-El reino- le dijo- es la oscuridad, es perder el planeta en la nada…mi reino es de oscuridad, caos, desesperanza, la confusión absoluta…muchos planetas se han perdido en mi reino y solo sus pusilánimes sobrevivientes se convierten en mi ejercito…yo solo quiero ver a todo destruido, siendo parte de mi vasto reino, el único ser viviente seré yo, planeo morir cuando todo se haya extinguido, porque la diversión también desaparecerá…aunque siempre he tenido una obsesión por la tierra, porque fue el primer planeta del cual era originario Gokú, el primer guerrero que valía la pena enfrentar en el burdo universo…
Capitulo 10- El Oráculo: Sangre y Destrucción
La pequeña se hallaba sentada en el borde su cama, como ya le era usual, el oso hormiguero le hacía compañía, desde que había aparecido súbitamente en el medio de la noche no mencionó ni una palabra, simplemente se limitó a mirarla con su mirada triste y llena de melancolía, pero a la joven saiyajin poco le importo el estado taciturno de su inoportuno compañero, ella misma estaba encerrada en sus pensamientos, como era posible que una niña como ella, que ni siquiera era tomada en cuenta por el enemigo fuera a vencerle, eso se lo dejaba a su hermano, a Goten, a Gohan…sin duda no a ella
-Dime como- le exigió- como voy a vencerle
-Lo importante es que tienes altas posibilidades de vencer, más que cualquier otro ser viviente sobre esta tierra
-¿Cómo? No entiendo el cómo- el oso hormiguero dio un largo suspiro, sus ojos negros tan profundos como aquella oscuridad que les cubría
-Es tiempo de contarte todo desde el principio, sobre Kaleb, y su verdadera naturaleza
Planeta Dreifus 50 años atrás
Mi historia se remonta a cuando tu padre era un niño pequeño y Gokú ni siquiera existía. Todo se origina del planeta Dreifus, parecido a tu tierra, con campos verdes, una extensa vegetación, aguas rodeadas con una rica flora y fauna, y los habitantes eran similares a la tierra en su gran mayoría. Todo era paz y armonía en aquel planeta azul y verde.
Gobernaba un rey, Cástor, era su nombre, un joven a penas de 25 años que tenía dos años en su trono, se rodeaba de jóvenes senadores y politicos y también de los ancianos de Dreifus, un grupo de mujeres y hombres que aconsejaban en base a sus antiguas creencias, Cástor muchas veces no los tomaba en cuenta, para él sus consejos eran anticuados y obsoletos. Su mano derecha era su senador de nombre Augustus Galo, era parte de los jóvenes consejeros del rey, tenía una vida prospera envidiable para cualquiera, tenía dos hijas y pronto llegaría lo que esperaba fuera su primer hijo varón.
La tragedia de Galo y la del universo comienza después de varias noches en las que el rey Cástor no podía conciliar el sueño, cansado por esa situación buscó todo tipo de remedios médicos lógicos pero ninguno daba resultado, se sumió en la desesperación, su esposa mando a llamar a los ancianos y ellos aconsejaron que Cástor debía visitar al oráculo, él no creía en ello, pero en aquellos momentos se hallaba tan desesperado que intentaría cualquier cosa.
En una madrugada llevando una ofrenda, Cástor entró a las puertas del Oráculo, ya tenía más de un mes sin conciliar el sueño y su mente divagaba entre la obnubilación, en un mundo en el que no estaba del todo despierto ni del todo dormido, un infierno, todo su juicio se había nublado.
El oráculo era visto por una anciana de la que poco se sabía su origen y su edad, solo se tenía el conocimiento de que era la intérprete del Oráculo. Una anciana decrepita de vestiduras harapientas, tomó con sus marchitas manos la ofrenda del rey y lo situó en el centro de una circular de columnas, elevó una plegaría en la negra noche de la que el rey poco pudo entender.
Sus ojos se hicieron de un verde espectral y voz desquebraja por los años se volvió tan grave como de ultratumba, Cástor podía sentir el pánico fluir en el medio de su sangre.
"Tu estirpe no gobernara Rey Cástor, tus descendientes no tomaran el trono, todo caerá en manos de otro...tú te extinguirás y tu recuerdo morirá con el correr de los años" Cástor confundido se hincó implorando una explicación
"Morirás en tu trono en las manos del único hijo varón de Augustus Galo, tomara todo y después lo destruirá"
La anciana impuso las manos en la cabeza del rey dejándole ver la devastación y eventual desaparición de Dreifus en las manos de un hombre joven que no pudo identificar. Cayo dormido y luego se despertó en su habitación…de inmediato exigió una audiencia con Galo. Aquel pensaba que aquello sería cosa rutinaria, que simplemente discutirían algún tema de importancia sobre la administración de los tesoros de la ciudad capital o el estado de los habitantes en las lejanas tierras de Hispana; pero lo que se diría en esa audiencia lo llevaría clavado como una espina dolorosa en el medio de su corazón por el resto de su vida.
-Rey Cástor, me llamó a audiencia
-Tengo que discutir algunas cosas contigo, Galo…como sabrás llevaba muchos días sin dormir, así que tuve que recurrir a medidas radicales…fui a el Oráculo, los ancianos me dijeron que la causa de mi insomnio era que me estaba llamando para revelarme algo importante
-Pensé que no creía en ello
-Dijeron cosas muy relevantes para el futuro de nuestro mundo, hablaron de ti…estimado Senador
-¿De mí? ¿Por qué hablarían de mí?
-Dijeron que tu único hijo varón sería el destructor de nuestro mundo
-Rey Cástor…no puede creer eso, mi sangre jamás se atrevería a traicionarle a usted o su linaje
-Mi linaje jamás será destruido, Galo
-Por supuesto que no…nunca lo permitiría, soy el más leal de los senadores y usted…
-Calla…no existe la lealtad, ni mucho una lealtad inculcada, tú podrás no traicionarme, pero no sé como actuara ese hijo tuyo que ni siquiera ha visto la luz del día…
-No, nunca permitiría que mi hijo cometiera tal agravio hacia usted y su reinado…
-Lo que hice va más allá de mí y mi reinado…Galo, he mandado a exterminar a tu familia
-Señor…
-Son un peligro para Dreifus, para mi reino y para mí…tú tendrás derecho a vivir, porque aun te aprecio, pero no podrás formar de nuevo una familia Galo, tu nombre morirá contigo y nuestro reino vivirá para siempre
Galo se perdió de todo, no escuchó ni siquiera que lo dejarían vivir como una muestra de aprecio y de haberlo escuchado poco le importaba, de ser cierto prefería morir en ese mismo instante e ir al otro mundo con su familia. Pidió ver los cadáveres para darles un entierro según marcaban las costumbres de Dreifus. Fue guiado por tres soldados de la guardia real, en silencio, custodiándolo como si fuera un preso, llevando consigo un muerto en vida que deseaba morir en ese instante. A lo lejos vio su casa humeando, al entrar se vio envuelto en un sepulcral silencio y en un calor escalofriante, en uno de los arboles se hallaban ahorcadas sus dos hijas y atada de pies y manos el cadáver de su esposa con el vientre destrozado achicharrada por el fuego, los soldados le miraban con el desprecio propio que merecía el peor de los traidores. El rey no lo supo, pero con sus acciones, el mismo Galo había muerto "Quiere traición…he de traicionarlo entonces para no contrariarlo" –Hágase la voluntad de su majestad, ¡larga vida a Cástor!- tomó una viga de hierro y con unas fuerzas surgidas del dolor, la miseria y la sed de venganza golpeó a los tres soldados hasta matarlos, cubierto de sangre, a pesar de que sabía qué y porque lo había hecho no se sentía satisfecho, se cambió sus ropas y huyo hacia la lejos Hispana. Fue perseguido, pero nunca hallado, se perdió en medio de las ignoradas tierras de Hispana. Vivió en las cuevas como un ermitaño, el gran senador Galo era un pastor corriente y sucio que no quería saber nada del reino de Cástor ni de nadie, tan solo esperando una señal de que una venganza fuera inminente. Poco sabía de que sus ruegos eran escuchados, años después en un planeta de un sistema lejano, Vegeta se gestaba un verdadero complot en contra de su rey, uno de sus jefes militares había convencido a los saiyajin de que su rey era una marioneta de Freezer y que ellos tenían el poder de acabar con ambos si así se lo proponían, alertado por uno de los conspiradores, el rey mando a asesinar a la familia de aquel hombre, en aquel entonces su esposa se encontraba encinta y alcanzó a dar a luz a su primogénito un varón que logró salvar antes de que muriera en manos de los soldados del reino de Vegeta, lo llevo a las zonas de lanzamiento de los infantes y sobornó al encargado
-Hazlo pasar por uno de clase baja, mándalo a cualquier planeta donde pueda sobrevivir, él tiene que sobrevivir
-Señor Kaleb, no puedo hacerlo, si me descubren…
-Te estoy pagando bien, manda a mi hijo a otro planeta, pon a un vástago de clase baja en su lugar, de cualquier forma ellos no valen la pena- logro convencerle, el jefe militar Kaleb se quito un pulso plateado de identificación con su nombre y lo dejo entre las sabanas que cubrían al infante, no dijo palabra alguna, solo lo miro satisfecho como si supiera de antemano lo que desataba al mantenerlo con vida. Tomó a un recién nacido de clase baja lo más parecido a su hijo y salió con él para hacer frente a los soldados, sobra decir que fueron asesinados sin piedad y sus cuerpos expuestos en uno de los lugares de reunión de las tropas como una advertencia de lo que sucedería con aquellos que intentaran revelarse en contra de Vegeta, pero aquello encendió aun más las llamas de la inconformidad, en cuestión de meses, el planeta fue exterminado.
Galo pastaba a sus ovejas en un punto tan lejano de Hispana que era posible que se encontrara en el final del mundo, pero poco le interesaba, fue entonces cuando sucedió aquello que cambiaría su vida y la del universo entero. Al subir la mirada al cielo escucho un zumbido y vio aparecer una bola de fuego que se precipitaba directamente al suelo, escuchó el explosivo golpe de la caída, su corazón latía tan fuerte que parecía le explotaría en cualquier momento, volteo para saber si no había nadie que le siguiera la vista a aquella bola de fuego. Al cerciorarse de que en efecto no había nadie ahí comenzó a seguirle el rastro con una desesperación que no podía entender. Paso por un rio con un fuerte caudal sin interesarle lo peligroso que pudiera ser, era como si le llamara, como si le exigiera que tuviera que ir hacia él. Al fin llego en el medio de un hueco en la tierra calcinada, con una nave esférica blanca, se abrió frente a él dejando ver dentro suyo a un bebé de unos tres meses, Galo se acercó con precaución, el pequeño le miro a la expectativa se llevo el pulgar a la boca, mirándolo moviendo la cola de un lado a otro, sin saber que sucediera. Galo se acercó, lo tomó entre sus brazos
-Un varón- recordó en ese instante las palabras de Cástor diciéndole que no existía la lealtad inculcada, pero le comprobaría que existía el rencor inculcado, los cielos le habían mandado a ese hijo varón, su único hijo varón tal como la profecía dictaba, el único hijo varón de Augustus Galo destruiría a Cástor rey de Dreifus, un destello lo saco de su ensimismamiento, un pulso de plata se hallaba dentro de la nave, escrito en el lenguaje Saiyajin, Galo lo entendió de inmediato se trataba de un nombre
-Vaya…un saiyajin…Kaleb será tu nombre, Kaleb de Galo…mi único hijo varón- Galo aprovechó la herencia saiyajin de Kaleb, lo educó a base de rencor, el rencor al reino de Cástor, le entrenó en las artes básicas de la guerra, no le sorprendía sus habilidades a tan corta edad, era de esperarse con un saiyajin, Galo preparaba una maquina de rencor y muerte, a los tres años le dejaba acabar con todo lo que quería
-Un día Kaleb, acabaras con el reino y tendrás el tuyo propio
-¿De verdad, papá?
-Naciste para ello, acabaras con todo, serás el máximo rey, el mismo universo será tuyo.
Conforme fue creciendo, Kaleb se hacía más letal, a los 26 años acabo con toda una colonia de Hispana, cerca de mil personas murieron ese día. La ciudad de Dreifus lo supo demasiado tarde, en un principio atribuyo aquello a una guerra contra una banda de nómadas, los Teutones, pero no fue más que eso, no dio seguimiento ni importancia al asunto. Kaleb se hacía más fuerte, mas grande, más mortal, tan letal como un ejército de miles de hombres, pero con la satisfacción de que lo hacía apropósito, de que gustaba derramar esa sangre y ver las vidas ser destruidas en sus manos. En cuestión de días terminó con Hispano completa, Galo comenzaba a darse cuenta del monstruo que había desatado
-Kaleb- le dijo una gélida tarde- ¿No sientes remordimiento de la sangre que derramas? ¿No tienes pena de acabar incluso con los niños y las mujeres?- le miro atento con sus ojos vivaces negros que parecían entrar en lo más profundo de la mente
-No, padre…estoy entrenando para ser lo que tú me pediste ser, derrotar al reino de Cástor y fundar mi propio reino…el reino definitivo- sus palabras hicieron que la llama de la venganza se incendiara en Galo, tanto que le consumió el corazón y olvido ese monstruo que aun comenzaba a levantarse.
Era de noche cuando Kaleb sediento de muerte y destrucción entró a un asentamiento Teunton exterminando a todo ser viviente y cometiendo un grave error que estuvo a punto de causarle la muerte.
Ni Kaleb ni Galo sabían que los Teutones, a sabiendas que Dreifus no intercedería por ellos, comenzaron a analizar al "demonio" como ellos lo llamaron, descubrieron que al jalarle la cola perdía parte de su poder, decidieron quitársela. Elaboraron un plan, enfrentarían al demonio, los cinco jóvenes más fuertes de entre las aldeas le retarían mientras que dos restantes le cortarían la cola, funcionó y estaban a punto de matarlo cuando apareció Gokú, un saiyajin de la tierra, quien entrenaba en una nueva técnica…le salvó la vida pensando que se encontraba indefenso; pero dejo que el demonio extendiera las manos de su maldad.
-Kaleb…
-Gokú de la tierra…lo encontrare, lo encontrare y me enfrentare en su contra, lo matare, no puede haber nadie más fuerte que yo, mi reino será de destrucción, padre…Dreifus caerá, Cástor morirá ahogándose en su sangre, padre, matare a su linaje frente a sus ojos y después destrozare cada hueso de su cuerpo, abriré una herida en su garganta y Dreifus ardera.
-No sabes cómo llego ese hombre hasta aquí, Dreifus no tiene la tecnología para viajar tan lejos por el espacio, es imposible
-Nada es imposible para mí, este es el principio de mi reino- Un trago amargo se formó en la garganta de Galo, Kaleb era capaz de cumplir su palabra aun con todo en su contra. A la mañana siguiente toda la raza Teutona fue eliminada, su pie aplastaba la cabeza decapitada del último hombre a quien había asesinado y su cuerpo se bañaba en la sangre de sus víctimas, sus labios sonreían maliciosamente, mientras su cerebro maquinaba la caída de Dreifus.
Había pasado un mes, Dreifus se encontraba amurallada, con un ejército de miles de hombres apostados en la ciudad, con un rey temeroso del demonio hispano que venía declarando la guerra en su contra y arrasando con todo lo vivo que se encontraba.
-Recuerdas la profecía del oráculo- era de noche cuando padre e hijo se escabulleron en el castillo- "Morirás en tu trono en las manos del único hijo varón de Augustus Galo"…yo lo recuerdo muy bien
-Galo- dijo el rey aun cubierto por las sabanas con la mirada atónita- estás vivo- aquel asintió
-Así es…Majestad Rey Cástor…y este- dijo haciéndose a un lado y dejando pasar a una sombra- es mi único hijo varón- Kaleb emergió de la oscuridad, le tomo del cuello y lo aporreo en contra de una pared, la reina aterrada gritaba sin cesar, hasta que fue asfixiada por una de sus fuertes manos- tenias razón majestad- le dijo Galo con la satisfacción que le proporcionaba la venganza- el oráculo, más bien, no erró en sus predicciones, mi hijo acabara contigo y tu reino…siente la rabia que sentí, la amargura y la impotencia de ver todo desaparecer…tú mismo sentenciaste que se cumpliera la profecía- Cástor vio la destrucción de su ciudad por parte de Kaleb la presenció con sendas lagrimas que no podía evitar dejar caer, vio morir a sus hijos molidos a golpes y a sus hijas compartiendo el mismo destino de su madre, era cierto, fue él que dio inicio al fin. Dejo unos cuantos sobrevivientes
-Dame tu corona- exigió Kaleb al rey Cástor- yo soy tu rey, tu único soberano, reconóceme como tu rey y dejare a estos súbditos con vida, si es que aun tienes la dignidad de un rey
-¿A quién dejare como rey?- dijo entre lagrimas- serás un tirano que en poco tiempo acabara con ellos, no respetas la vida, no tienes idea de que es ser un rey
-Y tú todavía menos, ya estás muerto…el oráculo te dijo lo inevitable, y estuviste maldito desde entonces…serás parte de mi reino rey Cástor, serás mi mascota, vivirás para ver mi legado, porque he destruido el tuyo a pedazos, me deshacere de ti hasta que me canses- sobra decir que se convirtió en el soberano de Dreifus, un Dreifus consumido en fuego, acabado en medio de escombros, los pastos verdes se hicieron rojos, el rey vivía de excesos y su esclavo era el propio Cástor quien prefería la muerte, por años intento suicidarse, pero Galo se lo impedía, en venganza y en castigo, haciéndole la vida tan miserable como él la sufrió.
Tres años después de la devastación, Kaleb acudió al oráculo, nunca se supo porque, simplemente se fue, quizá atraído por algo, un misterio jamás resuelto. Lo único que se supo fue que al regresar mandó a traer a Cástor y lo degolló en su propio trono…las consecuencias, lo que paso a tu planeta y a cientos de planeta, es historía
-¿Qué sucedió ahí?- preguntó Bra ansiosa de respuestas- En el oráculo
-Eso, mi pequeña niña, solo lo sabe Kaleb, pero cuando regreso su poder era tan intenso que nadie pudo detenerlo, algunos dicen que pacto con el demonio mismo, en menos de un año ya se había desarrollado la primera nave que le llevó al primer planeta que destruyo y lo añadió a su reino…ahora mi pequeña, es tiempo de prepararte
