Un Hogar Vacío

Por Balthezarian

Traducción: Mya Fanfiction

N.A: tengo los tres próximos capítulos de esta historia "casi listos" desde hace mucho. De hecho, había olvidado que los comencé. Además, entrar a mi computadora con el propósito de actualizar ha estado de segundo en mi lista de cosas por hacer esta semana, pero por otros asuntos que no se han presentado ha tomado la primera posición. Esta semana ha sido una locura…

Por cierto, mil gracias a todos los que se han tomado el tiempo para dejar un review. Agradezco sus elogios, críticas, y lo más importante, por entender que por éste ser sólo un fanfiction, van a haber ciertas libertades. Todos los que han hecho un comentario sobre el argumento lo han hecho con la mente muy abierta y eso de verdad lo agradezco.

Capítulo 11:


Trunks sintió que se le heló la sangre cuando vio abajo a su padre. Se suponía que él estaría en el hospital, cuidando a su mamá. Si no estaba allá, entonces ella debió haber…

El niño de nueve años entró en pánico y sus ojos se movieron sin control de un lado a otro como si intentase sentir a su madre. En su estado, luchaba por centrar su capacidad para localizar a un humano. Pasaron muchos segundos antes de que percibiera un destello de su energía, y se aferró a él como si se le fuera la vida en ello. Soltó un suspiro de alivio cuando se dio cuenta de que ella aún estaba viva. De hecho, si cabe, su ki estaba más alto que el día anterior.

—Está viva —susurró con una sonrisa—. ¡Está mejor!

—Trunks…

El principito fue sacado de su pequeño trance por su padre. —Oh, cierto —respondió en voz baja mientras descendía las escaleras—. ¿Mi mamá despertó? —preguntó con una sonrisa de oreja a oreja—. ¡Yo sé que lo hizo! Puedo sentirla desde aquí y está más fuerte que ayer, lo que significa que está mejor. ¡Y si tú estás aquí, y no en el hospital con ella, eso significa que está despierta y está bien, y que puedo ir a abrazarla y que podemos regresar a la casa! —El niño estaba tan emocionado que comenzó a dar saltitos en la base de las escaleras—. ¡Ya está bien! —vitoreó—. ¡Ya está bien! ¡Ya está bien! ¡Ya está bien!

Los cinco adultos en la habitación se estremecieron ligeramente. Las cosas no estaban bien. Nada bien, y no había manera de que un niño de nueve años tomara bien esa información.

—Trunks —dijo Vegeta otra vez, puso una mano en el hombro de su hijo y lo obligó a quedarse quieto—, ven conmigo.

En ese instante, el corazón del niño de pelo lavanda se estremeció y su sonrisa desapareció por completo. —Ella no está bien —susurró con la voz rota y lágrimas en los ojos—. ¿Mi mamá no está bien, Papá?

Vegeta masajeó con gentileza el hombro de su hijo y lo guió hasta la puerta. —Sal conmigo —dijo calmado—, y te daré la información que necesitas saber.

Aturdido, Trunks asintió y siguió a su padre.

Cuando la puerta se cerró tras ellos, Gokú agachó la cabeza. —¿Qué tan malo piensas que será? —le preguntó en voz baja a los demás.

—En una escala del Uno al Diez —respondió Krillin—, donde Uno sería Despreocupación y Diez el Armagedón, creo que nos acercaremos al Siete, casi Ocho. Un poco más de Seis si durmió bien.

Dieciocho golpeó a su esposo en el hombro. —¿Cómo puedes hacer una broma en un momento como este? —siseó—. ¡Es un niño que está a punto de enterarse de que su madre no sabe quién es él! ¿Cómo te atreves a bromear con algo así?

Krillin miró a su esposa abatido. —Cariño, así es como respondo a situaciones como estas y tú lo sabes. No estoy intentando quitarle el significado o la dificultad a la situación. Solamente la atravieso de una manera que ha sido idónea para mí en el pasado. —Suspiró antes de añadir con sinceridad—. Lo siento.

—Hey, cálmense —dijo Gohan—. Han sido unos días muy largos para todos. Hemos colapsado ante tanta presión.

De repente, Gokú encontró muy interesantes sus zapatos. De verdad no quería pensar en cómo había reaccionado en el hospital mientras Bulma seguía inconsciente. Aún no podía creer lo que había hecho.

—Además —continuó el adolescente mestizo—, necesitamos sacarnos algo del estrés acumulado para poder apoyar a Trunks y Vegeta en este momento. No les vamos a hacer un favor si seguimos reprimiendo nuestras emociones hasta el punto de erupción. Si lo hacemos, vamos a terminar lastimándolos.

Los otros tres en la habitación asintieron en silencio. todos habían estado reprimiendo sus emociones por igual. Era hora de echar a un lado sus propios sentimientos para ayudar a los dos que los necesitaban.

Lentamente, los cuatro enfocaron su vista a la puerta mientras se preguntaban qué estaba pasando afuera.

El sol apenas había salido en la isla pequeña. El cielo estaba nublado y parcialmente cubierto por una delgada neblina que parecía cubrirlo todo. Una brisa delicada sopló por la isla y movió las hojas de las palmeras y de los arbustos. Cerca, podía oírse el sonido de las olas mientras llegaban suavemente a la arena.

Pero Trunks no podía oír nada de eso. Los últimos minutos, su corazón había ido de lento y relajado a acelerado, como si se le fuese a salir del pecho para caer a la boca de su estómago por la desesperación, y estaba, en ese momento, rondando más cerca de su garganta por el nerviosismo.

Padre e hijo se sentaron al borde de la orilla y miraron hacia la distancia el amanecer. Por un breve instante, la serenidad del ambiente parecía tener un efecto relajante. Pero ese momento fue efímero y pronto reemplazado por uno desconcertantemente quieto.

Después de varios minutos en silencio, el niño de nueve años no pudo soportar más la presión. —¿Qué tan malo es, Papá? —preguntó con la voz rota—. ¿Qué tan mal está mi mamá?

El príncipe mayor guardó silencio un poco más. No se había preparado para esa conversación. El tiempo que había estado aislado de los demás lo había pasado en un necesario estado de entumecimiento, sin emoción alguna. Era un estado cómodo para él, uno al que se había hecho muy dependiente a lo largo de su vida.

En ese momento, no obstante, se encontró deseando no haber caído en ese estado, si no haber pensado qué le diría a su único hijo.

—Está despierta —comenzó a explicar despacio Vegeta. Cuando Trunks lo miró con ansiedad, intentó conseguir las palabras exactas para seguir—. Lo hizo hace unas horas —continuó, sus dudas eran más evidentes de lo que le importaba—. Está en condición estable y no debería haber problema si esperamos el tiempo necesario para que brote una semilla del ermitaño que cure sus heridas.

Trunks se mordió el labio. Lo que estaba oyendo eran buenas noticias, de eso estaba seguro, pero él conocía a su padre. Sabía que él no le estaba diciendo algo y eso lo perturbaba. Su padre no se andaba con medias verdades, especialmente en tópicos emocionales. El hombre sencillamente establecía los hechos y terminaba con el asunto, le importaba un carajo lo que los demás pensaran. Pero no lo estaba haciendo con él, su hijo, y eso lo aturdía.

—¿Qué pasa, Papá? —preguntó Trunks acercándose a su padre.

Vegeta suspiró un poco antes de seguir. —Trunks… ¿recuerdas la severidad de las heridas de tu madre?

Con el labio temblándole, el niño asintió.

—Las peores que sufrió fueron en la cabeza —estableció Vegeta con el tono de voz neutro—. Esas fueron las que crearon el mayor daño y son la causa de su estado actual.

Trunks no pudo soportar más la tensión. —¿Está paralizada? —largó—. Oh, Papá, te prometo que la cuidaré. Haré todas mis tareas, ayudaré a mi abuela en la cocina, incluso aprenderé a arreglar los robots. No te preocupes, Papá, yo me encargaré de mi mamá, como te prometí que lo haría.

Vegeta le arqueó una ceja a su hijo. —Ella no está paralizada, niño.

El de nueve años parpadeó sorprendido. Estaba seguro de que tenía que ser eso. ¿Qué otra cosa pasaba tras recibir un golpe en la cabeza? —¿Está ciega? —adivinó.

Su padre sacudió la cabeza.

—¿Sorda?

De nuevo, Vegeta simplemente sacudió la cabeza.

Trunks estaba perdiendo el sentido común. —¿No puede oler? —adivinó al azar.

—Basta —ordenó Vegeta con firmeza—. No hagas eso, Trunks. Vas a permitir que te informe cuál es su situación y no vas a interrumpirme hasta que termine, ¿entendido?

Trunks tragó suavemente pero asintió. De hecho era un poco tranquilizador oír el tono de voz amenazante de su padre de nuevo. —Entiendo, Papá. Por favor, dime.

El príncipe mayor aspiró profundo por la nariz antes de hablar. —¿Recuerdas esa historia de por qué Kakarotto se comporta todo el tiempo como si fuese un idiota?

—Claro que sí —respondió Trunks asegurándose de que estaba bien hacerlo—. Mi mamá y tú me dicen que él se comporta como un payaso porque se cayó de un risco y se golpeó la… —Cuando comenzó a reunir la información suministrada, Trunks miró confundido a su padre—. ¿Mi mamá va a comenzar a comportarse como una estúpida?

Una mirada fulminante de su padre hizo callar a Trunks. —Mejor me callo —susurró, sus mejillas se sonrojaron de vergüenza. De hecho, no podía creer que esas palabras hubiesen salido de su boca.

No obstante, dada la situación, Vegeta no sintió ganas de reñirle al niño por su declaración. —¿Por qué la herida en la cabeza hizo que Kakarotto actuara como un bobo? —siguió.

Trunks observó a su padre, asegurándose nuevamente de que era correcto hablar. —Mmm, porque olvidó su parte Saiyajin —susurró. De repente, se puso de pie—. Él olvidó…

—Un trauma fuerte en la cabeza puede causar pérdida de la memoria —interrumpió Vegeta—. Tu madre no es la excepción. Hay un periodo sustancial de tiempo que ella no puede recordar, y por su estado actual, no podemos contarle mucho de él.

El niño tragó, angustiado, sabiendo que iba a arrepentirse de esa pregunta. —¿Cuánto tiempo olvidó? —susurró.

—Doce años —dijo Vegeta sin rodeos—. Sus últimos recuerdos son de hace doce años.

—¡Pero yo sólo tengo nueve! —gritó Trunks sin importarle lo infantil que sonase en ese momento—. ¡Eso significa que ella no me recuerda y ella nunca se olvidaría de mí! ¡Estás equivocado, Papá! ¡Estás equivocado!

—No lo estoy —dijo su padre con firmeza—. Ella no recuerda los últimos doce años, Trunks. No te recuerda… tampoco recuerda haber tenido una relación conmigo.

El niño observó con furia a su padre mientras procesaba toda la información que le había dado. Su madre había sufrido una herida en la cabeza. No podía recordar lo pasado en los últimos doce años. Se suponía que no debían decirle nada. Su madre no recordaba quién era él. Ella ni siquiera recordaba a su padre.

Trunks de repente sintió que palidecía.

—¿No podemos regresar a nuestra casa, verdad? —susurró Trunks. Las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos, y antes de darse cuenta, estaba llorando desconsolado, aferrado con todas sus fuerzas a su padre.

Aunque jamás lo admitiría en voz alta, Vegeta se sentía muy agradecido de que su hijo hubiese entendido esa parte por sí mismo. No sabía cómo decirle al niño que, literalmente, no había otro lugar como su hogar.

—De momento —estableció su padre—, nos quedaremos en una casa que nos dio tu abuelo. En dos semanas, de la planta habrá brotado una semilla, tu madre sanará y entonces podremos regresar.

Sorbiéndose las lágrimas, Trunks vio hacia arriba. —¿En dos semanas? —dijo entre sollozos—. ¿Ella estará bien en dos semanas?

Vegeta se puso rígido ante la pregunta. Gohan le había dicho que había una posibilidad de que, aun con una semilla del ermitaño, Bulma no recuperara sus recuerdos. De que ella seguiría completamente inconsciente de que había formado una familia. De que seguiría siendo incapaz de reconocer a su hijo.

Con vacilación, Vegeta envolvió un brazo alrededor de su hijo y lo haló para darle un abrazo de costado. —Sólo espera dos semanas, hijo —dijo en voz baja—. Ella estará bien.


N.A: Sólo un recordatorio de que esta es la segunda parte de lo que era originalmente un capítulo largo, por lo que es un poquito más corto que los anteriores.

Nuevamente les recuerdo que las preguntas y los comentarios son bienvenidos.

07/07/13