Un Hogar Vacío
Por Balthezarian
Traducción: Mya Fanfiction
N.A: ¡Muchísimas gracias a todos por el apoyo! Siento haber tardado tanto en actualizar. Las fiestas son una locura.
¡Y Wow! ¡Cien reviews en menos de diez capítulos! Nunca creí que fuese posible. Su apoyo significa mucho para mí.
N.T: Ya lo logró la traducción gracias a ustedes :D
Capítulo 09
Gohan volteó la cabeza hacia un lado cuando sintió el ascenso de poder. —¡Oh, mierda! —gritó, saltando por la ventana desde la cual voló hacia el cielo nocturno. El adolescente voló tan rápido y fuerte como pudo, manteniendo la atención enfocada en la energía salvaje del príncipe. Tan pronto como avistó la mínima señal de una luz dorada, buscó en lo más profundo de él y sacó la poca energía que tenía de reserva.
Vegeta vio a Gohan con claridad, pero él no iba a dejar que el muchacho lo retrasara. El príncipe se negó a desviarse de su trayectoria, y si el híbrido iba a atravesarse entonces sería su maldita culpa.
Los dos chocaron a una velocidad supersónica. Vegeta mantuvo su fuerza moviéndose hacia adelante, determinado a no ser retrasado. Gohan lo empujó un poco hacia un lado y envolvió sus brazos alrededor del guerrero mayor. El cambio de propulsión los obligó a volar directo a una montaña.
El príncipe rugió salvajemente mientras intentaba recuperar el rumbo. —¡Te mataré si no me liberas en este momento, muchacho! —gritó.
Pero Gohan no lo dejaría ir. —Vegeta, tienes que detenerte —dijo tan calmado como pudo. El adolescente gruñó cuando sintió un codo volar con violencia a su costado, pero lo aguantó férreamente—. ¡Tienes que oírme!
—¡Tienes que soltarme! —gritó. Vegeta se sacudió violentamente y pateó directo hacia atrás, golpeando a Gohan en la ingle. Fue un golpe bajo y cruel, uno que nunca usaría en una batalla real, pero no tenía tiempo para tratar con el honor. No estaba allí para pelear. Tenía que llegar con su esposa.
Gohan siseó cuando lo soltó. Aún por sus ojos entrecerrados, pudo ver al príncipe desaparecer en un flash brillante y dorado.
Vegeta no llegó muy lejos antes de que Gokú y Piccoro lo golpearan simultáneamente y lo clavaran en el suelo.
—¡Basta, Vegeta! —gritó Gokú en la segunda fase mientras ponía bajo control al destrozado príncipe—. ¡Vegeta, basta!
Pero el hombre no escuchaba al más alto. Todo lo que sabía era que su esposa estaba en el hospital, que no tenía idea de si estaba bien y que tenía que verla. Inmediatamente.
Gohan se levantó tambaleante y se unió al combate. Con Vegeta alterado como estaba, incluso los esfuerzos combinados de Gokú y Piccoro apenas podían contenerlo. Rápidamente, el adolescente envolvió los brazos y dejó lo demás para su padre y su mentor.
—¡Maldita sea, Vegeta, tienes que oír!—espetó el Namek.
—¡Bulma está despierta! —intentó gritar Gohan—. ¡Está despierta, Vegeta!
—¡ESO LO SÉ! —gritó el príncipe, luchando por liberarse con más fuerza que antes de sus captores—. ¡ES POR ESO QUE TENGO QUE IR CON ELLA, MALDICIÓN!
Al sentir que su agarre se perdía un poco, Gokú elevó su energía y lo agarró con más fuerza. —Vegeta —comenzó a decir en un tono de voz calmado—, necesitamos hablar de algo contigo antes de que puedas verla.
—¡NO! —aulló, retorciéndose debajo de los otros—. ¡SUÉLTENME!
La voz de Gokú no tembló ni un momento. —No, Vegeta, no podemos hacer eso. Ahora, si puedes calmarte, podemos soltarte y contarte lo que está pasando. Si no lo haces, vamos a mantenerte inmovilizado aquí. Y entre los tres, Vegeta, sabes que podemos.
Por un minuto más, el príncipe luchó con violencia, gritando y diciendo cada obscenidad que había oído en su vida. No quería que lo retuvieran más de lo que ya lo habían hecho. No quería ser demorado para llegar a Bulma. No quería sentarse y esperar a que los malditos idiotas le dieran un sermón que no tenía intención de escuchar.
Lo único que quería irse de una puta vez.
Pero toda las peleas y el revoloteo del mundo no iban a mover a un Saiyajin, a un híbrido y a un Namek necio combinados. Y después de un rato, el forcejeo se detuvo.
—Sólo díganme qué carajo necesitan que sepa —gruñó Vegeta, peleando para mantener su temperamento bajo control—, y suéltenme, coño.
Gokú le sonrió al Saiyajin mayor. —¿Prometes no escapar? —preguntó.
—¡Maldita sea, Kakarotto, dime que es tan importante como para no dejarme ir a ver a Bulma! —gritó el príncipe.
El Saiyajin más alto simplemente se encogió de hombros, aún manteniendo una mano firme sobre el mayor de los dos. —Okay —dijo calmadamente. Miró sobre su hombro a su primogénito. —Gohan, tú sabes mejor que nosotros lo que está pasando. ¿Por qué no te acercas y le cuentas?
Vacilando, el adolescente soltó las piernas del príncipe. No estaba muy seguro de confiar en que Vegeta se quedara quieto tras ser liberado por uno de sus captores. Rayos, si él hubiese estado en la misma situación y Videl estuviese en la posición de Bulma, entonces al segundo que tuviese la más mínima oportunidad de libertad, la tomaría, al carajo las consecuencias.
Pero Vegeta no intentó marcharse. Mientras era cuidadosamente vigilado por Gokú y Piccoro, se sentó, cruzó los brazos y miró con furia al guerrero más joven. —Estoy esperando —siseó.
Gohan tragó saliva. Odiaba cuando Vegeta ponía esa voz 'malvada'. —Bueno —dijo con voz ronca—, Bulma ha recuperado la conciencia, y en general, está muy bien.
Fue obvio para los tres testigos que Vegeta se calmó visiblemente con la noticia. Y eso los ayudó a relajarse. Un poco.
—No va a poder hablar por algunas horas más —continuó Gohan, halándose los dedos—, debido al tubo de respiración que tuvo puesto mientras estaba en coma. Debería poder hacerlo otra vez muy pronto. Oh, y la semilla del ermitaño debería estar floreciendo en próximos días, y debido a que ninguna de sus heridas constituye una amenaza para su vida, debería estar como nueva en no más de once días.
Vegeta asintió en silencio. había algo que no le estaban diciendo…
Ese pensamiento fue confirmado cuando oyó a Piccoro aclararse ásperamente la garganta mientras observaba con intensidad a su pupilo.
Con un suspiro reluctante, el adolescente fue al meollo del asunto. —Vegeta, Bulma tiene amnesia retrógrada —declaró con firmeza—. El trauma del choque le causó pérdida de la memoria.
El rostro de Vegeta palideció mientras se inclinaba hacia adelante, se puso una mano en la rodilla y la otra en el suelo y preguntó. —¿Cuánta pérdida?
—No toda —dijo Gohan despacio—. Sólo… todo desde… desde…
—¿DESDE QUÉ? —espetó el príncipe.
—Desde Namek —dijo Gokú por su hijo—. Vegeta, ella no recuerda nada desde la época en la que estuvimos en Namek.
Antes de que Vegeta tuviese tiempo para reaccionar a eso, Gohan encontró la valentía para terminar. —Y debido a la severidad del trauma, nos advirtieron que no le dijéramos nada muy impresionante, porque podría causarle un ataque de pánico lo suficientemente severo como para matarla en su condición actual.
Los tres guerreros se prepararon para una explosión. Era incierto lo que el príncipe violento haría cuando se enfrentara a semejante noticia.
Pero no hubo gritos, ni improperios, ni amenazas de violencia, ni ráfagas de energía volando por el aire. Vegeta sólo se quedó sentado ahí, mirando a la nada en pasmado silencio.
—¿Vegeta? —preguntó Gokú en voz baja, inclinándose para mirar la expresión vacía del príncipe. El Saiyajin amable se preocupó notablemente por la falta de reacción que estaba presenciando. De hecho, parecía que ni siquiera estaba respirando.
—¿Vegeta?—preguntó otra vez—. ¿Estás bien?
Lentamente, el príncipe comenzó a hablar. —Entonces… lo que me están diciendo es que si voy a verla… ahora… mi sola presencia podría matarla.
Gohan se retorció con incomodidad ante la declaración. —Um, al menos por los próximos días, sí —admitió, mirando el suelo a sus pies.
—¿Por esa razón me drogaron y sacaron de su habitación? —demandó una respuesta en voz baja.
—¿Te drogaron? —preguntó Gokú, mirando a su hijo.
Con una habilidad que nunca antes había visto en su viuda, Gohan le dijo s su padre. —Tuvimos que darle medicación para dormir para ayudarlo a tener el descanso que necesitaba.
—Ah. —Asintió Gokú en señal de comprensión—. Ya entiendo.
—Y no —continuó Gohan, enfocándose de nuevo en el príncipe sorprendido—, ese no fue el motivo por el cual lo hicimos. Habías estado despierto por casi sesenta horas, necesitabas dormir desesperadamente, y siendo honestos no pensábamos que Bulma fuese a despertar mientras lo hacías.
Fijó su mirada en la del esposo de la amiga de su padre y se arrodilló para ponerse a su nivel. —Vegeta, acabamos de enterarnos. Esa es la razón por la cual te detuvimos… y por la cual quizá no deberías tener contacto con ella hasta que esté completamente sana.
En silencio, Vegeta se puso de pie. Se sacudió el polvo antes de mirar el cielo nocturno. —Todo esto es tan absurdo…
—Mira —dijo Gohan en un tono tranquilizador—, en unos días tendremos las semillas del ermitaño, ella sanará por completo, incluso si no recupera la memoria, no correrá peligro si le decimos la verdad excepto quizá una ligera hiperventilación. Solamente mantente bajo perfil por unos días y luego todo estará bien.
Lentamente, Vegeta tornó su mirada al adolescente. —¿Están seguros?
—Sí —dijo Gohan con firmeza.
—Gohan no te mentiría —le garantizó Gokú al príncipe—. Si él dice que todo estará bien en unas dos semanas, entonces así será. Es un muchacho muy listo, Vegeta. Confía en él.
Por un rato, la expresión de Vegeta permaneció completamente vacía. —¿Y qué hay de nuestro hijo? —preguntó en voz baja.
—También necesita permanecer oculto —dijo Piccoro.
—Puede quedarse con nosotros —ofreció Gokú, colocando una mano sobre el hombro del príncipe.
Vegeta se estremeció con violencia ante el toque del más alto. —¡Yo puedo encargarme de mi hijo! —espetó. Fulminó con la mirada a Gohan—. ¿Aún no le has contado nada sobre su madre?
—¡No!—insistió Gohan con firmeza—. Como dije, recién nos enteramos, y Trunks ha estado dormido todo este tiempo en la casa de Krillin. Lo último que él escuchó fue que ella estaba inconsciente pero estable. No sabe que ella ha despertado, mucho menos que… que está teniendo problemas con sus recuerdos. —Se detuvo por un momento antes de añadir—. ¿Te gustaría que se lo contáramos nosotros?
Aunque Vegeta nunca lo admitiría, había una gran parte de él que quería aceptar esa oferta. Jamás había sido bueno con los aspectos más emocionales de la paternidad y esto, pensó, era más de lo que podía tratar adecuadamente. Pero él era un hombre orgulloso y no permitiría que nadie peleara sus batallas. Ni siquiera una como esa.
—Yo le informaré a mi hijo de la situación a primera hora de la mañana —manifestó, su tono de voz regresó a la normalidad—. Hasta entonces, estaré en la Corporación Cápsula.
Gohan, Gokú y Piccoro observaron en silencio cómo Vegeta se marchaba volando en la misma dirección por la que había venido. —Considerando todo lo que ha pasado —dijo Gokú—, no estuvo tan mal.
Gohan se dio la vuelta para mirar a su padre y le sonrió. —Sabes, papá, hiciste un gran trabajo permaneciendo tranquilo durante todo esto.
Gokú le regresó la sonrisa a su hijo y se encogió de hombros. —Supongo que me di cuenta de que preocuparse no es bueno. Y además, no creo que nadie pueda calmarse si está completamente rodeado por un montón de gente gritando e intentando pegarlo al suelo.
A un lado, Piccoro gruñó. —Si ustedes dos van a seguir este momento ridículo y sentimental, me voy. —Le echó una mirada de reojo a su pupilo y se despidió con la cabeza—. Saben dónde ubicarme si algo se presenta.
—Claro —dijo Gohan—. Gracias por su ayuda, Señor Piccoro.
Con un asentimiento final, el Namek se marchó en dirección al Templo Sagrado.
De nuevo en el suelo, Gokú miró otra vez a su hijo. —¿Cómo llegaste hasta él tan rápido? —preguntó—. Me teletransporté hasta acá tan pronto como me di cuenta de lo que estaba pasando y tú me habías derrotado por casi un minuto.
El adolescente le sonrió a su padre. —Para ser honesto, no pude conciliar el sueño en toda la noche. Me la pasé dando vueltas en la cama. Ya estaba despierto, así que cuando su ki se elevó, lo sentí de inmediato. ¿Y tú?
Gokú soltó una risilla. —¿Estás bromeando? ¿Con un sacudón de poder como ese? ¡No podría seguir durmiendo después de algo como eso! —Se detuvo cuando un pensamiento le llegó—. Me pregunto cómo logró llegar Piccoro al mismo tiempo que yo…
Gohan rió. —Desde que lo conozco, creo que no lo he visto dormir. Meditar, sí. Dormir, no. quizás estaba haciendo lo mismo que yo, así que a diferencia de ti, no tuvo que levantarse. —Suspiró y se dio la vuelta para mirar las estrellas—. Kami, los próximos días serán de lo peor…
De regreso en la Corporación Cápsula, el Dr. Briefs caminaba nervioso de un lado al otro de la habitación en la que su yerno había estado hacía solamente quince minutos. Era uno de esos incontables momentos donde deseaba tener la habilidad de él para percibir los niveles de energía. Por lo menos, podría saber si había llegado o no al hospital antes de que alguien lograra detenerlo.
La preocupación del buen doctor terminó cuando el príncipe abrió la puerta del balcón. —¡Oh, gracias a los dioses estás aquí! —dijo—. Vegeta, simplemente quiero que sepas que cualquier cosa que necesites, lo que sea, me lo hagas saber y me aseguraré de proveértelo.
Vegeta le puso mala cara al anciano. —Así que ya sabías su condición.
—Sí —dijo el doctor rápidamente, metiendo la mano en su bolsillo para sacar un contenedor de cápsulas—, creo que esto es todo lo que van a necesitar para las próximas semanas.
Con indecisión, Vegeta estiró la mano y tomó el contenedor. Lo abrió y, como era de esperar, había todo lo que su hijo y él necesitarían durante ese tiempo. Había cápsulas de comida, ropa, muebles e incluso una casa cápsula grande.
—¿Cómo está mi nieto? —preguntó el Dr. Briefs.
Vegeta desvió la mirada del contenedor en su mano al científico. —Dormido.
El anciano asintió. —Bueno, no te preocupes, mi muchacho. Antes de que te des cuenta, todo va a volver a la normalidad. Lo sé, lo sé, todo va a ser difícil estas próximas semanas, pero sólo recuerda, hijo, que al final, todo estará bien.
Con un cabeceo, Vegeta cerró el contenedor y se lo metió en el bolsillo. Regresó a la ventana y puso un pie sobre el barandal del balcón. Se detuvo un momento antes de echarle un vistazo al doctor.
—Gracias —dijo en voz baja antes de irse volando. Tenía que asegurarse de llegar a Kame House antes de que su hijo despertara.
Mientras veía al hombre más joven desaparecer en la alborada, el doctor suspiró. —Te deseo la mejor de las suertes, mi muchacho —dijo en voz baja—. La mejor de las suertes.
N. A: nuevamente gracias por todo el apoyo. Creo que este capítulo pudo haber salido mejor, pero por más que lo intenté, no pude hacerlo. ¡Espero que igual lo disfruten!
23/06/2013
