Un Hogar Vacío

Por Balthezarian

Traducción: Mya Fanfiction

N.A.: Me gustaría disculparme anticipadamente por el largo del capítulo. Tenía toda la intención de hacerlo mucho más extenso, pero siento que cada uno de ellos es más emotivo cuando se enfoca en un asunto a la vez. El "original" tenía más del doble pero no tuvo la misma carga hasta que lo corté.

Así que como lo imaginan, éste es más corto. Aunque eso significa que el próximo estará listo más rápido.

Capítulo 04


Gohan se quedó paralizado en la puerta. Simplemente no podía entrar a la habitación. Era demasiado triste, miserable y sobre todo, aterrador al extremo.

No era la primera vez que estaba en un cuarto de hospital. Había estado en uno cuando tenía unos cinco años, después de la batalla con Vegeta. Tuvo unos huesos rotos y requirió algunas puntadas, pero se recuperó con facilidad en comparación con su padre. Gokú tuvo esa escayola por meses. Había sido un combate difícil, intenso y violento. Hubo sangre, moretones y fracturas. Hubo dolor y sufrimiento. Hubo muerte.

En ese momento, todo eso parecía una agradable alternativa a estar de pie en esa puerta.

Por primera vez, Gohan se sintió mal desde el accidente. Por primera vez, se dio cuenta de lo diferente que era esto a lo que estaba acostumbrado. Había pasado demasiado tiempo preocupándose por lo que pasaría cuando… Si, SI… Bulma moría, que no se había tomado el tiempo para considerar su estado.

No estaba preparado para lo que vio.

La única luz en la habitación era el brillo escalofriante que emitían los monitores sujetos a la heredera. Parecía que había uno por cada órgano, porque todos estaban a riesgo de falla. Un bip ominoso se oía cada vez que su corazón latía. Había un siseo aterrador cada pocos segundos cuando una bocanada de aire era llevada a sus pulmones y succionada por un tubo endotraqueal. Y Bulma…

Estaba virtualmente irreconocible. Casi cada centímetro de su cuerpo estaba amoratado. Su piel estaba hinchada. Lo que no se había lastimado o roto durante el accidente, desde luego, fue cortado en la cirugía. Incluso si estuviese consciente, no sería capaz de abrir los ojos por la hinchazón. Varias intravenosas estaban conectadas a sus brazos. Su hermoso cabello azul, el cual había dejado crecer el último año, había sido rasurado. Tenía puntos negros de sutura por toda la cabeza.

Esta no era la Bulma que Gohan conocía.

Pensaba que estaba en la habitación equivocada, que miraba a una extraña, si no era por el Saiyajin sentado a su lado.

Vegeta, sentado en una silla dura de plástico, estaba apoyado a un lado de la cama de hospital. Como si estuviese en trance, miraba con intensidad a su amada. Su mano derecha sostenía la de ella suavemente, con cuidado de no tocar la aguja, mientras que con la izquierda trazaba líneas por lo que alguna vez fue su hermoso rostro. Solo se mantenía repitiendo el mismo camino, comenzando por su frente, pasando por la mejilla hasta llegar a la quijada. Repetía una y otra vez el patrón.

Gohan se encontró mirando esos movimientos por varios minutos. Simultáneamente, quería entrar y asegurarse de que todo estaba bien y darse la vuelta para no volver a mirar.

De hecho estaba algo sorprendido, después de diez minutos parado en la puerta, de que Vegeta no hubiese parecido notar su presencia. Esa, para el adolescente, no podía ser una buena señal. El príncipe siempre estaba alerta. Por ser un guerrero y el arma más brutal del universo y el padre de uno de los niños más hiperactivos y poderosos del mundo, se había vuelto más que un experto en la habilidad para saber dónde se encontraban todos, siempre.

Pero no había hecho nada que indicara que estaba siquiera un poco consciente del hecho de que el adolescente estaba allí, mirándolos. Gohan decidió que era mejor salir inadvertido. Lo último que quería era sobresaltar al Saiyajin nervioso, agitado y consternado. Rápidamente se dio la vuelta para marcharse.

—Una tarde.

Gohan se congeló donde estaba. Aparentemente, Vegeta había notado su presencia. Eso o estaba hablando consigo mismo, se preguntó mientras se daba la vuelta para mirarlo. Quería responder con algo que le diera consuelo, reconfortara o lo que fuera mientras fuese inteligente.

Desafortunadamente, la única palabra que articuló fue:

—¿Qué?

—Una tarde —repitió el príncipe—, era todo lo que quería de mí. Sólo unas pocas horas de un día.

Gohan no sabía a dónde se dirigía la conversación, pero estaba seguro de que no le gustaría. Dio unos pasos dentro de la habitación, esperando que Vegeta diera el siguiente paso.

—Todo lo que tenía que hacer era sentarme a su lado por unas horas, dejar que consiguiera sus tesoros y traerla a casa. Pude haberme quedado afuera de ese lugar y meditar mientras ella compraba. Pude haber mejorado mi concentración mientras estaba allí. Demonios, pude haberla escuchado en el carro. —Vegeta sacudió la cabeza un poco, su rostro estaba totalmente inexpresivo—. Pero no lo hice —continuó—. No sentí que fuese necesario, así que la dejé ir sola.

El adolescente sintió escalofríos cuando entendió lo que el hombre decía. Bulma le había pedido a su esposo que la acompañara, él había dicho que no y ahora ella estaba allí, apenas aferrada a la vida. No era necesario ser un genio para darse cuenta de que si él hubiese estado en el carro cuando todo se salió de control, habría sido perfectamente capaz de ponerla a salvo. Pero por no haber estado allí para protegerla, se estaba muriendo.

—Vegeta, no es tu…

—No funciona.

Gohan parpadeó en confusión antes de dar un paso más. —¿Qué no funciona? —preguntó en voz baja.

Pero el príncipe no dijo nada, simplemente continuó trazando el mismo patrón por el rostro de su amada, una y otra vez. Aún no miraba en dirección a Gohan, aún no se movía de la posición en la que estaba.

El joven guerrero se acercó otro paso a la cama de hospital, viendo al suelo. Una luz suave, apenas visible, salía de la punta de los dedos del príncipe. Solo le tomó un segundo darse cuenta de lo que estaba pasando.

Vegeta estaba alimentando a su esposa con su energía.

—¿Qué te hace pensar que no lo está? —preguntó otra vez en voz baja.

Vegeta siguió trazando el patrón por el rostro de su mujer con una expresión ilegible. —No ha despertado —replicó llanamente.

Gohan se movió incómodo donde estaba. Después de pensarlo un momento, tomó la otra silla en la habitación y la puso al lado de la Vegeta. —Eso no significa necesariamente que no esté funcionando —respondió Gohan en un susurro—, después de todo, es poco probable que despierte en las próximas horas. Cuando un cuerpo pasa por algo como esto, lo mejor que puede hacer es descansar.

El príncipe sacudió la cabeza ligeramente. Era el primer reconocimiento físico que Gohan había recibido de él desde que había entrado a la habitación. —Pensé que íbamos a tener más…

Como la sentencia se cortó, Gohan alejó un poco su silla. No estaba seguro por qué, pero repentinamente quiso estar fuera de la línea visual de Vegeta. No era que estuviese nervioso ni nada, era sólo para hacer más cómodo el ambiente. —¿Más qué? —presionó con cautela.

Vegeta siguió con la mirada fija en su esposa. Le tomó casi dos minutos responder.

—Tiempo —respondió finalmente.

De nuevo, Gohan no estaba seguro de a qué se refería el príncipe. Por primera vez pensó que si era paciente, podría obtener la respuesta. En otras circunstancias el Saiyajin podía ignorarte por semanas o meses si era posible. Era un hombre cerrado. Sin embargo, en este tipo de situaciones, parecía dispuesto a hablar. No mucho, y sin algo de ayuda, pero estaba dando información.

—Se suponía que íbamos a tener más tiempo.

Gohan se estremeció ante esas palabras, pero permaneció inmóvil. No se atrevía a interrumpir los pensamientos del hombre.

El trayecto que Vegeta seguía por el rostro maltrecho de su esposa no se había detenido. —Así no era como esto… Ella no debía… ahora no, así no…

—¿Tiempo para hacer qué, Vegeta? —preguntó Gohan, intentando que el príncipe continuara.

La habitación se quedó en silencio por un momento. —Solo… tiempo —respondió finalmente y suspiró—. No lo entenderías, muchacho.

Sabiendo que era un error, Gohan estiró la mano para tocar al Saiyajin mayor. —Sé lo difícil que puede ser el pensar que alguien que te importa pueda morir, pero aun si ella…

Esas fueron las únicas palabras que el pobre muchacho pudo decir antes de ser pegado a la pared y su respiración fuese cortada por un fuerte agarre en el cuello.

—¡Cierra la maldita boca! —siseó, pegando más al adolescente a la pared— ¡No tienes ni puta idea de lo que estás hablando! ¡Tú nunca has estado en esta situación, muchacho, y no te atrevas a decirme que sí!

Gohan abrió la boca, intentando respirar desesperadamente.

—¡Siempre, de alguna manera, has recuperado a tu familia! —chasqueó el príncipe, apretando más el cuello de Gohan—. ¡Esferas mágicas, criaturas místicas, incluso la muerte! ¡Siempre ha habido una manera!

El adolescente se aferró a la mano que sujetaba su cuello cuando comenzó a perder el sentido.

Sin embargo, Vegeta apenas parecía notar la lucha del muchacho. —¿Pero tengo esa opción? —gritó, intensificando su agarre—. Ustedes no me permitirán acercarme a las Esferas del Dragón, todos los dioses quieren verme sufrir, y cuando muera

Cuando el adolescente estaba a punto de caer inconsciente, sintió que una ráfaga de aire llenaba sus pulmones mientras su esófago era liberado. A pesar de que casi le habían roto el cuello, escuchó cada palabra. Si iba a morir, al menos quería saber la razón. Sabía que se había excedido medio segundo antes de que el príncipe lo pegara a la pared. Aunque no entendía por qué lo había soltado. No le importaba, por supuesto.

—Fuera —gruñó Vegeta, dándole la espalda al muchacho.

No fue necesario que se lo pidieran nuevamente, salió casi corriendo por la puerta. Parecía que era hora de tomar el descanso que su madre le había sugerido.

Vegeta no emitió sonido cuando escuchó la puerta cerrarse. Caminó en silencio hacia la silla volteada, la enderezó, se sentó y continuó su ritual.

—Tienes que salir bien de esta, mujer —susurró, inclinándose hacia adelante para pegar su frente a la de ella. —Tienes que salir…


Publicado el: 20/05/2013