Un Hogar Vacío

Por: Balthezarian

Traducción: Mya Fanfiction

N.T: Estoy tan feliz de saber que será René la voz de Vegeta en la nueva peli de DBZ, la Batalla de los Dioses, que decidí actualizar. ¡Enjoy!

Capítulo 15:


—Todavía no me parece una buena idea —susurró Gohan mientras jugaba con los botones de su camisa.

Chi-Chi simplemente sacudió la cabeza y ordenó el último de los platos. —Lo sé, cariño, pero es muy tarde para aplazarlo ahora. Si le quitamos esto a Trunks, se va a cabrear mucho. —Después de un momento de dudas, una pequeña sonrisa se formó en sus labios—. ¡De hecho, su madre también lo hará!

Gohan se mordió suavemente el labio inferior. —Mamá, Vegeta no se veía muy contento con la idea cuando se lo dijimos anoche —dijo con indecisión.

—Oh, Vegeta no se veía muy contento con nada de lo que le dijimos anoche —argumentó Chi-Chi—. No, no se veía contento, pero tampoco parecía molesto o preocupado. Ya nos hemos comprometido, Gohan.

Viendo hacia un lado, Gohan añadió en voz baja. —Está reprimiendo sus emociones.

Revisando su bolso una última vez, Chi-Chi se encogió de hombros. —La gente lo hace. No es la manera más saludable del mundo de enfrentar los problemas, Gohan —susurró a la vez que organizaba algunas cosas—, pero así es como él lo hace, y no es como si fuese a matar a alguien.

Gohan se dirigió a las escaleras y murmuró algo sobre alistar a Goten. Parecía que su padre no le había contado a su madre los eventos de la noche anterior. Aunque necesitaba urgentemente contarle a alguien lo que había ocurrido, respetaba a Vegeta lo suficiente como para no hacerlo.

Mientras iba a buscar a su hermanito, el adolescente rogó en silencio ser capaz de prevenir que semejante acto pasase de nuevo.


—¿Hey, Papá? —preguntó Trunks mientras bajaba las escaleras de su nuevo hogar.

—¿Hn? —Fue su única respuesta.

El niño de cabello lavanda movió sus pies nervioso. —¿Qué hago si, por ejemplo, Goten menciona que Mamá es, bueno, mi mamá?

Vegeta se arrodilló para atarse los cordones de los zapatos sin mirar a su hijo. —Haz lo mismo de siempre —dijo simplemente.

—¿Qué? —preguntó Trunks genuinamente confundido. No podía recordar un momento de su vida que pudiese usar como referencia.

El príncipe se levantó, giró y colocó una mano sobre el hombro de su hijo. —Pon cara de frustrado, dile que es un idiota en voz muy alta e invéntate algo perfectamente estúpido con qué sermonearlo.

Trunks parpadeó sorprendido a su padre. —¿De verdad crees que eso funcionaría? —se preguntó en voz alta.

—Confía en mí —respondió Vegeta para después darse la vuelta—, tu madre se ha creído esa actuación siempre.

Después de unos minutos de silencio, Trunks una vez más volvió a balancearse sobre sus pies. —¿Hey, Papá? —preguntó.

—¿Hn?

—¿Cómo la llamo? —preguntó el niño—. Me refiero a, no puedo llamarle Mamá, pero la verdad es que no quiero decirle, por ejemplo, Bulma, Señorita Briefs o algo por el estilo.

—Evítalo —respondió su padre sin vacilar—. Yo sinceramente dudo que la conversación llegue a una situación que te deje sin modo de hacerlo.

Pasaron varios minutos antes de que Trunks una vez más se moviera nervioso. —¿Hey, Papá?

—¿Hn?

—Gracias por estar de acuerdo con esto.

Vegeta sólo le brindó un asentimiento silencioso antes de que ambos salieran volando para ir al lugar al que una vez llamaron hogar.


Bulma frunció el ceño ante su reflejo. Había intentado todo lo que se le ocurrió para apartar la atención de su calvicie (estaba reacia a usar una peluca). No importaba lo que probara, aun así, era dolorosamente obvio. Aunque había una capa extremadamente pálida y apenas notable de azul que comenzaba a formarse en su cabeza, todavía se veía calva.

—Maldita sea —gruñó mientras se quitaba la blusa que acababa de ponerse—. ¡Estoy casi convencida de regresar a Namek, reunir las esferas del dragón, y desear que me crezca el cabello! —mirándose al espejo, soltó un suspiro exasperado—. Okay, ¿quiero ir con el sombrero de anciana, la bufanda que hace ver mi cabeza proporcionalmente pequeña o calva y hermosa?

Mirando fugazmente el reloj, se dio cuenta de que sus invitados llegarían en cualquier momento. —¡Oh, qué carajo! —dijo por fin tras tirar la blusa al suelo—. ¡Calva y hermosa!

Un golpe en la puerta sobresaltó a la heredera. —Maldición —gruñó para luego tomar la camiseta más cercana que pudo alcanzar—. ¡No estoy lista!

—Y tus puertas no son a prueba de sonido. —Una voz familiar se oyó desde el otro lado.

Bulma parpadeó y dejo de abotonarse la camiseta azul marino. —¿Krillin? —llamó a través de la puerta.

—¿Conoces a alguien más que se oiga así? — se burló el ex monje. Antes de que pudiera responder, él continuó—. Tengo un par de niños hiperactivos que se mueren por saludarte, ¿puedo dejarlos entrar, o van a tener que subyugarme y romper la puerta?

Unas palabras fueron dichas por una voz joven y desconocida, pero estaban muy amortiguadas por la puerta para que Bulma las pudiera entender. Afortunadamente para ella, Krillin estaba feliz de traducir. —Acabo de recibir varios recordatorios de que pueden someterme, pasar por encima de mí y entrar a la fuerza, si es necesario. —Se oyó una riña, seguido de una serie de risas—. ¡Bulma, sálvame!

Asegurándose de que se veía discreta, Bulma puso la mano en el pomo de la puerta. —¡No temas! —gritó—. ¡Bulma está aquí!

La pobre heredera no tuvo chance de ver qué la golpeó. La puerta se abrió con la fuerza suficiente como para lanzar a la sorprendida genio directo a la cama. Cuando intentaba recuperar la orientación, se encontró tumbada sobre ésta y rodeada de gritos de:

—¡Tía Bulma! ¡Tía Bulma!

—Aaarg —refunfuñó Bulma cuando el más grande de los niños cayó de frente sobre su pecho.

—¡Niños! —gritó Krillin temiendo por la seguridad de la heredera—. ¡Con cuidado!

—Oops —dijo en voz baja el niñito para después bajarse y soltar una risilla—. Lo siento, tía. Algunas veces se me olvida.

Mientras Bulma recuperaba el sentido, no pudo evitar clavar los ojos en el niño frente a ella. —Oh, guao… —susurró.

Los niños intercambiaron miradas confundidas a su reacción, pero Krillin simplemente rió entre dientes. —Lo sé —dijo entre risas—. ¡Te dije que eran completamente idénticos!

Bulma continuó mirando al niño, completamente absorta por la similitud entre él y su padre cuando tenía la misma edad. —Tú debes ser Goten —dijo por fin, sonriéndole al niño.

Goten le gritó. —¡Me recuerdas!

—Lo siento, niño —dijo. Pasó los dedos por el cabello salvaje y abundante del pequeño. —Krillin me contó todo de ti.

—Au, qué mal —gimió Goten, cruzó los brazos e hizo un puchero. Bulma sintió que le dolió un poco el corazón al arruinar las esperanzas del niño, pero cinco segundos después, él se encogió de hombros, soltó una risilla y dijo—, ¡pero qué se puede hacer! —Se sintió bien.

Bulma se giró para observar a la niñita sobre la cama y volvió a sonreír. —Y tú debes ser Marron —se burló y haló a la niña para darle un abrazo suave.

—¡Síp! —dijo con una sonrisa mientras abrazaba a la genio—. Y porque no soy un niño tonto, sé que no me recuerdas, pero mi papi te contó todo de mí. —Sin perder un segundo, empuñó sus pequeñas coletas rubias y le sacó la lengua a Goten.

—¡Hey! —exclamó Goten—. ¡No soy tonto!

—¡Tú eres un niño, los niños son tontos, por lo tanto, tú lo eres! —argumentó la niña.

—¡Bueno, Trunks es muy listo, y él es un niño, eso significa que estás equivocada y que tú eres la tonta!

Bulma parpadeó sorprendida. —¿Quién es Trunks? —preguntó.

—Yo.

Los ojos de Bulma se redirigieron a la puerta del cuarto. Había estado tan distraída por los dos niños hiperactivos que no había visto a Krillin con un niñito callado a su lado.

—Oh —dijo en voz baja—, lo siento, Trunks, pero nadie me dijo nada de ti…

Aunque el niño le brindó un encogimiento de hombros casual, ella pudo ver el dolor en sus ojos azules. —Está bien —susurró él—. No creí que lo hubiesen hecho.

—¡Bueno, ven aquí! —Lo invitó, para luego abrir algo de espacio para él—. ¡Quiero saber todo de ustedes!

Trunks se subió a la cama, pero mientras los demás niños habían estado alocados y felices, este niño parecía nervioso y tímido. —Hola —dijo en un susurro y con los ojos clavados en su regazo.

—Hola, Trunks —respondió también en un susurro y colocó una mano en el hombro del pequeño—. Sé que posiblemente nos conocemos de antes, pero…

—No puedes recordar nada de los últimos doce años —completó el de nueve años—. Como tengo menos de doce, no recuerdas que haya existido.

Bulma quedó un poco atónita por la aspereza del pequeño, pero intentó dejarlo pasar. Después de todo, si un día alguien que la ha conocido toda la vida simplemente la olvida, sería incapaz de esconder su decepción. —Pareces un niño muy listo —complementó.

Trunks pudo sentir cómo se le sonrojaban las mejillas y se aseguró de apartar la mirada de ella. —Gracias —murmuró.

Bulma estudió detenidamente al niño sobre la cama. —Okay, Sé que Goten viene de Gokú y Chi-Chi, y Marron le pertenece a Krillin y… —Bulma echó un vistazo hacia la puerta— ¿Dieciocho? ¿Ese es su nombre?

Krillin afirmó con la cabeza.

—Krillin y Dieciocho —dijo Bulma de nuevo, retomando la idea—. Así que dime, Trunks, ¿puedes ayudarme y decirme cómo encajas en este rompecabezas que forma este grupo?

La habitación quedó en un silencio mortal mientras todos miraban a Trunks. Asegurándose de desviar la mirada, el principito se aclaró la garganta. —Yo nací de la misma forma que ellos.

—Bueno, eso tiene sentido —dijo Bulma despacio buscando cómo obtener la información que quería. Se decidió por abordarlo directamente—. ¿Pero de quiénes eres hijo?

Trunks se retorció bajo la mirada curiosa de su madre. Todos en el grupo, incluso los más pequeños, sabían que Vegeta alguna vez había sido la amenaza más grande para el bienestar de la Tierra. Ellos incluso sabían que hasta donde concernía en la mente de Bulma, él todavía era su mayor enemigo. —Te lo diré más tarde —murmuró Trunks—. Mi papá no era parte del grupo hace doce años, y supongo que quizá debiste conocerlo de antes.

Aunque la lógica del niño no tuvo sentido para ella, Bulma decidió no presionarlo mucho. —Okay, ¿Y qué me dices de tu mamá?

Por primera vez, Trunks levantó la vista y fijó sus ojos en los de su madre. —Ahora no está con nosotros —dijo con firmeza—. Somos sólo mi papá y yo.

—Oh —susurró Bulma moviéndose un poco hacia atrás—, lo siento.

De nuevo, Trunks se encogió de hombros. —Ni te lo puedes imaginar —manifestó objetivamente.

Desde su posición incómoda en la puerta, Krillin se aclaró la garganta. —Bueno —dijo nervioso y dando un aplauso—, ahora conoces a todos los niños, ¿así que por qué no bajamos y damos inicio a la fiesta?

—¡Sííí, una fiesta! —aclamó Goten dando saltitos y poniendo los puñitos en alto—. ¡Mi mami hizo un montón de comida y voy a llegar primero! —Dejando un difuminado de negro y naranja, el pequeño salió como un rayo de la habitación.

—¡Hey! —gritó Marron sacudiendo los pies—, ¡no es justo! ¡Tú tienes poderes! —La pequeña rubia salió de la cama y corrió tan rápido como pudo, intentó alcanzar a su amigo pese a saber que no podía.

Krillin soltó una risotada desde la puerta. —Bulma, vas a tener que correr si quieres conseguir algo de comida —bromeó—. Goten es igual a su papá en lo que respecta a comer. Si está frente a él y alguien le dice que es comestible, lo va a comer, y lo hará rápido.

Bulma soltó una risita. —Debe ser algo de Saiyajin. ¡Gracias a Kami es el único rasgo que Gokú conservó! —Se quedó callada un momento antes de añadir—, bueno, supongo que ese deseo de pelear y su fuerza psicópata son derivados de eso también, pero me alegro que no sea un loco como el resto de ellos. —Con suma facilidad, la heredera salió de la cama y se dirigió a las escaleras. Se detuvo en el inicio de éstas y se dio la vuelta para hablarle al niño aún en la cama—. ¿Trunks, quieres venir también?

Bulma no había visto la mirada en su rostro cuando llamó locos a los Saiyajin. Ella estaba de espaldas a él, así que el dolor desgarrador que esa simple frase causó fue ignorado por ella. Cuando se hubo volteado, él ya se había puesto una máscara de estoicismo sobre su rostro dolorido.

—Claro —manifestó sin rodeos—. Sólo iré al baño mientras estoy aquí arriba.

Ofreciéndole un encogimiento de hombros, Bulma se separó de él. —Bien, parece que sabes dónde está todo. ¡Nos vemos abajo! —Regresó con su amigo bajito y le preguntó si la acompañaba.

—Yo, eh, tengo que ir al baño también —fue todo lo que dijo y se despidió de ella.

Bulma pudo notar que algo pasaba, pero también notó que ellos querían que se fuera antes de hacer algo. —Okay —dijo dubitativa—. Bueno, estaré abajo esperándolos.

Tan pronto como se fue, Krillin entró a la habitación. —¿Cómo estás, niño? —preguntó y puso una mano en el hombro del joven príncipe.

Trunks hizo un gesto, bajó la cabeza y el flequillo le cubrió los ojos. —Bien, creo —murmuró—. Me refiero a que es agradable ver a Mamá feliz y sana, pero…

Cuando el niño no terminó la oración, el ex monje le dio un pequeño abrazo. —Hey, está bien —dijo con tono tranquilizador—. Sabes que si quieres regresar a tu casa, puedes.

—¡Estoy en mi casa! —siseó Trunks fulminando con la mirada a su acompañante.

Krillin se mordió el labio y deseó no haber dicho esa frase. —Lo sé —susurró—. Lo siento, no quise decir eso. Lo que quería decir, Trunks, es si querías marcharte.

Una vez más, el niño bajó la cabeza. —No —respondió en voz baja—, pero me gustaría estar solo un rato.

Krillin asintió y se separó del niño. —Si necesitas algo dímelo —ofreció; lo miró una vez más antes de salir de la habitación.


—Ahí viene —dijo Gohan calladamente. Sabía que era una declaración innecesaria, ya que todos los demás pudieron sentir su ki mientras bajaba las escaleras, pero sintió como si aun así necesitara decirlo. Nadie dijo nada en respuesta, pero todos le ofrecieron un asentimiento en señal de entendimiento. Nervioso, el adolescente vio por el rabillo del ojo a la esquina donde estaba parado el príncipe. Vegeta no había dicho nada desde que llegó, pero el adolescente intentó calmarse recordándose que el Saiyajin puro rara vez, o nunca, hablaba en reuniones.

De repente, Goten entró corriendo a la habitación, claramente para abalanzarse sobre la comida. —¡Qué rico! —gritó dispuesto a zambullirse en ella. Gohan y Gokú arremetieron a la vez, ambos tuvieron que halarlo con fuerza para evitar que el niño se subiera a la mesa.

—Oh no, no lo harás, enano —gruñó Gohan mientras halaba a su hermano.

—Si yo tengo que esperar —añadió Gokú—, ¡tú también!

Mientras lo bajaban al suelo, escucharon un furioso zapateo que se acercaba a ellos. —¡Hiciste trampa! —gritó Marron, entró corriendo con todas sus fuerzas y con rabia a la habitación—. ¡Usaste poderes!

—¡No son poderes, sólo soy más rápido que tú! —replicó Goten y le sacó la lengua.

—¡Los humanos no podemos hacer eso, así que son poderes, hiciste trampa! gritó la niña rubia más alto.

—¡Noh-oh! —argumentó el semi-Saiyajin—. ¡Tu papá, Yamcha y Ten Shin Han pueden correr muy rápido y son humanos, así que no es poder y no hice trampa!

—¡También es un poder! —discutió la niñita.

Goten volvió a sacarle la lengua. —¡Solamente estás molesta porque se puede heredar ser Saiyajin pero no un robot! —Cuando Marron abrió la boca para contraargumentar, se encontró interrumpida.

—¿Las conversaciones aquí siempre son tan intelectualmente estimulantes? —dijo Bulma riendo mientras entraba a la habitación.

—¡Bulma! —dijeron todos. La heredera se encontró rodeada por sus amigos, todos ellos necesitaban ver por sí mismos que ella estaba realmente bien. Ella rio jovial cuando sintió media docena de manos tocando sus hombros, brazos y cabeza mientras intentaban saludarla al mismo tiempo.

—¡Okay, okay, denme algo de espacio! —dijo soltando una risilla para después dar un paso atrás. Los había visto a casi todos cuando estaba herida, pero había descubierto que todos se veían un poco diferentes debido a que la habitación estaba iluminada y que ya no estaba bajo el efecto de la morfina—. ¡Guao, mírense muchachos! —exclamó—. ¿Están seguros de que han pasado doce años desde Namek? ¡El único que parece mayor es Gohan!

Chi-Chi puso los ojos en blanco. —Oh, tú sabes que ahora soy una vieja —se burló.

—¡Hey, cuidado con lo que dices! —argumentó Bulma—. Tú eres más joven que yo, y yo, evidentemente, todavía soy una jovencita. —La verdad, era que Bulma había sacado la cuenta hacía bastante y descubierto que tenía más de cuarenta, pero mientras se sintiera como si estuviese llegando a los treinta, no le importaba—. Por lo tanto, eres joven.

—¿Qué hay de mí, Bulma? —preguntó Gokú actuando como el gran niño de corazón que era—. ¿Me veo diferente?

La heredera observó a su viejo amigo de arriba a abajo. —No tienes arrugas, ni líneas de expresión, ni cambios en el tono de tu piel, obviamente no te has hecho nuevas cicatrices en doce años… ¿ustedes los Saiyajin no envejecen?

Gokú rió entre dientes y se rascó la nuca. —¡Supongo que no! —Le echó un vistazo a la mujer rubia que parecía apartada de las celebraciones—. Hey, Dieciocho, ¿los androides envejecen?

Bulma sumó dos más dos en su cabeza. —Dieciocho no es humana —razonó en voz alta a Chi-Chi—, ¿pero su hija sí?

—No me preguntes —respondió la madre más joven mientras se encogía de hombros—. No sé cómo funciona y ella y yo nunca hemos sido tan cercanas como para que le pregunte.

La científica asintió y archivó mentalmente la información. —Supongo que si eres parte de este grupo y vas a establecerte, necesitas a alguien con una historia de fondo peculiar. A propósito, ¿qué pasa con la novia de Gohan?

Chi-Chi parpadeó sorprendida. —¿De qué estás hablando?

—Todo lo que pude sacarle a Gohan fue que era muy bonita, una peleadora, y que tiene un carácter que se equipara al tuyo y al mío. Incluso me dijo que ella sabía que él no era completamente humano.

—¿Entonces?

Bulma arqueó una ceja. —Ambas sabemos que la gente «normal» no puede aceptar lo que nosotros sí, así que ella evidentemente debe tener alguna clase de historia. ¿Cuál es? ¿Y por qué no está aquí?

Chi-Chi rió. —Oh, esa es una historia larguísima —respondió—. Bueno, no es el motivo por el cual no está aquí. Está del otro lado del mundo con su padre por unos días. Te diré algo, por qué no buscamos algo para comer antes de permitir que los Saiyajin ataquen la comida, y yo te diré todo sobre mi futura nuera.

A Bulma se le desencajó la mandíbula. —¡¿Gohan está comprometido?! —chilló.

Todos dejaron de hablar y se giraron hacia Gohan, quien había comenzado a agitar las manos defensivamente. —¡Mamá, deja de decir eso! ¡No es verdad!

—Yo estaba casada a tu edad —señaló su madre.

Mientras madre e hijo comenzaban su acostumbrada discusión, Bulma se escabulló hacia Gokú. —¿Siempre es así con respecto a casar a Gohan?

Gokú, que intentaba con todas sus ganas no babear la comida sobre la mesa, sólo asintió. —Sí, al menos en el último año. Odio decir esto, pero no tengo ni idea de cómo era cuando no estaba.

—¿Cuando no estabas? —preguntó Bulma parpadeando en sorpresa—. ¿Dónde estabas?

—En el cielo —dijo Gokú con indiferencia. Aún miraba la comida.

Bulma abrió la boca para preguntar de qué demonios estaba hablando su amigo, pero un movimiento en la puerta captó su atención. Observó con detenimiento cuando Trunks entró a la habitación en silencio. El niño parecía dolorosamente tímido, y sintió ganas de acercarse a él y abrazarlo. Ella observó cómo rodeaba la esquina del jardín, y se sorprendió cuando vio una mano extendida asomarse por la pared y posarse en el hombro del pequeño.

Ahora no está con nosotros. Somos sólo mi papá y yo.

Mientras recordaba sus palabras, comenzó a caminar hacia él. Aunque sabía que el hombre sería un extraño para ella, quería asegurarse de saludar a todos los que habían venido a verla. Demonios, incluso había planeado hablar con la hermosa, aunque escalofriante, esposa de Krillin.

El resto del grupo estaba tan absorto en la riña entre Chi-Chi y Gohan que cuando notaron que Bulma se estaba alejando, era demasiado tarde. La heredera caminó con confianza hacia la esquina del edificio para conocer al miembro nuevo del grupo.

Tan pronto como lo vio, soltó un grito extremadamente espeluznante.


22/05/2013