Un Hogar Vacío

Por: Balthezarian

Traducción: Mya Fanfiction

N.A: admito abiertamente que no estoy muy contenta con este capítulo, pero es lo mejor que puedo hacer por ahora.

Capítulo 14:


Gohan estaba frente a su puerta, tenía los brazos cruzados y se movía nervioso. Su padre le había informado hace un momento que él y el otro Saiyajin puro iban a regresar a la Tierra, y el adolescente sabía que necesitaría que su nivel de energía estuviese alto para que pudiesen volver a casa. No le importaba interpretar el papel de guía, de verdad. Pero todo los acontecimientos que habían ocurrido en los últimos días lo estaban carcomiendo, y no podía evitar sentirse responsable.

Por supuesto, no pasó mucho tiempo para que su padre y el príncipe aparecieran frente a él. Gohan cerró los ojos y sintió un poco de náuseas cuando el olor a sangre le llegó a la cavidad nasal y rápidamente se tapó la nariz y se dio la vuelta.

—El arroyo está a unos ochocientos metros de la casa —tosió mientras abría un ojo para ver al príncipe. Se cubrió la nariz con el antebrazo y le lanzó una cápsula al hombre más bajo—. Aquí tienes ropa limpia, pero es mía así que podría quedarte un poco grande. Y no te preocupes, también hay jabón.

Vegeta miró la cápsula con curiosidad, pero la aceptó en silencio y se fue hacia el sur para lavarse. Mientras veía al príncipe desaparecer en la noche, Gokú se dirigió nuevamente a su hijo. Por primera vez, Gohan vio las manchas dejadas por las lágrimas que dibujaban el rostro de su padre.

—¿Entonces… estás bien? —preguntó nervioso.

El labio de Gokú comenzó a temblar mientras bajaba la mirada. —Fue horrible —susurró—. La sangre, los gritos, la… la matanza, Gohan… fue… —Todo el cuerpo le comenzó a temblar mientras recordaba con claridad lo que había atestiguado en ese planeta—. Gohan, nunca antes había visto, olido o sentido algo como eso. podía incluso oler la muerte. Podía olerla, hijo…

El adolescente le brindó a su padre una sonrisa empática. —Lo sé, papá —dijo en voz baja mientras ponía una mano reconfortante en el hombro de Gokú—. Yo recuerdo cómo huele.

Con una mirada horrorizada, Gokú vio a su hijo directo a los ojos. —¿Cuándo…?

—Piccoro —respondió Gohan bajito—. Todo su cuerpo fue envuelto por una descarga de energía cuando estábamos peleando con… —El adolescente se detuvo antes de terminar la oración. Era una fuerza de hábito decir que peleaban contra «Los Saiyajin», pero en los últimos años había descubierto que le desagradaba la frase. Casi se sentía como un traidor a su propia sangre por usar esas palabras, como si se estuviese llamando a sí mismo el enemigo—…cuando Nappa lo mató —dijo finalmente.

Con los ojos tristes, Gokú volvió a otear a su hijo. —¿Cómo lo olvidaste? —preguntó el padre—. ¿Cómo te quitaste ese olor de la cabeza?

Gohan abrazó suavemente a su padre. No había manera de decirle que ese olor nunca se olvidaba. Él siempre había asumido que éste ya había sido expuesto a eso, que en algún momento de su vida, había olido la muerte. Había sido una parte tan impactante de su niñez que nunca se le había ocurrido que él no hubiese experimentado lo mismo.

Siguió dándole golpecitos en la espalda a Gokú de manera reconfortante. La ironía de la situación era cualquier cosa menos clara para él. Él, el hijo, se había convertido en la figura paterna de su propio padre.

—¿Por qué no entras? —dijo Gohan eventualmente para luego separarse de él—. Tómate una ducha caliente, límpiate bien y te sentirás mejor.

Gokú le brindó a su hijo una sonrisa débil. —Suenas igual a tu madre —dijo en voz baja.

Gohan simplemente sonrió y dio un paso atrás mientas le permitía acceder a la puerta. —Entraré en un momento —dijo.

El Saiyajin puro no necesitó que le dijeran dos veces a dónde se dirigía su hijo. —Ten cuidado —fue todo lo que dijo Gokú antes de entrar. Él, de verdad, requería calmarse, y tenía más que fe en las habilidades de su hijo para manejar la situación.

Tan pronto como Gokú cerró la puerta, Gohan voló dirección al sur hacia el arroyo. Sólo le tomó unos segundos localizar al príncipe en el agua gélida. El híbrido se aclaró la garganta sonoramente mientras descendía, quería estar más que seguro de que el otro Saiyajin sabía que él estaba allí. Después de todo, el hombre estaba de espalda.

—Eso no era necesario, muchacho —manifestó Vegeta mientras se pasaba el jabón por las manos ensangrentadas.

Gohan simplemente se encogió de hombros. —Me pareció que podías sentir que me acercaba, pero pensé en tomar mis precauciones, por si acaso.

Los dos guardaron silencio varios minutos antes de que Vegeta finalmente hablara:

—¿Por qué tenías esto listo cuando llegamos? —preguntó, aún no se daba la vuelta para ver al muchacho.

Una vez más, Gohan hizo un gesto evasivo con los hombros. —Piccoro trajo a tu hijo aún inconsciente a la casa e hizo que mi mamá me llamara para que me dijera lo que pasó. Cuando llegué, me dijo que tú le habías pedido a mi padre que te llevara a algún lugar desconocido camino al infierno y lejos de la Tierra. Me pareció que la única razón por la que harías eso sería para desahogarte. —El adolescente cambió su peso de un pie al otro antes de añadir—, y claro, había asumido que ibas a desquitarte con mi papá, así que tenía todo listo para él también.

Vegeta resopló. —Supongo que tu padre te contó lo que pasó.

—Bueno, no en realidad —respondió Gohan con honestidad—. Pero el olor, la sangre fétida y el hecho de que tú seas el único cubierto con ella no deja mucho a la imaginación.

—¿Y supongo que cuando me dé la vuelta, tendrás esa mirada patética antes de decirme que el Vegeta que tú conoces nunca haría eso?

Fue el turno de Gohan para resoplar. —A duras penas —respondió—. El Vegeta que conocí sacaba casi toda su agresividad de alguna manera violenta. Él de ahora es mucho más selectivo de con quién la saca. Digamos que desde hace unos quince años.

Vegeta se congeló en el río. —Así que esperabas ese comportamiento violento de mi parte.

Era una declaración, eso estaba claro, y una en la que Gohan necesitaba pensar antes de responder. —Mira, Vegeta —comenzó a hablar finalmente—, te he conocido toda la vida. Te conocí como mi enemigo, como mi aliado, como el padre del mejor amigo de mi hermano, como un compañero de entrenamiento; demonios, incluso te conocí como el sujeto al que tuve que recurrir cuando entré en la adolescencia para decirme lo que estaba pasando. Te conozco, Vegeta, y te conozco muy bien.

El príncipe permaneció en silencio y sin mirar en su dirección. Sabía que el muchacho no había terminado.

—Y porque te conozco, Vegeta —continuó Gohan—, sé que se te da mejor lidiar con tus emociones de manera física. Por lo que he escuchado, cuando estás de muy mal humor, normalmente te lo quitas encerrándote en la cámara de gravedad. En el último año, te has desquitado muchas veces con mi papá. Pero por algo como esto, la verdad no estoy sorprendido de que necesitaras algo un poco más… sustancial que intentar golpear a mi padre en el rostro.

—¿Y el genocidio no te molesta? —comentó Vegeta despectivo. Aún se negaba a darse la vuelta.

Gohan sacudió la cabeza. —Mira, no estoy diciendo que esa sea la mejor manera de manejarlo, pero como dije antes, te conozco. Y tú, el que eres ahora, no escogería un planeta cualquiera ni repararía en gastos. Escogería un lugar que quizá estaría en la última. —El híbrido contuvo el aliento mientras esperaba una reacción, la que fuere, que probara que su teoría era correcta. Si tenía razón, entonces, aunque lo que Vegeta hizo había estado mal, era perdonable.

Si estaba equivocado, entonces tenían un problema grave en las manos.

Después de un rato, el príncipe se dio la vuelta y lo vio directo a los ojos. —¿Tú de verdad no tienes miedo de lo que podría hacerle a este planeta? —preguntó.

Gohan casi cayó de espaldas cuando una ola de alivio lo sacudió. Cuando Vegeta hacía algo realmente malo, evitaba hacer contacto visual. Aunque todavía no pensaba que lo que Vegeta había hecho estaba, bajo ningún concepto, bien, al menos no estaba muy por debajo en la lista de lo que estaba «mal». Aliviado, Gohan sacudió la cabeza. —La verdad, no —respondió con honestidad—. Este ha sido tu hogar desde hace mucho, Vegeta, y yo sé que no te desquitarías con él. —Nuevamente, añadió como un reparo.

Cuando vio que el príncipe estaba a punto de refutar, Gohan alzó las manos en señal de rendición. —Mira —dijo a la defensiva—, ambos sabemos que has tomado unas decisiones poco menos que espectaculares concernientes a la seguridad de este planeta y sus habitantes en el pasado, pero no importa lo que digas, sé que no harías algo así de nuevo. Y no hay nada que puedas hacer o decir para hacerme cambiar de parecer.

Respiró tembloroso e intentó controlar su nerviosismo. Hablarle sin rodeos a Vegeta siempre había parecido una mala idea, pero dijo en serio cada palabra y se negaba a retractarse—. ¿Quieres que Trunks se quede esta noche con nosotros? —preguntó con sinceridad—. Me refiero a que ya está dormido. ¿Quieres dejarlo aquí por ahora? La verdad no es problema.

Vegeta salió del agua fría y comenzó a vestirse mientras pensaba cuidadosamente en esa proposición. Era tan tentador decir que sí, dejar que alguien más se encargara del niño en ese estado emocional y dejar que otro le dijera que su madre todavía no sabía quién era. Ya había tenido que decírselo una vez, y no quería ver esa mirada otra vez. Pero semejante acto sería cobarde. Él había huido de casi todos sus problemas emocionales en el pasado, pero se negaba a huir de uno que, evidentemente, involucraba a su hijo.

—No —respondió con firmeza—. Me lo voy a llevar.

Gohan sonrió suavemente. Todo había sido duro… y extraño… en ese momento, pero él tenía confianza en que todo terminaría bien.


De nuevo en la casa, Trunks estaba despierto e intentaba entender la noticia lo mejor que podía. Las lágrimas rodaban por sus mejillas, pero se negaba a llorar fuerte. —Entonces, si entrara a su habitación mañana, ¿ella no sabría quién soy?

Chi-Chi se mordió el labio inferior antes de responder. —Lo siento, Trunks, pero así es.

—Entonces quiero verla mañana.

La madre no esperaba esa declaración, y estaba un poco más que sorprendida. —Trunks, la verdad no creo que sea una buena idea…

El niño de nueve años se limpió las lágrimas con el reverso de la mano. —No te preocupes, tía Chi-Chi. Te prometo que no le diré que es mi mamá. Sólo quiero hablar con ella otra vez, aun si no sabe quién soy.

La mujer de cabello oscuro se movió de su posición en la silla a la cama. Con ternura, envolvió al niño entre sus brazos. —Te diré algo, Trunks —dijo con gentileza mientras le daba un apretón—, llamaré a Bulma esta noche y veré si hay oportunidad de que un grupo de nosotros nos demos una vuelta y pasemos un rato con ella. No iremos todos, quizá nada más mi familia y la tuya.

Los ojos azules de Trunks se iluminaron. —¿De verdad? —preguntó—. ¿Me dejarás hacerlo?

De nuevo, Chi-Chi le dio un abrazo. —De verdad —manifestó—. Y si llegamos allá y cambias de parecer…

—¡No lo haré! —insistió el de nueve años.

Chi-Chi rió una vez más mientras lo abrazaba una tercera vez. —Sé que quizá no lo harás, cariño, pero en caso de que sí, lo cual estaría perfectamente bien, sólo acércate a mí y abrázate a mi pierna. Tomaré eso como una señal, y regresaremos de inmediato.

Trunks pensó cuidadosamente en la oferta. —No cambiaré de parecer —declaró con firmeza mientras veía a la madre de su mejor amigo a los ojos.

Chi-Chi asintió en silencio.

—Y te prometo que no le diré que es mi mamá —continuó el principito.

Chi-Chi asintió de nuevo mientras le daba otro abrazo al niño.

Trunks se acurrucó a Chi-Chi y le regresó el abrazo. —¿Puedes llamarla ahora, tía? —preguntó, su voz se oyó amortiguada por el vestido de ella.

La humana le dio un vistazo al reloj. Eran casi las diez de la noche, pero ella sabía que Bulma era noctámbula por naturaleza, y que después de pasar casi veinte días en cama, quizá no iba a acostarse temprano. —Creo que puedo hacerlo, niño —dijo mientras se separaba de él y le alborotaba el cabello—. Enseguida regreso.

El principito asintió entusiasmado y la madre no pudo evitar sentirse contenta por sus acciones. No importaba cuánto quisiera Trunks demostrar que ya era un hombre, sus gestos aún decían a gritos que era «un niñito adorable». Goten era exactamente igual. Ambos intentaban ser rudos, como sus padres. Era en realidad encantador. Descendió las escaleras en silencio y dio la vuelta en la esquina de la cocina para coger el teléfono.

Estaba tan distraída pensando en las payasadas de los niños que olvidó por qué estaba haciendo la llamada telefónica. En piloto automático, sus dedos volaron por los números y acunó el auricular entre el hombro y el oído. Mientras alcanzaba un trapo de cocina para limpiar el mesón, recordó de repente por qué estaba haciendo lo que estaba haciendo. Así que mientras intentaba pensar frenética y exactamente lo que iba a decir, fue saludada por una entusiasta heredera.

—¡Chi-Chi! —exclamó Bulma—. ¡Oh, estoy tan feliz de que llamaras!

La mujer de cabello oscuro parpadeó sorprendida. —¿De verdad? —preguntó. Quiso abofetearse por la estupidez de su respuesta.

—¡Por supuesto! —dijo Bulma con una risilla—. Apenas he podido socializar, no veo a nadie desde hace tanto. Necesito a alguien con quien hablar, con quien pasar el rato. ¡Demonios, tú eres la persona ideal para «soltarme el pelo»! —Hubo una pausa en la línea antes de que añadiera—, tú sabes, con quien conversar…

A Chi-Chi le tomó un momento recordar que Bulma, por ahora, era calva. —Oh, claro —dijo en voz baja—. Bueno, no puedo ir a pasar el rato esta noche, pero estaba pensando que podríamos reunirnos nuestras familias… y algunos amigos mañana. No iríamos todos —estableció rápidamente—, si no, tú sabes, sólo sería una pequeña fiesta.

En la Corporación Cápsula, Bulma no pudo evitar hacer un puchero. La verdad es que estaba deseando volverse loca con su recién descubierta libertad, pero ella supuso que una pequeña fiesta sería mejor que no tener ninguna. —¡Eso se oye muy bien, Chi! —respondió por fin—. ¿Qué quieres que haga? Oh, ¿quieres que invite a los demás? ¡Yo puedo hacerlo!

—Sólo asegúrate de vestirte. Yo me encargaré de todo lo demás.

—Chi-Chi —gimoteó la heredera—, ¡he estado aburridísima por casi tres semanas! ¡Déjame hacer algo!

Aun cuando sabía que la mujer no podía verla, la más joven le sonrió compasivamente. —Ve, cariño —dijo mientras limpiaba el tope del mesón—, no queremos que tu cerebro se sobrecargue mañana. Acuérdate que no recuerdas nada.

Bulma puso los ojos en blanco. —¿Cuánto tiempo has estado trabajando en ello?

—Unos cuatro segundos —respondió la morena con una sonrisa—. El punto es, mañana recibirás mucha información y creo que lo mejor es que descanses.

Bulma se desplomó sobre la cama mientras suprimía la urgencia de gritar. —Chi-Chi, pasé mi juventud en viajes de aventura con Gokú. ¿Qué puede ser tan grande que no podría soportar?

Chi-Chi sintió que se le helaba la sangre mientras encontraba una respuesta rápida. —Cuando conozcas a Goten mañana, lo entenderás.

La científica rió. —¿Tanto así?

—Imagínate, si puedes, a Gokú de niño, con solamente la mitad de capacidad de concentración y unas cincuenta veces más fuerte.

—Tienes razón, necesito estar bien preparada para eso —respondió Bulma con una sonrisa—. ¿Quiénes vienen entonces?

Chi-Chi hizo un gesto con la mano sin tomar en cuenta que estaba sola—, ya te dije, yo me encargo de eso. ¡Y no me pelees, porque sabes que puedo ir tan lejos como tú!

De nuevo, Bulma rió. —No sé, podría ser divertido tener una discusión de ese calibre. ¡Sería la batalla de la década!

La morena puso los ojos en blanco. Bueno, supongo que eso resuelve el misterio de qué fue lo primero que a él le atrajo de ella, pensó. Hasta ese día, nadie, excepto Vegeta y Bulma, sabía cómo se habían hecho pareja. De hecho, en ese preciso momento, ni siquiera Bulma sabía cómo había pasado. —Para otra ocasión —prometió—. Tú sólo prepárate.

—Está bien —dijo Bulma—. Supongo que no tienes tiempo para preparar un festín ahora, ¿cierto?

—Desearía poder tenerlo —respondió sincera Chi-Chi—, pero en este momento, hay un niñito en el piso de arriba que necesita ser llevado a la cama.

Las dos mujeres intercambiaron chistes por unos minutos más antes de colgar. Considerándolo todo, esa conversación había ido bastante bien. Mientras que para el día siguiente, Chi-Chi calculó que sería suficiente para sorprender a Bulma con la idea de Vegeta como un aliado. Eso, por sí solo, iba a ser una conversación divertida…

Mirando hacia arriba, Chi-Chi señaló con dedo acusador al cielo. —Así que ayúdame, Dendé, si no nos echas una mano en esta, ¡te voy a arrancar las antenas!

En algún lugar distante, un Namek se crispó nerviosamente…


N. T: Gracias a todos por leer pero en especial por los bonitos rws, un abrazo.

19/07/2013