Un Hogar Vacío
Por: Balthezarian
Traducción: Mya Fanfiction
Lector Beta: Schala S
Capítulo 21
Dieciocho miró enfurecida su teléfono celular al momento de abrirlo. Después de su descubrimiento unos minutos antes, se excusó y salió de la pequeña fiesta para intentar descubrir qué estaba pasando exactamente. Enfadada, marcó rápido y se llevó el dispositivo a la oreja cuando Yamcha contestó al otro lado de la línea.
—Pásame a mi esposo —ordenó con frialdad. Mientras esperaba que alguien más tomara la llamada, la rubia caminó hacia afuera y se apoyó a una pared exterior de la casa.
Al otro lado de la línea se oyó un pequeño revoloteo. —¿Hola?
—¿Qué carajo está pasando? —siseó Dieciocho.
—¡Oh! ¡Hola, mi vida! —respondió su esposo jovialmente.
—¿Qué carajo está pasando? —repitió. Se aseguró de mantener su tono de voz enfadado tan bajo como le era posible—. ¿Acabo de hacer un registro de los ki de todos, y el de Vegeta es casi inexistente.
Krillin sostuvo el teléfono con el hombro y se limpió las manos con una toalla de cocina. —No lo sé —dijo en un susurro. El hombre pequeño echó un vistazo por encima del hombro para asegurarse de que los niños estuvieran fuera de su radio auditivo antes de continuar—. Gokú y Vegeta estuvieron peleando un rato, pero cuando la pelea terminó ambos estaban, bueno, notorios. Percibíamos ambos ki. Fue unos minutos después que sentimos el de Gokú y Gohan subir, y para cuando eso pasó…
Dieciocho puso los ojos en blanco. —Entonces Gokú dejó inconsciente al bastardo —concluyó. Tenía mucho sentido, a la postre. Vegeta se salía de control cuando estaba alterado, y parecía razonable que el más alto terminara abatiéndolo para poder contenerlo.
—No.
La rubia se puso un poco rígida. —¿No? —repitió—. ¿Entonces por qué…?
—No lo sé —dijo Krillin en voz baja—. Yamcha y yo intentamos seguir la pelea desde aquí, pero no pudimos notar mucho desde esta distancia. —Nuevamente, volvió a chequear por encima del hombro para asegurarse de que los niños no pudieran oírlo—. Fue unos tres minutos después de que la pelea terminara que Vegeta desapareció y Gokú se fortaleció, y no estaban cerca el uno del otro cuando eso pasó.
—Mierda —susurró y se dio la vuelta rápidamente en frustración—. Se suponía que la idea era que reuniéramos a esta familia, no que matáramos a sus miembros uno por uno.
—Dieciocho —dijo Krillin con un tono de voz tranquilizador—, cálmate. He estado vigilando desde aquí. Sí, se fue a pique por un rato, pero se fueron directo con Dendé y Vegeta ya está estable. No sé qué salió mal, pero al parecer todo está bien ahora. Gohan regresó con Trunks, quien aún está dormido. Gokú y Piccoro están en el Templo con Dendé, vigilando a Vegeta. Y tú y Chi-Chi están manteniendo a Bulma cuerda, ¿Cierto?
Su esposa suspiró y se apoyó de nuevo a la pared. —Cierto —dijo en voz baja—. Si se presenta algo más, por favor dímelo.
—Lo haré, mi vida —dijo Krillin calladamente—. Desearía poder hablar más, pero Yamcha acaba de ser tacleado por Goten y nuestra nenita está a punto de matarlo a cosquillas. Creo que debo terminar de hacerles los refrigerios y evitar que mi amigo muera de risa.
Con una sonrisa, Dieciocho se envolvió la cintura con un brazo. —¿En ese orden, verdad?
—¿Conoces una mejor manera de distraer a Goten? —respondió Krillin soltando una risa ligera—. Mira, tengo que irme. ¡Te amo!
Dieciocho sonrió suavemente. —Yo también —dijo bajito antes de colgar. Deslizó el teléfono despacio en su bolsillo y regresó con las otras dos madres.
—¿Te gustaría comer algo?
Gokú volteó a mirar a Dendé. El joven Namek había crecido sustancialmente desde la muerte del Saiyajin hacía ya ocho años, e incluso, pese a tener un año de haber vuelto, le tomó un par de segundos procesar el cambio. —No, gracias —respondió en voz baja.
Piccoro se espabiló un poco ante la respuesta. —¿Son Gokú, rechazando comida?
El Saiyajin sacudió la cabeza con una mirada triste. —Lo siento, muchachos, pero de verdad no me apetece comer nada ahora.
Piccoro le echó una mirada al alienígena más joven e hizo un ademán hacia el Templo. Dendé captó la señal y se disculpó. Pretendió que tenía un asunto sin culminar que atender y dejó a los dos guerreros solos.
—¿Qué pasa? —preguntó el guerrero más alto.
Gokú se pasó los dedos bruscamente por el pelo. —No lo sé —dijo en voz baja, comenzando a caminar de un lado a otro—. No sé lo que me pasa. No sé lo que es. Todo lo que sé es que últimamente siento que lo único que hago es estorbar. Le grité a Bulma cuando estaba en coma, me vine abajo cuando se suponía debía cuidar a los niños, Huí cuando el padre de Bulma me preguntó cómo estaba ella, dejé que mi temor a las agujas pusiera en riesgo la vida de Trunks, ¡y ahora casi maté a Vegeta cuando se suponía que debía ayudarlo a calmarse!
El Saiyajin detuvo su caminar y sus brazos cayeron en señal de derrota. —¿Qué pasa conmigo? —susurró—. ¡Siempre solía saber qué hacer! ¡Nunca permití que nada me afectara! Yo…, yo al parecer ya no puedo hacer nada bien…
El guerrero se sentó en el suelo prístino del Templo y agachó la cabeza. —Todo ha estado tan mal últimamente —dijo en un susurro—. Todo está mal y por primera vez, no tengo idea de cómo arreglarlo.
Piccoro, al no ser particularmente hábil para consolar, optó por guardar silencio. Él, también, había notado que el Saiyajin estaba descolocado últimamente, y aunque tenía sus propias teorías de por qué podría ser, no lo diría en voz alta.
Eso sólo podría empeorarlo todo.
—¡Vamos, Goten, es tu turno! —animó Marron jovialmente. Cuando el pequeño no reaccionó, arrugó el entrecejo y ladeó la cabeza—. ¿Goten? —preguntó—. ¡Goten, es tu turno, tira los dados!
El semi Saiyajin parpadeó y observó a su amiga rubia. —¿Ah? —preguntó.
Marron volteó los ojos. —Es tu turno —repitió. Comenzaba a sentirse frustrada.
—Oh —respondió el niño mayor—. Lo siento, creo que me quedé colgado un rato.
La pequeña ladeó la cabeza hacia el otro lado antes de levantarse y comenzar a caminar alrededor del tablero. —¿Goten? —preguntó suavemente—. ¿Por qué ya no quieres jugar conmigo?
Goten suspiró y miró por la ventana, hacia la playa. —Lo siento —se disculpó genuinamente—. La verdad es que extraño jugar con Trunks.
Marron resopló y le empujó la cabeza. —¿Qué, no soy lo suficientemente divertida para jugar?
—¡Hey! —protestó Goten, vio de reojo a su amiga más pequeña y estiró los brazos para tomar los de ella—. ¡Yo no dije que no fueras divertida! ¡Dije que extraño jugar con Trunks! —Frunció el ceño y fijó la mirada en el suelo—. Nunca he estado separado de él por tanto tiempo.
El labio inferior del pequeño comenzó a temblar, y siguió con los ojos clavados en la alfombra. —Es mi mejor amigo, Marron —continuó, con el labio aún temblando—. Ha estado conmigo desde que tengo memoria. Siempre he jugado con él, al menos una vez por semana, toda mi vida. Mami suele decir que en realidad somos gemelos separados al nacer, pero nunca lo he entendido, porque él siempre ha estado a mi lado, ¿cómo podemos estar separados si siempre hemos estado juntos?
La pequeña cruzó los brazos y se sentó en el suelo al lado del niño. —Al menos tú tienes a alguien con quien jugar siempre —dijo haciendo un puchero—. Ustedes nunca vienen aquí, y cuando lo hacen, no quieren jugar conmigo.
Goten abrió los ojos a más no poder. —¡No es cierto! —se defendió—. ¡Nosotros jugamos contigo!
—¡Sólo cuando estamos encerrados o construimos castillos de arena! —argumentó la pequeña de coletas—. ¡Ustedes nunca juegan sus otros juegos conmigo!
—¡Porque no nos dejan! —gritó el híbrido—. ¡Mami y mi tía Bulma dicen que no podemos jugar así contigo porque somos Saiyajin y podemos lastimarte por accidente!
Marron le lanzó a su compañero una frambuesa e hizo un gran puchero. —¡Sólo lo dices porque soy una niña! —refunfuñó.
—¡No! —gritó Goten de nuevo—. ¡No tiene nada que ver con que seas niña! ¡Es porque eres humana!
Marron le lanzó un puñetazo a Goten y conectó firmemente su hombro. —¡Auu! —chilló, llevándose la mano herida a su regazo.
—¿Ves? —espetó Goten llevándose las manos a la cabeza en frustración—. ¡Ni siquiera puedo dejar que me pegues sin que salgas herida! ¿Cómo voy a jugar a que te pillo, o a luchar, o lo que sea contigo si te lastimas con sólo estar sentada aquí?
De nuevo, la pequeña resopló. —Bueno, ¡tienen que encontrar una manera! —chilló—. ¡Odio que me hagan a un lado solamente por ser humana! ¡Yo quiero jugar con ustedes!
—¡Bueno, tampoco es como si no quisiéramos jugar contigo! —dijo Goten en voz alta—. ¡No tenemos nadie más con quien jugar!
—¡Entonces tienen que convertirse en humanos para poder jugar conmigo! —discutió la rubia. Cuando Goten no respondió de inmediato, la pequeña miró al techo y cruzó los brazos de nuevo—. Eres un estúpido.
—¡Tú eres la estúpida! —contraatacó el semi-Saiyajin.
Y con eso terminó la pelea, con los dos haciendo pucheros y observando por la ventana.
—¿Entonces, cómo fue que nos hicimos amigas? —preguntó. Cuando la mujer más joven puso cara de casi ofendida, Bulma usó su mano libre para hacer un ademán—. Sabes a qué me refiero —aclaró y después le dio un sorbo a su bebida—. La última vez que recuerdo que nos vimos, tú acababas de dejar a Gohan con ese trajecito estúpido y le habías puesto tanto gel en el pelo que no se despeinó ni un poco en todo el viaje. Lo siento, cariño, pero tú y yo nunca pasamos tiempo juntas hasta donde me acuerdo.
Chi-Chi respondió gruñendo mientras se soltaba el cabello. —Oh, me haces sonar como si fuese una vieja urraca y aburrida.
Bulma soltó una risotada y dio otro sorbo. —¿De verdad quieres que haga un comentario al respecto?
—Cállate —respondió la morena, sacudiéndose el pelo—. Tampoco es como si ustedes hubiesen sido el grupo más divertido del mundo hace doce años.
—¡Hey! —escupió la heredera calva—. ¡Yo era muy divertida!
Chi-Chi resopló y después le dio un sorbo a su bebida. —Por favor —chilló—. Oí las historias de Gohan y Krillin. Fuiste un dolor de cabeza todo el viaje. —Antes de que la mayor de las mujeres pudiera defenderse, Chi-Chi finalmente respondió a la pregunta—: Cuando Gokú se fue hace ocho años, yo ya tenía tres meses embarazada de Goten. Tenía miedo y estaba sola, y sin un esposo o una fuente de ingresos directa, la idea de criar a dos hijos mitad Saiyajin era algo abrumadora.
Ella le dio otro sorbo a su bebida lentamente. —Cerca de un mes después de Cell…, te contaremos de él en otro momento…, yo te llamé porque necesitaba ayuda. Gohan estaba incontrolable, y mientras mi embarazo progresaba, comprendí que iba a ser mucho más difícil que el primero. Hasta lo más sencillo me costaba, y no podía hacerlo sola. No tenía precisamente muchos amigos a quien llamar, pero tú y yo somos las únicas mujeres en este planeta que han estado embarazadas de Saiyajin. Al parecer, tú eras la mejor opción para pedir auxilio.
La heredera se encogió un poco. No era secreto para ella que Chi-Chi nunca había sido precisamente una persona social, pero era doloroso oír que la mujer había pasado un mes entero de penurias durante su segundo trimestre antes de finalmente decidirse a recurrir a ella para pedirle ayuda.
—Como sea —continuó Chi-Chi, dándole vueltas a su copa—, fui confinada a descansar en una cama las últimas semanas, y nos dejaste quedarnos aquí con ustedes, así tú y tu mamá podían echarme una mano con el bebé y Vegeta controlar a Gohan.
Bulma se congeló ante esa declaración y dejó la copa frente a sus labios. Luego la posó despacio sobre la mesa con una mirada sombría. —Vegeta… —susurró.
Chi-Chi abrió bien los ojos cuando se dio cuenta de su error. —Entonces —intentó continuar, esperando distraer a la heredera—, después de que Goten nació, él y Trunks formaron un vínculo casi instantáneo. Los pequeños han estado prácticamente unidos por el ombligo desde el primer día, y después de tantos años de invitaciones para jugar y prácticas de combate, tú y yo al final tuvimos la oportunidad de pasar tiempo juntas. Con el tiempo, nos hicimos muy amigas.
—Ya veo —dijo Bulma en tono distante—. Ahora que estamos en el tema de nuestras familias…
—Oh, no me hagas esto —rogó Chi-Chi.
—Lo siento —dijo la heredera con un tono de voz completamente antipático—. Ustedes han venido para animarme, y yo no seré feliz hasta al menos saber cómo terminé precisamente con Vegeta.
La morena gruñó y dejó también su copa sobre la mesa ratona, después se puso el rostro entre las manos. —Bulma, no puedo responder a eso.
Bulma comenzó a sentirse frustrada con su amiga. —¡Chi-Chi, me estoy hartando de que eludan el tema de mi vida personal!
—¡No lo estoy eludiendo! —espetó la mujer más joven—. Yo, siendo honesta, ¡no sé cómo ustedes dos terminaron juntos! ¡Nadie lo sabe! ¡Ustedes dos tenían juntos un año y un hijo antes de que siquiera sospecháramos de que eran pareja!
—Acabas de decirme que hemos pasado mucho tiempo juntas los últimos ocho años —argumentó Bulma—. ¿De verdad me estás diciendo que en todo ese tiempo, nunca te conté cómo comenzó todo?
—¡No! —chilló la morena—. Tú has contado todo lo demás, hasta lo que hacían en la cama, pero incluso cuando te lo preguntábamos, nunca nos contaste lo que pasó. Así que si quieres culpar a alguien por no saber qué carajo logró que eso pasara, ¡entonces cúlpate a ti misma!
Desde la puerta, una voz contralto aclaró. —Me voy por cinco minutos y ustedes se derrumban —reprendió Dieciocho. Entró a la habitación sacudiendo la cabeza—. Son sencillamente patéticas. —Con gracia gatuna, se sentó entre las dos y se sirvió otra bebida—. Si las dos no pueden comportarse como las adultas que supuestamente son, me llevo lo bueno y me voy.
Las otras dos mujeres resoplaron y apoyaron sus espaldas al sofá.
—Eso es —agregó la rubia—. Compórtense como los niños. Así es más divertido.
Bulma y Chi-Chi voltearon y fulminaron con la mirada a la fría rubia. Dieciocho, no obstante, se mantuvo impertérrita por ellas. Habiendo pasado los últimos días en una guardería obligatoria, ese berrinche tan leve apenas valía la pena ser comentado.
Pasaron cinco minutos en total silencio y ningún movimiento prácticamente. Al fin, Bulma se inclinó hacia adelante, pasó por alto a Dieciocho y miró de reojo a Chi-Chi. —¿No pude contarte sobre cómo nos juntamos, pero te hablé sobre nuestra vida sexual?
—¿Hablar? —gruñó Dieciocho—. Por favor. Tú presumías de ella.
Lentamente, una sonrisa retorcida apareció en el rostro de la heredera. —¿Tan bueno es?
—Según cuentas —respondió Chi-Chi. Una vez más tomó su copa— él es fenomenal. —La morena dio un buen sorbo antes de añadir—, y creativo.
—¿De verdad? —presionó la mujer calva.
La madre más joven puso los ojos en blanco tras dar otro sorbo. —Vamos a decir que no necesito saber los detalles de cómo se hizo esa grieta en el techo de tu cocina.
—¡¿En El Techo de la cocina?! —chilló Bulma, poniéndose de pie. Se bamboleó por un momento, e intentó deshacerse del efecto inicial de la bebida mientras recuperaba el balance. Caminó rápidamente a la habitación en cuestión dejando atrás a sus acompañantes.
Dieciocho le arqueó una ceja rubia a Chi-Chi, aún en el sofá. —¿Lo hicieron en el techo de la cocina?
—No lo sé —confesó la otra mujer, riendo mientras ponía la copa otra vez sobre la mesa—. Todo lo que sé es que hay una grieta allí y que quería pasar a un tema que en efecto ella disfrutara.
Una sonrisa pícara se formó en el rostro del androide. —Chi-Chi, eres extremadamente mala.
La morena se encogió de hombros y pasó los dedos por su cabello largo y negro. Vio hacia la puerta, quería asegurarse de que la heredera aún estaba afuera de la habitación. —Tal vez, pero yo quiero que toda esta pesadilla termine tan pronto como sea posible, y estoy dispuesta a decir lo que sea para que ella comience a pensar en Vegeta como algo más que un monstruo.
—Es cierto —coincidió la rubia—. Y la vida sexual es la mejor manera de poner todo en marcha.
—Sí —dijo la mujer de cabello oscuro soltando una risilla—, pero afrontémoslo: dadas las historias que nos contó, esa quizá es la manera más probable de cómo esa grieta terminó en ese sitio en particular. Si de verdad quisiese ser mala, le contaría sobre el reporte que Goten me dio después de que él y Trunks los sorprendieron esa vez.
—¡¿Los niños QUÉ?!
—Ups —dijo con una sonrisa Chi-Chi, apenas intentó parecer cohibida—, creo que regresó…
10/09/13
