Un Hogar Vacío

Por: Balthezarian

Traducción: Mya Fanfiction

Capítulo 18


Trunks estaba sentado frente a la casita donde residía, jugaba con la grama bajo sus pies. El sol había salido hacía más o menos una hora y él había estado despierto todo ese tiempo.

Se había levantado a las cinco y treinta en la cama de Goten y sintió que tenía que salir de ahí antes de que los demás se levantaran. Le encantaba juntarse con Goten, y su familia siempre había sido amable con él, pero si recibía una vez más esa mirada de «Pobre Niñito», no estaba seguro de poder aguantarse las ganas de matar a alguien.

Así que se escapó antes del amanecer y se marchó a lo que esperaba fuese sólo una habitación temporal para él. Sabía que iba a arder Troya cuando todos se levantaran y descubrieran que ya no estaba donde se suponía, pero no le importaba. Necesitaba aire, espacio, pensar en lo que fuese, menos en el infierno por el que había estado pasando el último mes. Pensó que simplemente podía colarse y después explicarle a su papá. Supuso que iba a estar en problemas, pero estaba listo para enfrentarlos.

Sin embargo, para lo que no estaba listo, era para ver a su padre llegar al mismo tiempo.

Ambos simplemente se observaron por un minuto antes de que Trunks rompiera el silencio. —Entonces, ¿vas a explicar por qué estuviste afuera toda la noche o debo explicarte primero por qué no estoy donde debería estar? —Cuando Vegeta aniquiló a su hijo con la mirada, éste simplemente puso los ojos en blanco—. Necesitaba espacio —declaró.

—Estaba en la Corporación Cápsula —respondió Vegeta.

Trunks arqueó una ceja. —¿Estamos en paz? —preguntó sin molestarse en ocultar su esperanza.

El príncipe meditó un momento antes de asentir. Aunque no aprobaba que su hijo se hubiese escabullido y regresara a la casa, para ser franco no tenía la energía para castigarlo en ese instante. —Procede sin castigo —respondió.

El niño le sonrió a su padre y comenzó a entrar a la casa, pero fue detenido por el brazo de éste. Con vacilación, levantó la mirada. —¿Cambiaste de parecer y soy hombre muerto, verdad?

Vegeta sacudió la cabeza. —Todavía no, pero si quieres que lo ha…

—¡No, estoy bien! —Lleno de curiosidad, intentó descifrar a su padre—. ¿Qué pasa, Papá?

El príncipe no poseía emoción en el rostro cuando le habló a su hijo. —Hablé con tu madre ayer —dijo sin rodeos. —Está consciente de su relación contigo y quiere verte más tarde esta mañana.

Trunks parpadeó sorprendido. —Ella… espera… ¿Qué?

—Está consciente de su relación contigo y quiere verte más tarde esta mañana —repitió—. ¿Quieres ir?

El de nueve años estaba más que un poco abrumado. —Mmm, sí, supongo. ¡Qué estoy diciendo, por supuesto! —El niño sonrió de oreja a oreja—. ¿Mamá sabe que es Mamá? ¡Es grandioso! ¡Podemos regresar a nuestra casa, papá! ¡Vamos a regresar a nuestra casa! Voy a regresar a… ¿no dijiste que íbamos a volver, verdad? —Se dio cuenta con tristeza—. ¿Estabas hablando de ir de visita, y mi mamá aún no sabe quién soy, uh?

—¿Deseas ir o no? —preguntó Vegeta otra vez.

Trunks miró fijamente el suelo y vio el sol reflejarse en el rocío matutino. Él no creía poder soportar otro día de volver a hablarle a una madre que no lo recordaba. Era muy difícil, demasiado. ¿No se merecía descansar un día del infierno en el que se había convertido su vida? ¿No se había ganado un día sin tener que lidiar con los asuntos de su familia aparentemente destruida? ¿No podía pasar una simple tarde despreocupado como cualquier otro niño?

Pero su madre quería verlo, así que eso significaba que ella quería que su familia se reuniera de nuevo…, ¿cierto? Entonces, si él accedía a ir, quizá podría ayudar a refrescarle la memoria. Después de todo, el secreto más grande ya era de conocimiento público, por lo tanto no podía hablar de más, ¿o sí? Y si él iba a ir, su padre tenía que ir también, y si sus padres pasaban mucho tiempo juntos, entonces si incluso su madre no podía recordar, éstos aún podían regresar, ¿no? Después de todo, si se habían enamorado una vez, ¿por qué no podían hacerlo otra vez...?

Trunks comenzó a asentir lentamente. Él sabía que iba a ser difícil, casi insoportable, pero si iba a reunir a la familia… —Lo haré —susurró—. Iré.

Vegeta sólo le brindó un corto asentimiento en respuesta. —Prepárate para irnos a las 9:45 —respondió y entró a la casa. Titubeó antes de echarle un vistazo al niño—. ¿No vas a entrar?

Trunks negó con la cabeza. —De hecho, creo que me quedaré aquí, Papá… Solo.

Y allí se quedó, jugando con la grama bajo sus pies, aguardando y lleno de esperanza.


—No puedo creer que no me dijeran que tengo un hijo —le siseó Bulma a sus padres. Eran casi las diez de la mañana, y si era posible, estaba de peor humor. Había estado despierta casi toda la noche, intentando descifrar cómo carajo había terminado en esa situación. ¿Qué pudo haberla llevado por ese camino? ¿Qué pudo haberla poseído hace diez años para siquiera intentar algo con Vegeta, ni que decir establecerse con él? ¿Por qué, por qué, tenía que ser con él, de entre tantos hombres? Despertarse y descubrir que se había acostado con Krillin habría sido más fácil de asimilar que Vegeta. ¡Y eso era decir mucho para ella!

Por primera vez desde que había llegado a su hogar desde el hospital, su pérdida de memoria le estaba causando más frustración e ira que preocupación y curiosidad. Nadie le decía lo que necesitaba saber, y pensando en las conversaciones que había tenido con sus amigos, entendió que era probable que ellos tampoco pudiesen. Parecía que los únicos que sabían lo que de verdad había pasado eran ella y el Saiyajin, e incluso esa lista estaba cortada a la mitad.

Así que allí estaba sentada, exhausta, frustrada, molesta y muy confundida. La idea de esperar la visita de su hijo todavía parecía mucho para procesar. Había esperado en secreto, cuando se había enterado de que habían pasado doce años, haber tenido el sentido común de tener una familia. Aunque no podía recordar vocalizar su deseo, ella definitivamente había sentido celos cuando Gokú apareció ese día y anunció que tenía un hijo. Había anhelado tener uno propio, y durante la noche, se había dado cuenta de lo afortunada que era porque ya tenía uno. A los cuarenta años, las posibilidades de tener un niño sano decrecían dramáticamente.

Pero tener que ver a su hijo, un niño que ella la verdad no conocía, como un padre que había perdido la custodia legal…, esa no era parte de su sueño. Y sin un anillo en el dedo que le dijera lo contrario, era bastante seguro que el niño había nacido extramaritalmente. Lo cual era lo mejor, dado que aún odiaba la idea de estar cerca del príncipe de los Saiyajin, por no hablar de estar atada a él de por vida.

—Oh, cariño —dijo Bunny con gentileza mientras ponía una mano en el hombro de su hija—, sabes que sólo estábamos protegiéndote.

Bulma fulminó a su madre con la mirada. —¿Mintiéndome? —acusó.

La rubia sacudió la cabeza y negó con un dedo. —Cálmate, nena, tampoco fue como si te hubiésemos dicho que no tenías un hijo.

La heredera gruñó y atravesó la cocina zapateando, luego agarró furiosa la cafetera. —No —dijo echando chispas. Se sirvió una taza hirviendo de muy necesaria cafeína—, ¡sólo sacaron fotos de mis álbumes, y supongo que redecoraron la casa, y quizá mi habitación, para asegurarse de que no lo descubriera!

Bunny parpadeó en sorpresa y se dio golpecitos con el dedo índice en el labio. —¿Cómo te diste cuenta de que cambiamos tu habitación?

—Porque todo está exactamente como lo recuerdo, y a mí me gusta hacer cambios cada tantos meses —respondió Bulma y dejó la cafetera en su lugar con violencia.

—Te dije que se iba a dar cuenta —dijo el Dr. Briefs con calma para después darle un sorbo a su bebida sin apartar la vista de su periódico.

La irá de la mujer más joven se tornó a su padre. —¿Cómo puedes estar tan tranquilo con todo esto? —demandó.

El buen doctor ni se encogió de hombros. En su lugar, sólo le dio la vuelta a la página con tranquilidad. —Porque, cariño, no hay nada por qué estar preocupado. Hemos conocido al niño toda su vida, y hasta tu horrible accidente, lo hemos visto casi todos los días.

—¡Pero esto es algo grande para mí! —gritó Bulma mientras golpeaba la mesa con la taza y botaba algunas gotas de café en el proceso—. ¿Cómo es que no están preocupados por lo que va a ocurrir? ¿Cómo es que no están preocupados por lo aterrador que esto será para mí, y quizá también para Trunks? ¡Quiero decir que, si Mamá de repente olvidara quién soy, y yo estoy por ir a hablar con ella, estaría muerta de miedo!

—Bueno —dijo el anciano doblando el periódico a la mitad—, Supongo que tienes razón en eso. Después de todo, el pobre niño ha pasado por mucho las más recientes semanas, y no has sido tú misma alrededor de él últimamente…, supongo que estará nervioso.

Bulma parpadeó ante las palabras de su padre antes de ponerse roja de la rabia. —¡ESTOY NERVIOSA TAMBIÉN! —gritó y puso las manos con puños cerrados a los lados.

—Oh, Bulma, tú eres una mujer adulta —respondió su madre, hizo un ademán despectivo con la mano mientras abría la despensa—. No dudamos ni por un instante que serás capaz de controlar la situación. Pero sólo piensa en todo lo que ese niño ha pasado el último mes. Al descubrir que su madre había sufrido un accidente, preocupado porque ella iba a morir, al enterarse de que ella no lo recuerda, por tener que mudarse para protegerla… Es muchísimo estrés para un pequeño de nueve años.

Por primera vez, Bulma contempló de verdad lo que debió haber sido estar al otro lado del accidente. Había estado tan concentrada en sus propios problemas, justo como cualquier otro haría en esa posición, que no había pensado realmente por lo que su hijo estaba pasando. Concedió que apenas se había enterado de que tenía un hijo hacía diez horas, pero aún no había tratado de poner las cosas en su perspectiva.

—Supongo que esto ha sido difícil para todos —susurró y finalmente se sentó en la mesa.

—Especialmente para ellos dos —dijo Bunny en voz baja mientras amasaba sobre el mesón—. Han estado tan, pero tan, preocupados por ti…

Bulma vio con curiosidad a su madre. —¿Ellos? —preguntó—. ¿Quiénes son «ellos»?

—Trunks y Vegeta —respondió Bunny un poco confundida. La rubia alegre pensó que era un poco extraño que su hija siempre pareciera olvidar a Vegeta a menos que estuviese furiosa, pero supuso que solamente era debido al estrés de la situación—. Ellos nunca han dejado de pensar en ti.

Bulma se fijó en su taza de café, finalmente notó que había botado un poco de éste durante su anterior diatriba. En lugar de limpiarlo, comenzó a delinear las gotas caídas alrededor de la mesa con el dedo. —¿Tenía una relación verdadera con él? —preguntó en voz baja.

—Y una muy buena —respondió su madre rápidamente—. Nunca vi a nadie hacerte tan feliz como él.

El líquido oscuro se integraba al igualmente oscuro de la mesa mientras Bulma continuaba siguiendo el rastro de sus dedos por él. —No entiendo —susurró más para ella que para alguien más—. Él es un monstruo. Es un asesino. ¿Cómo…, simplemente…, cómo?

—Nena, eso no lo saben ni los dioses —declaró la rubia de una manera práctica—. A lo que me refiero es a que, tu padre y yo sospechábamos que ustedes dos se traían algo, pero insistías e insistías en que no pasaba nada. Lo próximo que supimos fue que él se marchó al espacio, tú nos contaste que tenías tres meses de embarazo y…

—Espérate —interrumpió Bulma con una mirada horrorizada—. ¡¿Vegeta se marchó cuando yo estaba embarazada?!

Sus dos padres se congelaron. Ninguno esperaba tener que hablar de esa parte de la relación con su hija todavía.

No era un secreto para nadie que Bulma y Vegeta habían tenido un comienzo bastante escabroso. El inicio de su relación, hasta donde todos sabían, había sido sólo sexo sin sentido que terminó con un embarazo no planeado. Su relación sin cadenas de repente se encontró con una muy fuerte, y ninguno de los dos lo manejó del todo bien. Sus peleas pasaron de ser socarronas a despiadadas. Una noche, durante una discusión en particular, ella le gritó que se fuera de su vida. Para lo que no estaba lista era para que él tomara sus palabras de forma literal. Ella le dijo que se marchara y él así lo hizo.

Al menos, esa fue la versión que sus padres finalmente adquirieron.

—No es exactamente como se oye, princesa —comenzó a explicar el Dr. Briefs tan razonablemente como era posible mientras intentaba acercarse a su hija—. Hubo una serie de factores complicados, como por ejemplo…

El pobre hombre no tuvo oportunidad de finalizar la oración cuando la puerta trasera se abrió y Trunks entró, seguido de su padre. Bulma se puso de pie al instante. Caminó a zancadas y con determinación hasta el Saiyajin y con cada ápice de fuerza que pudo reunir lo abofeteó en la mejilla.

Vegeta no había estado preparado para el ataque, y aunque la mejilla no le dolía necesariamente, su cabeza se había volteado con violencia hacia un lado.

El sonido resonó por varios segundos en la casa que por el contrario estaba en silencio, y todos siguieron observando horrorizados mientras esperaban lo que fuese a pasar después. Todos los habían visto pelear antes. Demonios, incluso habían apostado cuál de los dos ganaría. Pero nunca, en los diez años que llevaban juntos, habían visto tanto odio.

—Eres un hijo de puta —siseó ella con los puños cerrados a los lados—. ¡Eres un hijo de puta despreciable!

Trunks inmediatamente sintió el ardor de las lágrimas en sus ojos. Así no era como se suponía que iría todo…, se suponía que iban a llevarse bien y serían una familia otra vez…

La cabeza de Vegeta siguió de lado mientras su cerebro intentaba procesar desesperadamente qué diablos acababa de pasar. Él no había esperado, bajo ningún concepto, que ella lo tratara bien. Había esperado, sin embargo, cierto nivel de civismo, más que nada por el bienestar de su hijo. Aunque no habían terminado exactamente en buenos términos la noche anterior, todavía no encontraba explicación lógica para el ataque de ella.

—Esta es la hora acordada —dijo finalmente mientras volteaba poco a poco la cabeza para mirarla a los ojos. Se sintió un poco ridículo diciendo eso, debido a que sabía que esa no era la razón de su ira, pero no se le pudo ocurrir nada más en ese momento.

—¡Me importa una mierda la hora que es, desgraciado! —le gritó—. ¡No puedo creer que haya pensado que fuera posible haber tenido una relación CONTIGO!

Trunks se mordió el labio inferior intentando con todas sus fuerzas no llorar. Estaba parado justo entre sus padres, y podía jurar que sentía físicamente la tensión sobre sus pequeños hombros. La reunión que había esperado con tanta desesperación se estaba esfumando cada vez más. —Por favor… —susurró.

Vegeta optó por un acercamiento un poco diferente. —Si insistes en hacer esto frente a tu familia —gruñó para después mover a Trunks hacia un lado—, ¡al menos ten la buena educación de decirme qué, en teoría, hice mal!

—No hagan esto —suplicó Trunks en voz baja mientras miraba de un padre al otro.

Bulma resopló y se llevó las manos a las caderas. —Tú sí eres descarado, imbécil, pensar que tienes derecho de estar a mi lado, ni qué decir al de mi hijo —gruñó.

El labio de Trunks comenzó a temblar, su corazón a latir rápidamente y sintió como todo su mundo se le desplomaba sobre los hombros.

—Para ser una genio, la verdad es que eres una idiota —contraatacó Vegeta cansado de ser culpado por lo que fuera que lo estuviese siendo—. ¡Es tanto mi hijo como tuyo!

El cuerpo del niño comenzó a temblar también.

—Quiero que te vayas de mi casa —demandó la heredera y agitó el brazo dramáticamente. Cuando Vegeta no se movió, comenzó a zapatear y gritar—. Fuera, fuera, ¡FUERA!

Trunks cerró los ojos de golpe y se tapó los oídos con fuerza. No pudo soportar oír más de eso…, no pudo soportar verlos odiándose…, era mucho…, demasiado…

Vegeta le echó un vistazo a su hijo, y para él, la pelea quedó olvidada en ese instante. —Mujer, este no es el momento…

—¡Al carajo que no lo es! —contraatacó ella—. ¡Me dejaste, maldito! ¡Me abandonaste cuando estaba…! —Fue en ese momento que Bulma finalmente vio a Trunks. Perdió todo el color del rostro y sintió como si el corazón se le subiera por el esófago. Había estado tan envuelta en la furia de haber sido abandonada cuando estaba embarazada que de algún modo lo había bloqueado, y la culpa por haberlo hecho, de inmediato comenzó a consumirla.

Vegeta se había puesto de rodillas para ponerse a nivel visual con su hijo y evidentemente preocupado. —Mírame, niño —dijo en voz baja mientras colocaba sus dedos bajo la mejilla de Trunks. Cuando éste no respondió, intentó guiar su cabeza a la dirección correcta—. Trunks, necesito que me mires a los ojos en este momento —ordenó con gentileza.

Pero Trunks no podía oír nada. Sus ojos estaban muy cerrados, los oídos bloqueados, y todos los gritos y el odio que recién acababa de pasar lo llevaron más allá de su límite.

Los ojos de Bulma se ampliaron cuando el piso comenzó a temblar y una luz extraña comenzó a rodear a su hijo. Unas ondas azules que lucían como de electricidad parecían dar vueltas a su alrededor e incluso pudo recordar cómo se veía cuando comenzaba a elevarse el ki. Su preocupación se acrecentó cuando se dio cuenta de que fue su pelea la que lo había llevado a ese límite.

Su nivel de pánico se disparó cuando notó que sus padres e incluso Vegeta parecían genuinamente alarmados con lo que estaba pasando. Vegeta no se preocupaba. Él nunca se preocupaba. Lo que fuere, no era bueno.

—Mierda —susurró el príncipe cuando se puso de pie. Sin siquiera ojear a los demás gritó—, ¡Enciérrennos! —Mientras alzaba al niño y salía corriendo de la habitación.

Los siguientes minutos casi pasaron borrosos frente a los ojos de Bulma. Sus padres literalmente tiraron todo, derramaron café y masa para panqueques por todo el piso mientras escapaban por las escaleras. En la distancia, pudo oír los gemidos de angustia de su hijo, seguido rápidamente por lo que se oía como una puerta en extremo de pasada siendo cerrada con fuerza. Corrió tras sus padres y se encontró en la habitación de seguridad, observó la gran cantidad de monitores que mantenían la vigilancia en su propiedad. Los dedos viejos de su padre volaron con destreza por una gran cantidad de teclas y las palabras en rojo «Cerrojo Exterior Asegurado» de repente apareció en el tablero.

Todas las pantallas en la habitación de repente funcionaron como una sola, y Bulma fue golpeada por la imagen ante ella. No se podía oír nada, pero se manifestó alto y claro.

Vegeta y Trunks estaban en una habitación que ella creyó lucía muchísimo como el interior de la nave especial que habían construido para Gokú antes de Namek. Trunks estaba de rodillas, con los ojos y los oídos aún cerrados y tapados, pero ahora gritaba salvajemente. Vegeta también estaba arrodillado, sujetaba el rostro alterado de su hijo y decía algo una y otra vez. Sólo unos segundos después, Gokú y Gohan aparecieron de la nada, ambos se veían sumamente preocupados. El príncipe pareció darles una orden y los otros dos asintieron. Gokú desapareció otra vez, y Gohan comenzó a decir algo. Vegeta nunca soltó a Trunks, pero comenzó a intentar tener contacto visual con él.

El niño de nueve años comenzó a temblar violentamente, sus ojos se abrieron a más no poder y sus brazos se tensaron y bajaron a los lados. Bulma observó horrorizada cuando entendió que aun cuando sus ojos estaban abiertos, al parecer él no podía ver ni oír nada. El agarre de Vegeta se intensificó visiblemente, y Gohan cayó de rodillas, lo sujetó por los hombros y le dijo algo al oído.

Ni un segundo después, todo el recinto se agitó con violencia. Los tres terrícolas en la sala de control contuvieron la respiración y observaron en silencio mientas la pantalla insonora les mostraba el poder salvaje e incontrolado del niño.

Allí, frente a sus ojos llenos de asombro, el pequeño de nueve años ascendió.

Trunks se había convertido en Super Saiyajin fase 2.

Dentro de la cámara, Vegeta luchaba para lograr que su hijo lo mirara. Ambos, él y Gohan intentaban absorber tanta energía como les era posible, trataron desesperadamente de evitar que fuese demasiado lejos. Sin embargo, ellos no podían hacer mucho y el niño no parecía estar descendiendo su poder en absoluto.

—Mírame a los ojos, niño —ordenó Vegeta firmemente. Él sabía que si podía establecer un contacto visual real con su hijo, podía hacerlo regresar, o al menos lograr que controlara su poder. Mentiría si dijera que no tenía miedo en ese momento. Él había visto a más de un guerrero ir al extremo de la total destrucción por permitir que su poder sacara el mayor partido de ellos.

Él mismo lo había hecho.

—Concéntrate, Trunks —susurró Gohan, intentaba calmar al niño completamente abrumado—. ¿Puedes hacerlo por mí, enano?

Mientras Trunks continuaba gritando, la paciencia de Vegeta se agotaba. —Maldita sea, ¿dónde diablos está Kakarotto? —le gritó a Gohan.

—Aquí —jadeó Gokú al reaparecer. Le entregó una cápsula a Gohan rápidamente. El adolescente no perdió tiempo en sacar la jeringa e inoculársela al niño en la pierna.

El pequeño gritó por unos segundos más antes de que sus párpados se abrieran y cerraran. Casi tan abruptamente como había iniciado el ascenso, terminó. Trunks puso los ojos en blanco y quedó inconsciente en el suelo de la cámara de gravedad.

Tan pronto como estuvo seguro de que su hijo estaba controlado, Vegeta se puso de pie y golpeó a Gokú en el pecho. —¿Por qué carajo tardaste tanto? —gritó.

—Yo… lo siento, Vegeta —se disculpó Gokú con sinceridad mientras se acariciaba el pecho lastimado—. Tomé la semilla del ermitaño sin problemas, pero cuando Krillin intentó darme la jeringa…yo simplemente… me congelé…

—¡Si te hubieses congelado diez segundos más, mi hijo hubiese muerto! —contraatacó el príncipe.

Gohan dio un paso atrás y se llevó a un Trunks inconsciente con él. Su padre de verdad le tenía pavor a las jeringas, pero concordó con Vegeta en que si hubiese tardado unos segundos más hubiese sido demasiado tarde. Quizá el debió ir con él en lugar de quedarse. Pero si hacía eso, entonces Trunks hubiese sobrepasado su límite físico antes y se hubiese destruido simple y fácilmente. De cualquier manera, él no quería que los dos Saiyajin puros comenzaran a pelear.

—¿Qué pasó? —preguntó sereno, intentó ignorar lo difícil que le era respirar—. Mi papá, Goten y yo estábamos fuera de la casa cuando sentimos el pico de poder.

Vegeta bajó el ritmo de su respiración y recordó lo que había detonado el ataque de ansiedad que había puesto a su hijo más allá del límite seguro. Volteó la cabeza despacio y le echó una mirada asesina a la cámara de vídeo. Aunque él sabía que había sido parcialmente culpable y desde luego, no había ayudado en la situación, también sabía que él no había sido quien comenzó el gran escándalo. Por tres semanas no hubo nada que quisiese más que ver a Bulma sana y feliz.

En ese momento, esos deseos murieron.

El Dr. Briefs reconoció la mirada en los ojos de su yerno y abrió el cerrojo exterior de la puerta. Con una furia que la mayoría de los terrícolas no habían visto jamás, Vegeta rastreó el ki de Bulma. Tiró la puerta y redujo la distancia entre los dos más rápido de lo que ella pudo ver. Bunny y el científico entendieron la señal, salieron de la habitación tan velozmente como pudieron y cerraron la puerta al hacerlo. Ellos sabían que su hija no estaba en peligro físico, pero también sabían mejor que nadie que no debían estar cerca de ellos.

Bulma de repente sintió temor por su vida. Incluso los recuerdos que tenía de Vegeta no le mostraban ni de cerca el nivel de rabia que estaba desplegando en ese momento. Ella no había pretendido alterar a Trunks, de verdad que no. De hecho, ella apenas había notado que él estaba allí hasta que…

La heredera se detuvo a mitad de sus pensamientos. Ella no había notado que él estaba allí. Su propio hijo, a quien peleó por poseer, había estado en la habitación, y ella no lo había visto. Había estado tan obsesionada con su rabia en ese momento que había echado al niño a un lado, lo olvidó como si fuese otro objeto que poseer. La culpa la consumió, y quería disculparse desesperadamente.

Pero Vegeta no la iba a dejar. —Escúchame, perra —comenzó—, Me parece bastante absurdo que te molestes conmigo por algo que hice hace diez años, ni hablar de que me ataques sin advertencia por semejante tontería. Te juro por todos los dioses que si alguna vez vuelves a hacer algo como lo que hiciste hoy en frente de mi hijo, me voy a asegurar de que te arrepientas por el resto de tu vida. El niño y yo hemos hecho todo lo que se nos pidió, todo por tu bienestar, y tú lo sabías. Te lo dijimos ayer en la noche. ¿Y tú te atreves a comportarte como si todo esto girara en torno a ti? Bueno, adivina qué, princesa —dijo despectivo mientras la empujaba contra la pared—. Me cansé. Me cansé de mortificarme por ti, me cansé de soportar tu intolerancia, me cansé de preocuparme por lo que pensaras de mí..., me cansé.

Cuando él salió de la habitación, Bulma no pudo nombrar la emoción que la recorrió. No había considerado que tenía una relación con Vegeta. De hecho, habría hecho lo que fuera para demostrar que no estaba unida a él. Pero la manera como él parecía desentenderse de ella… todo por una pelea… ¿Fue traición lo que sintió? ¿Culpa? ¿Soledad?

En silencio, se pegó a la pared y se dejó caer. Todo estaba mal. Así no se suponía que sería su vida. Su cuerpo comenzó a doblarse por el llanto mientras que detrás de ella, en la gran pantalla, Vegeta levantaba el cuerpo inconsciente de su hijo y se marchaba.


13/08/2013