Un Hogar vacío

Por Balthezarian

Traducción: Mya Fanfiction

Capítulo 02


—¡Mierda, mierda, mierda! —masculló frenéticamente Vegeta intentando desesperado sentir un pulso bajo sus dedos— ¡Vamos, mujer, no puedes hacerme esto!

Gohan se quitó la camiseta y rápidamente la hizo jirones. —¿Vegeta, tiene pul…

—Tiene que tenerlo —espetó el Saiyajin—. ¡Tiene que tenerlo!

El adolescente rápidamente se inclinó y puso dos de sus dedos en el cuello de Bulma. Pudo sentir su propio pulso latiendo y gruñó mientras intentaba bajar su propio ritmo cardíaco para percibir alguna señal de vida en la mujer.

No sintió nada.

—¡Venda sus heridas, ya! —gritó, haciendo reanimación cardiovascular.

Por primera vez en su vida, Vegeta no cuestionó lo que se le ordenó ni objetó de alguna manera el hecho de que un niño de dieciocho años le hubiese dado una orden directa. Todo lo que importaba era mantener a su esposa con vida. Ignorando sus piernas lastimadas, de inmediato comenzó a atar las vendas improvisadas en una herida particularmente repugnante a un costado de ella. Para cuando tuvo el área cubierta, había usado la camiseta entera.

Sin dudarlo, rasgó su propia ropa para intentar desesperadamente detener el sangrado que venía de su cabeza. Cuando terminó, por instinto echó a un lado a Gohan y comenzó donde éste se quedó, intentando que el corazón de Bulma latiera.

Gohan solo dudó un instante antes de recordar el teléfono en su bolsillo trasero. Rápidamente lo abrió y pidió ayuda.

—Ha habido un accidente —dijo, su voz sonaba extrañamente serena dada la situación—. Cayó por un riel de seguridad a un pequeño precipicio. Una mujer herida, de unos cuarenta y no tiene pulso…

—¡Sí, lo tiene! —espetó Vegeta con una sonrisa apenas visible en el rostro— ¡Siéntelo!

Gracias a dios, pensó el adolescente. —Tenemos pulso… ¿Nuestra ubicación? —Pausó por un momento, intentando descifrar cómo dar la mejor explicación posible para la que era su locación actual, pero desistió de la idea—. No se preocupe, vamos para allá…


Desde el cielo, Gokú se dio cuenta de cuál iba a ser el próximo paso. Aún abrazando a Trunks rudamente contra su pecho con un brazo, estiró el otro para llamar a su hijo más pequeño—. Agárrate fuerte, Goten —susurró. Tan pronto como el niño se aferró a él con firmeza, el guerrero se teletrasportó a la casa de Krillin.

—No los dejes salir, bajo ninguna circunstancia, hasta que alguno de nosotros venga a buscarlos. —Fue la única orden que le dio a su amigo antes de desaparecer otra vez, dejando a los niños.

El pobre Krillin no tuvo oportunidad para procesar lo que pasaba antes de que Trunks echara a correr a la puerta principal. De no haber sido por los rápidos reflejos de su esposa, habría sido incapaz de detenerlo.

—¡Basta! —ordenó la rubia, arrastrándolo con violencia—. ¡No sé lo que está pasando, pero sé que cuando Gokú da una orden como esa, es por una razón!

—¡No me importa lo que dijo Kakarotto! —gritó Trunks, retorciéndose en los brazos de la mujer— ¡Ella me necesita! ¡Necesita mi ayuda!


—Necesita su ayuda —dijo Gohan calmado al celador del hospital.

Sin embargo, haber visto aparecer de la nada a tres hombres poderosos y a una mujer inconsciente y ensangrentada hizo que, aparentemente, su cerebro dejara de funcionar —¿Cómo…dónde…cómo…?

—¡Maldición, despega el culo de ahí y dinos a dónde debemos llevarla! —gritó el más pequeño de los tres.

—Yo me encargaré —anunció una mujer de edad, apresurándose a la escena—. Soy Akiko. Yo recibí la llamada —dijo amablemente, empujando una camilla y pasando al celador perturbado—. La sala de operaciones está lista, nuestros mejores cirujanos están preparados y estamos listos para hacer lo que podamos para ayudar.

La mujer ayudó a subir a la víctima a la camilla y le gritó a un grupo de enfermeras, haciendo que se apresuraran en llevar a la mujer medio mutilada a cirugía. Mientras se iban a toda prisa, se dio la vuelta y miró a los hombres empapados en sangre, odiando el momento en el que estaba. Era cuando la familia estaba en el momento de mayor desesperación cuando más necesitaban ser tranquilizados y reconfortados, hacerles saber que todo estaría bien.

Estos eran los momentos que odiaba, cuando no había con qué reconfortarlos. No podía decirles que todo iba a estar bien.

Especialmente porque quizá no lo estaría.


—No puedo creer que hayas hecho eso —dijo Krillin, su voz era una combinación de sorpresa con horror.

—Estaba fuera de control —respondió la rubia con frialdad—. Estaba histérico y nosotros sabemos lo que pasa cuando un niño medio Saiyajin se sobresalta emocionalmente.

—Bueno, sí —coincidió el hombre pequeño con vacilación—. Digo, yo estuve allí la mayor parte del desarrollo de Gohan y estaría mintiendo si te dijera que sus cambios de humor no me asustaron hasta los huesos de vez en cuando. Pero —continuó—. ¿De verdad era necesario que hicieras eso?

Dieciocho se encogió de hombros —No estaba dispuesta a arriesgarme a tener a un niño de nueve años absoluta y excesivamente histérico y emocional con suficiente poder para destruir el planeta corriendo libre en mi casa.

—Pero Goten no estaba…

—No puedes hacérselo a uno sin hacérselo al otro —argumentó la mujer rápidamente—. Sabes muy bien que si hago algo para calmar a Trunks, Goten se molestará y podría ser un peligro.

Krillin simplemente sacudió la cabeza. —Todavía no puedo creer que hayas drogado a los hijos de los hombres más poderosos del mundo…


Vegeta solo estaba allí, incapaz de hacer nada. No podía moverse ni pensar, apenas podía respirar. Todo el día hasta el accidente había sido tan regular. Había hecho lo mismo que casi todos los días en los últimos años. Se levantó antes del amanecer, entrenó tan duro como pudo hasta media mañana, comió algo, pasó algo de tiempo con su esposa, entrenó más duro otro par de horas, buscó a su hijo, pasó algo de tiempo entrenando con él… todo había sido tan normal.

Nada le indicó que se encontraría allí, en el pasillo áspero e iluminado de un hospital, empapado de la sangre de su esposa, preguntándose si ella sobreviviría la próxima hora.

—Esto no está pasando —susurró—. Todo esto es una pesadilla. Ahora estoy dormido, sé que lo estoy. Voy a despertarme, darme la vuelta y ver que ella está justo a mi lado. Quizá roncando más fuerte que un camión con un problema de transmisión.

Con una mirada preocupada, Gokú abrió la boca, listo para decir algo, pero una mano en su hombro y una mirada de su hijo le dijo que dejara el discurso para otro momento.

—Iré a ver a los niños —dijo el guerrero más alto en voz baja, alejándose ligeramente del grupo. Puso los dedos en su frente y desapareció de la escena sin decir palabra.

Gohan se dirigió al príncipe, poniendo una mano gentilmente en su hombro. —Hay un montón de papeleo que hacer —dijo en voz baja—. Iré a pedírselo a la mujer en la ventana de allá y luego puedes comenzar con él.

Vegeta simplemente asintió, negándose a mover un músculo. Todavía no podía creer lo que estaba pasando.


Gokú apareció en la habitación de la hija de Krillin, Marron. Estaba un poco confundido hasta que volteó a su izquierda y vio a los tres niños profundamente dormidos en la cama. Observó a las figuritas durmientes con una sonrisa triste en el rostro. El Saiyajin acarició el pelo de Trunks, sintiendo una punzada de compasión. No podía ni comenzar a imaginar lo duro que tenía que ser todo esto para el niño.

Trunks era extremadamente inteligente y había experimentado más en su corta vida que casi nadie de su edad. Pero esta experiencia era más de lo que cualquier niño pudiese soportar. Tener la primera experiencia con el dolor y el sufrimiento por ver a tu propia madre en medio de un montón de chatarra…

—¿Quiero saber cómo lograron que tomara una siesta después de todo esto? —preguntó el Saiyajin, sabiendo que su amigo acababa de entrar a la habitación.

Krillin se tensó ligeramente antes de responder. —Quizá no.

Los dos se quedaron en silencio por un minuto, observando a los más pequeños e inocentes miembros del grupo. En momentos como este, era difícil para cualquiera de ellos pensar en el hecho de que esos niños, esos seres inocentes, habían sido creados por ellos.

Después de un momento tranquilo, Krillin miró a su viejo amigo. —¿Gokú, qué está pasando? —preguntó en voz baja—. Sentí el ki de Vegeta subir, después todos ustedes hicieron lo mismo y antes de poder entender lo que pasaba, te apareciste con los niños y Trunks se puso tan histérico que tuvimos que dejarlo inconsciente antes de que enloqueciera de ira. ¿Qué demonios sucede?

El Saiyajin dócil repentinamente lo miró como si estuviese a punto de llorar. —Hubo un accidente —dijo con la voz quebrada—. El carro de Bulma saltó el riel de seguridad de la vía y cayó por un precipicio. –

—Dios todopoderoso —susurró Krillin—. ¿Está bien?

Los hombros de Gokú se estremecieron ligeramente mientras sacudía la cabeza. —¡No lo sé, Krillin. No lo sé!

El hombre más pequeño le dio a su amigo una palmadita tranquilizadora en la espalda. —Estoy seguro de que todo estará bien, Gokú. Si fuese tan malo estarías allá y no aquí.

Pero Gokú solo sacudió la cabeza otra vez —No, no lo entiendes. ¡Estoy aquí porque no sé cómo hacer esto! —Viendo el rostro confundido de su amigo, el Saiyajin intentó sin éxito apaciguar su respiración—. Nunca antes he lidiado con algo parecido a esto, Krillin. Yo…nunca he tenido que conocer que alguien está a punto… me refiero a… que ella podría…

Krillin haló a su amigo por el brazo sacándolo de la habitación. —¿Tan mal está? —susurró, logrando que su amigo alto se sentara.

Gokú asintió. —Había… sangre por todas partes…

—La has visto antes —razonó Krillin—. A veces pasa. Has visto más caer en batalla que nosotros y si las cosas se ponen muy mal, sólo tenemos que usar las esferas del dragón y…

—Seis meses —interrumpio el Saiyajin—. Pasarán seis meses antes de que podamos usarlas otra vez. Y esto es distinto, Krillin. ¡Bulma no es una guerrera, no estaba en batalla y esto no es algo para lo que ella estuviese lista! ¡Esto no tenía que pasar! ¡Ella no hace cosas así! ¡No estaba listo para esto! Yo… yo…

Fue lo más lejos que pudo llegar antes de que la presión finalmente fuera demasiada para él, se vino abajo y lloró.


Gohan se movió incómodamente en su silla, deseando haber sido capaz de encontrar una camiseta que le quedara mejor. Después de llevarle el papeleo a Vegeta, logró conseguir un par de camisetas de cirujano para ambos. Después de todo, ambos habían sacrificado las suyas para intentar parar el sangrado.

Tan surreal como todo el evento era, estaba más que impresionado con lo bien que Vegeta estaba manejándolo todo hasta ahora. No había gritado, asustado, ofendido o hecho llorar a nadie, no había tenido una crisis emocional todavía…, en realidad había logrado mantener la calma. Había llenado muy serenamente todos los formularios, entregado a él y sentado en silencio en la sala de espera.

De hecho, estaba demasiado contenido para la comodidad del semi-Saiyajin. El Vegeta con el que sabía lidiar era absolutamente impredecible, con un temperamento más corto que la grama y la habilidad de hacer pedazos todo el universo.

Esa modalidad excesivamente serena ponía nervioso al adolescente. Había todas las razones en el universo para que Vegeta explotara y si ahora estaba conteniéndose, iba a ser catastrófico cuando finalmente saliera.

Después de veinte minutos sentados en absoluto silencio, Gohan repentinamente entendió por qué el hombre ni parpadeaba. Estaba vigilando constantemente el ki de su esposa desde lejos. Estaba tan concentrado en su energía que francamente no le importaba qué demonios hacía el resto del mundo. Según la opinión del príncipe, solo había otra persona en el planeta.

Nada existía excepto su mujer.


Diecisiete horas fue lo que Bulma Briefs estuvo en cirugía. La mayoría de sus órganos principales resultaron seriamente lastimados, su cráneo se rompió en tres partes, y casi se desangró en el minuto y medio que pasó entre el accidente y su llegada al hospital. Su pronóstico era más que desalentador.

Un cirujano alto salió a la sala de espera, quitándose la mascarilla lentamente. —¿Son la familia de la Sra. Briefs? —preguntó.

—Sí —respondió Gohan, le pareció que era mejor que Vegeta no se involucrara directamente— ¿Cómo está?

—Está viva —dijo Vegeta sin emoción.

El cirujano parpadeó en conmoción por un momento antes de continuar. —Sí, está viva —confirmó—. Aunque está en coma y el trauma fue en extremo severo. Siendo honesto, estoy sorprendido de que haya llegado al quirófano. Aunque técnicamente no tiene muerte cerebral, las probabilidades de que pase la noche son pocas.

—Estará bien —espetó el príncipe Saiyajin, poniéndose de pie.

El cirujano respiró profundamente, sacudiendo la cabeza. Odiaba lidiar con los miembros de la familia irracionales. —Señor, no intento ser cruel. Pero necesita entender la realidad de la situación.

»La señora Briefs estuvo en un accidente muy traumático. Tiene una posibilidad de recuperarse, pero no es una buena. Tuvimos que hacer reconstrucciones mayores en casi todos sus órganos principales y el daño hecho en la cabeza es fatal en el 90% de los casos.

Dio un paso hacia los dos hombres con una mirada sombría. —Aun si despierta —prosiguió en voz baja—. El daño causado fue tan severo que probablemente será permanente.

—¿De qué clase de daño estamos hablando? —preguntó Gohan con vacilación.

El cirujano sacudió la cabeza otra vez. —No hay manera de saberlo hasta que despierte, si alguna vez pasa. Puede ser pérdida del oído, de la vista, incapacidad de hablar apropiadamente, de pensar de manera lineal… podría ser una o todas esas, o alguno de cientos de posibles efectos a largo plazo. Incluso podría no ser capaz de caminar otra vez.

—¡Ella estará bien! —gritó Vegeta otra vez. Su cabello se tornó dorado y arremetió contra el hombre.

Gohan apenas lo sujetó a tiempo. —Cálmate! —gritó—. ¡No es su culpa!

Vegeta transfirió su peso de un pie al otro, se dio la vuelta y le dio un puñetazo en el rostro al adolescente. —¡Suéltame de una maldita vez! —gruñó. Sin embargo, esa pequeña liberación fue suficiente para que él dejara de intentar matar al doctor—. ¿Cuánto falta para que despierte? —le espetó el ahora aterrado hombre.

Temblando, el doctor tartamudeó. —Señor, como dije antes…

El príncipe lanzó su puño contra la pared, abriéndole un hueco. —¡DÍGAME!

—¿Cuál es la hora más pronta a la que podría despertar? —reformuló Gohan la pregunta, regresando a la habitación.

El cirujano observó al adolescente desaliñado. —Um…veinticuatro horas como pronto…

—¿En cuál habitación está? —chasqueó Vegeta.

—Um…327…

Eso fue todo lo que el príncipe necesitó oír antes de salir disparado, dejando a Gohan atrás con el doctor. El adolescente se dio la vuelta hacia el cirujano con una mirada triste. —¿Cuántas personas saben que Bulma Briefs podría no pasar la noche?

El otro hombre lo pensó un momento. —Una rotación de siete cirujanos en total, quince enfermeras de apoyo, una enfermera principal y cualquiera con el que se hayan encontrado cuando llegaron.

Gohan dio varios pasos lentos hacia el doctor, cerrando la distancia entre ellos. —Necesito asegurarme de que cada uno de ellos mantengan las bocas cerradas, y les prometo que nosotros, sus amigos y familiares, los haremos personalmente responsables por cualquier error en el sistema de seguridad que haya. Nadie debe enterarse. ¿Entendido?

Gohan no necesitó mucha persuasión para asegurarse de que el doctor haría todo lo que estuviese a su alcance para mantener el incidente en secreto. Estaba algo más que preocupado de que tanta gente supiera al respecto y que la historia pudiese haberse filtrado.

Si Bulma Briefs, la heredera de la fortuna más grande y Presidenta y Gerente General de la compañía más poderosa del mundo, moría en un hospital, estaría en todas las noticias. Y si eso pasaba, no podrían regresarla a la vida.

El resto del mundo no podía saber sobre las esferas del dragón y lo harían si ella revivía. No había manera de traer a una figura tan grande de la muerte sin que alguien se preguntara cómo había pasado.

Si Bulma Briefs moría y el mundo se enteraba, tendría que permanecer así.


Publicado: 05/05/2013