Un Hogar Vacío

Por: Balthezarian

Traducción: Mya Fanfiction

Capítulo 17


Bulma estaba en su habitación, miraba su reflejo en el espejo del tocador. Soltó un resoplido de cansancio, encendió las lámparas que rodeaban al espejo y entrecerró los ojos ante su intensidad. Habían pasado dos horas desde que había dejado la fiesta, y aunque se sentía un poco mal por su inoportuna salida, tenía mil cosas más en la cabeza.

Se pasó una mano por el cuero cabelludo apenas cubierto y comenzó a morderse el labio inferior. Aunque la mayoría de los vellos en su cabeza crecían azules, había algo más de gris de los que le habría importado ver. Había más líneas de expresión en su rostro de las que recordaba, e incluso el color de su piel parecía muy diferente. Estaba más pálida. No mucho, ni siquiera lo suficiente para que se notara si no lo mirabas en detalle, pero Bulma siempre había tenido ojo para eso.

Miró hacia abajo y se pinchó el reverso de la mano y vio lo rápido que ésta se retraía. Ni de lejos tan rápido como solía ser. Pero considerada su edad, muy bien.

Considerada su edad…, había estado consciente desde el día que le presentaron nuevamente a Gohan de que ella tenía cuarenta años de edad, pero hasta ese momento no se sentía así. La fiesta había sido muy divertida, en general, pero mientras más pensaba en ella, más le preocupaba la cantidad de vida que había perdido. Sus amigos estaban mayores, estaban casados y tenían hijos. Y todo lo que ella tenía…, no tenía ni idea de lo que tenía.

Llena de determinación, golpeó el tope del tocador con sus manos y se puso de pie. Abrió la puerta de repente y caminó a zancadas con un propósito. Bajó las escaleras y se dirigió a la cocina, el lugar más probable para encontrar a su madre.

Como era de esperar, la rubia eternamente animada corría de aquí para allá, aseaba todo terminada la fiesta. —¡Oh, cariño! —dijo animada al ver llegar a su hija—. ¿Te sientes mejor? ¡El pobre de Gokú estaba preocupado por ti, pensó que te habías enfermado o algo!

Bulma le brindó una ligera sonrisa a su madre. —No, Mamá, estoy bien —le aseguró—. ¿Los álbumes de fotos siguen donde solíamos guardarlos?

Bunny cambió de actitud y se congeló por un momento. —¿Oh, esos? —respondió intentando ocultar la tensión en su voz—. ¿Para qué quieres ver esas fotos aburridas, cariño?

—Porque me faltan doce años de vida y de verdad quiero recuperarlos —respondió Bulma con indiferencia—. Pienso que ver las fotos, de las cuales has tomado miles en los últimos años, al menos me llevará en la dirección correcta para hacer las preguntas adecuadas.

—Oh, claro —dijo Bunny mientras se pasaba un paño por los dedos—. Bueno, están donde siempre lo han estado —respondió rápidamente—. ¡Qué te diviertas, cariño!

Bulma arqueó una de sus apenas existentes cejas ante la reacción de su madre. Hasta donde sabía, su madre nunca dejaba pasar una oportunidad de mirar fotografías. Cuando Bunny Briefs no estaba jugando en el jardín o cocinando en la cocina, estaba prácticamente metida dentro de sus álbumes de fotos. —Okay… —dijo Bulma para luego salir.

La heredera se dirigió al salón familiar y abrió la puerta de vidrio del gabinete a la izquierda de la televisión. Había docenas de álbumes, cada uno de ellos reunidos meticulosamente por su madre. Abrió el más reciente y volteó hasta la última página llena.

Su rostro se llenó de confusión cuando comenzó a pasar las páginas el libro y vio que sólo estaba lleno una cuarta parte, y la mayoría de las fotos no le decían nada. Había muchas fotos de sus amigos, y un número justo de sus padres, pero suyas había pocas y muy dispersas. Frustrada, Bulma tomó el siguiente álbum de la colección. Cuando lo abrió, de inmediato supo que algo estaba mal con él.

Había grandes huecos, y supo de inmediato que no estaba bien. Su madre apiñaba más fotos de las que se pudieran soñar en un álbum, y el hecho de que hubiera huecos era en extremo perturbador. De nuevo, las fotos suyas eran escasas y ninguna le decía nada.

Bulma ni se molestó en ponerlo en su puesto, lo arrojó al suelo y sacó un tercer álbum. Nuevamente, había huecos, y otra vez, las fotos no le decían nada de lo que necesitaba saber. Nada estaba bien.

—¿Qué demonios está pasando aquí? —susurró.


—Mi muchacho, tienes que relajarte —dijo el Dr. Briefs y luego encendió un cigarrillo.

Vegeta continuó su deambular por los laboratorios del piso inferior, intentaba no perder los cabales. —Relajarme es lo que menos quiero hacer ahora —gruñó—, y aleja eso de mí. No soporto el olor.

El buen doctor observó la punta encendida del cigarrillo, cedió y lo apagó. Aunque estaba ansioso del efecto relajante que la nicotina tenía en él, haría todo lo que estuviese en su poder para calmar a su yerno aún más agitado.

Después de que Bulma dejara la fiesta, el grupo se había separado y regresado a sus casas. Vegeta, no obstante, pareció renuente a dejar el recinto. Terminó quedándose en el patio trasero, mirando fijamente a su antigua habitación por casi treinta minutos antes de que el Dr. Briefs lo encontrara. Los dos hombres sólo se dijeron un par de palabras, y alrededor de las nueve y treinta, el príncipe se marchó. Trunks, que se había quedado dormido antes de que la fiesta terminara, tuvo una pijamada improvisada con Goten, lo cual dejó a Vegeta libre para regresar a la casa sin ser detectado.

Eran alrededor de las diez de la noche cuando el príncipe Saiyajin había regresado al recinto. Se aseguró de evitar la puerta principal y se dirigió a los laboratorios. No estaba seguro de lo que iba a hacer, pero lo que fuese, iba a llevarse a cabo en la Corporación Cápsula. Un día más fuera del lugar y perdería la poca cordura que le quedaba.

—¿Qué quieres hacer? —le preguntó el Dr. Briefs mientras intentaba disipar el poco humo que quedaba.

Vegeta sacudió la cabeza y sin detener el paso, murmuró. —No lo sé.

El científico mayor suspiró pesadamente. —Mi muchacho, no te pregunté qué deberías hacer. Te pregunté qué querías hacer. Son diferentes, lo sabes. —Buscó otro cigarrillo, apenas pudo apagarlo a tiempo—. ¿Entonces, qué quieres hacer?

Vegeta se pasó los dedos por el cabello y finalmente dejó de moverse. —Pararla, hablar con ella, hacerla recordar —declaró con claridad.

—Entonces eso es lo que deberías hacer —respondió el doctor simplemente. Tras ver el rostro confundido de su yerno, le brindó una sonrisa tranquilizadora—. Sube, hijo. Encuentra a mi hija y habla con ella. ¿Quién sabe? Podría ayudar.

Vegeta quedó estupefacto ante la mera sugerencia. Por tres semanas le habían prohibido tajantemente estar en presencia de ella por temor de, literalmente, matarla de miedo. Aun después de haber sanado la noche anterior, su complexión pálida y falta de cabello aún la hacían parecer frágil, y la reacción temerosa que tuvo por él en la mañana le hizo pensar que decirle la verdad quizá la estresaría más. Aun cuando la semilla del ermitaño la había sanado por completo, él había atestiguado de primera mano que era muy probable asustar a alguien hasta matarlo.

No obstante, ella pareció calmarse después de un rato, aunque lo evitó el resto del día. Ella siempre había sido del tipo combativo, y él se imaginó que la vería enloquecer un momento sólo para entrar de lleno en la pelea al siguiente.

¿Valdría la pena el riesgo? Si ella se asustaba abrumadoramente, lo cual era posible sin su ejército de amigos alrededor, sus glándulas adrenales podrían sobreproducir y causarle un paro cardiaco. Pero si no lo hacía, si ella en efecto había aceptado un poco su presencia como un miembro del grupo, tenía esperanza de poder hacerle recordar lo que tuvieron.

El príncipe apenas y se detuvo el tiempo suficiente para dar un corto asentimiento y luego trotó hacia la escalera de la casa principal.


—¿Qué demonios me están ocultando? —demandó saber Bulma mientras agitaba uno de los álbumes de fotos frente al rostro de su madre.

La rubia removió los guantes amarillos de sus manos perfectamente arregladas. Miró alrededor con nerviosismo y respondió con voz temblorosa. —¿Por qué, cariño? ¿Qué te hace pensar que te estamos ocultando algo?

—Oh, Déjate de estupideces, Mamá —espetó Bulma y lanzó el libro en la mesa de la cocina—. Esos álbumes están medio vacíos, y es obvio que las fotos fueron removidas. ¡Intentas esconderme algo y exijo que me digas qué es!

—Nena, sólo has estado sana por un día —respondió Bunny—. ¿Por qué no esperas algunos más antes de intentar saber todo de nuevo? Después de todo, ¡recuperar doce años de historia va a tomarte muchísimo tiempo!

Bulma golpeó la mesa con fuerza. —¡Maldita sea, Mamá, una cosa es saber que olvidé algo y otra es que me lo oculten!

La rubia colocó los guantes en el borde del lavaplatos y suspiró. —¿Podrías dejarnos disfrutar uno o dos días antes de que comiences a fisgonear? —suplicó—. Estabas mucho más feliz esta mañana, cuando en todo lo que pensabas era en la fiesta. ¿Por qué no encuentras algunas actividades con que mantenerte ocupada algunos días, hasta que podamos acostumbrarnos a todo otra vez?

Pero la heredera no sería persuadida. —Porque, querida madre, no estarías esforzándote tanto en ganar tiempo si no hubiese algo grande que quieres ocultar. ¿Así que por qué no nos ahorramos todos los problemas y me dices qué es lo que no quieres que sepa? Sabes que al final lo sabré, ¡así que sólo dímelo! Ahora no estoy en riesgo de sufrir un ataque al corazón.

—Oh, nena, no lo sé… la verdad es que no pareces muy receptiva a la idea de…

—¡¿VEGETA?! —gritó Bulma.

Bunny sonrió, haló a su hija y la abrazó. —¡Oh, nena, recuerdas algo!

Bulma se separó de su madre y dio un paso atrás. —¡No, Mamá, lo que quiero decir es que Vegeta está aquí! —Se tomó un momento y repentinamente parpadeó en sorpresa—. Espera, ¿por qué estabas tan feliz de que recordara a Vegeta? —demandó, fulminando a su madre con la mirada.

Bunny comenzó a jugar con su cabello al darse cuenta de su error. —Oh, nada, cariño —insistió—. Tú, mmm, sólo no parecías recordarlo esta mañana, y cuando dijiste su nombre, pensé que, tú sabes, estabas recordando algo de lo que pasó los últimos años.

El rostro de Bulma se tornó agobiado, su mirada horrorizada. —¿Qué es lo que me están ocultando? —susurró con voz ronca.

—Aparentemente, tu madre todavía cree que estás demasiado débil como para soportar la verdad —respondió brusco. Si iba a hacerla recordar lo que tenían, tenía que ser él mismo—. Lo cual me conduce a una de dos opciones: que de verdad eres una debilucha o que tu madre es una idiota.

Furiosa, Bulma observó al príncipe. —¿Cómo te atreves? —gritó—. ¿Cómo te atreves a venir a mi casa a insultar a mi familia?

—Está bien. No insultaré a tu madre —respondió encogiéndose de hombros con indiferencia—. Te seguiré insultando a ti.

Bulma echó a su madre a un lado con rabia y se puso delante del Saiyajin. —¿Qué demonios estás haciendo aquí? —siseó—. ¿Y dónde carajo está tu hijo?

—Con la cría más pequeña de Kakarotto —respondió con una sonrisa—. Y ya que te negaste a hablar conmigo más temprano, quizá ahora que los imbéciles de tus amigos se fueron, podrías prestarme algo de atención.

La heredera lo empujó y se sorprendió un poco cuando no pudo moverlo un centímetro y casi termina cayéndose ella. —¡Maldita sea, deja de insultar a mis amigos! —gritó—. Si tanto los odias, ¿qué demonios sigues haciendo aquí?

—¿En la Corporación Cápsula? Bueno, aquí es donde…

—¡En la Tierra! —interrumpió—. Si odias todo lo que hay aquí, ¿qué demonios estás haciendo en mi planeta?

De nuevo, él se encogió de hombros en respuesta. —No recuerdo haber dicho que odiara todo en este planeta —respondió con una sonrisa. La miró de arriba a abajo antes de añadir—. Algunas cosas son verdaderamente entretenidas.

Bulma intentó empujarlo otra vez para tratar de apaciguar un poco su mal humor pero falló miserablemente al obtener el mismo resultado. —¿Bueno, qué demonios te hace pensar que yo quiero entretenerte, imbécil? —gritó y dio un zapatazo.

—Mira, no es mi culpa que hayas tirado tu carro por un precipicio y olvidado lo mucho que te gusta pelear conmigo —contraatacó.

—¡No es cierto! —chilló.

—¡Ja! ¡Solías cerrar externamente la puerta de mi cámara de gravedad y hackear el sistema de sonido sólo para decirme pestes! —argumentó agresivamente—. ¡Te desviabas de tu camino sólo para provocar una buena pelea!

Bulma dio otro zapatazo y aulló:

—¡NO, NO ES ASÍ!

Vegeta comenzó a dar vueltas alrededor de ella como si fuese un depredador y gruñó. —Oh, sí, lo es, mujer. Y lo has hecho un millón de veces porque soy el único que lo ha hecho divertido para ti.

Bulma dio un resoplido e intentó despedirlo con un ademán. —Como digas, Vegeta. Me voy a la cama. —Comenzó a subir las escaleras, pero se encontró, para su molestia, con que tenía una sombra Saiyajin—. ¿Qué coño se supone que estás haciendo? —demandó.

—Sacándote de quicio —respondió sonriente—. Tú no eres la única que ha echado de menos cosas las últimas semanas.

—Aah, haces que suene como si en realidad fuésemos cercanos —dijo despectiva y subió el primer escalón.

De repente, él estaba tres escalones encima de ella. —Lo éramos —respondió con indiferencia, bloqueando su ruta por completo—. Y como tengo la certeza de que recordarás todo en cualquier momento, no encuentro lógico continuar esta farsa sin sentido por más tiempo.

Bulma, al recordar que empujarlo no le daría ningún resultado, optó por patearlo. Él la bloqueó, lo que originó que ella se cabreara aún más. —¡Maldita sea, Vegeta! —aulló—. ¿Por qué no te regresas a tu casa y estás con… tu…?

En ese preciso momento, Bulma palideció y sus ojos se ampliaron enormemente. —Nombre de ropa interior —susurró, todo su cuerpo comenzó a sudar frío—. Mitad humano —continuó, sintiendo un nudo en el estómago—. Cabello lavanda y ojos… azules… ¡MAMÁ! ¡PAPÁ! ¡VENGAN ACÁ, AHORA! —bramó.

Dos segundos después, sus padres, quienes habían estado escuchando a escondidas, entraron a la habitación. —Oh, nena, aquí estás —dijo su madre pretendiendo ser inconsciente del increíble nivel de tensión que reinaba en el lugar—. ¡Me preguntaba si querías que preparara rapidito una tanda de esas galletas con chispas de chocolate que tanto te gustan!

Bulma, sin rodeos, le preguntó a sus padres. —¿Tengo un hijo?

El pobre Dr. Briefs intercambió una mirada con su esposa y sacudió la cabeza. —Bueno, eso fue un poco más directo de lo que estaba esperando —respondió eventualmente.

—¿Lo tengo? —preguntó de nuevo, su voz se oyó prácticamente como un siseo.

—Bueno, cariño —comenzó a decir su madre—, ha pasado tanto los últimos años, y has hecho tantas maravillas…

La heredera se dio la vuelta y miró a Vegeta, quien estaba sólo un paso por encima de ella, directo a los ojos. —¿Soy o no la madre de tu hijo?

Vegeta respondió con serenidad y regresándole una mirada igual de severa. —Sí, lo eres.

Bulma lo abofeteó sin esperar un segundo. —¿Y por qué no me lo dijiste? —le siseó.

—¿Cuándo te lo iba a decir? —desafió Vegeta—. ¡Casi sufriste una apoplejía cuando viste que estaba en el planeta, y tan pronto como ese arrebato terminó, me evitaste a toda costa!. Y por cierto, ¡le habría caído muy bien al niño verte enloquecer así ante la idea de que eres su madre!

—¡Oh no, no intente echarme toda la culpa a mí, señor! —contraatacó—. Si te despiertas un día y te dicen que tienes un hijo con alguien a quien no soportas, ¿cómo reaccionarías?

—Posiblemente destruiría muchas cosas —respondió—. ¡Y no te estoy culpando por nada, ridícula! ¡Simplemente te estoy explicando por qué no te dijimos más temprano!

—¿Porque no parecía algo que debería saber? —gritó—. ¡No puedo creer que ninguno de ustedes me dijera que Trunks era mío! Oh, Kami, y apenas pasé tiempo con él en la fiesta… y sé que no lo he visto en semanas porque recuerdo que hoy fue la primera vez que de él… —Fijó la mirada en dirección a Vegeta y puso las manos firmemente en sus caderas—. ¡Exijo que me regreses a mi hijo!

—De ninguna manera —gruñó el príncipe—. Tú podrás ser su madre porque lo pariste, pero hasta que no demuestres que lo conoces, se queda conmigo.

—¡Sé lo suficiente! —argumentó la heredera—. ¡Su nombre es Trunks, tiene nueve años, su mejor amigo es Goten y su padre es un imbécil!

Vegeta la jaló un poco, sólo lo suficiente para hacerla subir un escalón y quedar a nivel de sus ojos. —¿Cuándo es su cumpleaños? —la retó—. ¿En qué grado está? ¿Cuál fue su primera palabra? ¿Cuál es su color favorito? ¿Qué hace para entretenerse? ¿Cuánto come? ¿Cuál es la temperatura regular de su cuerpo? ¿Sabes alguna de esas, mujer?

Ella dio un resoplido y replicó con un:

—¿Las sabes tú?

—El catorce de febrero, quinto, una variación de «perra», azul rey, salir de aventuras con Goten, tres veces su peso actual y treinta y ocho y medio —respondió con serenidad—. Y de ninguna manera voy a permitir que alguien que no sabe nada sobre mi hijo se encargue de él.

Bulma le echó otro vistazo y se dio la vuelta para buscar apoyo en sus padres. —¿Normalmente Trunks vive conmigo? —demandó.

El Dr. Briefs se ajustó los lentes. —Bueno, técnicamente, sí…

—¡Entonces se queda conmigo!

—¡Pero eso no es justo! —intervino Bunny, casi al borde de las lágrimas—. ¡Él también vive con Vegeta!

—¿Pero vive más conmigo, verdad? —preguntó Bulma repentinamente, perdiendo terreno en la batalla improvisada por la custodia del niño.

Bunny se limpió los ojos. —Bueno, los tres viven aquí, así que en realidad es el mismo periodo de tiempo…

—¡¿ÉL VIVE CONMIGO?!

A su lado, Vegeta resopló. —Hey, esa fue tu idea, no la mía. Aunque después de un tiempo, no fue tan malo. Y para tu información, mujer, el niño y yo nos mudamos hace tres semanas, cuando perdiste la memoria. Por los últimos diez años, hemos vivido aquí.

Bulma se tapó las orejas con las manos. —No estoy oyendo esto —dijo en voz alta—. No hay manera de que haya podido vivir con Vegeta por diez años, acostarme con él, tenerle un hijo y aguantarlo. —Miró enfurecida al Saiyajin en la escalera—. Mañana, quiero a mi hijo aquí, en mi casa, a las diez en punto.

—Está bien —coincidió—, pero yo me quedo.

—¡Oh, no, no lo harás!

—¡Oh, sí, lo haré! —replicó—. Puedes pasar tanto tiempo con el niño como él quiera, pero si quieres verlo, tendrás que soportarme a mí.

—Me niego a permitir…

—Entonces no vendrá —interrumpió el príncipe—. Yo me niego a privarlo del único padre que lo reconoce. El niño ha pasado por demasiado últimamente y no necesita que tus demandas ridículas le sumen otro nivel injustificado de estrés. Ya ha perdido un padre este mes, no le pidas que sacrifique al que le queda por tu autoestima.

Bulma se enfureció más al darse cuenta de que no iba a ganarle a ese argumento. —Está bien —dijo con desprecio—. Lleguen mañana a las diez.

—Bien —gruñó. Se dio la vuelta y salió a zancadas de la casa, y ella también se dio la vuelta y salió a zancadas a su habitación.

A unos pocos metros de donde habían estado, Bunny volvió a limpiarse los ojos. —Oh, querido, ¿crees que todo se arreglará entre ellos? —le preguntó a su esposo.

El Dr. Briefs simplemente sacó su tan esperado cigarrillo, lo encendió y le dio una calada. —Si recuerdo correctamente, así era como se comportaban la primera vez que… eh…

La rubia sintió una ola de alivio y abrazó a su esposo con fuerza. —¡Oh, tienes razón, querido! ¡Así como van, estarán juntos otra vez muy pronto y tendremos más nietecitos antes de que nos demos cuenta!

Si ella hubiese sabido lo equivocada que estaba.


05/08/2013