo extendido y el puño cerrado

-su padre les enseño que no es correcto atacar al enemigo por la espalda, pero el mío nunca hizo tal mención ¿no es así? Padre- Vegeta se puso de pie sin la mayor dificultad trató nuevamente de tomarlo por el cuello, más el joven lo evitó interponiendo su mano contra la suya, tal parecía que su padre estaba más interesado en matarle y cualquier excusa era buena para ello finalmente Vegeta logró asestar un golpe certero en el costado izquierdo de su hijo fracturándole un par de costillas, el crujido de aquellos huesos romperse fue lo que le hizo detenerse

-Suficiente- el ojo cubierto sangre, la mirada rencorosa del otro, Trunks reconoció aquella voz que se ahogo en medio de carcajadas que se aproximaban más y más- Tu padre me pertenece, así como Gokù ambos son míos, están a mi disposición y a mi voluntad sin la menor objeción

-¿Qué insinúas?- pregunto Goten colérico- ¿acaso nuestros padres son esclavos tuyos?

-Sí, su existencia ahora se resumen a cumplir mi voluntad…como ahora que deseaba que Vegeta asesinara a su propio hijo, él tan solo se limitó a cumplir mi voluntad, pero ahora solo deseo observar su derrota tan bien reflejada en su rostro- volvió a reírse con aquella risa que parecía escucharse por todo el mundo

-Es obvio que envíes a mi padre para matarme…tú solo no podrías con un saiyajin

-No sabes lo que dices, Trunks, no tienes idea ni de quien soy. Claro que me puedo enfrentar a un saiyajin, podría enfrentarme a la raza entera sin problema alguno, lo que sucede es que solo quiero jugar, y en ese tipo de juegos no quiero mancharme las manos

-No- insistió Trunks- eres un cobarde, nunca podrías acabar con un saiyajin- en un instante, sentía la respiración de Kaleb frente a sí, miraba sus ojos como si estuvieran hechos de fuego.

-Quieres morir ¿No es verdad niño?- sonrió sádicamente- claro que puedo matar a un saiyajin y cualquier raza que se me ponga en frente…porque soy un saiyajin- se hizo de humo y se desvaneció, de la misma forma que Vegeta.

-Es un saiyajin… ¿Lo escucharon? Un saiyajin… ¿Cómo pudo salvarse del holocausto del planeta Vegeta?

-De mil formas, Goten- contestó Gohan- la verdadera pregunta es ¿Por qué hace todo esto? ¿Cómo supo de la tierra? ¿Por qué es más poderoso que nuestros padres juntos?... ¿Tú qué piensas Trunks?

-Creo que está dormido- fingió dormir, las mismas preguntas que Gohan formuló surgieron en su mente, pero no tenía las respuestas, desgraciadamente el único que podía darle las respuestas a ello era el mismo Kaleb.

Durmió hundiéndose en la oscuridad completa, descansando de toda aquella situación- despierta, Trunks- le llamaba Gohan, es tiempo de irnos- abrió los ojos desviando la mirada de la luz de la linterna- Tienes que ver esto- por el tono trémulo de la voz de Gohan supuso que algo andaba mal, sin preguntar nada el joven se puso de pie y tomando su propia linterna se asomó a las calles de Koopa sin quererlo alumbro una mancha de sangre de cerca de cuatro metros de diámetro, escuchó el zumbido desesperante del silencio, miro desesperado en busca de alguna forma de vida, pero nada halló, miro a Gohan quien estupefacto miraba fijamente aquella mancha, ni un solo sonido salía de las calles de Koopa, ni el más ínfimo palpitar casi extinto del corazón o una respiración agitada, simplemente la nada, el mensaje escrito en el circulo de sangre era más que obvio "la muerte a quienes abriguen a mis enemigos" Gohan sintió un vacio en el estomago al leer aquellas palabras, solo comparable a la ocasión en que experimento la muerte en carne propia

-Nos ayudaron- dijo en un murmullo casi imperceptible- y esto es lo que han buscado.

- Te dije que no deberíamos quedarnos- reprocho Trunks- todo lo que ocurrió con esta gente ha sido culpa tuya, nada más que eso- le dejo solo con ese nudo en la garganta, con las manos temblorosas y la culpa fluyendo hacia cada rincón de su cuerpo. Quizá era cierto, de haber escuchado a Trunks, de haber continuado su camino después de aquel enfrentamiento, todo el pueblo continuaría con vida.

Goten, sentado cerca de aquella mancha, trataba de sentir el más mínimo ki, sin embargo aquella tarea era inútil, se dio por vencido. Trunks estaba junto a él, nada dijo, y èl tampoco quería escuchar nada si serían reproches.

-Es tiempo de irnos, es de mañana ya.

-La magia mí querida niña es algo tan grande y misterioso que toda una vida no te alcanzaría para descubrirla y entenderla te llevaría dos vidas más. Es por obra de la magia que todo ha sucedido, por su causa y a la vez por causa de la voluntad de seres que gozan de entendimiento, pero al entrar en contacto con el poder lo pierden por completo. Tanto poder en la mano de un solo ser termina por cegarlo y hacerle desear más, ser el amo absoluto solo por la simple razón de serlo. No te sientas mal por mi presencia pequeña niña- dijo el oso hormiguero a Bra, mientras ella le miraba taciturna sin saber que decir, llego de improviso y se sentó junto a su cama observándola mientras dormía, siento su aliento caliente y su mirada penetrante, se despertó sobresaltada, pero al verle recobro la calma- He cuidado de tu hermano y de aquellos que lo acompañan- mucho temo que han mal interpretado un mensaje- se lleno de dudas, pero no se atrevió a resolver ninguna- todo estará bien pequeña niña, ellos vivirán y ese hermano tuyo del que reniegas volverá a ti, todo será como tú lo deseas.

-¿Qué favor quieres en cambio?- pregunto con hostilidad, a sabiendas que en ese mundo ya nada sucedía sin que un cambio desfavorable sucediera a cambio se escuchó una risotada del oso hormiguero

-Tu desconfianza es comprensible…no puedo decírtelo, pequeña niña, porque no lo sé, al menos no aun; pero ten por seguro que en cuanto lo averigüe te lo diré.

Bra desvió la mirada hacia la ventana, la situación le irritaba sobre manera, estaba consciente del gran peligro al que probablemente se enfrentaba y que jamás debió pedirle un favor a aquel ser que pidió no confiara en ella, y, a pesar de hacerle caso, no pudo evitar pedir aquel favor.

Solo el tiempo revelaría lo grave de su error.