Un Hogar Vacío

Por: Balthezarian

Traducción: Mya Fanfiction

Lector Beta: Schala S

Capítulo 23


Vegeta resopló y se puso de pie. —¿Te faltan aproximadamente 4.380 días de recuerdos, y esa es la única pregunta que tienes? —Negó con la cabeza y abrió un gabinete—. ¿Por qué demonios se te ocurrió preguntar eso?

Bulma, con las mejillas rojas de la vergüenza, se llevó ambas manos a su regazo y se las observó con intensidad. —Yo, eh, vi una grieta en el techo de la cocina, y entonces Chi-Chi, um, ella dijo que nosotros, eh…, que ella piensa que es de…

El Saiyajin gruñó mientras sacaba los accesorios para preparar café. —Lo sabía.

—¿Sabías qué? —preguntó la heredera, levantando repentinamente la cabeza.

—¡Sabía que le contabas a la harpía! —espetó Vegeta—. Juraste que dejarías de decirle hasta el último detalle de…

—¿QUIERES DECIR QUE SÍ? —gritó Bulma, golpeando con sus manos la mesa de la cocina. Ambos se estremecieron por el tono de voz, y su rostro se puso de una escala aún más roja. Ella le siseó manteniendo un tono de voz más bajo—, ¿lo hicimos en el techo de la cocina?

Nuevamente, Vegeta resopló y la cafetera comenzó el proceso. —Mujer, te será difícil encontrar un lugar en esa casa donde no lo hayamos hecho. —Se encogió ligeramente de hombros y pareció relajarse un poco en el mesón—. Además, fue tu idea hacerlo allí. —Le dedicó una sonrisa casi malvada antes de añadir—, las seis veces.

Bulma abrió la boca para protestar, pero por primera vez en semanas, se tomó un momento para contemplar su respuesta antes de hablar. Aunque estaba algo temerosa de estar en el aire sin estar dentro de un aeroplano, siempre hubo una parte de ella que quiso y pensó que tener sexo en el techo o bien arriba en las paredes sería una delicia pervertida.

—Bueno —dijo finalmente después de una pausa considerable—, supongo que en efecto se oye como yo… —Sacudió la cabeza mientras recuperaba el sonrojo que había perdido hace poco—. Lo siento, Vegeta. Es que esto me parece tan… ¿Bebes café?

A Vegeta le agarró por sorpresa esa declaración. Había esperado preguntas sobre su historia juntos, sobre su hijo, sobre la vieja pregunta de cómo habían iniciado su relación. Pero de lo que él consumía, no. —¿Qué?

Bulma se encogió de hombros, se levantó y se puso a su lado en el mesón. —El otro Saiyajin que de verdad conozco lo odiaba. Cuando le di café a Gokú la primera vez, lo escupió. —Soltó una risilla ante el recuerdo—. Es la única vez que recuerdo verlo tirar comida.

El príncipe puso los ojos en blanco y sacó dos tazas de otro gabinete. —Kakarotto y yo casi no tenemos los mismos gustos.

—De alguna manera, no me sorprende. —Se apoyó al mesón a unos pocos centímetros del príncipe—. Me gusta…

—La primera taza negra, sólo para despertarte, la segunda con tanta leche y azúcar que apenas se puede notar que es café.

Bulma parpadeó, sorprendida de que él conociese su ritual. Aunque, pensó por un momento, Si de verdad pasé una década con él, supongo que es normal que conozca mis hábitos extraños

—Sin embargo —continuó mientras habría el refrigerador—, si tanto te interesa, no lo tomé hasta mi quinto mes en el planeta.

La heredera temporalmente calva, llena de curiosidad, se subió de un salto al mesón. —¿Por qué comenzaste a hacerlo?

Vegeta, más calmado de lo que había estado en semanas, simplemente sirvió la bebida penetrante. —Estábamos discutiendo a las siete de la mañana —dijo con desinterés—. Tú estabas haciendo café mientras lo hacíamos, serviste dos tazas y deslizaste una hacia mí. —él, imitando el gesto, deslizo una taza azul marino hacia su amante amnésica.

Cuando la taza hirviente quedó entre sus manos, el mundo de Bulma se puso repentinamente en blanco y negro.


¡No voy a escabullirme de una Reunión de la Junta Directiva para arreglar tus juguetes!

La vista se dio la vuelta para quedar de frente a las escaleras y bajó las escaleras frenéticamente.

¡¿Juguetes?! —ladró una voz enfadada. ¡No es un juguete! ¡Es parte de un equipo vital de entrenamiento!

Sin dar la vuelta, Bulma bajó de un saltó los últimos cuatro escalones. —¡Ya te lo dije, no dejaré de asistir a una reunión para arreglar tus errores estúpidos! —Ella giró a la izquierda y se dirigió a la cocina.

¿Mis errores? —gritó la voz tras ella—. ¡Tu idiotez fue la que comenzó todo esto!

Ella encendió la cafetera con un gruñido y se dio la vuelta para encontrarse con un muy agitado Saiyajin. —¡No, comenzaste todo esto cuando decidiste destruir completamente el primer modelo de la cámara de gravedad!

Vegeta sólo gruñó. —Si vamos a regresar a ese punto, lo comenzaste al construir una máquina inferior que no podía soportar una descarga de energía que ni siquiera hizo contacto con la pared!

—¡Estabas entrenando a un nivel que te dije era peligroso! —gritó ella.

¡Insinuaste que sería peligroso para mí, no para la máquina! —contraatacó el príncipe.

La vista de Bulma se volteó rápido otra vez, observando ahora al brebaje caliente. Abrió enérgicamente un cajón y sacó y puso de golpe sobre el mesón dos tazas azul marino. En un movimiento fluido, removió la cafetera del calor de donde venía. —Nunca se me ocurrió, peste, que tu bienestar personal estaría un nivel más bajo en tu lista de prioridades que el de metal y cables.

Ella deslizó una de las tazas a su compañero, para nada arrepentida cuando ésta, llena de líquido caliente, se derramó sobre su mano izquierda desnuda. Vegeta gruñó y se sacudió la mano mojada y tomó la taza hirviente con la otra. —¡Yo puedo sanar con el sueño de una noche! ¡Esa maldita máquina requiere ser reparada por tu culo flojo!

Bulma, sin darse cuenta de lo que estaba haciendo, observó cómo él tomó un sorbo con vacilación de la penetrante bebida. Saboreó el interior en su mejilla, considerándola brevemente antes de darle otro.

No soy floja —contraatacó la heredera, observándolo beber—. ¡Y mi culo, imbécil, es lo más firme que verás en tu vida! —Para probar su punto se dio la vuelta, segura de que él aún la estaba mirando.

Si no reparas esa maldita máquina en este momento

—Noh-oh —interrumpió Bulma negada a darse la vuelta—. Tú intentaste hacer un puente para entrar en ella, no puedes hacer nada hasta que termine la reunión.


—Intentaste entrar a la fuerza a la cámara de gravedad —susurró.

Los ojos de Vegeta se abrieron desmesuradamente, y de inmediato detuvo su sorbo. —¿Qué?

Los ojos enormes de Bulma vieron directo al príncipe. —Esa mañana, en la que te di café…, habías estado esforzándote demasiado en tu entrenamiento, y yo pensé que podía obligarte a descansar un poco si reprogramaba la puerta para que no abriera. Estabas molesto, y sabías que no lo desharía, así que intentaste hacer un puente para poder entrar. —Despacio, ella se acercó a él y tomó su mano izquierda entre las suyas—. Tú recibiste una descarga eléctrica y una quemadura en esta mano… Por eso te estremeciste cuando te cayó café en ella…

El príncipe impactado había bajado su taza desde hacía rato y miraba fijamente a la mujer frente a él. —Recordaste…

Bulma tembló ligeramente y asintió en silencio. Despacio, comenzó a pasar los dedos por sus manos, y les dio la vuelta para una inspección. —No me dejaste vendarla.

Vegeta, con una leve sonrisa, sacudió la cabeza. —Un Saiyajin no requiere atención médica por una…

—… «Herida tan superficial»…

La sonrisa desapareció de los labios del príncipe. —¿Cuánto recuerdas?

Bulma se mordió el labio y lo analizó más a fondo. —No mucho —respondió con honestidad. Levantó la cabeza lentamente y le dedicó una sonrisa esperanzadora—. Pero suficiente, me parece, para intentarlo. —Cuando él no respondió por un minuto, la heredera soltó una risita y dijo—. ¿Te sientes emocionalmente incómodo en este momento, verdad?

Vegeta la miró furioso. —¡Cállate!

Bulma sólo rió más alto y le dio una palmada en la mano antes de soltarla. —Okay, fortachón, lo entiendo. Sin sentimentalismos. —Le dio el espacio que pudo notar necesitaba y regresó a la mesa con su bebida aún humeante—. Entonces, si voy a volver a tener alguna clase de vida contigo, hay algo que necesito que me digas con honestidad.

Con el entrecejo arrugado, el Saiyajin tomó asiento al otro lado de la mesa y con rabia le pasó de un empujón la leche a su amante. —¿Qué?

—¿Cómo carajo terminamos juntos?


Gohan sonrió para sí mismo mientras observaba en silencio desde la parte alta de las escaleras. Al parecer todo iba a volver a la normalidad. Ambos estaban en la disposición de hablar como adultos, Bulma estaba comenzando a recuperar la memoria, y parecía que ninguno de los dos estaba dispuesto a perder la fe en ello.

El adolescente se acomodó y sonrió. No sólo eso, sino que tomó asiento de primera clase para lo que quizá podía ser la narración de una historia que ha sido la más desconcertante de la humanidad.


Gokú gimió, abrió lentamente los ojos y se estremeció cuando la luz del sol pareció quemárselos. —¿Dónde estoy?

Un sonido entre gimoteo y una queja se oyó a su lado. El guerrero volteó la cabeza y se encogió por el palpitar en su cerebro. Se dio cuenta, con apenas abrir los ojos, de que estaba en su habitación, en su propia cama, durmiendo al lado de su esposa.

Le tomó algunos minutos, pero eventualmente entendió que algo estaba muy mal en ese escenario. Lo último que pudo recordar fue estar en el Templo, comiendo algo con energía mientras estaba preocupado por si Vegeta iba a despertar o no.

—¡Vegeta! —gritó, sentándose de golpe y arrepintiéndose de inmediato, como lo hizo su esposa igualmente incapacitada. Su visión se nubló, y el dolor resultó victorioso, provocando que cayera desmayado en su almohada mullida y suave.

Dos horas después, los dos Son parecieron despertar a la vez. —Nunca volveré a beber —gimió Chi-Chi mientras intentaba obligar a sus ojos a que se cerraran un poco más—. Ni una gota, en ninguna ocasión, nunca, jamás.

Gokú, igualmente descolocado, se fregó el ojo con la eminencia tenar de la mano. —Al menos tú sabes qué te pasó y por qué te sientes terrible—murmuró—. Yo ni siquiera recuerdo venir a la casa anoche.

Chi-Chi tiró la sábana sobre su cabeza, en un intento de esconderse de la luz penetrante del día. —Creo que llegaste después de que yo lo hice —dijo, su voz se oía amortiguada bajo el edredón—. Estoy muy segura de que la cama estaba vacía cuando caí rendida. —Guardó silencio por un momento antes de añadir—, ¿o fue en la cama de Bulma donde caí?

—No lo sé —gimoteó Gokú—, pero la cabeza me está matando y me muero de sed. —Intentó ponerse despacio de pie otra vez, y se detuvo el tiempo suficiente para sentirse seguro de que no iba a caer inconsciente una vez más—. Yo voy a buscar agua, ¿quieres algo?

Su esposa se acurrucó más entre las sábanas y dejó salir un suave gemido. —Pan, agua, y tantos analgésicos como puedas traer en las manos.

Gokú dio el asentimiento más sutil del mundo y salió lentamente de la cama. Pasó otra hora antes de que cualquiera de los dos tuviese la energía o la mentalidad para tratar de darle la bienvenida al día.

—No fuiste tú, y lo tomo por el hecho de que no recuerdas venir a casa anoche, ¿en realidad quién me trajo de la casa de Bulma? —preguntó en voz baja Chi-Chi, aún no se sentía estupenda.

—¿Hm? —Gokú parpadeó, intentando recordar la noche anterior—. Oh, claro. Yo, eh, llamé a Gohan y le pregunté si podía hacerse cargo de ti.

Chi-Chi puso mala cara mientras pensaba en ello. —¿No se suponía que Gohan iba a cuidar a Trunks? Si él se estaba encargando de eso, ¿entonces cómo pudo traerme a casa?

Su esposo sólo pudo encogerse en señal de respuesta. No tenía ni idea de cómo ella había vuelto a casa, y estaba muy perplejo por cómo lo había hecho él. Nada parecía tener sentido.

La morena se sentó un poco y notó algo sobre su mesita de noche. —Hey —susurró, estirando el brazo para alcanzarla—, creo que hay una nota aquí.

Gokú alzó ambas cejas y se dio la vuelta para mirarla. —¿Qué dice?

Chi-Chi entrecerró los ojos, aún no se sentía muy bien con su resaca ahora aminorada. —Dice que el Servicio de Taxi Yamcha está oficialmente cerrado, y que deberías dirigir cualquier petición futura a Piccoro. Oh, y P. D.: Gokú, bebe mucha agua, lo que te haya dado el Namek podría haberte deshidratado.

Gokú asintió suavemente y por fin salió de verdad de la cama. —Necesito verificar y asegurarme de que todo está bien —dijo en un susurro, con un indicio de desesperación en la voz—. Estaré en el Templo Sagrado.

Chi-chi, sabiendo que Gokú haría lo que sintiese pese a su conocimiento, siguió sus instintos y se metió entre las sábanas tibias de su cama


Gohan estaba sentado en las escaleras con las manos puestas firmemente sobre su boca y nariz. Fue todo lo que pudo hacer para evitar jadear cada diez segundos hasta que por fin escuchó las palabras. —Eso principalmente fue lo que pasó.

Tan pronto como terminó la historia, se puso de pie y salió disparado a la habitación de Trunks. Si Vegeta descubría que él había abandonado al niño para escuchar a escondidas una historia que no estaba planeada para otros oídos, iba a enfrentarse a una muerte que definitivamente sería horrible.

Pero sólo una frase salió de sus labios cuando se metió a hurtadillas dentro de la habitación.

—¡Valió la pena!


Bulma sólo pudo ver absorta a la cafetera mientras preparaba más. —Esa…, es una gran cantidad de información para procesar…

—Tú preguntaste —respondió Vegeta indiferente—. Como pareces dispuesta a aceptar nuestra vida juntos, me rehúso a andar con cuidado por más tiempo. Nunca lo hice antes del accidente, y francamente me niego a seguir haciéndolo. Nosotros no funcionamos así, y estaré condenado si continúo.

—¿Ya no lo estás?

Las palabras salieron tan rápido de la boca de Bulma que no tuvo la oportunidad de detenerlas. Y allí estaba, apenas cruzando el umbral de la «comodidad» con ese hombre, y ya lo estaba maldiciendo sin pensarlo dos veces.

Antes de tener la oportunidad de disculparse, se encontró pegada a la pared y un Saiyajin muy intenso la estaba mirando. Pero para su gran sorpresa, no parecía para nada molesto. No, no lo estaba…, parecía casi feliz.

—Definitivamente, esta —gruñó profundamente, acercándose a ella con una sonrisa— es la mujer que me flechó.

Bulma no estaba muy segura de lo que estaba pasando, pero sabía que nunca se había sentido tan excitada en su vida. Todo en ese momento era tan natural, tan intenso…, y cuando sus labios hambrientos se encontraron, supo que había algo más:

Era tan familiar…


Bulma abrió la puerta del laboratorio, gruñó en frustración cuando comenzó a bajar las escaleras al piso principal con rabia. —Maldita sea, Vegeta, no me importa si eso significa que los androides vendrán y nos matarán, ¡no repararé esa condenada máquina cuando la rompas!

Vegeta voló por encima y cayó en las escaleras frente a ella, bloqueándola por completo. —Si pensara que eso te daría la oportunidad de construir una máquina superior, puede que en efecto accediera a tu constante petición de tiempo. No obstante, como sé que sólo vas a construir la misma porquería no importa cuánto tiempo te dé, ¡lo vas a hacer ahora!

Bulma, sabiendo perfectamente que presionarlo no sería nada bueno, simplemente se sujetó al riel con fuerza y se subió en el barandal. Estaba a unos tres metros de altura, pero ella tenía zapatos de tacón bajo y sabía que podía hacerlo con éxito. —Mira, tengo trabajo pendiente —gritó, ajustándose la falda y los lentes—. ¿Por qué no vas y encuentras algo más qué hacer tan pronto como te calmes?

Vegeta se puso de inmediato a su lado a una velocidad increíble y la obligó a pegarse a la pared de nuevo. —No creas que porque tenemos sexo ocasional hay algo entre nosotros.

—Vete al infierno —siseó, poniendo las manos sobre sus bíceps.

Con una sonrisa, Vegeta gruñó profundamente. —Algún día, pero creo que ahora es algo prematuro.

Entre tener sus manos puestas sobre el cuerpo de su amante ocasional y escuchar su voz profunda y ronca, la respiración de Bulma se volvió más rápida. —¿Hay alguien más en el laboratorio?

—No —respondió él rápidamente.

Qué bueno.

Antes de que pasara otro segundo, Bulma lanzó los lentes al aire y los dos se pegaron a la pared. Mientras sus bocas y lenguas luchaban, se quitaron frenéticamente la ropa. Los zapatos de Bulma salieron volando de sus pies, y Vegeta la levantó con rudeza, permitiéndole envolver sus piernas alrededor de la cintura. El Saiyajin bajó las escaleras y con una falta de enfoque muy seria, encontró una mesa de laboratorio apenas vacía, les dio la vuelta y la subió sobre el frío acero mientras continuaban con su pasatiempo.

Fue la primera de cientos de veces que hicieron el amor en el laboratorio.


Bulma se separó brevemente de Vegeta en búsqueda de aire. —El laboratorio —jadeó.

—¿Cuál vez? —gruñó el príncipe, descendiendo a su cuello.

La heredera jadeó otra vez y volvió a pegar la cabeza a la pared, dejando que sus ojos se pusieran en blanco mientras las sensaciones familiares le recorrían el cuerpo. —La…, la primera, creo… —Enredó sus dedos en el cabello masculino—. Yo…, yo me subí al barandal y tú me pegaste a la pared. —Respiró entrecortadamente, sintiendo cómo él bajaba más por su cuerpo—. Nosotros…, estábamos sobre la mesa del laboratorio… Rompimos un prototipo y tres. —Se detuvo otra vez para jadear—…, tres planos…

Vegeta gruñó mientras rompía su blusa y sonrió cuando le mordió suavemente el oído. —Ese, definitivamente, fue un buen día.

De repente, Bulma abrió los ojos desmesuradamente. —¡Espera!

Esa no era la palabra que Vegeta quería oír. —¿Qué? —rugió, usando la pared para alejarse de ella.

Bulma negó con la cabeza. —No deberíamos hacer esto —jadeó, odiando cada palabra tras salir de su boca—. Tan fantástico como estoy segura de que sería…

—¿Nos recuerdas haciéndolo en el pasado? —interrumpió.

Bulma respondió con un leve tartamudeo. —Sí.

—¿Quieres que lo hagamos ahora?

La heredera, aún respirando con dificultad, asintió entusiasmada. —Sí, pero…

—¿Entonces cuál es el problema?

Bulma lo pensó por un momento. Había una parte de su cerebro que le decía que iban demasiado rápido, que cualquier persona con sentido común se tomaría su tiempo para conocerlo en lugar de saltar inmediatamente encima de él. Pero una parte más grande de ella quería echar la precaución, y toda la ropa, por la borda.

Bueno, una vez nos funcionó, pensó, observándolo agresivamente a los ojos. —¡Vamos a poner este techo como el de la casa!


Nota de Balthezarian: por más que me duela decir esto, el final de esta historia se acerca. El próximo capítulo será, posiblemente, el último. Puede que lo divida en dos partes, pero…, ya lo veremos. De todos modos, habrá al menos otras dos historias cortas que se desprenderán de esta, ¡así que estén atentas!

Nota de Mya: Al final no son dos historias cortas, sino una larga la que le sucede. Estén atentas porque después de ésta se viene «Reconstrucción».


26/09/2013