Un Hogar Vacío

Por: Balthezarian

Traducción: Mya Fanfiction

Lector Beta: Schala S

Capítulo 22


Krillin y Yamcha cayeron exhaustos en el sofá. —¿Tú haces esto todos los días? —preguntó el guerrero más alto.

—Síp —gimió Krillin, estirando las piernas—. Ahora has sido expuesto al día básico en la vida de un padre. Te levantas al alba para asegurarte de tener al menos un poco de tiempo que no involucre limpiar o desear estar en la cama. Luego tienes que seleccionar y preparar un desayuno nutritivo para tu vástago. Tan pronto como eso está cubierto, tienes que intentar lavar los platos mientras tu hijo, quien ya está bien despierto, está intentando frenéticamente obtener tu atención porque su juguete acaba de decir algo fantástico. Por las próximas catorce horas, corres como un loco tratando de cocinar, limpiar, organizar, jugar, ir a la tienda, arreglar los gabinetes, educar a tu hijo y de recordar que hace algún tiempo solías ser genial. Cuando, terminado el día y después de una hora de pelea, por fin logras meter a la fuerza a ese niño en la cama y hacer que se quede ahí, miras su rostro durmiente y piensas que es un angelito muy tierno. Luego tienes que recoger todo el desastre que no lograste recoger antes, y finalmente, entras gateando a la cama y caes en el coma más dichoso del mundo.

Yamcha echó su espalda adolorida hacia atrás dando un gemido a la par. —Amigo, no sé cómo pueden hacer esto todos los días.

—Bueno —admitió Krillin—, normalmente es un poco más fácil por aquí. Lo que quiero decir es que Goten, así de adorable y dulce como es, lo hace mucho más difícil. Mi nenita puede hacer más berrinches, pero ella nunca me ha fracturado las costillas accidentalmente al derribarme.

El guerrero con la cicatriz rió. —Sí, puedo ver que es verdad. Me refiero a que él es como un Gokú pequeño, pero con más fuerza.

Krillin sacudió la cabeza y se echó el cabello atrás por un momento. —Nah —respondió—. Goten, solo, es mucho más fácil de controlar que Gokú cuando era niño. Él recibe órdenes.

Yamcha arqueó una ceja ante ese comentario. —¿Solo?

—Como dije, Goten recibe órdenes. —El hombre pequeño rió a carcajadas—. Desafortunadamente para nosotros los adultos, la mayoría de éstas vienen de Trunks, quien no es, ni de lejos, muy bueno recibiéndolas.

El ex bandido soltó una risilla. —Y me lo dices a mí. Yo no pasó tanto tiempo como tú con ellos, pero creo que cualquiera que haya pasado más de cinco minutos con ambos puede notar que Trunks es el líder, Goten el seguidor, y que no hay ni una gota de sentido común entre ellos.

—Sí —acordó Krillin—, pero no importa en cuántos problemas se puedan meter, no importa el caos que causen, no importa cuál complot se les ocurra, no creo que alguien sea tan cruel como para separarlos. —Después de un momento de reflexión, bajó la cabeza y añadió—. Excepto ahora.

Yamcha echó nuevamente su espalda hacia atrás luego de asentir. —¿Por eso Goten está de ese humor? —preguntó con sinceridad.

—Síp —confirmó Krillin—. Básicamente, comenzó a mostrar síntomas de decaimiento. —Largó un suspiro cansado y sacudió la cabeza—. Tenemos que encontrar una manera de ayudar a Trunks, rápido, o Goten va a colapsar.

Un beep bajo se oyó en el reloj de Yamcha y soltó un quejido mientras se ponía de pie, exhausto. —Esa es mi señal.

Cuando Krillin le lanzó una mirada confundida, el de la marca en el rostro sonrió y le explicó el motivo de su partida. —¿Recuerdas esa llamada que recibí de Gohan hace unas horas?

—Sí.

—Bueno —dijo el más alto, caminando hacia la puerta—, él mencionó que Gokú aparentemente estaba pasando por un día difícil, y me preguntó si podía ir a recoger a Chi-Chi de la Corporación Cápsula al final de su pequeña velada. Después de todo, no es como si ella pudiese conducir hasta su casa esta noche.

—Es cierto —rió Krillin—. A Dieciocho al parecer no le afecta mucho la bebida, pero estoy dispuesto a apostar que Bulma y Chi-Chi están muy borrachas. —Krillin caminó hacia la puerta y se estiró mientras le ofrecía un pequeño saludo—. Gracias por ayudarme a batallar con los niños hoy.

Yamcha se despidió con la mano y alzó vuelo rumbo a la Corporación Cápsula.


—¿Cómo está? —susurró Gokú observando al príncipe dormido.

Dendé tuvo que luchar contra el deseo de voltear los ojos y gemir. Su reputación por ser paciente estaba más que ganada, pero ese Saiyajin de verdad que lo estaba llevando a sus límites. Desde que Vegeta había sido llevado al Templo hacía casi quince horas, Gokú había demandado reportes de su estado de salud cada diez minutos. —Él va a estar bien, Gokú —aseguró de nuevo—. ¿Por qué no vas a buscar a Mr. Popo y ves si te puede preparar algo de comer?

El guerrero sacudió la cabeza, se veía desolado. —La verdad es que ahora no tengo hambre.

—Gokú, sólo vas a lograr enfermarte si no comes algo —señaló el pequeño dios—. ¿Crees que tu familia y amigos pueden soportar eso? —Cuando hubo un momento de silencio, el Namek le dio una palmadita en la espalda—. Ve a comer. Te avisaremos si algo cambia.

El guerrero pareció dudar, pero eventualmente sucumbió. —Gracias, Dendé —dijo en voz baja y salió del salón.

Después de que el Saiyajin se marchó, Piccoro, quien había permanecido en silencio en la esquina durante el intercambio de palabras, expresó su propia preocupación. —Es inusual para él estar inconsciente por tanto tiempo, Dendé.

El dios agitó su bastón en señal de frustración mientras miraba a su mayor. —No empiece —amenazó—. Puede que no sea un guerrero como usted, pero le juro, que si comienza a hacerme las mismas preguntas que logré que Gokú dejara de hacer, lo mataré.

El Namek más alto le sonrió a su compañerito. Rara vez pasaba, pero se divertía cada vez que el joven guardián mostraba esa chispa de fuego interior. —No te estoy preguntando si va a sobrevivir o no —aclaró—. Sólo deseo entender por qué cada vez que te he visto sanar a alguien, se ha puesto de pie de inmediato, mientras Vegeta ha estado inconsciente la mayor parte del día.

—Es simple —respondió Dendé bajando su bastón—. Vegeta se ha descuidado muchísimo por casi un mes. Él prácticamente no ha dormido, su entrenamiento ha sido mínimo, y cuando calcule la cantidad de comida que ha consumido contra lo que se necesita para que su cuerpo funcione, se dará cuenta de que se ha estado matando de hambre. —Suavemente, asintió hacia el príncipe inconsciente—. No sé si estaba consciente de eso, pero él ha perdido mucho peso últimamente.

Piccoro simplemente afirmó con la cabeza. No se le había escapado, pero al parecer sí a los demás. Vegeta lo había estado ocultando bajo mangas largas. estaba más delgado de una manera significativa, en especial sus brazos y pecho.

—De por sí —continuó Dendé—, su cuerpo estaba muy consumido antes de que comenzara la pelea. Sané sus heridas, pero su cuerpo está tratando de conseguir el descanso que ha estado necesitando desesperadamente por semanas. —Sacudió la cabeza, observando al Saiyajin inconsciente—. Él despertará, pero si no comienza a cuidarse, no va a terminar bien.

—Ciertamente —añadió Piccoro en un susurro.


Yamcha aterrizó en silencio en la parte trasera del complejo y se dirigió a la puerta. Sacudió la cabeza mientras introducía el código de seguridad para entrar, recordando días de despreocupación en su juventud cuando iba y venía de su casa a su conveniencia. Había aceptado la manera como había terminado su vida, pero eso no lo detuvo de olvidar ciertas partes de su pasado.

—¿Hola? —llamó—. ¿Hay alguien aquí?

Nadie le dio una respuesta formal, pero logró seguir una serie de risas desde la sala del primer piso. —¿Hola? —llamó otra vez.

Dieciocho le dio una mirada indiferente mientras dejaba la copa sobre la mesa ratona. Casi más rápido de lo que pudo registrar, la fría rubia estaba de pie a su lado. —¿Por qué te tomó tanto tiempo llegar? —siseó, asegurándose de que su tono de voz fuese tan bajo que sus compañeras intoxicadas no pudiesen oírla.

—Hey, cálmate —respondió Yamcha a la defensiva—. Primero que nada, sólo soy el apoyo. Segundo, yo estaba jugando con tu hija. Y tercero, ¿por qué estás tan molesta de pasar algo de tiempo con tus propias amigas?

—Porque he estado con ellas por más de doce horas —gruñó el androide—, y como la única que no se emborracha, ha sido mi responsabilidad controlar el flujo de alcohol. Chi-Chi y Bulma son bien moderadas cuando están sobrias. Pero son un dolor de cabeza después de la tercera hora de borrachas.

El ex bandido puso los ojos en blanco. —Bueno, perdóname —dijo sarcásticamente—. Ya puede marcharse, mi bella dama.

—Imbécil —rezongó Dieciocho, dirigiéndose a la puerta.

Mientras ella se marchaba, Bulma levantó la vista. —¡Hey! —Rió tontamente—. ¡Es Yamcha!

—¿Ya? —dijo haciendo un puchero Chi-Chi.

Yamcha tuvo que mirar de nuevo cuando notó a la esposa de su amigo. No había visto a Chi-Chi con el cabello suelto desde el día que la conoció, cuando él tenía diecisiete años y ella apenas doce. Incluso tampoco la había visto tan destapada. Durante la duración de la «reunión», la madre estricta de dos había decidido ponerse «cómoda». Había cambiado su vestido conservador y tradicional por lo que reconocía como un par de shorts de jeans y en extremo de cortos de Bulma y una camiseta sin mangas por la que se podía ver a través de ella, lo que dejaba su sujetador apenas expuesto. Con el cabello negro cayendo por sus hombros y su cuerpo bien tonificado finalmente al descubierto, la madre de treinta y siete años se veía mucho más como una zorra de veinticinco.

—Demonios —susurró el de la cicatriz. —Tenemos que emborracharla más seguido… —Rápidamente, descartó la idea—. Está bien, señoras, el bar cerró por hoy y el servicio de taxi está aquí. —Caminó hacia ellas y alejó la botella de champaña—. Hora de que te vistas, Chi-Chi.

—No quiero —dijo haciendo un mohín; no pronunciaba bien las palabras.

—Lo siento, pero no tienes opción —dijo el guerrero suavemente—. Los Dormitorios se cierran en media hora, y necesitas estar en tu catre antes de que se apaguen las luces.

Chi-Chi lo ignoró y se volvió hacia Bulma. —No me importa tu opinión, mi culo es más fino que el tuyo —dijo incoherente.

Yamcha sintió que su rostro se sonrojó por sus comentarios. —Señoras, es hora de…

—Noh-oh —dijo la heredera igual de incoherente—. Todos saben que soy más sexy que tú.

—Por favor —gruñó la más joven—. Puedes tener senos más grandes, pero yo soy mucho más sexy que tú. Tú eres flácida, yo soy firme. —Cayó en el sofá riendo como tonta—. ¡Ni siquiera tienes cabello!

Bulma gimió un poco e intentó lanzarle una almohada a su amiga pero falló por un kilómetro. —¡Sólo por una temporada! —gritó. Ella vio a su ex novio y le sonrió—. ¡Yamcha! —dijo impacientemente—. ¿Quién es más sexy, Chi-Chi o yo?

El guerrero se acercó a ambas mientras tragaba con dificultad. —Como no puedo ver que esto termine bien para mí, voy a tener que insistirle a Chi-Chi que se vuelva a poner el vestido para poder llevarla a su casa y para que tú te vayas a dormir. Oh —añadió—, y asegúrate de llevarte un cesto para la basura para que puedas tenerlo cerca. Lo vas a necesitar.

—Está bien —dijo Chi-Chi pronunciando mal, y se puso de pie tambaleante. —Me pondré de nuevo ese trapo desaliñado. —La mujer subió las escaleras, con la gracia de una jirafa recién nacida, hacia la habitación de Bulma, donde se había cambiado horas antes.

Yamcha, aún cansado por corretear a Goten y Marron todo el día, decidió tomarse un momento para relajarse sentado en el sofá. Bulma rió tontamente y se acercó a él hasta apoyar la cabeza en su hombro.

—Sabes —dijo—, sé que terminamos hace mucho tiempo, pero todavía eres hermoso.

Yamcha se tensó de inmediato. —Bulma… —dijo, volviendo la cabeza hacia ella. Hasta ahí pudo llegar cuando su ex novia pego los labios a los suyos. Al hombre le tomó unos segundos procesar lo que estaba pasando, pero en el momento que lo hizo, se puso de pie de un salto. Bulma chilló y se encontró con la cara pegada al sofá mientras Yamcha daba un gran paso atrás.

»Mira —dijo rápidamente, levantando las manos a la defensiva—, estaría mintiéndote si dijera que en la última década no he soñado muchas veces con regresar contigo, pero no es correcto.

—¿Por qué? —preguntó Bulma. Su voz se oyó amortiguada por el cojín, estaba reacia a quitárselo de la cara.

—¡Porque no! —espetó Yamcha—. ¡Cuando quiera volver contigo, quiero hacerlo con la verdadera tú, no con tu versión ebria y amnésica!

Bulma puso la mala cara y se levantó tambaleando. —¿Cuál es el problema? —se quejó—. Yo te deseo, tú a mí. ¡Así que vamos a hacer algo al respecto!

Yamcha se sentó en una silla enfrente de ella y aspiró firme. —Bulma —comenzó a hablar—, está mal en tantos niveles, que ni siquiera puedo contarlos. Estás ebria, no me has deseado en años, y estoy seguro de que me olvidaste. Y Como si fuera poco, aun cuando no puedes recordarlos, y no importa cuánto odie admitir esto, hay dos personas en tu vida que irían y regresarían del infierno por ti.

Pasó un momento en silencio, y el hombre de la cicatriz se echó hacia adelante. —¿Bulma? —preguntó, mirando su rostro. Volteó los ojos, se puso de pie y se dio cuenta de que ella se había quedado completamente dormida durante su discurso—. Por supuesto —murmuró—. Nunca intentes explicarle algo a una mujer borracha…

La tomó en sus brazos y subió las escaleras. Cuando llegó a su habitación, puso mala cara otra vez cuando encontró a Chi-chi inconsciente en la cama tamaño queen de ella. Había logrado ponerse de nuevo el vestido, pero aparentemente eso se había llevado lo que le restaba de consciencia. Con gentileza, dejó a la heredera en la cama. Antes de alzar su carga, no obstante, fue hacia el escritorio de Bulma para buscar un lápiz y papel. Rápidamente dejó la nota sobre la almohada, levantó a Chi-Chi y alzó vuelo en medio de la noche.


A la mañana siguiente, Bulma gruñó mientras abría los ojos. —Auu —susurró, abriendo los ojos de a poco a la luz del sol que la afligía—. ¿Por qué hay angelitos azules sobrevolando mi cabeza? —Su estómago protestó violentamente y apenas pudo poner a tiempo su cara en el cesto para vomitar.

Cerca de una hora después, se sintió lo suficientemente bien para sentarse en la cama. —Nunca voy a tomar ni así de cerca otra vez —gimió. Gruñó por lo bajo cuando puso las manos sobre la almohada para apoyarse y notó que tocó algo con una de ellas—. ¿Qué demonios es esto? —murmuró, levantando la hoja de papel.

Leyó la nota de su ex lentamente, algo sorprendida. En todos los años que recordaba haber estado con él, poco de lo que había hecho parecía haber sido muy razonado. Esa nota, sin embargo, parecía, en efecto, venir del corazón…

Querida Bulma,

Sé que quizá no quieras oír esto, pero ya es momento de que finalmente reencamines tu vida. Todos hemos estado al pendiente y vigilándote por las últimas semanas, esperando que puedas recordar por tu cuenta. Es evidente que eso no va a pasar pronto, así que creo que es momento para que des un paso adelante. Tienes una vida increíble, Bulma, y no es justo que la pongas en espera porque te golpeaste la cabeza. Aunque puede que te guste o no, yo sé que amas la vida que tienes. Así que deja de huir de ella. Deja de pretender que los últimos años simplemente nunca pasaron. Sabes que tienes una familia, Bulma. Sé la mujer que todos conocemos. Síguelos y aférrate a ellos. Tus amigos te apoyamos, siempre, pero te hemos ayudado tanto como hemos podido. Trunks y Vegeta te llevarán por el resto del camino.

Si quieres mejorar, y sabemos que lo deseas, ve y habla con ellos, y no los dejes ir.

-Yamcha

En la parte inferior de la nota estaban las coordenadas que Bulma pudo asumir eran la ubicación de su familia separada. Quedó algo atónita por lo enfático en que la carta estaba expresada, pero en el fondo, sabía que era lo correcto.

Era momento de recuperar a su familia.


Vegeta se quejó cuando abrió los ojos. —Qué demonios pasó…

—Buenos días, dormilón —saludó un Gohan muy cansado. El pobre muchacho había estado despierto toda la noche, manteniendo su vigilia para estar al pendiente de Trunks. Aunque había pasado una gran cantidad de ese tiempo leyendo y tomando notas para una clase, nunca había salido de la habitación más que para ir al baño.

El príncipe recuperó la orientación lentamente, aún algo confundido. Lo último que recordó fue desmayarse en el bosque después de pelear con Kakarotto. Parecía, no obstante, que estaba despertando, al alba, en el piso de la habitación de su hijo.—¿Cómo…?

—Mi papá te encontró —completó el adolescente, estirando su cuerpo sumamente adolorido—. Te llevó con Dendé para que te sanara y luego te trajo. Supuse que sería buena idea estar al pendiente de ti, también, como estabas inconsciente, sólo te puse una sábana y te dejé dormir aquí. —Se puso completamente de pie en un intento de recuperar el flujo sanguíneo en sus piernas—. Espero que esté bien.

—Hn —respondió Vegeta. Todavía se sentía terrible, pero estaba considerablemente más calmado que el día anterior. Sin decir nada más, bajó las escaleras y se dirigió a la cocina.

Mientras se decidía por una manzana y algo de jugo para desayunar, un golpe suave se oyó en la puerta. Maldición, de verdad estoy tan cansado…, pensó, y se puso de pie. …Que ni siquiera sentí que alguien se acercaba

Abrió la puerta con rabia, listo para gritarle a quien se hubiera decidido a invadir su privacidad una vez más. Sin embargo, cuando sus ojos registraron quién estaba frente a él, toda la ira en su pecho sucumbió.

—Bulma…

La heredera en la puerta jugó tímidamente con sus pies con la grama, apenas capaz de tener el coraje de mirar al príncipe a los ojos. —Ho-hola, Vegeta —dijo suavemente.

Con la mente completamente en blanco, la única palabra que logró decir Vegeta en ese momento fue:

—Hola…

Los dos estuvieron parados frente al otro por casi dos minutos antes de que Bulma finalmente hablara otra vez. —Si es mal momento, puedo regresar luego…

—No —respondió rápidamente el príncipe—. No hay nada malo con la hora.

Después de otra pausa, Bulma finalmente preguntó. —¿Puedo pasar?

Sin decir palabra, Vegeta abrió la puerta, dio un paso atrás y le permitió entrar a la casa. Su mente aún le gritaba el infierno por el que había pasado el día anterior, y una pequeña parte de él se preguntaba si la mujer realmente estaba ahí o si se había dado un golpe muy fuerte en la cabeza.

—Este lugar es bonito —dijo Bulma, echándole un vistazo a la casa—. ¿Qué modelo es, el 437 de las casa-cápsulas?

Vegeta tomó asiento en la mesa de la cocina y asintió en silencio. Bulma se quitó la chaqueta y la lanzó en el sofá antes de unirse a él en la mesa.

—¿Por qué estás aquí? —preguntó finalmente. Había una pequeña parte de él que esperaba que la pesadilla finalmente hubiese terminado, pero la Bulma que lo había flechado nunca lo habría saludado tartamudeando. Si ella estaba allí para continuar la pelea, no se iba a molestar con amabilidades.

Mil ideas pasaron por la mente de Bulma ante la pregunta. ¿Qué estaba haciendo allí? ¿Estaba allí porque se sentía obligada o porque de verdad quería recuperar su vida? ¿Estaba esperando algún tratado de paz con el príncipe temperamental o en realidad estaba intentando reiniciar una relación con alguien que todavía parecía un extraño para ella? Tomó una bocanada de aire para darse fuerzas y decidió que hablaría desde lo más profundo de su corazón.

—¿De verdad tuvimos sexo en el techo de la cocina?


18/09/2013