Un Hogar Vacío

Por: Balthezarian

Traducción: Mya Fanfiction

Capítulo 06.


Gokú, Krillin y Gohan aparecieron afuera de la habitación de Bulma y se encontraron con Chi-chi. Ella se acercó a cada uno de ellos, les dio un abrazo y una cálida sonrisa. —¿Están bien, muchachos? —preguntó en voz baja.

Gohan abrazó a su madre con fuerza. —Estamos bien, mamá —respondió suavemente. Se separó de ella y la miró directo a sus ojos café—, ¿Tú cómo estás?

Chi-Chi hizo un ademán con la mano ante la pregunta. —Oh, Estoy bien. —Señaló al área en la que él había estado esperando pacientemente por horas—. Sabía que podría estar acá por un largo periodo de tiempo así que me vine preparada. Actualicé la libreta de ahorros, revisé las tareas de Goten de la semana pasada, organicé mis recetas, hice mi rutina diaria de Tai Chi y tejí una manta y un par de escarpines.

—¿Escarpines? —preguntó Krillin— ¿Chi-Chi, estás…?

—¡Por dios, no! —descartó ella con una risotada—, mis días de maternidad ya terminaron.

Krillin se tomó unos segundos para procesar la información antes de que sus ojos se ampliaran. Se dio la vuelta para mirar a Gohan —Demonios, ¿Tú y Videl…?

—¡NO! —gritó Gohan, agitando las manos a la defensiva— ¡Juro que no! —Le echó un vistazo a su madre—, es solo que alguien que conozco está muy impaciente por ser abuela.

Chi-Chi simplemente se encogió de hombros, poniendo su mejor cara «inocente».

—¿Quieres ser abuela? —preguntó Krillin— ¿Chi-Chi, qué edad tienes, treinta y cinco?

—Treinta y siete —corrigió.

—Menos de cuarenta —enfatizó el pequeño guerrero—, ¿No estás un poco joven para estar desesperada por nietos?

Mientras ella respondía con un: «En absoluto», su hijo gruñía: «¡SÍ!».

Chi-Chi miró con mala cara a su primogénito. —Oh, tú te callas —dijo con gesto mohíno—, ¿No te tuve cuando era más joven que tú?

—Estabas casada a mi edad —argumentó Gohan—, ¡Yo ni siquiera estoy comprometido!

—Sí, ¿Y eso por qué? —preguntó la madre, llevándose las manos a las caderas—, La verdad, Gohan, no sé por qué te estás demorando tanto. Dios sabe que has estado mucho tiempo con ella. Ya ha pasado un año, cariño. ¿Qué estás esperando?

Gohan se aclaró la garganta. —¿Es este el momento y el lugar para discutir ese tema?

La madre no pudo sino estar de acuerdo. Se dio la vuelta para mirar a su esposo. —Está en el quinto sueño —dijo, refiriéndose al siempre temperamental príncipe—. El Dr. Briefs está esperando en la Corporación Cápsula, en una de las salas de entrenamiento, para que puedas usarlo como un localizador.

Gokú simplemente asintió y entró a la habitación, sin preocuparse en mirar a los demás.

Krillin dio un silbido bajo. —Demonios, Chi-Chi, de veras te encargaste de todo, ¿No?

Ella le sonrió ligeramente al hombre pequeño. —Soy buena para organizar, aunque todos los demás también tienen sus tareas. Tú y Dieciocho se están haciendo cargo de los niños, Vegeta está conteniendo las ganas de explotar, Gokú está teniendo una crisis nerviosa y Gohan está al pendiente de los hombres más poderosos del universo. —Su sonrisa se desvaneció y desvió la mirada—. Tan horrible como pueda sonar, se siente bien ser de ayuda en momentos como estos.

Krillin se estremeció un poco ante la declaración. No era un secreto de que en situaciones como esas, Chi-Chi era abandonada en su casita de la montaña. En gran parte, por temor a su carácter. Para el resto del grupo, era vista más como un obstáculo que como una ventaja. Se avergonzó de admitirlo, pero la verdad nunca había pensado cómo se debió sentir la pobre mujer durante algunos de los retos a los que se enfrentaban.

—Lo siento —susurró mirando sus zapatos.

Chi-Chi le sonrió y apretó suavemente su hombro. —No te preocupes —afirmó—, las cosas pasan, la vida continúa y ahora debemos proceder.

Gohan miró a su madre interrogativo. —¿Y desde cuándo ése se volvió tu mantra?

—Oh, hace unas cincuenta y ocho horas —dijo desinteresada. Su mirada se enfocó en la puerta cerrada que los separaba de la heredera—. Supongo que finalmente entendí que la vida es demasiado corta para guardar rencores.


Del otro lado de la puerta, Gokú estaba paralizado. Nunca, en todos sus años, había visto algo como lo que tenía frente a sus ojos.

Bulma no lucía mejor que la última vez que la vio. Por el contrario, se veía peor. Sus heridas habían estado presentes el tiempo suficiente como para que terminaran de amoratarse y su hermoso cabello había sido rasurado.

A un lado, en su cama, con un brazo envolviéndola protectoramente, yacía el príncipe. Estaba de lado, de modo de no ocupar mucho espacio, y tenía la cara escondida en la curva de su cuello.

Gokú nunca se había sentido tan conmovido en su vida.

Sobre el tema del traslado, el Saiyajin se dio cuenta de que había un ligero problema con su plan de llevarse al príncipe a la Corporación Cápsula. No había manera de teletransportarlo estando abrazado a su esposa.

—Mierda —susurró. No podría estar cómodo hablándole a Bulma si Vegeta estaba presente, incluso estando inconsciente. Y aun cuando estuvo ausente por siete años, sabía que el príncipe tenía un sueño absurdamente ligero—, ¿cómo demonios se supone que me lo voy a llevar?

Se quedó ahí unos minutos, preguntándose qué hacer, cuando pensó en algo. Había entrado a la habitación, mirado a la pareja por un rato e incluso hablado en voz alta. Bajo circunstancias normales, el solo hecho de pensar entrar a un cuarto donde estuviese Vegeta podría haberlo despertado.

—Pobre hombre, debe estar muy agotado —susurró Gokú—. Supongo que ha estado más tiempo despierto que Gohan. —Con una sonrisa triste se acercó a la cama.

Dudó por un momento antes de atreverse a ver si el príncipe de verdad estaba dormido. —¿Vegeta? —preguntó en voz baja, poniendo una mano en el hombro del Saiyajin más pequeño—. ¿Vegeta, estás despierto?

Cuando el hombre no respondió más que con un suave murmullo, suspiró aliviado. No estaba del todo seguro de qué habría hecho si el príncipe se hubiese despertado. De hecho, hubiese sido un completo desastre.

Gokú le brindó una sonrisa solidaria al otro Saiyajin mientras lo levantaba de la cama. —Vamos, Vegeta —dijo en voz baja—. Vamos para que te tomes un descanso.

Se ajustó al príncipe en los brazos y como pudo liberó una de sus manos para poder llevársela a la frente. Se enfocó rápidamente en su objetivo y desapareció del hospital.


Gohan cerró los ojos, tenía el rostro inexpresivo. —Se acaban de ir —dijo calmado. Abrió los ojos y se dirigió a su madre—, ¿Cómo, si me permites preguntar, lograste que Vegeta se quedara dormido así?

La madre sonrió traviesa. —Oh, un poco de esto, otro poco de aquello.

—Mamá…

—La enfermera dejó el agua desatendida un momento —admitió con una mirada tímida—. Ella ha estado viniendo cada hora para dejarle algo de comer y beber. No estoy segura de si ha comido, pero ha salido con las jarras de agua vacías, así que supe que sí estaba bebiendo.

Krillin rió bajo. —¿Cuánto le pusiste?

—Mucho —admitió—. Y no olviden el acuerdo: Gokú no sabe nada sobre la fórmula y así va a seguir.

Los dos hombres asintieron con entusiasmo. Ambos sabían que el hombre no guardaría un secreto aunque de eso dependiera su vida. Además, nunca estaría de acuerdo con que ellos tuvieran acceso a esa solución.

—¿Cuánto tiempo piensas que estará inconsciente? —preguntó Gohan a su madre—. Me refiero a considerando la cantidad que le diste…

—Dos horas mínimo —interrumpió Chi-Chi—. Incluso al Saiyajin más poderoso le costaría despertarse de lo que le di a ese hombre.

Gohan asintió. —Bien —pensó en voz alta—, eso debería darnos el tiempo suficiente para verla, sacar tanto de nuestros sistemas como podamos y regresar a Vegeta sin que ni siquiera lo note.

—A menos que, por supuesto, tu padre le diga —señaló.

Gohan simplemente se encogió de hombros. —Bueno, cuando lleguemos a ese punto nos inventaremos un mejor plan. Eso o dejar que Vegeta descargue toda su ira en él y pretender que no tenemos nada que ver.


—Déjalo ahí, mi muchacho —dijo el Dr. Briefs señalando a la cama.

Gokú hizo exactamente lo que se le pidió, dejó con mucho cuidado al príncipe en el mueble y se quedó mirando al hombre dormido. No estaba entre sus prioridades mirar hacia arriba en ese momento. Si lo hacía, tendría que ver a Briefs y eso lo podía llevar a hablar. En ese instante, el Saiyajin encontró la idea de hablar con el buen doctor completamente imposible.

Los dos hombres despiertos solo tenían un área en común. Gokú no entendía nada de las maravillas científicas con las que el doctor llenaba su vida y éste estaba igual de desconcertado cuando una conversación se centraba en los más finos detalles del combate. Las raras ocasiones en las que llegaron a hablar, había sido relacionado con Bulma.

—Me alegra que todos ustedes estén con ella —dijo en voz baja el Dr. Briefs— Desearía poder esta allá, pero de por sí es un milagro que su condición no se haya hecho pública todavía. Si su madre o yo fuésemos… bueno, muchacho, posiblemente no acabaría bien.

Gokú sólo se quedó allí, continuó mirando al príncipe y se negaba a pronunciar palabra alguna.

—Oí que su condición es estable —continuó el doctor en voz baja— ¿Cómo estaba la última vez que la viste?

Gokú repentinamente se sintió sofocar. ¿Cómo le dices a alguien que su hija, su única hija, está tan lastimada que apenas es reconocible? ¿Cómo le cuentas de las quemaduras, las fracturas y los moretones? ¿Cómo le hablas sobre el hecho de que quizá lo mejor sería despedirse mientras se tenía la oportunidad, porque puede que no la tuviesen dentro de una hora?

¿Cómo le dices a una persona que alguien que ama no va a volver?

—Tengo que irme —dijo Gokú con voz ronca, llevándose los dedos a la frente.

El pobre doctor ni siquiera tuvo la oportunidad de balbucear antes de que el Saiyajin desapareciera.


Gokú apareció, una vez más, afuera de la habitación de Bulma. Había querido ir directo con ella y no lidiar con su familia. Pero su energía era tan débil que no pudo sentirla desde su casa. Nuevamente, evitó mirar a los otros mientras sin decir palabras entraba al cuarto.


Dentro de la habitación, Gokú se apoyó en la puerta. Todavía le costaba creer que la criatura magullada en la cama frente a él era su vieja amiga. Para nada parecía ella. Ya ni siquiera olía como ella. Ni como una persona viva. Olía a químicos y plástico.

—No puedo hacerlo —susurró—, no puedo…

Pasaron varios minutos antes de que se separara de la puerta. No estaba seguro de qué lo obligó a avanzar hacia la cama de hospital. Mientras se acercaba lentamente, sintió que los ojos se le llenaron de lágrimas. Una le bajó por la mejilla cuando vio a su amiga.

—Dios, Bulma, ¿de verdad eres tú? —preguntó, su voz se rompía con cada palabra.

Ella no respondió, y aunque Gokú no esperaba que lo hiciera, igual lo decepcionó.

—¿Cómo fue que terminaste aquí? —preguntó. Agarró una de las sillas de plástico y se sentó a su lado—. ¿Hubo algún problema con el carro? ¿Te chocaron y sacaron del camino? ¿Te estabas maquillando y no viste el gran precipicio frente a ti?

Por primera vez desde el accidente, Gokú sintió que se llenaba de ira. —¿Fue eso lo que pasó, Bulma? ¿Por estar ocupada mirándote al espejo no bajaste la velocidad? No sé por qué me sorprende. ¡Nunca manejas con cuidado! Siempre quieres ir rápido y divertirte, ¿cierto? Bueno, ¡No debiste hacerlo! ¡Maldición, Bulma, no puedes ser tan imprudente con tu vida! ¡No puedes dejarnos por algo como esto!

El Saiyajin se puso de pie de golpe y tumbó la silla. —¿Tienes idea de lo que hemos estado pasando por tu imprudencia? ¿Sabes lo difícil que será para nosotros si llegases a morir de esto? Dios, ¿qué demonios van a hacer Trunks y Vegeta sin ti? ¿Cómo reaccionarán si no lo logras? —Para ese punto, ya estaba gritando— ¡Maldita sea, Bulma, en qué co…!

—¡Papá! —Una voz llamó mientras Gokú sentía que lo tomaban por el hombro.

Todavía nervioso, se dio la vuelta para encontrarse con su hijo sorprendido parado tras él —¿Qué estás haciendo aquí, Gohan? —preguntó con el corazón acelerado.

—Te oímos gritar —dijo Chi-Chi en voz baja, de pie a unos metros de los hombres—. Queríamos asegurarnos de que estabas bien.

Gokú parpadeó un par de veces mientras recobraba el control de sus sentidos. Gohan aún tenía una mano en su hombro y se estaba preparando para defender su posición. Chi-chi se quedó a mitad de camino entre ellos y la puerta, con rostro preocupado. Y Krillin estaba asomando la cabeza, mirando toda la situación sorprendido.

—Lo siento —dijo en voz baja, bajando la mirada— No sé qué me pasó.

—Está bien, cariño —dijo Chi-Chi, acercándose a su esposo— ¿Pasó algo?

El Saiyajin sacudió la cabeza. —No lo sé. Solo estaba pensando en qué pudo haber pasado antes del accidente y en qué pudo haber ocurrido por su imprudencia y… no sé, supongo que me molesta que alguien pueda tirar su vida de esa manera.

Krillin vio al grupo en la habitación y, prediciendo una discusión familiar, decidió marcharse. —Iré a preguntarle a los médicos si hay alguna novedad —dijo en voz baja mientras se alejaba.

Gohan, mientras tanto, había retirado la mano del hombro de su padre. —¿Por qué piensas que ella tuvo la culpa? —preguntó, no muy seguro de querer oír la respuesta.

Gokú sacudió la cabeza otra vez. —Sé que esto se va a oír horrible, pero Bulma nunca ha sido una conductora sensata. Siempre va muy rápido y asegura que su carro puede con todo. Supongo…, supongo que esto pasó porque ella estaba pensando más en divertirse que en su seguridad.

Su hijo dio un paso atrás, visiblemente dolido. Chi-Chi se paró entre el padre y el hijo, manteniendo la mirada fija en su esposo. —Sé que esto es difícil para ti, Gokú —dijo—, pero este no es el momento para buscar culpables. Incluso si todo esto sucedió por algo de imprudencia, molestarse con ella no va a solucionar nada. —Bajó la mirada y se miró las manos antes de susurrar—. Nunca lo hace.

—¡No estuviste allá! —replicó Gokú— ¡No la viste cuando se lastimó! ¡No viste la cara de Trunks cuando la vio! ¡No estuviste cuando el Dr. Briefs quiso saber cómo se encontraba! ¿Cómo se suponía que iba a responder a esa pregunta, Chi-Chi? ¿Cómo le dices a alguien que un familiar está al borde de la muerte?

—Rezas con todas tus fuerzas para que se mejore, luego pasas los siguientes años sintiéndote culpable e incómodo, como si hubieses sido tú quien lo mató —musitó Gohan, dando otro paso atrás.

Nuevamente, Gokú parpadeó en señal de sorpresa —¿Gohan, de qué estás hablando? —preguntó Gokú.

Gohan gruñó ligeramente, enfermo de reprimir sus sentimientos. —¿Qué? —chasqueó—. He hecho esto antes, ¿No lo recuerdas? ¡Tuve que decirle a mamá que no ibas a regresar y que había sido tu decisión!—El adolescente dio dos pasos al frente, poniéndose nariz con nariz con su padre— Así que antes de que comiences a autocompadecerte y quejarte sobre lo duro que es saber que alguien que te importa pudo haber hecho algo que podría causarle la muerte accidentalmente, ¡¿por qué no te preguntas todo lo que pasamos nosotros cuando tú decidiste morir y te negaste a regresar?!

Gokú no estaba muy seguro de qué sentía en ese momento, pero sabía que no le gustaba. —Eso fue diferente, Gohan…

—¡Tienes razón —replicó Gohan —, porque tú tenías una opción!

—Gohan —interrumpió Chi-Chi, poniendo una mano en el pecho de su hijo—, no hablemos de esto aho…

—¡No hay nada de qué hablar al respecto! —replicó—. Me fui porque era lo mejor para…

—¡PARA TI! —gritó Gohan—. No pudiste haber pensado en serio que…

—¡En serio lo pensé! —respondió Gokú—. ¡Todos los malos con los que hemos peleado iban por mí!

Chi-Chi se dio la vuelta para enfrentar a su esposo. —Bueno, en realidad, eso no es del todo…

—Oh, sí, eras el objetivo de Buu —Gohan se mofó—, por eso agarramos a Babidi desprevenido. Porque él nos estaba esperando.

—Bueno, Gohan —intentó explicar Chi-Chi—, es mejor que te calmes.

—¿Cómo se suponía que iba a saber que Buu venía? —discutió Gokú—. ¡Ninguno de nosotros lo sabía!

—¡Exactamente! —chilló Gohan—. ¡Nunca sabes lo que va a pasar! ¡Tú sólo asumes que todo es por ti!

—¡Basta! —gritó Chi-Chi metiéndose entre los dos a la fuerza—. ¡Gohan, es incorrecto que le hables a tu padre de esa manera, y Gokú, deja en paz a Gohan! ¡Ambos tienen que callarse ya!

Krillin, que había oído los gritos desde el pasillo, asomó la cabeza por la puerta. —Um, muchachos, ¿Todo está…?

Los tres Son voltearon a mirar al exmonje, con los ojos llenos de irritación.

—¡Okay, solo comprobaba! —Se defendió el pequeño— Es solo que… ¿Podrían esperar a llegar a su casa para resolver sus «asuntos familiares»? Saben, por respeto a… —Levantó la barbilla, indicando al cuerpo lastimado en la cama.

La irritación desapareció más rápido de lo que llegó cuando de repente se dieron cuenta de dónde estaban.

—Oh, Dios —susurró Chi-Chi, llevándose una mano a la boca—, ¡oh, lo siento tanto!

Gokú clavó la mirada en el suelo y se sujetó la muñeca. —Yo también —dijo en voz baja.

—Y yo —susurró Gohan, viendo nuevamente a Bulma.

Krillin terminó de entrar a la habitación y por unos cinco minutos, nadie dijo nada. Simplemente veían a Bulma, perdidos en sus propios pensamientos.

De repente, Gohan levantó la cabeza. —¿Qué fue eso? —preguntó con aprehensión.

—¿Qué? —preguntaron todos los demás a la vez.

Gohan levantó la mano, indicándoles que se mantuvieran en silencio. Pasaron unos segundos antes de que una pequeña sonrisa se asomara en su rostro. —¡Eso!

Ninguno de los otros ocupantes de la habitación sabía de lo que hablaba. El adolescente puso los ojos en blanco y señaló a uno de los monitores. —¡Presten atención! —dijo entusiasmado. Los cuatro esperaron, sin hablar, sin moverse, sin siquiera respirar, a que algo pasara. Repentinamente, hubo un parpadeo en el monitor.

—¿Qué significa eso? —preguntó Chi-Chi, aferrándose al brazo de su esposo.

Gohan sonrió de oreja a oreja cuando miró el rostro de Bulma. Apenas un poco, pudo ver sus párpados moverse.

—¡Está despertando!


N.T.: Para no saturar el inicio con las notas de Autor, preferí el pie de página.

Quería darle las gracias a todos los que leen esta traducción y a Schala por brindarme esa mano amiga capítulo a capítulo.

Publicado el 03/06/2013