Un Hogar Vacío
Por: Balthezarian
Traducción: Mya Fanfiction
N. A: aprecio el apoyo que he recibido por esta historia. Muchos de ustedes han dejado rws muy sólidos y conscientes, y yo de verdad aprecio eso. Como lo he dicho antes, me gusta leer lo que piensan. ¡Es extremadamente alentador, en especial cuando recibo muchos!
Capítulo 12:
Trunks picaba la comida en su plato. Su padre le había dicho que esperara dos semanas, y por dos semanas, había sido tan paciente como podía. Había hecho una promesa, a sí mismo y a su padre, que por ese tiempo él esperaría.
Pero habían pasado diecisiete días desde que su padre lo pasara a buscar, y eso no era lo que él había acordado.
El principito miró a su padre y abrió la boca, aparentemente listo para decir algo. Pero antes de que saliera alguna palabra de su boca, su deseo desapareció. Él ya sabía que no había nada que su padre pudiese hacer ante esa situación. ¿Por qué molestarlo sacando ese tema a colación?
Habían decidido que la manera más fácil de pasar desapercibidos era quedarse en el bosque, Vegeta y Trunks habían abierto la cápsula a unos veinte kilómetros de la casa de Gokú. De esa manera, Trunks no se aislaría por completo, aunque todavía estaban a una buena distancia de «el idiota». Vegeta no estaba muy contento con estar cerca del otro Saiyajin, pero por el bienestar de su hijo, no había pronunciado palabra alguna.
En los últimos diecisiete días, padre e hijo habían seguido la rutina más estricta. Ninguno de los dos había mencionado crear una, simplemente… pasó.
Vegeta se levantaba todos los días una hora antes del amanecer, luego desencapsulaba la cámara de gravedad que el Dr. Briefs le había dado cuando comenzó a entrenar. Una hora después el sol salía, hacía una pausa en su entrenamiento, cerraba la instalación y dejaba la cápsula dentro de la casa. Después se iba a cazar el plato principal para el desayuno, se aseguraba de llevar una presa lo suficientemente grande para ambos. Nunca le tomaba mucho tiempo, pero para cuando regresaba, Trunks ya estaba despierto y deambulando por la cocina. Comían en silencio, e igual limpiaban la cocina al terminar. Seguido de eso entrenaban juntos, comían y finalmente era la hora de estudio del niño.
Bulma siempre se había asegurado de que él pasara algo de tiempo metido en los libros…
Entrenaban otra vez en la tarde y después descansaban antes de cenar. Todas las noches las pasaban en silencio absoluto. A pesar de que su ubicación había sido escogida estrictamente con el propósito de que Trunks estuviese cerca de su mejor amigo, el pequeño no había ido ni una vez a visitarlo, y tampoco le había pedido a su secuaz que lo fuese a visitar. Por diecisiete días, los dos habían vivido solos, habían intentado ser pacientes mientras esperaban a que sus vidas volviesen a la normalidad.
Pero para la noche diecisiete, el estrés y la preocupación finalmente le habían llegado a Trunks. Llenándose de determinación, se decidió a hablar:
—¿Papá?—dijo, para su infortunio la voz se le rompió cuando habló.
Vegeta alzó la vista de su comida apenas consumida y le arqueó una ceja a su hijo.
Trunks tragó la poca saliva que tenía en su boca. —¿Crees que… crees que podamos regresar pronto a nuestra casa?
El príncipe luchó para no morderse el labio o mostrar cualquier otra señal física de preocupación. Lo último que quería era parecer impaciente o débil frente a su hijo, pero siendo honesto, había estado temiendo la pregunta desde el día que se mudaron. No podía darle una respuesta concreta al niño, y él no era de los que evitaba la verdad. Pero esta era una circunstancia especial, y Vegeta sabía que tenía que tratar el asunto con delicadeza.
—No estoy familiarizado con los patrones de crecimiento de esa planta —dijo en voz baja. Este era el modo de proceder cada vez que tenía una charla seria con su hijo: sin emoción facial, actitud recta y sólo preguntas limitadas—. Fui informado, así como tú, de que ésta, para la fecha, florecería lo suficiente como para producir una semilla. Es evidente que no. No puedo darte una estimación precisa de cuándo regresaremos a la Corporación Cápsula.
En cuanto vio el rostro casi devastado de su hijo, Vegeta, incómodo, se aclaró la garganta. —Si te agrada la idea, hablaré con el Namek para ver si él nos puede dar una fecha exacta.
Los ojos de Trunks su iluminaron. —¡Eso me encantaría, Papá! ¡Gracias! —Con esperanza renovada, el niño terminó de comer su cena. Sonreía con cada mordida.
Vegeta, sin embargo, no compartía el entusiasmo de su hijo. Lo que había obviado mencionarle a Trunks era que cada mañana, antes de comenzar el entrenamiento, había ido con Piccoro con la esperanza de que la semilla finalmente hubiese germinado. Y cada mañana, había regresado abatido con sólo haber sido informado que no. —Sólo tenemos que esperar un poco más. —No le dieron una nueva fecha estimada, y la poca información que el Saiyajin pudo obtener pareció venir reluctantemente.
Mientas Trunks comenzaba a ganar nuevas esperanzas, Vegeta comenzaba a perder las suyas.
—Eres peor que Vegeta —gruñó Piccoro cuando su último visitante apareció ante él.
Gokú sólo parpadeó sorprendido. —Jo, Piccoro, todo lo que quería hacer era ver si las semillas ya estaban listas. ¿Lo están?
—¡No! —gritó el extraterrestre verde—. ¡Aún no lo están!
—Bueno, no tienes que ser tan cruel. —Gokú hizo un mohín—. Todo lo que hice fue hacer una pregunta.
Piccoro le gruñó otra vez al Saiyajin. —Sí, la misma que me has hecho una y otra y otra vez.
—¡Hey!—protestó Gokú—. No he venido a preguntarte tan seguido…
—¡HAN PASADO DIEZ MINUTOS DESDE LA ÚLTIMA VEZ QUE ME PREGUNTASTE! —gritó de nuevo Piccoro.
El Saiyajin una vez más parpadeó sorprendido. —¿En serio?—preguntó mientras se rascaba la nuca—. Guao, quizá Chi-Chi tenga razón. ¡Necesito un reloj!
Piccoro se pellizcó el tabique nasal mientras intentaba aplacar sus nervios extremadamente tensos. —¿Por qué has venido a preguntarme a mí? —preguntó de la manera más calmada que pudo—. Tú sabes que yo no soy quien cultiva las semillas del ermitaño.
Nuevamente, Gokú se rascó la nuca, esta vez riendo. —El maestro Karin ya no me deja teletransportarme hacia él. —Soltó una risilla—. Dijo que si tenía alguna pregunta, me dirigiera directamente a ti.
—Voy a matar a ese gato —rugió el ex guardián. Dirigió su atención una vez más a su antiguo enemigo—. ¿No te he dicho que te informaré tan pronto como las semillas estén listas?
—Bueno, sí, pero nunca se sabe —insistió Gokú—. Pudiste olvidar chequear esta mañana, o quizá decidiste decirle primero a Vegeta, lo cual posiblemente haría si estuviese en tu posición, o están listas y olvidaste decírnoslo, o la planta murió y tú no quieres decírnoslo, o…
Hasta ahí pudo llegar el Saiyajin antes de que una mano tapara con firmeza su boca. —Vas a dejar de hablar y vas a dejar de hacerlo ya —gruñó Piccoro. Cuando Gokú intentó decir «okay» con la mano aún sobre la boca, el Namek decidió que lo mejor era dejarla ahí.
—Según el Maestro Karin, de la planta brotará una semilla cualquiera de estos días —respondió con serenidad—. Aún no le he dicho eso a Vegeta; no quiero despertar su ira si una vez más le damos una fecha límite y no se cumple. Casi sufre una apoplejía hace tres días cuando le dije que aún no estaban listas y no estoy de humor para dejar huérfano a Trunks en este momento. Cuando las plantas estén listas, se lo informaré a Gohan.
Cuando los ojos de Gokú se desorbitaron, Piccoro simplemente sostuvo su boca con más fuerza. —No voy a decírtelo porque tú eres insoportable cuando celebras —dijo con tranquilidad—. Particularmente cuando comienzas a bailar. Escojo a tu hijo para que lidie con eso.
Un sonido amortiguado «¡Hey!» pudo oírse a través de la mano verde de Piccoro antes de que éste continuara.
—Luego, tú puedes decirle a Vegeta, porque le temo más a su buen humor que al tuyo. Mientras lo haces, Gohan le llevará la semilla a Bulma. —Finalmente, liberó a su antiguo rival y se limpió la mano con la capa—. Creo que sería lo mejor para todos que Vegeta no esté en la habitación cuando Bulma sane.
—¡¿Qué?! —gritó Gokú—. ¿Cómo puedes decir eso?
—Porque —continuó el Namek con firmeza— no sabemos si las semillas sanarán su mente. Vamos a asumir que sane por completo físicamente, pero si sus recuerdos no regresan, entonces no va a tomar la presencia de Vegeta mejor que ahora. Lo cual plantea otro problema, lograr que ella acepte con calma por qué él está en la habitación. Ella no sabe que él está viviendo en el planeta, mucho menos que ya no es malo. El temor de ella en esos últimos instantes antes de sanar podría todavía ser suficiente para matarla.
Los hombros del Saiyajin cayeron. —Supongo que tienes razón —murmuró mientras se veía las botas—. Aunque es tan injusto. Si Chi-Chi estuviese a punto de ser sanada, creo que nada detendría que estuviese ahí.
—Y ese es el motivo por el cual Gohan administrará la semilla mientras Vegeta es informado que están listas. —Piccoro miró sobre su hombro y vio a Dendé de pie en la entrada.
El pobre guardiancito se estuvo escondiendo todos esos días. Más de un amigo de Bulma le había implorado que la sanara, pero él no podía abandonar su puesto en el Templo Sagrado por algo tan trivial. Como Guardián de la Tierra estaba atado a su puesto. No podía dejarlo a menos que fuese absolutamente necesario para prevenir una catástrofe en su mundo adoptivo, y en los grandes designios del universo, una mujer que sufrió un accidente automovilístico no justificaba esfuerzos al nivel del Armagedón.
El joven Namek casi había clasificado las heridas de Bulma como una amenaza suficiente para la seguridad de la Tierra. Había visto directamente la destrucción que Vegeta era capaz de causar, y el riesgo. El Saiyajin que conoció en su planeta era salvaje, vengativo, imprevisible y violento. La mera idea de que él volviera a ser como antes casi lo envió volando a la escena del accidente cuando éste ocurrió.
Pero Piccoro lo había detenido y dicho que no era su deber intervenir. Había insistido que si las cosas se ponían muy mal, Bulma sería llevada al Templo y que él no necesitaría abandonar su lugar.
Ninguno de los dos se imaginó que los eventos se desarrollarían como lo hicieron. Gohan había tomado el control de la situación, y había hecho un admirable trabajo al mantenerla con vida el tiempo suficiente para moverla, pero había cometido un error crítico: dejó que su entrenamiento humano tomara el control y la había llevado a un hospital. En ese momento de crisis, había olvidado que Dendé tenía la habilidad de sanar al herido. Y por ese momentáneo lapso de falta de juicio, todo había salido muy mal.
Bulma ahora estaba demasiado herida para ser teletransportada, y ellos sólo se habían arriesgado a trasladarla a la Corporación Cápsula con un equipo bien entrenado que monitoreó cada respiración y la instaló en la enfermería que la edificación albergaba. Dendé no pudo llegar a ella y ella ya no podía ser llevada con él. Ahora todo lo que podían hacer era esperar por las semillas del ermitaño y rezar que funcionaran.
No fue algo, por decir lo menos, que los amigos de ella aceptaron como el mejor proceder. Y por eso, el pobre muchacho se encontró siendo víctima de resentimiento.
Piccoro volteó a ver al Saiyajin a su lado. —No puedo hacer nada por ti, Gokú —dijo con severidad—. Regresa a tu casa. Se te informará llegado el momento.
Gokú medio sonrió, pero en lugar de marcharse, se quedó allí y continuó mirando sus botas. —De hecho, hay algo que puedes hacer por mí —dijo dubitativo—. ¿Podrías entrenar conmigo? Gohan está sumergido en sus estudios. Siempre dice que tiene que ir a la biblioteca. Tengo el presentimiento de que pedírselo a Vegeta en este momento sería un suicidio, y la verdad necesito sacar un poco de estrés de mi sistema.
El guerrero alto sonrió mientras adoptaba una posición de pelea. —Eso —dijo— puedo hacerlo.
El plan que Piccoro le había contado a Gokú no era del todo cierto, mientras los dos luchaban encima de la Tierra, Gohan estaba sentado en el borde de la cama de Bulma y jugaba con una semilla en sus dedos. Había brotado esa tarde y él la había recogido tan pronto como pudo. Todo lo que tenía que hacer era esperar a que ella despertara, dársela y esperar lo mejor.
Odiaba tener que escabullirse para sanar a su amiga, pero era necesario. Si alguien más se enteraba que las semillas estaban listas, se meterían para ver el «milagro» y eso sólo haría que el proceso fuese más estresante de la que ya era. Particularmente para su padre, Trunks y Vegeta.
—Levántate —le susurró a la heredera—. Por favor, sólo despierta, déjame darte esto, recupérate y haz que toda esta pesadilla termine.
En los últimos diecisiete días, Gohan había llegado a la misma conclusión que Dendé: llevar a Bulma al hospital había sido el error más grande que pudieron haber cometido. No sólo había arriesgado más su salud, si no que su situación se había convertido en noticia mundial. Cuando la mujer más rica del mundo está apenas aferrada a la vida, todos los vendedores de chismes están en alerta máxima.
La prensa, revistas e incluso la publicidad de internet tenían el rostro de Bulma por todas partes. Se hacían constantemente preguntas, algunas de ellas dirigidas al hospital, otras a la familia y otras a columnistas consejeros. ¿Qué había causado el accidente? ¿Qué estaba haciendo ella cuando éste ocurrió? ¿Qué tan serias eran sus heridas? ¿Viviría? ¿Qué pasaría con la Corporación Cápsula si ella moría? Y más importante, ¿qué le pasaría a su fortuna?
Incluso preguntas que habían sido olvidadas hacía mucho volvieron a formularse, y había una que todos querían saber: ¿De verdad ese niño de cabello lavanda era su hijo, y si era cierto, quién era el padre? ¿Y dónde, exactamente, se encontraban durante todo esto?
Gohan soltó un suspiro exhausto mientras enfocaba sus ojos en el techo. Incluso si Bulma vivía, los medios una vez más se habían obsesionado con su familia, y él sentía que todo era su culpa. A todas partes donde volteaba a ver había un recordatorio de su error, y el estrés lo estaba matando.
Así que había estado sentado allí, en el borde de la cama de la amiga de su padre, por horas. Lo único que había hecho era afligirse por sus problemas y jugar con lo que él pensaba sería su salvación. Si todo salía como él esperaba, entonces Bulma estaría como nueva en cuestión de horas. Ella podía mantenerse bajo perfil por unos pocos meses, pretender que había tenido un cuidado fantástico y una cirugía excepcional y los medios se olvidarían de ellos.
Gohan casi saltó cuando notó que los párpados de Bulma comenzaron a abrirse. En las últimas semanas se habían desinflamado, pero aún le era difícil abrirlos del todo. —Oh, por favor despierta —rogó el adolescente—. Por favor, por favor, por favor despierta…
Bulma gimió mientras abandonaba la tierra de los sueños y le dio una sonrisa genuina a Gohan cuando lo vio. Se había acostumbrado sorprendentemente rápido a esta versión adulta de él. Aunque, como razonó, él era más adulto cuando era niño que la mayoría de los adultos que ellos conocían, así que no fue un concepto muy difícil al que adaptarse. Al menos no después de su shock inicial.
—Hey —dijo con voz ronca. Su tubo respiratorio había sido removido hace unos días, pero aún le costaba hablar.
—Hey —respondió Gohan—. Tengo un regalo para ti.
Los ojos de Bulma se ampliaron cuando vio la semilla del ermitaño y su sonrisa apareció tan pronto como pudo en su estado. No pronunció palabra alguna, sólo abrió la boca y esperó la entrega.
Gohan estuvo demasiado feliz de obedecer. Con gentileza depositó la semilla en su boca, y tuvo que poner sus manos juntas para que dejaran de temblarle. Todo su cuerpo tiritaba con anticipación mientras esperaba a que la semilla surtiera efecto.
Se obligó a sentarse derecho mientras veía sus heridas cerrarse. Apretó cada músculo de su cuerpo en un intento de quedarse quieto mientras su piel magullada recobraba su natural tono porcelana. Se mordió el labio inferior mientras observaba cómo ella se estiraba y movía sus miembros por primera vez en más de dos semanas. No estaba seguro cuánto más podía aguantarse de formular la pregunta que rogaba que saliera de sus labios.
Los ojos brillantes y azules de Bulma se abrieron y se le escapó una risotada cuando vio el estado ansioso del adolescente. —¡Cálmate, Gohan! —Rió y le dio una palmada en la espalda. —¿Ves? ¡Estoy bien!
Gohan soltó un suspiro que no sabía estaba conteniendo. —¿Entonces, estás bien? ¿Bien de… todo está bien?
Ella se pasó una mano por la parte superior de la cabeza. —Bueno, sigo calva y puedo decir que estoy más que molesta por el hecho de que las semillas no puedan sanar el pelo. Lo juro, debería escribir una carta de queja al fabricante…
—Bulma —interrumpió Gohan con un semblante serio—. Por favor…
La heredera parpadeó y su entrecejo se arrugó mientras hacía memoria. Con vacilación, sacudió la cabeza. —No puedo recordarlo todo, si eso es lo que vas a preguntar —dijo en voz baja—. Pero después de pasar tanto tiempo en cama, la verdad es que no me importa.
El híbrido intentó esconder lo devastado estaba con esa noticia. —Bueno, eso está bien, Bulma —dijo mientras intentaba sonar optimista—. Ahora que no estás herida, podemos enseñarte lo que pasó. No te preocupes, ¡no omitiremos ni un detalle!
—Estoy segura de que no lo harán —rió la heredera—. ¿Hey, Gohan?
—¿Sí?
Bulma se movió con incomodidad en la cama, pegó sus piernas aún entumecidas a su recién sanado cuerpo. —Mira, no tengo nada en contra de que estés aquí, pero hay alguien más… a quien digamos que estaba esperando ver cuando despertara.
Gohan contuvo el aliento y con un rayo de esperanza en el alma se preguntó. ¿Puede recordar a Vegeta? Quizá no su relación, si no que le gusta que él esté cerca de ella?
—¿Puedes ir a buscar a Yamcha?—dijo en voz baja—. Es decir, sé que él y yo rompimos hace mucho, y que no hemos salido desde hace bastante tiempo, pero es con quien más quiero estar en este momento.
Y Gohan sintió cómo el corazón se le desplomó.
N.A: Bueno, no podía hacer que todo les resultara tan fácil, ¿cierto? ¡A esta historia aún le falta mucho!
¡Gracias!
12/07/2013
