Un Hogar Vacío

Por: Balthezarian

Traducción: Mya Fanfiction

N.A: ¡Muchísimas gracias por el apoyo!

Capítulo 13:


—Bulma —dijo Gohan con indecisión—, no estoy seguro de que esa sea la mejor idea.

Los rasgos de la heredera eran completamente ilegibles mientras estudiaba al adolescente delante de ella. —Mira, Gohan —dijo con la voz más suave que la expresión—, estoy muy consciente del hecho de que Yamcha y yo rompimos hace como diez años. Demonios, los últimos recuerdos que tengo de él son de un año después de que termináramos por quincuagésima vez. Pero tienes que entender, Gohan, que hasta donde me concierne, Yamcha es la figura romántica de mi vida. Y en este momento, niño, necesito que me apoye la persona que me ama. Conozco a Yamcha lo suficiente para saber que, sin importar por qué rompimos, él todavía me quiere.

Gohan, quien había evitado su mirada mientras ella hablaba, continuó viendo el edredón sobre el que estaba sentado. —Yo te quiero —dijo en voz baja.

Bulma no pudo evitar sonreír ante sus palabras. —Yo sé, niño —dijo con ternura y lo abrazó—, y yo también lo hago. Pero no de la misma manera que a Yamcha.

El adolescente levantó la cabeza y la vio directo a los ojos mientras rompía el abrazo. —¿lo amas, a él? —gritó sin querer alzar la voz pero incapaz de hacer lo contrario—. Bulma, no puedes estar hablando en serio. Recuerdo los tres meses que nos tomó llegar a Namek extremadamente bien y en ninguna de las historias que nos contaste de él se oía como que lo amabas.

—Oh, ¿qué vas a saber tú? —Descartó con el gesto de una mano—. Tenías seis años en aquella época y lo recuerdo como si fuese ayer. Bueno, técnicamente lo recuerdo como si hubiese sido hace tres semanas pero entiende mi punto, ¿cómo ibas a saber cómo se oía una historia de amor?

—Bulma, yo era pequeño, no estúpido —señaló el—. Incluso en aquella época tenía la certeza de que las historias de un amado no comenzaban con la frase «la última vez que vi a ese idiota…».

—¿Oh? —preguntó irónica la heredera mientras cruzaba las piernas y se echaba hacia adelante—. Entonces dime, Casanova, ¿cómo se supone que deben comenzar las historias de un ser amado?

—Comienzan con… —Hasta ahí pudo llegar Gohan con su argumento antes de darse cuenta de tres cosas. Primero que nada, posiblemente estaba mal, muy a su pesar, usar historias que Bulma no podía recordar. Segundo, sabía que no debía mencionar las historias secretas (aunque muy interesantes) que había escuchado a Bulma contarle a su madre mientras tomaban el té, a menos no si no quería ser destrozado por el Saiyajin irritable. Y finalmente, recordó que sus historias casi siempre comenzaban con un «nunca creerás lo que ese hijo de puta hizo hoy». Aparentemente, Bulma Briefs comenzaba las historias de sus parejas con insultos.

Aunque según la opinión de Gohan, las historias sobre Vegeta eran mucho más interesantes que cualquiera que la hubiera escuchado decir de Yamcha…

—Mira —dijo Gohan soltando un suspiro cansado y cambiaba de táctica—, es sólo que no creo que sea una sabia decisión decirle a un hombre que ha estado suspirando por ti por diez años que lo amas, en especial porque no tienes ni idea de lo que ha estado haciendo desde ese entonces.

Bulma se mordió suavemente el labio inferior mientras consideraba con seriedad las palabras del muchacho. —Supongo que tienes razón —cedió para después sacudir la cabeza—. Quizá deba esperar hasta que ordene algunas cosas antes de comenzar a salir con él.

—¡¿Salir con él?! —gritó Gohan—. ¡Bulma, no puedes hacer eso!

—¿Por qué no? —respondió ella con tono indignado—. Acabas de decirme que ha estado suspirando por mí por diez años, y por lo que veo —siguió adelante y luego alzó la mano izquierda y se señaló el dedo anular—, sigo disponible.

El pobre adolescente se llevó las manos a la cara. Todo se había salido de control tan rápido que no podía inventarse una forma de solventar la situación.

—No sabes lo que ha pasado en los últimos doce años —dijo simplemente con la voz amortiguada por las manos.

—¿Qué? —demandó Bulma—. ¿Qué pasó, Gohan? ¿Qué es tan importante de los últimos doce años que la mera idea de que salga con Yamcha te tiene tan horrorizado? ¿Será que está casado?

—¡No! —respondió Gohan automáticamente mientras se ponía a la defensiva.

—¿Lo estoy yo?

Era una pregunta tan simple, una que debía tener una respuesta igual de simple. Pero nada sobre la relación de Bulma y Vegeta lo era, y él, siendo honesto, no sabía qué responder. No tenía conocimiento de que ellos hubiesen celebrado una boda, ni de que llevasen anillos de matrimonio. Pero ellos se referían el uno al otro como esposo y esposa y tenían más de diez años de relación. ¡De los cuales ocho habían sido buenos!

—La verdad no lo sé —dijo Gohan finalmente, aún negado a mirarla a los ojos. Antes de que Bulma pudiese decir algo más, el adolescente levantó una mano para hacerla callar—. Mira, tu vida amorosa es un área en la que apenas soy el indicado para responder. De hecho, nunca me hablaste de otras cosas que no involucraran a la ciencia o a mi papá haciendo algo estúpido, y eso está bien. Eso significa que no soy la persona ideal para hablar de ese tema.

Bulma arqueó una de sus escasas cejas ante su declaración. —Bueno, ¿sabes por lo menos si estoy casada? —preguntó—. Lo que quiero decir es, ¿quién se casa sin notificárselo a los demás?

—La gente se guarda cualquier cantidad de información —se defendió Gohan—. Después de todo, yo tenía cuatro y medio antes de que supieras que había nacido, menos de que mi papá estaba esperando a su primer hijo.

—Buen punto —accedió la heredera. Sabiendo que quizá no obtendría más información del muchacho evidentemente estresado, decidió cambiar el tópico—. Oye, escuché que tenías novia. Apuesto que es linda —dijo mientras le guiñaba un ojo.

Gohan, a pesar de estar apenado por hablar de su propia vida amorosa, estaba agradecido por el cambio de tema. —Sí, lo es —respondió para luego rascarse la nuca de una manera muy clásica de la familia Son.

—Entonces cuéntame todo de ella —chilló Bulma prácticamente y después se puso cómoda sobre el cobertor de la cama—. Vamos, tengo doce años de chismes para ponerme al día. ¡No me hagas esperar!


Eran las 20:32 cuando Bulma sanó. Eran las 20:33 cuando Vegeta sintió la abrumadora urgencia de volar hacia la Corporación tan fuerte y rápido como pudiera. Había sentido el ki de Bulma subir veloz y dramáticamente, y él sabía lo que eso significaba: ella estaba curada.

Trunks lo había sentido sólo unos segundos después que su padre y se espabiló al instante. Padre e hijo intercambiaron una mirada rápida antes de abandonar la comida y salir volando en dos resplandores dorados.

A las 20:34, Gokú se dio cuenta de lo que estaba pasando cuando sintió a dos super Saiyajin volar en línea recta a la Corporación Cápsula. Abandonó su pelea con Piccoro a medio camino y se puso dos dedos en la frente. Incluso él no era lo suficientemente rápido para alcanzar a Vegeta cuando éste le llevaba una cabeza; tenía el mal presentimiento de que el príncipe tenía que ser detenido antes de que alcanzara su destino.

Cuando Gokú se estaba preparando para teletransportarse, Piccoro le informó mentalmente a Gohan la situación. De inmediato respondió al decirle a su mentor que la heredera no poseía recuerdos de los últimos doce años. El Namek se abalanzó hacia su compañero Saiyajin y apenas logró sujetarse al hombro de éste antes de que desapareciera. Y a las 20:35, se encontraron al príncipe de frente.

Piccoro se echó a un lado al momento que reapareció y se preparó, sabiendo que iba a dolerle horrores cuando el Saiyajin más pequeño, con toda su energía de super Saiyajin, colisionara con él. Pero el Namek seguía seguro de que, por lo menos, podría detener al niño paulatinamente.

Y eso fue exactamente lo que hizo.

Gokú, por otro lado, sabía muy bien que no podría «detener» a Vegeta, y no era tan tonto para intentarlo. Sin mucho tiempo para reunir su rumbo, apenas se movió a la izquierda y extendió su brazo derecho. El príncipe estaba tan enfocado en llegar a su destino que ni siquiera notó a Gokú hasta que fue demasiado tarde, y eso era exactamente lo que el Saiyajin más alto estaba esperando. Gokú se abalanzó contra el príncipe, los desvió a ambos y los hizo chocar con el suelo del bosque.

—¡MALDITA SEA! —gritó Vegeta mientras luchaba por ponerse de pie—. ¡La próxima vez que un miembro de tu familia me haga eso, lo voy a matar!

—¡Vegeta, por favor, cálmate! —imploró Gokú. Se negaba a aflojar el agarre que tenía a Vegeta completamente inmovilizado.

El Saiyajin más pequeño vio a Gokú directo a los ojos. —Kakarotto —rugió—, si alguien más me pide que me calme, no me haré responsable de mis actos. ¡Lo sentí, Kakarotto! ¡Sentí que ella sanó! ¡Ahora quita tus inmundos brazos de mí y déjame ir a verla! —Vegeta ascendió a la fase dos e intentó liberarse del agarre.

Gokú no estaba ni a un segundo de esa fase. Le agradeció en silencio a Dendé que Piccoro lo hubiese acompañado para ayudarlo. Le estaba costando bastante contener sólo a Vegeta. No estaba seguro de si podía contener al príncipe temperamental y a Trunks al mismo tiempo.

—Vegeta, no me parece que debieras ir todavía —dijo Gokú calmado sin importarle la lucha que su captivo estaba desplegando.

—¿Por qué coño no? —gruñó Vegeta mientras se negaba a cesar su lucha.

—Porque ella no te recuerda —gritó Piccoro desde arriba.

Ambos Saiyajin vieron hacia arriba. Mientras Gokú estaba en cierto modo pensando en eso, la verdad es que había llegado para detener el vuelo aparentemente furioso de Vegeta por puro instinto. Nunca pensó seriamente que su más vieja amiga no recordaría. Su abrazo se relajó y le dio a Vegeta la oportunidad perfecta para escapar.

Pero Vegeta no lo hizo. Estaba tan aturdido con la noticia que bajó su poder, observó sin expresión el pecho de Gokú, nomás no supo cómo controlar sus emociones. Parecía ligeramente consciente del hecho de que Piccoro había dejado inconsciente a Trunks y una parte de él estaba agradecida de que el niño no hubiese oído la noticia.

Aunque esa parte era pequeña por la sensación abrasadora que había estado sintiendo en el pecho desde hacía casi tres semanas. Todo el estrés, la confusión, el dolor y la agonía por la que su familia había estado pasando finalmente se sintieron como si estuviesen a punto de tragárselo completo. Inclinó la cabeza a un lado, no lo suficiente para ver a Piccoro, pero lo necesario para hacerle saber que se refería a él.

—Lleva al niño a la casa de Kakarotto —manifestó calmado. Sus ojos parecían fijos en un árbol cualquiera—. Si se despierta antes de que regrese, dile que se quede allí hasta que yo vaya a buscarlo.

Aunque el Namek quería saber de dónde regresaría el príncipe, no se atrevía a discutir con él en ese momento. Era más que obvio que el príncipe de los Saiyajin estaba a punto de explotar y Piccoro sabía que tenía que llevarse a Trunks de los alrededores inmediatamente.

Moviendo lentamente la cabeza una vez más para quedar de frente al pecho de Gokú, Vegeta habló una vez más. —Kakarotto, si ubico el ki de alguien, ¿podrías teletransportarme hasta allí? —preguntó en voz baja.

Gokú se alejó del príncipe y dio un paso atrás. Había algo en la voz de Vegeta que le daba miedo, y le tomó sólo un momento darse cuenta de lo que era. Normalmente, cuando el príncipe estaba un poco agitado y decidía mantener el tono de voz, era bajo y áspero. Pero cuando él llegó a la Tierra por primera vez, cuando aún era maligno, su voz era ligeramente más alta y mucho más áspera. Y su tono de voz era exactamente igual que hacía trece años, con esa locura apenas oculta que una vez lo había consumido.

—Yo… quizá —respondió Gokú finalmente—. Aunque tendrías que dejarme leer tu mente, Vegeta.

—Está bien —respondió el príncipe con la mirada aún vacía y la voz áspera—. Permitiré que entres a mi mente el tiempo suficiente para que sepas a dónde vamos.

Gokú dio otro paso atrás. —Vegeta —dijo en voz baja—, ¿puedes al menos decirme a dónde quieres que te lleve?

—A un lugar lejano a la Tierra —respondió el príncipe distante—. Es todo lo que necesitas saber.

El Saiyajin más joven tragó con dificultad. Tenía un mal presentimiento con dejar ir a Vegeta a donde fuera que quisiese ir, pero así como Piccoro había visto más temprano, era obvio que el príncipe estaba a minutos de perder el control. Puso una mano temblorosa en el hombro de su compañero Saiyajin y se llevó la otra a la frente. —¿Has… has encontrado el ki que necesitabas?

Vegeta asintió en silencio y permitió que el hombre más joven entrara a su psique lo suficiente para percibir ese ki. El príncipe ni siquiera parpadeó cuando el mundo comenzó a desaparecer a su alrededor mientras Kakarotto lo llevaba a un lugar muy distante a su hogar adoptivo.

Cuando aterrizaron, Gokú de inmediato se separó de Vegeta y observó alrededor. El mundo delante de ellos era desagradable. Todo parecía estar teñido de un tono amarillo verdoso por el cielo contaminado. Las calles estaban atestadas de mendigos, prostitutas y de criaturas que parecían involucrados en actividades sospechosas. Desde donde estaba, Gokú pudo ver a casi una docena de personas inyectándose drogas en el cuerpo, sin importar que todos los pudieran ver.

—¿Qué es este lugar? —preguntó para después toser por el aire pesado y fétido.

Vegeta inclinó la cabeza hacia un lado mientras recordaba los detalles del mundo donde estaban. —Una parada de descanso al infierno —respondió—. Aquí no hay más que ladrones, prostitutas y criminales. Todas las actividades que aquí se hacen son abominables. Este es el país del pecado.

Gokú tuvo un mal presentimiento y temió la respuesta a su siguiente pregunta. —¿Entonces por qué estamos aquí? —preguntó en voz baja.

No tuvo tiempo para prepararse para la poderosa descarga de energía que de repente atravesó a la muchedumbre. Las personas gritaron e intentaron huir mientras las edificaciones pésimamente construidas ardían en llamas y el olor a cuerpos quemados comenzaba a llenar el aire.

—Porque lo necesito —siseó el príncipe mientras liberaba una segunda descarga de energía. Sus ojos se tiñeron rápidamente de verde azulado, pero aún no se transformaba en super Saiyajin.

Gokú dio un paso atrás, horrorizado por lo que vio. —No —susurró—. Vegeta, por favor, no hagas esto…

Una tercera descarga destruyó casi todo lo que quedaba en el área, y Vegeta se alzó en el aire para a continuación dirigirse a sus víctimas. Sin perder tiempo, se adentró a la favela que había ubicado y causó tanto daño como pudo. Estaba tan consumido con acabar con ese mundo que apenas sintió el puñetazo en la mejilla.

—¡DETENTE! —gritó Gokú ya en la segunda fase—. ¡DETÉN ESTO YA!

Pero el príncipe no paró. Ni siquiera desaceleró. Era casi como si no pudiese oír. Él sencillamente siguió matando personas e incendiando el mundo. Gokú volvió a golpearlo y una vez más lo envió a volar pero no se detuvo. Vegeta no pudo sentir el dolor del golpe. En su lugar, usó el impulso para adentrarse a un refugio aún en pie.

Los ojos de Gokú se llenaron de lágrimas mientras volaba tras el príncipe. No estaba seguro de por qué Vegeta no elevaba su poder todavía, pero pensó en usarlo para sacar ventaja. Corrió tan rápido como pudo y abrió los brazos y una vez más sujetó al otro Saiyajin.

Vegeta ni titubeó. Aún siendo capaz de mover los brazos bajo el codo, usó una mano para bajar de un tirón la parte de atrás del pantalón de Gokú sólo unos centímetros mientras que con los dedos de la otra pinchaba con fuerza en la cicatriz de la cola y liberaba una energía estremecedora. Gokú gritó, colapsó y se desmayó del dolor. El pobre Saiyajin criado en la Tierra nunca pensó que Vegeta utilizaría ese punto vulnerable en una pelea.

Pero ese no era el Vegeta que Gokú conocía.

Casi una hora después, Gokú se encontró siendo pateado con suavidad en las rodillas. El Saiyajin más alto gruñó mientras abría lentamente los ojos. La nariz se le arrugó en repulsión ante el hedor acre a su alrededor. De repente, abrió los ojos de golpe cuando recordó dónde estaba y qué estaba pasando. Miró frenéticamente alrededor, y se horrorizó con lo que vio.

Todo el planeta parecía estar en llamas. No había más que incendios y cadáveres hasta donde el ojo podía ver. El cielo amarillo verdoso se había tornado de un amarillo y negro intenso mientras el fuego y el humo se elevaban más y más alto. Partes de cuerpos desmembrados y chamuscados estaban esparcidos por la calle y lo único que se oía eran las llamas asolando la tierra.

Nada había sobrevivido.

Temblando con cada movimiento, Gokú se levantó tambaleándose antes de ver al príncipe detrás de él. Vegeta, quien había dejado su casa hacía setenta minutos completamente limpio en pantalones kaki y camiseta azul, estaba cubierto de sangre. Había perdido la mirada vacía cuando atisbó al Saiyajin más joven. —Ya nos podemos ir —dijo en voz baja, su voz también había vuelto a la normalidad.

—¿Qué hiciste? —susurró Gokú, incapaz de apartar la mirada de la escena ante él.

Vegeta vio hacia un lado y observó el mundo incinerado. —Calmarme —manifestó simplemente para después encogerse de hombros.

Horrorizado, Gokú vio directo a los ojos al príncipe. —¿Matando gente? —preguntó—. ¿Masacrando todo un planeta?

Nuevamente, Vegeta se encogió de hombros. —Sólo me desahogué un poco —respondió con indiferencia—. ¿Cuál es el problema?

Esta vez, Vegeta sintió cómo el puño de Gokú chocaba con su mejilla. —¡MIERDA! —gritó mientas se agarraba la cara—. ¿Por qué carajo hiciste eso?

Gokú comenzó a llorar otra vez mientras clavaba los ojos en su compañero. —¿Ni siquiera te importa? —susurró con voz ronca—. ¿Aniquilaste hasta el último ser viviente de este planeta y ni siquiera te importa?

Aún masajeándose la mejilla adolorida. Vegeta supo muy bien que le debía una explicación a Kakarotto. Después de todo, si no hubiese sido por el otro Saiyajin, él ni siquiera habría sido capaz de llegar a ese mundo. —Mira, Kakarotto —dijo con tranquilidad—, sé que te gusta pensar que cada vida es valiosa y que todos en el universo tienen capacidad de redención, pero eso no es ni remotamente cierto. Hice que me trajeras porque he estado en este mundo antes y sabía lo que era. Ninguno de ellos, jamás, iba a hacer algo bueno con sus vidas. Aquí no se viene a vivir. Se viene a morir. Las únicas criaturas que ponen un pie en este planeta son las que ya saben que no tienen esperanza. —Una vez más, el príncipe se encogió de hombros en consideración—. La verdad, lo único que hice fue acelerar el proceso.

Gokú sacudió la cabeza, aún en un estado de escepticismo. —¿Entonces por qué estuviste aquí? —dijo con voz ronca—. ¿Cómo pudiste estarlo cuando los únicos que lo pisan son los que quieren morir? Demonios, ¿cuándo estuviste aquí?

Vegeta miró atrás al mundo en llamas y se mordió el labio. Esa era una parte de su vida que nunca le contaría a nadie, ni siquiera a Bulma. Él jamás permitiría que ninguno de ellos supiese que hubo una época en su vida donde toda la esperanza pareció perdida, y que no tenía objeto seguir intentándolo.

Y él definitivamente nunca les diría que fue justo después de la batalla en Namek.

—Ya no soy una amenaza para tu mundo. Sólo llévanos a la Tierra —pidió en voz baja mientras veía otra vez al hombre más joven—. Tengo un hijo que cuidar.

Asintiendo tembloroso, Gokú se puso dos dedos en la frente y le hizo una señal al príncipe para que se acercara. Le dio un último vistazo al planeta ahora muerto y dos lágrimas más bajaron por su rostro.

El Armagedón nunca había parecido tan real…


14/07/2013