Un Hogar Vacío

Por Balthezarian

Traducción: Mya Fanfiction

N.A: ¡Muchísimas gracias por el gran apoyo! No puedo ni decirles lo que significa para mí que tantos hayan leído y dejado sus comentarios en mi historia. No sólo los elogios (porque siendo sinceros, ¿a quién no le gustan?), sino las críticas honestas también. ¡De verdad los aprecio todos!

Como algunos de los capítulos anteriores, éste fue cortado a la mitad para crear tensión. Así que es un poco más corto de lo anticipado.

Capítulo 10:


Dieciocho estaba parada frente a la playa esperando a su inminente «invitado». También había sentido las repentinas explosiones de poder. Sin embargo, había decidido que no era asunto suyo detener al príncipe maniático en su misión de llegar a su esposa contra viento y marea. Aunque hubiese preferido mantenerse al margen de todo eso, sabía que su esposo quería que colaborara, y mantener a los niños aislados del vía crucis había sido el trabajo más sencillo.

Cuando Vegeta cambió su curso, y ninguno lo siguió, había deducido con facilidad que éste vendría pronto a buscar a su hijo. Aunque el hombre no le gustaba, incluso ella se sentía mal por su situación actual.

Especialmente por la parte donde iba a tener que decirle a su hijo que debían marcharse de la casa.

Faltaban minutos para amanecer cuando lo vio a la distancia. La rubia reservada cruzó los brazos y levantó la barbilla cuando él cayó frente a ella. Sabía que él, al igual que ella, respondería muchísimo mejor a la fría indiferencia que a la empatía o la pena.

—Está arriba, dormido —declaró con el tono de voz totalmente neutro—. Si sigue el mismo patrón de hace unos días, se levantará en una media hora.

El príncipe sólo le ofreció un asentimiento. Cuando él no movió un músculo, Dieciocho volteó sus ojos azules. —¿Te gustaría pasar?

Vegeta parpadeó, como si estuviese confundido por la pregunta. Después de un segundo, sacudió negativamente la cabeza.

Decir que Dieciocho estaba perturbada por su comportamiento habría sido un eufemismo. Había esperado gritos, exigencias y amenazas. Había esperado un berrinche de proporciones épicas. Demonios, se había incluso preparado para una riña sin cuartel con el hombre, resultó ser completamente irracional.

Que se reprimiera, no obstante, la asustaba más que cualquier berrinche que pudiese hacer.

—Si cambias de parecer —dijo en voz baja mientras bajaba los brazos—, puedes pasar con confianza.

El príncipe sólo asintió y luego desvió la mirada. Dieciocho entendió la señal y entró a la casa. Sabía que los demás pronto estarían allí de todas maneras. Dejó la puerta abierta deliberadamente y se dirigió a la sala de estar para verificar a su esposo. Recién había regresado de su guardia en el hospital y era evidente que estaba exhausto.

Aunque se había despertado con las enormes explosiones de poder al igual que su esposa, Krillin no se había quedado despierto. Mientras se ponía la ropa y se dirigía a las escaleras, Dieciocho señaló con calma que Gohan, Gokú y Piccoro habían ido a interceptar al poderoso e incontrolable príncipe y le había asegurado varias veces que, de presentarse el peor escenario, ella lo despertaría. Krillin, sabiendo que su esposa tenía razón, simplemente murmuró algo incoherente antes de caer rendido en el sofá.

La rubia le sonrió ligeramente a su esposo dormido. Él estaba acurrucado, aún murmuraba incoherencias y sonreía a quién sabe qué que estuviese soñando. Lo arropó con gentileza con una sábana y lo besó con dulzura en la frente. Los otros estarían ahí en sólo unos minutos, pero ella pensó que él bien podría descansar tranquilo un poco más.

Los minutos pasaron rápidamente, y más pronto de lo que le habría gustado, sintió los ki de Gohan y Gokú mientras aterrizaban en la playa frente a la casa. La rubia sacudió el hombro de su esposo suavemente. —Krillin —dijo en voz baja en su oído—, es hora de levantarse.

—Aw, No quiero ir a la escuela hoy —masculló, dándose la vuelta para quedar de frente al espaldar del sofá.

—No hagas que te tire de ahí y despiertes de un golpe con el suelo —respondió ella con una sonrisa en el rostro mientras lo sacudía otra vez.

Krillin se sentó al instante, aún evidentemente somnoliento, pero no estaba dispuesto a poner a prueba a su mujer. —¡Ya me levanté! —insistió.

—Qué bueno —dijo Dieciocho, besándolo en la frente—, porque tus amigos vinieron a jugar.

Eso terminó de despertar al pequeño. —¿Qué? —preguntó—. ¿Ya llegaron?

Su esposa sólo asintió y señaló a la puerta. Ambos pudieron oír que alguien estaba hablando afuera.

Más allá de la puerta del frente, Gokú y Gohan recién habían aterrizado. Ambos vieron al príncipe sentado afuera a un lado de la casa. Tenía las piernas cruzadas a la altura de los tobillos y el peso apoyado sobre las manos. Sus ojos estaban fijos en el este, hacia donde el sol estaba saliendo. Casi parecía como si estuviese inconsciente de la presencia de los demás.

Los dos hombres Son intercambiaron miradas nerviosas antes de encogerse de hombros. Gokú se volteó y acercó al príncipe en silencio. —¿Vegeta? —preguntó en voz baja—. ¿Cómo estás?

Ninguno de los dos se sorprendió cuando Vegeta no respondió, aunque estaban un poco preocupados por ello. —¿Vegeta? —intentó Gokú de nuevo—. Gohan y yo vamos a entrar para ver a Krillin y quizá encontrar algo qué comer. ¿Quieres venir con nosotros?

Nuevamente, el príncipe permaneció callado e inmóvil.

Gohan puso una mano sobre el hombro de su padre y sacudió la cabeza. Gokú, ahora visiblemente derrotado, lo intentó una última vez con el otro Saiyajin puro. —Estaremos adentro, Vegeta, si necesitas algo. Sólo… sólo dímelo, ¿te parece?

Gokú sintió una pequeña oleada de alivio cuando vio a Vegeta sacudir la cabeza en negación. Aunque no era una respuesta positiva, al menos era una reacción, y eso era más de lo que alguno de ellos habría esperado para el momento. Decidiendo no tentar su suerte, Gokú se dio la vuelta y entró a la casa, con Gohan siguiéndole los pasos.

—¡Hey muchachos! —dijo Krillin con un tono de voz emocionado pero suave, apenas eran las cinco de la mañana y todos los niños estaban bien dormidos en el piso de arriba.

—¡Hey! —respondió Gokú manteniendo también en voz baja—. ¿Cómo estás?

Krillin le sonrió de lado a su amigo. —Cansado —admitió—, pero no mucho. —Señaló a la pared este de la casa e inclinó la cabeza en esa dirección—. ¿De verdad está sentado allá afuera? —preguntó en un susurro.

Gohan asintió en afirmación.

El hombre pequeño soltó un silbido bajo. —Yo no sé qué piensen ustedes, pero yo, de verdad, creo queestá muy raro… —Se detuvo un momento antes de mirar a Gokú—. ¿Cuánto sabe? —preguntó.

Gohan se mordió suavemente el labio inferior antes de responder. —Le dije que ella tiene amnesia retrógrada, que no puede recordar nada después de lo pasado en Namek y que si le decimos algo que pudiera parecerle emocionalmente traumático, corre el riesgo de sufrir un ataque al corazón potencialmente fatal inducido por el estrés.

Dieciocho arqueó una ceja ante sus palabras, pero mantuvo la boca cerrada.

—Al parecer lo ha tomado… bien… —susurró Krillin—. Saben, considerándolo todo, creo que para él esta podría ser una manera bastante buena de tratar con todo esto. Es muchísimo mejor que, por ejemplo, explotar algo.

Gokú no pudo evitar la risilla que se le escapó. —Sí, tú piensas que está calmado ahora —rió—, ¡pero lograr que se quedara tranquilo el tiempo suficiente para oír la explicación fue un verdadero suplicio!

Mientras los dos viejos amigos disfrutaban una risa durante su breve momento de alivio, Dieciocho le hizo una señal al adolescente híbrido para que la siguiera. Ambos se marcharon en silencio a la habitación de al lado, la cocina, antes de que le rubia hablara.

—Le mentiste —acusó en voz baja, fulminando al muchacho con la mirada.

Gohan se mordió un lado de la mejilla. Él nunca tuvo talento para mentir y lo había hecho en momentos totalmente cruciales, cuando la verdad no era una opción posible. Este, sin embargo, no era uno de esos momentos, y sabía que no debía protestarle a la guerrera rubia y volátil.

—Le di la información que necesitaba —dijo finalmente.

—Cambiando algunos hechos a su favor —argumentó en voz baja Dieciocho.

Evitando su mirada, Gohan se rindió. —¿Cómo lo supiste? —preguntó bajito.

Dieciocho se llevó una mano a la cintura y le extendió el índice al otro. —Primero que nada, la amnesia retrógrada no funciona así. Elimina el trauma sufrido por la persona, bloquea sólo pequeñas partes de la memoria. No se lleva quince años y destruye recuerdos como el nacimiento de tu único hijo. Tú sabes muy bien que lo que ella ha sufrido es daño cerebral.

—Pero él no necesita saberlo —argumentó Gohan—. En dos semanas, la semilla del ermitaño crecerá, le daremos una, ella sanará por completo, y pues, su cerebro se compondrá. Sus recuerdos regresarán, ya no correrá el riesgo de sufrir un ataque al corazón, nos vamos a reír mucho de todo esto y nunca más lo volveremos a mencionar.

—¿Entonces por qué lo hiciste? —presionó Dieciocho—. ¿Por qué le mentiste si pensabas que todo iba a estar bien? ¿Por qué le dijiste que Bulma tenía un tipo de amnesia y no la otra?

Gohan evitó otra vez su mirada antes de finalmente responder. —Solamente tenía que mentirle una vez si le decía que tenía amnesia retrógrada. Ahora, si me hace preguntas sobre la condición, sólo puedo decirle los datos sobre una amnesia basada en un trauma, no sobre una que resulta de un daño cerebral.

—¿Pero por qué? —preguntó Dieciocho otra vez—. Toda la lógica señala que él preferiría que su pérdida de la memoria fuese de naturaleza física. Como estableciste, la semilla del ermitaño estará completamente formada en un par de semanas. ¿No le consolaría saber que con la simple ingestión de la semilla, ella recordará lo que sea en este mundo que ella ama de él para empezar?

Pero el adolescente negó con la cabeza. —Siendo honesto, yo pienso que habría sido una mala idea decirle que una semilla del ermitaño podría arreglar todo. En realidad no sabemos qué compondrá su memoria. En todo caso, no tenemos experiencia alguna que demuestre lo que hacen con la mente. Incluso mencioné que podría no recuperar la memoria con la semilla. Ni siquiera puedo imaginarme lo catastrófico que sería si él llegase a pensar que ésta lo haría y no pasa.

Dieciocho agregó. —Al parecer has reflexionado mucho esto.

—Estoy un poco paranoico —admitió el adolescente—, y la verdad no he dormido muy bien en los últimos días… Hey, espera un minuto, ¿a qué te referías con «primero que nada»?

La rubia arqueó una ceja ante la pregunta del muchacho.

Gohan volvió a mirar a los ojos a Dieciocho. —Dijiste «primero que nada» cuando comenzamos a hablar de esto. ¿Qué era lo «segundo» que estabas pensando?

El androide miró fijamente a los ojos al híbrido. —Que no ha destruido nada todavía —manifestó con tono sereno—. Él es un hombre temperamental y violento que libera sus frustraciones destrozando algo, o a alguien. Si pierde la esperanza de recuperar a esa mujer, no va a aguardar tranquilo el momento oportuno y esperar por su recuperación. Se va a venir abajo y tú lo sabes.

—No, no lo hará —insistió Gohan—. Vegeta no haría eso…

—Eres peor que su hijo —siseó Dieciocho—. Tienes una fe ciega en un hombre que no lo merece. ¿Ya se te olvidó que el año pasado, en un momento, masacró a miles de personas sólo para incitar a pelear a tu padre?

—¡Estaba poseído! —siseó el híbrido también—. ¡No puedes hacerlo responsable por lo que pasó con Buu!

La rubia dio una gran zancada al frente y miró a los ojos al adolescente. —Yo estuve allí, Gohan —dijo en voz baja—, pude escuchar lo que dijo. ¿Se te olvidó?

Gohan se mordió el labio un momento mientras reunía coraje. Nunca había sido bueno en las confrontaciones y aun cuando jamás había peleado con el androide, no había dudas de que era una mujer increíblemente intimidante. —Cometió un error —declaró con firmeza—, pero no fue del todo su culpa. Sí, tenía algo de control, pero no el suficiente como para detenerlo todo. Conozco a Vegeta, Dieciocho. Lo hago desde que tenía seis años. Lo conocí como el ser más maligno de mi vida, como un aliado tentativo en la guerra, como un reluctante y neutral compañero, como un comodín en la batalla y como un padre y un amigo. Lo he visto cambiar mucho la última década. Y pese a haber cometido un error el año pasado, siendo honesto, yo creo que no volverá a ser como antes. —La miró fijamente antes de terminar—. No mientras tenga a su hijo.

En silencio, Dieciocho asintió. —Quizá tengas razón —estableció—. Nunca tendré esa fe enfermiza por él que tú tienes, pero decidiré creer en tu decisión. —Volteó la cabeza en dirección a la puerta de enfrente—. Hablando del Rey de Roma y él que se asoma.

Le echó una última mirada a Gohan. —Por el bien de todos nosotros, espero que tengas razón.

Con eso, ella y Gohan regresaron a la sala. Se unieron a Gokú y Krillin y vieron en silencio cómo el príncipe entraba a la casita, caminaba hacia las escaleras y miraba hacia arriba. Sus miradas siguieron la del Saiyajin y sólo unos segundos después, un niño de cabello lavanda apareció en la parte superior.

Trunks se frotó los ojos para quitarse el sueño y miró hacia abajo, pero una vez que estos se enfocaron, se despertó de repente. En los últimos días, cada vez que se levantaba, la única persona que veía despierta era a Dieciocho, quien siempre, con tranquilidad, lo dejaba enfrentar el día.

Pero en la parte baja de las escaleras vio a Gokú, Gohan, Krillin, Dieciocho… y a su padre, todos mirándolo.

Sintió un entumecimiento en el estómago. Algo estaba mal. Sumamente mal. Eso lo asustó, y había una sola persona con quien quería hablar cuando se sentía así.

—¿Papá?


N.T: Un abrazo enorme a mi Beta, la gran Schala, te quiero mucho, amiga. Gracias por toda tu ayuda.

29/06/2013