Un Hogar Vacío
Por: Balthezarian
Traducción: Mya Fanfiction
Capítulo 20
—Damas —dijo Dieciocho levantando la copa de champaña—, por una tarde libre de responsabilidades.
La guerrera morena y la heredera temporalmente calva alzaron sus copas con unas sonrisas en sus rostros. Habían estado bajo algo de estrés el último mes, y la idea de tener por lo menos una tarde libre de todo fue extremadamente apreciada por ellas. Bulma no había sido la única en tener un mes difícil.
Chi-Chi había estado intentando hacerse cargo de tres Son excesivamente ansiosos en la casa. Entre intentar alejar a Gokú de Vegeta, lograr que Gohan dejara de culparse por toda la situación y tener que explicarle a Goten tres veces al día que cuando Trunks decidiera que era hora de jugar otra vez, él lo llamaría, apenas había tenido tiempo para cocinar, ni que decir limpiar, cuidar el jardín, lavar o hacer el mandado. Poner los pies en alto ni siquiera estaba dentro de su rango de fantasías.
Dieciocho se encontró de pronto como una niñera la mitad del tiempo y una espía el otro. Debido a la incapacidad de Goten de estar sin jugar con alguien más por más de un día a la vez y el estrés y mal humor de Gohan, el miembro más pequeño de los Son había pasado casi todos los días en Kame House. Cuando su esposo estaba dispuesto a jugar con los niños por un periodo razonable de tiempo, la rubia tenía que vigilar de cerca a los príncipes. Como era la única que no tenía ki, era la elegida para acercarse lo suficiente a la casa aislada. Aunque particularmente nunca había sentido cariño por Vegeta, ella le había hecho una promesa a Krillin, quien a su vez se la había hecho a Gokú, de asegurarse de que todo estaría bien en esa casita. Ella, también, había estado bajo más estrés de lo que estaba acostumbrada.
Así que ahí estaban, tres mujeres, necesitadas de un día sin pensar, sin estrés, sin responsabilidad. Una botella de precio moderado de champaña se mantenía fría en una hielera y una caja de chocolates muy buenos estaba abierta ante ellas. Chi-Chi había llevado masa para galletas de chocolate, así que las metieron rápidamente en el horno y llenaron la habitación con su delicioso aroma. Todos los teléfonos celulares se apagaron, todos los demás desconectados, incluso la computadora lo fue, sólo para asegurarse de que nadie pudiese hablarles.
Por primera vez en semanas, las tres estaban sonriendo.
Con los pies sobre una mesa ratona, las damas chocaron sus copas y finalmente comenzaron a relajarse y disfrutar el día.
Gokú aterrizó frente al lago y de inmediato se quitó la ropa. Había pocas cosas en la vida que disfrutara más que nadar en un lago frío y agradable después de una larga batalla, inclusive él necesitaba de una pausa para todo lo que había estado pasando últimamente. Hizo movimientos circulares con sus hombros y soltó un grito bajo y corto cuando se lanzó de cabeza al agua prístina. Contuvo el aliento sólo por un minuto antes de emerger, se sacudió el pelo y las gotas cayeron mientras sonreía ampliamente.
El Saiyajin pasó algunos minutos simplemente flotando en el agua antes de ponerse de pie para limpiarse. Comenzó con los hombros, usó el agua fría y sus manos encalladas comenzaron a remover despacio la sangre seca pegada en su piel. Pero cuando llegó al pecho, un frunce se marcó en su rostro. Nunca antes le había importado la sangre. En todo caso, él la disfrutaba demasiado para ser alguien que peleaba del lado de los buenos. Pero mientras se limpiaba la que tenía seca en el pecho, se dio cuenta de que era demasiada.
Él había peleado toda su vida, y de por sí, estaba muy familiarizado con la cantidad de sangramiento debido a heridas. Él podría no ser el más listo de todos cuando se trataba de la «vida normal», pero a él nunca se le escaparía algo relacionado a la batalla o una herida. Los cortes en su cuerpo eran mínimos, pero tenía sangre por todas partes. Algo estaba mal, muy mal.
Lentamente, Gokú salió del agua y recogió su camiseta. Él desde luego que había visto a Vegeta escupir una cantidad considerable de sangre durante la batalla, pero ésta siempre había sido cotidiana en sus peleas. Por supuesto que parecía que había más de la acostumbrada, pero cuando el príncipe estaba particularmente enérgico, era algo que sólo debía ser aceptado. Y debido a que a él nunca le había importado mucho cuán sucio o magullado estuviese después de una batalla, no se preocupaba por mirar su ropa.
Su camiseta estaba toda llena de sangre, y no necesitó de su gran sentido del olfato para notar que la mayoría no era suya. Debido a su pesada guardacamisa, nunca sintió la humedad contra su pecho.
—Oh, Dios —susurró mientras observaba la camiseta endurecida. Sus manos comenzaron a temblar cuando finalmente entendió cuanta pérdida de sangre significaba. Gokú movió la cabeza bruscamente mientras intentaba sentir el ki del príncipe, y su ritmo cardiaco se aceleró cuando se dio cuenta de que no podía hacerlo.
—Mierda, mierda… —murmuró apenas tomándose el tiempo para ponerse los pantalones antes de teletransportarse hacia su hijo tan pronto como pudo.
Si quería tener alguna posibilidad de encontrar al príncipe a tiempo, iba a necesitar ayuda.
Gohan dio un pequeño salto cuando su padre apareció. —Demonios, Papá —dijo con una sonrisa en el rostro—, tenemos que conseguir algún sistema de advertencia para cuando vayas a hacer eso.
—Ven conmigo —ordenó Gokú.
El adolescente sintió que se le heló la sangre cuando oyó el tono de su padre. Era uno que no había oído desde Namek, cuando el mundo iba camino al infierno y Gokú estaba intentaba obligarlo a que se pusiera a salvo. Eso significaba que algo estaba muy mal.
Gohan observó a Trunks y decidió que estaría bien abandonar su ubicación por algo que tenía a su padre así de preocupado. —¿Qué pasa, Papá? —preguntó mientras alzaban vuelo.
Gokú le relató la historia tan rápido como pudo y enfatizó en el punto de que el tiempo era oro. Cuando el adolescente se dio cuenta de que él tampoco podía percibir el ki del príncipe, casi entró en pánico. Las esferas del dragón estaban a mucho tiempo de ser regeneradas, y él estaba bastante seguro de que si el príncipe moría, no iría al mismo lugar que su padre.
—Yo revisaré al norte y tú al sur —dijo, se dio la vuelta y se alejó de su padre.
Tenían mucho terreno que cubrir y nada de tiempo para hacerlo.
—¡Te digo que algo no está bien! —siseó Krillin mientras se aseguraba de que su hija y Goten no lo escucharan.
Yamcha, quien se había dejado caer por allá ante una petición estresada de Krillin, puso los ojos en blanco. —¿Conociendo a este grupo? Posiblemente. Pero Bulma está resguardada por dos mujeres sobreprotectoras, y Gohan y Gokú están vigilando a los otros dos lunáticos. ¿Qué podría estar mal?
Krillin abrió la puerta de la nevera y comenzó a sacar unos refrigerios para los niños. —Todo —susurró—. Sabemos que Gokú y Vegeta estaban peleando, ¿y soy sólo yo, o Vegeta acaba de desaparecer mágicamente del radar?
El guerrero más alto se encogió de hombros. —Quizá Gokú se teletransportó con él a otro planeta para tranquilizarlo un rato.
—¿Te parece probable? —preguntó el más pequeño mientras cortaba manzanas en rebanadas para los pequeños.
Yamcha se sentó en la mesa y dio un suspiro. —No —admitió reluctantemente—, pero no se me ocurre otra forma de exponerlo y que tenga un final feliz. A lo que me refiero es a que la explicación que actualmente tiene mayor sentido es que Gokú de manera accidental…, tú sabes…
Krillin asintió y bajó despacio el cuchillo. —Yo sé —susurró también sin apartar los ojos de la mesa—. ¿No creerás que él de verdad lo…, tú sabes?
—No lo sé —respondió el ex bandido, manteniendo también la mirada apartada—. Quiero decir que él nunca lo haría a propósito, pero algunas veces… Bueno, la verdad es que él no siempre es consciente de su propia fuerza…
La risa de los niños se oyó al fondo mientras ellos guardaban completo silencio. Ninguno de los dos podía completar la oración, no importaba cuánto lo pensaran.
Gohan sintió que el corazón se le subió por la garganta cuando comenzó a notar un leve olor a sangre en el aire. Aunque su sentido del olfato no era ni de cerca tan agudo como el de su padre, todavía era considerablemente mejor que el humano. No obstante, parecía ir haciéndose más leve mientras seguía volando, así que se dio la vuelta a toda velocidad. Le tomó varios segundos descubrir qué dirección tomar, pero tan pronto como lo hizo, elevó su ki y salió volando.
Gokú volteó la cabeza rápidamente cuando sintió el aumento de poder de su hijo, y de inmediato voló en dirección a él. Se obligó a ir hasta su límite absoluto para alcanzarlo y rogó en silencio haber llegado a tiempo.
—¿Lo encontraste? —jadeó Gokú.
—Eso creo —respondió Gohan bajando al suelo tan rápido como pudo. Ambos pararon en seco cuando finalmente encontraron lo que estaban buscando.
Vegeta estaba apoyado a un árbol con la cabeza caída hacia un lado. Una piscina de sangre lo rodeaba y su ropa estaba endurecida de lo seca que estaba. Su rostro estaba virtualmente blanco y rastros de sangre parecían caer por su nariz y boca.
—Oh, Kami… —susurró Gokú.
Gohan tomó la mano de su padre y lo obligó a arrodillarse sobre la sangre mientras ponía la otra mano en el pecho de Vegeta. No cometería el mismo error de hacía unas semanas.
—¡LLÉVANOS AL TEMPLO DE KAMISAMA, YA!
Gokú respondió meramente a la voz de su hijo, se llevó los dos dedos a la frente y se concentró con todas sus fuerzas en el ki de Dendé. Los dos Son desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos y aparecieron un momento después en el Templo de Kamisama.
Con una mirada lúgubre, Dendé, quien había estado esperándolos, se puso de rodillas y comenzó a trabajar.
—¿Alguna vez han tenido esa sensación de que hay algo que deberían estar haciendo, pero no saben lo que es?
Chi-Chi y Dieciocho bajaron las copas y miraron a la heredera temporalmente calva. —¿Qué? —preguntó la rubia.
Bulma estiró las piernas y rotó sus hombros para después darle otro sorbo a su copa. —No sé lo que es, pero acabo de sentir que debería estar haciendo algo muy importante en este momento.
La morena se encogió de hombros y sacó otro chocolate de la caja. —Quizá tenías una reunión de negocios o algo así hoy. Tú sabes, eres la presidenta de la Empresa más grande del planeta. No sé cuánto hiciste por la Corporación los últimos diez años, pero siempre estás ofreciendo presentaciones y supervisando el progreso de los últimos proyectos.
Bulma se echó hacia atrás y se apoyó en el espaldar del sofá arqueándole lo que sería una ceja a la madre más joven. —¿De verdad yo hago todo eso? —dijo con una leve sonrisa.
—Y lo presumes todo el tiempo —añadió Dieciocho poniendo los ojos en blanco—. Cada vez que te vemos, dices «cerré un trato con éste», «acabo de inventar aquello» o «nunca adivinarán a quién le acabo de patear el culo en una negociación el día de hoy».
—Entonces —concluyó Chi-Chi—, posiblemente se trata de algo relacionado con esas citas que habías programado para hoy, pero debido a que el mundo entero sabe que te estás «recuperando» de un «accidente automovilístico moderado», igual ha sido cancelado.
Bulma se llenó la copa mientras pensaba lo que había averiguado. —Creí oír en la fiesta que habían dicho que mi historia permaneció oculta a los medios de comunicación.
—Lo estuvo —Respondió Dieciocho con desinterés—. Al menos, mientras no estábamos seguros si ibas o no a, tú sabes, morir. Tan pronto como supimos que quizá sí sobrevivirías, tuvimos que darles algo de información. Después de todo, tu cabeza fue rasurada cuando los médicos reconstruyeron tu cráneo. Igualmente habrías estado calva, así que pensamos que «recuperación de un accidente» sonaba mucho mejor que «decidió raparse la cabeza espontáneamente».
—No lo sé —respondió Chi-Chi soltando una risilla—, Creo que, «se quemó todo el cabello en un extraño accidente de ciencia» se oye bien.
—«Crisis rockera punk de la mediana edad» —suplió el androide.
—¿«Experimento culinario que salió mal»? —dijo la morena riendo entre dientes.
Dieciocho soltó una carcajada. —¡Esa podría ser la más creíble que he oído hasta ahora!
—¡Hey! —gritó Bulma mientras bajaba la copa—. ¡No soy tan mala en la cocina!
Chi-Chi resopló y le dio otro sorbo a su copa. —Permítenos disentir —dijo riendo—. Tú quemas la comida, teorizas alternativas para recetas basadas solamente en un nivel químico sin conocimiento de cómo sabe, demonios, he oído que has logrado quemar cereal.
—¡Oh, no es posible que eso sea cierto! —argumentó Bulma.
Chichi levantó las manos en señal de defensa y sólo dijo entre risas. —¡Hey, todo lo que sé es lo que he oído!
La heredera calva cruzó los brazos y se sentó encorvada en el sofá. —Ja, ustedes sí que saben cómo animar a alguien —dijo con un puchero.
—¿Te parece? —respondió Dieciocho con una sonrisa divertida en el rostro.
Bulma se enderezó un poco para tomar su copa una vez más. —En Serio —dijo reclinándose otra vez—, tengo esta sensación de que necesito salir, hacer algo.
—Ya te lo dijimos —aseguró Chi-Chi mientras llenaba la copa de Bulma—, lo que sea que tuvieses en agenda, ha sido reprogramado desde hace mucho o resuelto por tu padre.
—Pero yo perdí la memoria —razonó la científica dándole vueltas a su bebida—. ¿Cómo puedo saber que necesito hacer algo cuando ni siquiera sé a lo que me dedico?
Dieciocho se levantó y le dio un sorbo a la suya. —¿Cómo podríamos saberlo? —argumentó—. No somos neurólogas ni tenemos acceso a tu mente retorcida. Quizá es el inicio de la recuperación de tu cerebro.
—Quizá —admitió Bulma—. Sin embargo, yo sólo sé que debería estar haciendo algo… en otro lugar…
—¿Por qué le está tomando tanto tiempo? —demandó Gokú yendo frenéticamente de un lado al otro del templo.
Gohan permanecía arrodillado al lado de Dendé. —Algunas veces se toma más —dijo sin ver hacia arriba.
—¿Pero está vivo, verdad? —preguntó el Saiyajin puro.
Nadie dijo nada.
—¿Verdad? —preguntó de nuevo.
—Gokú, por favor, estoy intentando concentrarme —respondió tenso Dendé.
Cuando el Saiyajin agitado parecía listo para hacer otra pregunta, Piccoro lo llevó aparte. —Gokú, Dendé no será capaz de brindarle toda su ayuda si continúas interrumpiéndolo. Debes permanecer al margen y tener fe en sus habilidades.
El Saiyajin vio directo a los ojos al Namek con los ojos llenos de desesperación. —Sólo dime que no lo maté —preguntó.
—Ten fe —repitió Piccoro mientras colocaba una mano tranquilizadora sobre el hombro de Gokú.
—Oh, Kami, no… —susurró el padre de Gohan dando un paso atrás. Sus ojos se ampliaron en horror—. No, dime que no lo hice…
—Gokú…
—¡DIME QUE NO LO HICE!
—Papá —dijo Gohan en voz baja mientras se ponía rápidamente de pie—, todavía no sabemos nada. E incluso si, Kaio nos ayude, lo peor pasa, todos sabemos que fue un accidente. Nunca lo harías a propósito, y siempre podemos desear que regrese a la vida.
Gokú sacudió la cabeza mientras las lágrimas comenzaban a formarse en sus ojos. —Lo maté… realmente maté a Vegeta…
—No, no lo hiciste —respondió Piccoro.
—Yo creí que él estaba bien —continuó el Saiyajin—. Digo, él estaba hablando, y volaba por su cuenta…, yo nunca habría pensado que él estaba tan mal herido… Lo maté, oh Dios, lo maté…
Gohan vio a su padre y puso las manos sobre sus hombros. —No lo mataste —le aseguró.
—¡Sí, lo hice! —dijo Gokú casi histérico—. ¡Lo maté con mis propias manos! ¡Lo asesiné! Yo…
—¡Gokú! —gritó Dendé con furia por encima del hombro—. ¡Vegeta está vivo!
El Saiyajin puro y más joven se puso de pie más rápido que un pestañeo. —¿Está bien? —preguntó desesperadamente—. ¿De verdad lo está?
Dendé le sonrió al guerrero. —Bueno, no está muy dispuesto para una revancha todavía —bromeó—, pero está respirando por su cuenta, y con un poco de descanso, quedará como nuevo.
—Oh, gracias. —suspiró y cerró los ojos en alivio—. ¿Vegeta? ¿Aún no estás despierto?
El pequeño guardián rió suavemente. —Gokú, va a estar inconsciente una temporada. Estaba seriamente herido, así que me tomó algo más de tiempo curarlo. No te preocupes, él estará bien, pero quizá va a necesitar dormir muchas horas.
—Perfecto —respondió Gohan, juntó las manos y sonrió para él—. Tendré tiempo suficiente para regresar con Trunks antes de que despierte. —El adolescente se dio la vuelta para explicarle rápidamente a su padre la promesa que había hecho y terminó con un—: Si alguien pregunta, tú lo encontraste —dijo, y salió volando en dirección al niño.
Los otros simplemente se quedaron allí y se relajaron un momento. Era un momento que todos necesitaban muchísimo.
—Oh, ¿puedes cambiar de tema ya? —gruñó Dieciocho y se dejó caer en la silla.
—¿Qué? —respondió Bulma y le lanzó un chocolate a la rubia—. ¡Es verdad!
Chi-Chi gruñó. —¡Cierto o falso, ya párale!
—¡Es en serio! —insistió la científica—. ¡Te lo juro, se suponía que debía estar haciendo algo en este momento!
—¡No nos importa! —respondieron las otras dos al unísono.
Bulma hizo otro puchero y se llenó la copa de champaña. —¡Entonces averigüen qué debería estar haciendo! —insistió.
Chi-Chi se quitó algo del cabello del rostro y volteó hacia Dieciocho. —¿Hay alguna manera de hacer eso?
—Sin acceso a todos los archivos de tu computador, lo máximo que alguna de las dos podría hacer sería asegurarse de que todo está bien —respondió con desinterés la rubia. Cuando la heredera se le quedó viendo, ésta volteó los ojos—. Está bien, lo haré. —Sus ojos gélidos se estrecharon cuando comenzó a buscar los ki de los miembros del grupo. Uno por uno fue comprobado, hasta que llegó a un pequeño problema. Podía sentir el ki de Vegeta, pero había algo muy mal en él.
Estaba presente, sin embargo, y debido a que no tenía ganas de oír las quejas de Bulma, decidió no mencionarlo.
—Todos están bien —respondió finalmente—. Todos están vivos y bien, tu compañía está siendo atendida, y tienes el grupo de amigos más absurdamente leal de la galaxia para ayudarte a superar cualquier mierda que pueda atravesarse en tu camino, ¿ahora puedes callarte y beber?
Bulma soltó otra risilla y le dio un buen sorbo a su copa. —¡Vale!
Por primera vez en semanas, todo iba para mejor.
01/09/2013
