Un Hogar Vacío
Por: Balthezarian
Traducción: Mya Fanfiction.
Lector Beta: Schala S.
Capítulo 19
Gohan y Gokú habían seguido a Vegeta hasta su casa temporal, ninguno de los dos pensaba que el príncipe debía ser dejado solo. Aunque no se atrevían a decirlo en voz alta, estaban más que temerosos de que éste tuviese otro ataque de nervios genocida. Aun cuando habían decidido mantener ese incidente en secreto del resto del grupo, ellos, desde luego, no lo aprobaban y no tenían intención de permitir que pasara de nuevo.
Asumiendo, por supuesto, que pudieran detenerlo si lo hacía…
Cuando aterrizaron frente a la casa, Vegeta pateó la puerta principal. Sin darse la vuelta para mirar a Gokú y a Gohan, simplemente ordenó. —Lárguense.
—Vegeta —dijo Gokú calmado—, de verdad queremos asegurarnos de que estés bien. Sólo queremos ayudar…
Vegeta exhaló con rabia por la nariz y volteó un cuarto la cabeza hacia el Saiyajin más joven. —No necesito de su ayuda —masculló—. ¡Lárguense!
Pero Gokú no se fue. Dio un paso al frente, se acercó al príncipe y estiró el brazo hacia él. —Estamos aquí para…
A Vegeta no le importó que su coterráneo terminara la oración, optó en su lugar por ignorarlo y entró a la casa. Él había aprendido hacía mucho tiempo que razonar con Kakarotto era inútil, y tenía que poner a su hijo en la cama para hacerlo entrar en razón.
En silencio, subió las escaleras y entró a la habitación del niño, seguido muy de cerca por los dos Son. Lo acostó con gentileza en su cama, se enderezó lentamente y soltó un suspiro que pareció muy relajante. Sin advertencia alguna, se dio la vuelta, golpeó a Gokú en el rostro, y lo mandó a volar por la ventana.
Gohan apenas parpadeó cuando su padre aulló y pasó volando frente a él. Sabía que algo como eso ocurriría, y en realidad no estaba sorprendido. Era obvio que Vegeta quería que lo dejaran solo, Gokú no iba a hacerlo, eso evidentemente molestó al príncipe, y era claro que éste estaba a punto de explotar. Apenas se requería ser un genio para darse cuenta.
—¿Terapia del manejo de la ira? —preguntó el adolescente mientras se asomaba por la ventana para corroborar que su padre estuviera bien. El príncipe lo fulminó con la mirada y él de inmediato levantó las manos en señal de rendición—. Lo siento, parece que estoy imitando a Krillin Ahora —respondió rápidamente.
—Te vas por la puerta principal o de la misma manera como se fue tu padre —amenazó Vegeta.
—Lo haré, si de verdad quieres que lo haga —respondió en voz baja—, pero al menos quiero ofrecerte esto: puedo quedarme aquí arriba con Trunks, cuidarlo y asegurarme de que está bien, y tú puedes ir a sacar toda la rabia que tienes dentro con mi papá hasta que te sientas mejor.
Vegeta le arqueó una ceja al adolescente. —¿Me estás ofreciendo ser el niñero de mi hijo recién ascendido y completamente inestable mientras yo le saco la mierda a tu padre?
Gohan simplemente se encogió de hombros. —Mi papá quiere ayudar, y la verdad es que sólo hay una cosa que él puede hacer en este momento. Tú necesitas descargar la ira de una manera que no termine en la muerte de alguien, y hacer trizas a mi papá al parecer es una buena forma de lograrlo. Y yo… —Se detuvo un momento, miró al niño inconsciente sobre la cama—. Recuerdo lo que se siente alcanzar ese nivel de esa manera.
El príncipe también miró a su hijo antes de echar un vistazo por la ventana. —¿Juras que no te separarás de su lado, no importa lo que pase?
El semi-saiyajin asintió solemnemente. —Te lo prometo, Vegeta.
Mientras le asentía al muchacho, el príncipe levantó un brazo y soltó una descarga por la ventana, de inmediato se oyó un grito de Gokú. —Te tomo la palabra —dijo y salió también por ahí para encontrarse con su oponente.
Gohan sonrió cuando vio que la batalla comenzó. —De nada —dijo en un susurro.
De nuevo en la Corporación Cápsula, Bulma estaba sentada en el sofá, arropada con una manta blanca mientras observaba la pared. —No entiendo —susurró—. ¿Cómo dejé que pasara todo esto? ¿Cómo pude perder el control? ¿Cómo pude olvidarme por completo de mi hijo? —Arropó más sus hombros con la manta, temblaba ligeramente—. ¿Cómo?
En silencio, Bunny se sentó al lado de su hija y le extendió una taza de chocolate caliente. —Aquí tienes, cariño —respondió bajito—. Incluso le he puesto algunos malvaviscos adicionales, justo como te gusta.
Bulma aceptó la taza, pero no bebió de ella. —¿He perdido toda mi vida, verdad?— preguntó, viendo de reojo a su madre.
—Oh, nena —respondió Bunny con dulzura mientras envolvía con los brazos a su hija—, sé que parece difícil ahora, pero no has perdido tu vida.
—Sí, la he perdido —espetó la hija y las lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas—. Yo tenía esta… vida antes de que esto pasara. Tenía una vida familiar. Tenía un hijo, y organicé citas de juegos para él, lo castigué, lo sostuve en mis brazos, y… lo di a luz, Mamá, y ni siquiera me acuerdo. —Sus manos comenzaron a temblar mientras ponía la taza sobre la mesa—. Dar a luz, Mamá. Lo más hermoso que he hecho en toda mi vida y… no lo recuerdo.
Nuevamente, Bunny le dio un abrazo. —Tus recuerdos están allí, nena —le aseguró—. Es sólo que no puedes llegar a ellos ahora.
Bulma sacudió la cabeza y lloró suavemente. —¿De verdad? —preguntó—. Intento recordar, Mamá. En serio que lo hago, y ni siquiera es… como si algo me faltara, como si hubiera un hueco que necesito llenar. Simplemente se siente como si nunca hubiera pasado.
—Pero pasó —le aseguró la rubia—. Es como si esa película que tanto te gusta se rayara y saltara esa parte dramática. Te diste un golpe en la cabeza y ahora tu cerebro se ha saltado algunos capítulos. Pero como en la película, aún está dentro de ti. ¡Sólo necesitas limpiar el disco y estarás fresca como una lechuga!
La heredera de cabello azul se sorbió las lágrimas mientras le parpadeaba a su madre. —¿Cómo… cómo es que puedes comparar mi vida con la de un disco rayado y en efecto hacerme sentir mejor?
Bunny soltó una risilla y le dio otro apretón a su hija. —Algunas personas son científicas, otras pueden volar y otras salvar el mundo. Sucede que yo horneo galletas y hago sentir bien a los demás. —Ella se encogió un poco de hombros y sonrió—. ¡Es lo que hago!
Bulma soltó una risa con aún unas lágrimas en los ojos y le respondió el abrazo a su madre.
—No, Mamá, está bien —dijo Gohan ajustándose el teléfono en la mano—. Trunks todavía está dormido. —Se detuvo un momento para escuchar pacientemente—. No, no, mi papá está con Vegeta ahora. —Otra pausa, seguido por una risotada—. Sí, va a estar así de sucio y hambriento cuando llegue a la casa. Le recordaré que se quede afuera hasta que tú puedas echarle agua con la manguera…, sí, te haré saber cuando termine la pelea. También te quiero.
Colgó la llamada y suspiró para luego sentarse al lado de Trunks. Habían pasado sólo unos diez minutos, y el adolescente tenía el presentimiento de que el niño iba a estar dormido por unas cuantas horas. Ocho años atrás, cuando él había pasado por su ascensión, había estado despierto únicamente el tiempo suficiente para llegar a la casa y contarle a su madre que su padre no iba a regresar. Un minuto después, había quedado inconsciente y dormido por tres días seguidos.
Gohan le quitó el cabello de los ojos a Trunks. El niño no había soportado la transformación tanto como él, sino que había tenido una completamente errática. La de él, aunque desencadenada emocionalmente, fue estable y sostenida. La de Trunks, por otro lado, continuó disparándose. Sin un enemigo directo en quien enfocarla, su poder había permanecido desenfrenado. Su cuerpecito apenas había logrado controlarlo.
—Niño, no te envidio —dijo en voz baja, mirando el rostro durmiente del pequeño—. Quiero decir que, cuando yo pasé por esto, se me escapó por completo de las manos. Toda mi vida pareció derrumbarse después de eso. Pareció empujarme hacia la pubertad de la noche a la mañana y yo estaba…, estaba…, molesto, a toda hora. Hice cosas horribles en aquel entonces, Trunks.
Suspiró y se recostó de su silla, movió los ojos al techo mientras recordaba una parte de la vida que preferiría haber olvidado. —Era terrible —continuó—. Me escapaba de la casa a mitad de la noche, le gritaba a mi madre, me caía a golpes con los pocos que podían… Si tu papá o Piccoro no hubiesen estado para, literalmente, hacerme entrar en razón a palos por un año, la verdad no sé qué habría hecho.
Gohan le dio la vuelta a la silla para observar un punto cualquiera de la pared. —Supongo que tu transformación podría ir un poco mejor que la mía —teorizó—. A lo que me refiero es a que yo ya pasé por esto y sé por lo que vas a pasar. Y tu papá me ayudó a pasar por la mía, así que eso es una ventaja. Incluso tenemos a Dieciocho y a Krillin, y ellos también te ayudarán.
Nuevamente rotó la silla y observó al niño de nueve años por encima del hombro. —Pero yo nunca tuve que pasar por lo que tú, Trunks. Mis padres nunca estuvieron… ¿separados? ¿Así debería llamarlo? Lo que quiero decir es que ellos no discutieron y decidieron que no iba a funcionar, sino que se están peleando, y tú te mudaste, y yo no sé cómo va a terminar esto… ¿Por qué es que me estoy mortificando?
Le dio media vuelta a la silla y finalmente encaró a Trunks por completo. —Supongo que el punto al que quiero llegar es que estamos contigo, niño. Y de verdad espero que lo recuerdes…
»…porque estás a punto de pasar por un infierno…
Gokú se puso los brazos frente al rostro rápidamente, apenas fue capaz de bloquear el ataque que se acercaba a él. Por casi dos horas había intentado contenerse frente a Vegeta, y no fue como él pensaba que sería. Cuando había sido lanzado por la ventana, había creído que el príncipe quería una buena pelea, estaba más que feliz de acceder, pero se encontró con que era considerablemente más difícil de lo que planeó en un principio.
Desde Namek, Gokú tenía el pensamiento reconfortante de saber que era el más fuerte. Nunca fue tan tonto para decirlo a los cuatro vientos, pero estaba más que consciente de la brecha que existía entre él y el príncipe de su raza. Y armado con ese conocimiento, pensó que una pelea sería la mejor manera de permitir que Vegeta liberara su frustración.
Sin embargo, la brecha de poder parecía casi no existir en ese momento. Gokú había peleado con Vegeta, en combates de vida o muerte, muchísimas veces, pero nunca había sido así. Aunque Vegeta era conocido por ser temerario cuando estaba sobresaltado, nunca antes había ignorado tanto su propia seguridad en una pelea. Gokú había pensado que intentar hablar con él al principio ayudaría, pero mirando atrás, incluso él se dio cuenta de que no era lo más inteligente.
Después de dos horas de pelea, Gokú estaba más que un poco preocupado por el gran daño que el Saiyajin mayor estaba recibiendo. Él había tenido que infligir más y más heridas serias al hombre más pequeño, intentaba hacerlo para detenerlo pero sólo lo alentaba. Cada vez que Gokú lo golpeaba, Vegeta contraatacaba más rápido y violentamente que antes. Aunque él se aseguraba de proteger sus órganos vitales y de no causarle heridas más graves, Vegeta parecía haber abandonado al solo hecho de defenderse.
En silencio, Gokú rogaba que Vegeta se calmara o quedara inconsciente pronto. Si no lo hacía, entonces ni qué decir lo mal que la pelea podía terminar.
—¿Cariño? —dijo Bunny bajito mientras acariciaba la cabeza de su hija—, alguien está en la puerta, así que me iré por un minuto, ¿está bien?
Bulma asintió y soltó una risilla tras limpiarse las últimas lágrimas. —Estoy bien, Mamá. No necesitas estar pegada a mi lado a toda hora.
La rubia asintió cuando se puso de pie y se dirigió a la puerta. Observando la taza de chocolate ahora frío, Bulma se masajeó la cabeza, maravillada ante la extraña sensación de piel de melocotón bajo sus dedos. En las últimas dos horas se había calmado significativamente, pero todavía estaba propensa al llanto de manera esporádica. No era necesariamente tristeza lo que sentía cuando lo hacía, y no venía unida a ningún recuerdo que de manera normal lo provocaría, pero al parecer, no podía detener el río de lágrimas ocasionales que bajaban por sus mejillas.
Bulma levantó la cabeza ligeramente y vio en dirección a la puerta, intentaba descubrir a quién oía. Había dos voces, una de ellas era por supuesto la de su madre, pero definitivamente había tres sombras que vislumbró al asomándose desde la esquina. Llena de curiosidad, la heredera se puso de pie para ir a ver quiénes eran.
—¡Oh, cariño, estás despierta! —dijo Bunny efusivamente y abrazó a su hija tras su entrada.
Bulma alzó las pocas cejas que tenía al ver a su madre. —Mamá, mis heridas han sanado por completo. No hay razón para no estar despierta.
—Bueno, estabas tan molesta hace rato que pensé…
—¡Mamá —siseó Bulma por lo bajo—, no frente a los demás!
—Cariño —dijo Chi-Chi volteando los ojos—, ya lo sabemos.
Bulma se enderezó y perdió todo el color del rostro. Con aspecto aterrorizado, clavó los ojos en los de su madre. —¿Les contaste? —susurró.
—¡Por supuesto que no! —Se defendió Bunny de inmediato—. Linda, todo lo que hice fue abrir la puerta cuando ellas llegaron. ¡Ni siquiera sabía que venían! Estaba tan emocionada de que tus amigas estuviesen aquí, ¡y ellas parecían saberlo todo!
Con cautela, Bulma observó a sus dos invitadas. Chi-Chi estaba en la puerta con una cesta de picnic en una mano y una mirada astuta. A su lado estaba Dieciocho con los brazos cruzados y una actitud de completa indiferencia. Aunque Bulma había llegado a aceptar con bastante facilidad que en los últimos doce años se había hecho buena amiga de la morena, no estaba muy convencida de que lo mismo hubiese ocurrido con la rubia.
Se dirigió a Chi-chi tras sacudirse ese pensamiento. —¿Y cómo, exactamente, lograron enterarse de lo que pasó?
Con una mirada de orgullo, la morena sacó rápidamente un teléfono de su cartera. —El pequeño informante de mamá nunca falla —dijo con arrogancia.
Bulma quedó boquiabierta. —¿Gohan, el adorable Gohan que nunca haría nada malo, te dijo cómo mi vida se vino abajo esta mañana?
—Primero que nada —dijo Chi-Chi con un tono de voz maternal—, tu vida no se vino abajo esta mañana, lo hizo hace casi un mes. Sólo que no estabas consciente de ello hasta ahora. Y segundo, aunque puedo bromear al respecto, en realidad no uso a Gohan para espiar a los demás. Cuando el poder de Trunks subió, Gokú y Gohan lo sintieron, y Gokú se teletransportó hasta aquí. Gohan me llamó para hacerme saber lo que pasaba porque, créeme, necesitaba hacerlo.
Bulma se puso las manos en las caderas poniéndose a la defensiva. —¿Y por qué necesitabas saberlo? —masculló.
—Porque —respondió Chi-Chi calmada—, el ascenso a la fase dos de Super Saiyajin es un gran cambio, y va a cambiar tanto la vida de Trunks que vas a necesitar mucha ayuda. Los demás sabemos bastante cómo lidiar con esto por... por…
Mientras la morena parecía luchar con el final de lo que iba a pronunciar, Dieciocho puso los ojos en blanco. —Por su hijo, el cual se convirtió en un pequeño bastardo cuando pasó por eso.
La madre de cabello negro se dio la vuelta y le dio un manotazo a su contraparte rubia en el hombro. —¡No se te ocurra hablar así de mi pequeñín! —gritó.
Dieciocho parecía impertérrita. —Te daré la versión corta de la historia, si tu hijo sigue el mismo patrón, va a ser un pequeño cabrón el próximo año.
Bulma de inmediato siguió los pasos de Chi-Chi y golpeó al androide. —¡Ya párale!
—¿Podemos ir al grano? —dijo Dieciocho con frialdad.
Chi-Chi se espabiló y su rostro se iluminó. —¡Oh, por supuesto! —Se movió rápidamente hacia a Bulma, y le mostró la cesta—. ¡Vinimos cargadas de chocolate y alcohol!
La científica ojeó la cesta y parpadeó sorprendida. —¿Trajeron qué?
—Chocolate y alcohol —repitió Dieciocho—. Has tenido un mes terrible, que terminó con un día peor. No puedes decirnos que no quieres esto.
—¿Les parece una buena idea? —preguntó Bulma con poca energía aunque no del todo opuesta a la idea.
—Totalmente —respondió Chi-Chi de inmediato—. Krillin está cuidando a Goten y Marron, los muchachos están haciendo lo que les gusta ahora, Gohan está al corriente de que este es nuestro plan para el día, y nosotras vamos a asegurarnos de que no haya interrupciones por las próximas horas mientras celebramos tu recuperación y que en general estés feliz.
Una pequeña sonrisa comenzó a formarse en el rostro de Bulma. —¿Estás segura de que no seremos interrumpidas?
Chi-Chi asintió y terminó de entrar a la casa para dirigirse a la cocina. —Por supuesto. Le informamos al grupo de los hombres que cualquier interrupción al de las mujeres traerá como consecuencia una grave escasez de sexo en el futuro próximo. Entonces, a menos que sea el fin del mundo, nos dejarán en paz, así que como dicen las escrituras sagradas: vamos a beber y comer, que mañana vamos a perecer. —Dejó la cesta sobre la mesa de la cocina y comenzó a rebuscar dentro de ella—. Oh, y asaltamos tu estante de películas para ponerte al día otra vez con todas tus favoritas.
—¿Están seguras de que esas aún son mis favoritas? —preguntó Bulma apoyándose contra el marco de la puerta mientras cruzaba los brazos.
Chi-Chi la avistó y sonrió. —Un cuarto son comedias románticas, otro cuarto son comedias, y la otra mitad de ellas son de hombres apuestos peleando y de aventuras. ¿Te viene bien?
Bulma le regresó la sonrisa. —¡Claro que sí!
Después de varias horas, Vegeta finalmente empujó a Gokú, anunciando con claridad que la pelea había terminado.
—Oh, ¿te sientes mejor ahora? —jadeó un exhausto Gokú tras ponerse de pie.
Vegeta le lanzó una mirada asesina a Gokú mientras se limpiaba el sudor de su frente ahora sucia. —¿No aprendiste la lección más temprano? —gruñó.
Gokú parpadeó, intentaba recordar a qué se refería. —Oh, ¿te refieres a hablar contigo sobre cómo te sientes?
—Basta o te juro, Kakarotto, que voy a…
—Oh, no te preocupes —dijo Gokú calmadamente, intentaba desestimar sus palabras con un ademán pero hizo una mueca de dolor al mover la mano. Después de todos los bloqueos que había hecho en las últimas horas, estaba bastante seguro de que al menos tenía un par de pequeñas fracturas en cada brazo, y le dolían.
Vegeta le arqueó una ceja al otro Saiyajin. —Comienza una oración más con «Oh» y tendré que golpearte otra vez.
Gokú se encogió de hombros aceptándolo. —¿Hey, quieres que vaya a ver si hay otra semilla del ermitaño lista? —se ofreció—. Te ves como si la necesitaras. —Una roca pasó sin detenerse por la cabeza del guerrero más alto, y éste aulló cuando apenas pudo evitarla.
—Estoy bien —rugió el príncipe, obligándose a no cojear cuando comenzó a caminar.
Gokú abrió la boca, más que listo para protestar, pero por primera vez decidió que lo mejor sería dejarlo pasar. Vegeta estaba más que un poco herido. Una cantidad substancial de sangre se había escupido, especialmente durante los últimos minutos, y Gokú había experimentado lo suficiente para saber que esa cantidad era demasiada para ser sólo de heridas faciales. Tenía que haber al menos sangramiento de intestino, y él estaba muy preocupado por eso, pero no dijo nada. Lo último que quería era empeorar el humor de Vegeta y sus heridas, y si el príncipe pensaba que él mismo podía hacerse cargo de sus heridas, quizá podía.
Gokú se estiró el cuerpo tras demasiados minutos de silencio. —¿Bueno, qué quieres hacer ahora? —preguntó impaciente.
—Adiós, Kakarotto —dijo únicamente Vegeta, y despegó rumbo a la casa.
Gokú asintió para sí mismo, frotándose las manos ansiosamente. —Okay —se dijo en voz baja y comenzó a caminar—. Al menos esta vez nadie murió…
A cinco kilómetros de distancia, Vegeta cayó ruda e inmediatamente de rodillas. Estiró su mano para sostenerse de un árbol y vomitó un buche de sangre. Por varios minutos tosió y escupió, vaciando más y más sangre cada vez.
Se dio la vuelta temblorosamente, se apoyó del mismo árbol respirando húmeda e irregularmente. Cada movimiento le hacía querer gritar de dolor. Inclinó la cabeza hacia un lado y vació otro buche de sangre y contuvo un grito cuando intentó ponerse de pie. Exhausto, volvió a desplomarse contra el árbol.
Se había negado a recibir ayuda de su rival por rencor y orgullo. Estaba harto de que cada persona que conocía «quisiese ayudar». Estaba cansado de la manera en que lo miraban. Odiaba que todos le hablaran como si él fuese débil e incapaz de lidiar con sus propios problemas. Así que cuando Kakarotto le había ofrecido ayuda, con esa cara compasiva y usando la voz que solía usar con Goten, se había molestado tanto que se había negado a recibirla.
Cuando se estremeció contra el árbol, se arrepintió sobremanera.
Necesitaba ayuda, y mucho. Podía sentir que la sangre le llenaba los pulmones y el estómago. Podía notar que varios de sus órganos habían recibido gran daño. Y cuando su visión se empañó y comenzó a sudar frío, se dio cuenta de que su bazo posiblemente se había roto.
Vegeta jadeó e intentó subir su ki con la esperanza de señalar su ubicación a cualquiera de los demás. Aunque por más que lo intentó, no funcionó.
—Oh, mierda —susurró, sus ojos se pusieron en blanco y se desmayó.
Nadie sabía dónde estaba. Nadie sabía que él estaba seriamente herido. Nadie sabía que él necesitaba ayuda.
Por primera vez en un mes, estaba completamente solo.
23/08/2013
