Un Hogar Vacío
Por: Balthezarian
Traducción: Mya Fanfiction
Lector Beta: Schala S
Capítulo 24
Gohan tomó a Trunks en sus brazos y se marchó volando tan rápido como pudo hacia Kame House. Apenas pudo escapar de la escena e ir a la habitación antes de que Bulma y Vegeta intentaran «recrear la magia». Al instante que entendió lo que los dos estaban comenzando a hacer, él recogió al niño y saltó por la ventana. Si Trunks se despertaba pronto, y había una gran posibilidad de que así fuese, él no quería tener que explicarle qué eran los ruidos que provenían de la cocina.
—Rayos —susurró con una sonrisa en el rostro—, cuando tus padres se reconcilian, lo hacen de verdad…
El joven de dieciocho años ladeó la cabeza, sintió con claridad cuando su padre despegó rumbo al Templo Sagrado, negó y volteó los ojos. A través de su vínculo telepático, Piccoro había estado informándole sobre lo molesto que era que el Saiyajin le preguntara, cada pocos minutos, si algo había cambiado radicalmente. De hecho, ya estaba al tanto de que para lograr sacar a su padre del camino, su maestro y Dendé tuvieron que conspirar y meterle un sedante poderoso en la comida y dejarlo tirado en su casa.
Te comunico, Piccoro, le señaló a su mentor. Que tienes una visi…
El Namek gruñó y abandonó su posición de meditación en el jardín del Templo. Parecía que hacía sólo unos minutos había logrado deshacerse del Saiyajin, y no estaba muy contento de contar con ninguna clase de interrupción.
Tan pronto como sus pies tocaron el suelo, el guerrero Namek fue directo al palacio. Incluso después de unas pocas horas de meditación, definitivamente estaba de un humor rancio. Abrió las puertas, y no le sorprendió ver que Dendé ya estaba allí.
—Lo sé —murmuró el pequeño guardián, apoyándose en su bastón—, lo sé, él viene de regreso. —Liberó un suspiro de cansancio y se pellizcó el puente de la nariz—. ¿Cuán malo piensas que vaya a ser?
Piccoro ya estaba caminando al borde del lugar sagrado, mirando hacia abajo. —Depende. Vegeta está consciente, y parece que, finalmente, todo está avanzando con Bulma, lo cual debería ayudar a callarlo por un rato. Aunque, parece que los dos están…, dedicándose a actividades que no deben ser interrumpidas. Si queremos que esta experiencia termine pronto, tenemos que evitar que él los moleste.
Dendé intentó bajar los niveles de tensión en su cuello. Cuando hizo el juramento de ser el guardián, no había anticipado ser el niñero de uno de los guerreros más fuertes del universo. —Entonces le sugiero que le digamos sin rodeos lo que está pasando, que le hagamos entender que lo mejor que se puede hacer por alguien es regresar a casa, y luego ponemos una señal de «Cerrado» en mi puerta principal.
El otro Namek soltó una risilla de aprobación. Toda esta experiencia les había estado pasando factura a todos, y no era para nada irracional que su compañero quisiese unas vacaciones.
Pero éstas iban a tener que comenzar luego, porque Gokú escogió ese momento para caer en la superficie inmaculada. —¿Cómo está? —preguntó de inmediato.
—Despierto, con Bulma, y para no ser molestado —respondió rápidamente Dendé—. Bueno, esto ha sido agradable, Gokú, pero estoy seguro de que tienes otros asuntos que atender allá en tierra firme, y yo odiaría evitar que vayas con ellos, entonces…
—¿Pero él está bien? —interrumpió Gokú.
Una vena sobresalió de la frente del pequeño guardián, y Piccoro decidió que era momento de intervenir. —Gokú, Dendé tiene mucho que hacer hoy. Déjalo en paz.
El Saiyajin abrió la boca para protestar, pero incluso él pudo entender la señal. —Oh, claro —dijo en un susurro—. Buena suerte con lo que tengas que hacer… —Sin un segundo de duda, se dio la vuelta para encarar a Piccoro—. ¿Entonces, cómo está él?
Piccoro apretó los dientes y soltó el aire lentamente, recordándose que Gohan se molestaría si intentaba matar a su padre otra vez. —Está bien, Gokú.
—¿Estás seguro?
—Sí, Gokú —repitió el Namek con firmeza—. Está bien. Ambos están bien. Están juntos en este momento, y no se les puede molestar. Esta locura al parecer llegó a su fin. No tienes nada que hacer.
El más bajo de los guerreros pareció avergonzarse, se miró las botas un momento. —Hey —dijo en voz baja—, ¿podemos hablar un minuto? Digo, yo sé que he estado aquí mucho últimamente, y sé que no ha sido fácil llevarse bien de un tiempo para acá, pero necesito hablar con alguien ahora.
Piccoro, aunque quería señalarle que tenía una esposa esperándolo para escucharlo, sabía que sería más fácil lidiar con él que mandarlo a volar. —Muy bien —cedió—. ¿De qué deseas hablar?
Gokú tomó asiento al borde del Templo y dejó caer sus pies. —Todo se vino abajo cuando Bulma sufrió ese accidente automovilístico —dijo finalmente.
Piccoro rodó los ojos mientras luchaba con las ganas de mencionar que sí, de hecho, ese fue el inicio de todo, y que él era bastante bueno viendo lo obvio. Pero, además del deseo de que todo finalmente se resolviera, él mantendría el pico cerrado.
—No sé qué pasó —continuó el Saiyajin—. Es como…, es como si mi cerebro se hubiese apagado por completo, y no he sido capaz de hacer nada bien desde entonces. No supe cómo ayudarla cuando se lastimó, no hice nada para ayudarla cuando estaba en el hospital, le grité cuando estaba en coma, entré en pánico y exageré cada vez que alguien me pidió ayuda así que no fui para nada útil…, no he estado nada bien durante todo esto.
—Es cierto.
Gokú levantó la cabeza, y él vislumbró a su ex rival con una mirada de conmoción y dolor. Claro, él ya había admitido que había estado cometiendo errores, pero nunca pensó que uno de sus amigos estaría de acuerdo con él de inmediato. —¿De verdad he estado tan mal?
Sin tener nada apremiante con que lidiar en ese momento, y con todo aparentemente llegando a su fin, Piccoro decidió que era hora de decir lo que pensaba. —Con pocas excepciones, Gokú, sí, lo has estado.
El otro hombre sintió como si lo hubiesen abofeteado. Con una mirada desolada, volteó los ojos hacia el borde del Templo. Estaban tan arriba que apenas y podía divisar el suelo bajo sus pies. —Lo siento —susurró.
Piccoro dio unos pasos adelante y se detuvo directamente detrás del hombre. —Hay poco por qué disculparse —estableció en calma—. Todo lo que ha pasado desde que este caos comenzó no ha estado dentro de tu área de experiencia, y no es tu responsabilidad.
Pero él sacudió la cabeza, aún abatido. —Puedo salvar al mundo de mil enemigos poderosos, pero cuando mis amigos necesitan ayuda de verdad, no puedo hacerlo.
Piccoro tuvo que tomarse un momento para no perder la calma. Tan tentador como pareciese darle una colleja y decirle que se aguantara y lo superara, esa acción no hubiese conseguido nada más que brindarle un breve momento de alegría. —Gokú, tú eres un guerrero. Tu trabajo es salvar a la gente en épocas de guerras y batallas, y has hecho tanto otras veces que estoy seguro de que todos dejamos de contar. Pero esto no requería de una batalla física, y eso significa que por una vez en tu vida, no fuiste el héroe.
—¡No siempre tengo que ser el héroe! —se defendió Gokú inmediatamente.
—Tú lo dices, Gokú, porque siempre has sido el héroe. Cada batalla que has peleado en tu vida pudo ser hecha con los puños, y creciste cómodo siendo el salvador —continuó Piccoro—. Esta batalla no requirió de tus habilidades. No era tuya. Y nunca antes habías lidiado con algo como esto, ¿verdad?
Gokú lo pensó un momento. —Bueno, yo…, qué hay de cuando… —Y su mente se quedó en blanco, casi sintió que entraba en pánico.
—Admítelo —presionó Piccoro—. No fuiste a quien todos acudieron y, al menos inconscientemente, eso ha estado matándote.
El Saiyajin quiso negarlo. Quería gritar que la mera idea era absurda, que era una gran mentira. Pero cuando comenzó a entender las palabras, se dio cuenta de que el Namek tenía razón. Él no era el héroe. Y eso le dolía. Mucho.
—No lo entiendo —dijo el padre de dos—. No es como si yo demandara atención a algo así. Lo que quiero decir es que no soy Vegeta. ¿Por qué esto me molesta tanto?
—Porque, como acabo de decirte, estabas cómodo en la posición de ser el salvador —repitió Piccoro—. No requerías de nuestra atención porque la obtuviste sin demandarla. Tú, al igual que el resto de los mortales, te esfuerzas por servir cuando no estás en el rol con el que te has acostumbrado.
El Namek tomó asiento al lado de su compañero. —Tus amigos humanos, y tu hijo especialmente, estaban mucho mejor preparados para este caos. Y eso fue lo que hicieron, Gokú. Ayudaron. Hicieron todo lo que pudieron, y mantuvieron al grupo unido. —Hizo una pausa y miró intensamente al Saiyajin—. Era su hora de ser héroes.
Una ligera sonrisa apareció en los labios de Gokú. —No fueron sólo los humanos —señaló—. Tú, el Maestro Karin, y Dendé han hecho mucho por nosotros.
Piccoro resopló. —Dendé pudo haber usado sus talentos como sanador, y ese gato odioso pudo haber hecho crecer la semilla del ermitaño, pero lo único que hice por ustedes fue no golpearte en la cabeza.
—No es cierto —argumentó el Saiyajin—. Si no hubieses estado presente, creo que Gohan podría haber tenido un colapso nervioso.
—El punto es que —presionó el de color verde— otros hicieron el trabajo, y obtuvieron la victoria. No fuiste el héroe en esta historia. Consuélate con el hecho de que la batalla está ganada. —Se puso de pie y comenzó a caminar dirección al palacio—. Y aprende de esta experiencia. No eres perfecto, y eso está bien. Permite que otros se lleven la gloria, y pasa algo de tiempo con tu familia.
Gokú arqueó una ceja. —¿Qué tiene que ver pasar tiempo con mi familia con esto?
El más alto no dijo nada, sólo hizo una seña hacia la entrada cerrada del palacio. Allí, en medio de las puertas grandes, había un letrero «Cerrado por Negocios» que obviamente había sido hecho con rapidez.
—¡Oh! —respondió Gokú y se puso de inmediato de pie—. ¡Claro! ¡Es hora de regresar a mi hogar!
—Adiós, Gokú.
El Saiyajin, sintiéndose extrañamente más calmado, se despidió de su amigo Namek con la mano y saltó desde el borde del Templo. Era momento de regresar, alegrarse porque todo estaba saliendo bien, y aplaudirle a sus amigos y familia por todo su esfuerzo.
Bulma yacía sobre la mesa de la cocina, jadeando. —Oh, dios, Si hubiese recordado siquiera un poco lo bueno que era el sexo contigo, lo habríamos hecho antes…
Vegeta, sentado en una silla, tenía una sonrisa confiada en el rostro mientras observaba el techo del lugar. —Qué bueno que Gohan se llevó al niño con él cuando se marchó —susurró—. Esa grieta es más profunda que las otras, y si no me equivoco, la habitación de Trunks está sobre ésta.
La heredera rió, aún atontada por los altos niveles de endorfina. —Eso fue…, maravilloso…
—Siempre lo es —respondió su esposo con una sonrisa. Se inclinó hacia adelante y la besó en el cuello—. ¿Ya puedes ver bien?
—No sé —jadeó Bulma. Levantó una mano y preguntó—, ¿cuántos dedos estoy levantando?
De nuevo, Vegeta sonrió y se movió un poco para llegar a su clavícula. —Suficientes.
Una vez más, la mujer rió. Se terminó de dar la vuelta, y miró al Saiyajin directo a los ojos. —Yo recuerdo —dijo soltando una risilla—, esa vez que estuvimos peleando en el hueco de las escaleras del laboratorio, y que luego comenzamos a hacerlo, justo allí en la entrada… —Se detuvo y se movió hacia adelante para besarlo en la mejilla—, y que estábamos medio desnudos… —Y besó la otra—, y luego, de la nada —rió otra vez y se llevó las manos a la boca en un intento de no reírse abiertamente—. Oh, Kami, ¿recuerdas el grito que dio mi asistente cuando nos encontró?
—Su carta de renuncia estaba en tu escritorio una hora después —finalizó Vegeta—. ¿Cuántas perdiste así, como siete?
—Sí, es lo que recuerdo —canturreó Bulma antes de besarlo en los labios.
Vegeta sonrió genuinamente, quizá por quinta vez desde que había llegado al planeta. —Esas podrían ser las mejores palabras que he oído. —La besó, pero retrocedió rápidamente—. ¿Tú recuerdas que yo no…?
—…, normalmente no haces esto de besar y acurrucarte —terminó su oración Bulma—. Sí, mi amor, lo recuerdo. —Lo tomó por los hombros y lo acercó a ella—. Quizá por eso voy a mantenerte de rehén por un rato. Tal vez nunca más vuelva a tener un momento como este.
La sonrisa desapareció por completo del rostro del príncipe. —Bulma, yo lo…
—No —interrumpió ella—. No te atrevas a disculparte, Vegeta. Tú no eres así, y no quiero que cambies por esto. —Le pasó los dedos por el cabello, recordando cada centímetro de él.
Vegeta, después de un rato de sólo mirarse el uno al otro, rompió el silencio. —Entonces, ¿cuánto recuerdas exactamente? —preguntó—. Nunca recibí una verdadera aclaratoria de eso entre las rondas cuatro y cinco.
Bulma rió y frotó su nariz contra la de él. —Hay algunas manchas que aún son un poco confusas —admitió—, pero recuerdo lo importante. Recuerdo la primera vez que te vi. Recuerdo que te pedí que te mudaras conmigo. Recuerdo ese comienzo inestable y doloroso que tuvimos. Recuerdo el nacimiento de nuestro hijo. Recuerdo todo por lo que pasamos después de Cell. Recuerdo lo decididos que estábamos a no permitir que nuestra relación no se disolviera. Recuerdo a Majin Buu. Pero sobre todo, recuerdo lo feliz, fabulosa y mejor que ha sido mi vida gracias a ti.
Ella se reacomodó en la mesa antes de deslizarse para quedar sobre el regazo de su esposo. —Recuerdo, Príncipe Vegeta de los Saiyajin, cuánto te amo. Y que nunca, jamás, te dejaré partir.
Vegeta hundió la cabeza en el cuello de su esposa, había extrañado muchísimo su esencia. —Estoy agradecido de que estés en mi vida —confesó.
—Lo sé —afirmó la heredera. Se separó de él un momento y lo estudió detenidamente—. ¿Sabes qué más recuerdo?
—¿Hn?
Ella apretó sus hombros y puso mala cara. —Recuerdo que tenías más músculos. ¡Estás al borde de la delgadez ahora! ¿Qué demonios te pasó?
El príncipe se sonrojó un poco. —Supongo que quizá he sido algo negligente conmigo últimamente…
—¡No jodas! —exclamó Bulma—. Cuando regresemos a casa, tan pronto como ponga nuestra habitación como antes, te vas a meter en esa cámara de gravedad y te ejercitarás. ¡Esto no es saludable para ti!
—¿De verdad me estás pidiendo que pase más tiempo entrenando? —respondió, sonriéndole a la mujer—. ¿Estás segura de que estás bien?
Bulma le dio una palmada en el hombro, algo que se había convertido en una señal de afecto entre los dos. —En serio, aunque —dijo, envolviendo los brazos alrededor de su cuello para después besar sus labios—, necesitamos que te entrenes de verdad otra vez. Después de todo, ese es el hombre obsesivo, determinado y apasionado del que me enamoré.
—¿Qué, esto no fue lo suficiente apasionado para ti? —se burló.
—Bueno, solo logramos llegar a la quinta ronda —se burló ella también—. Si recuerdo correctamente, nuestro récord es diecisiete veces en un día.
Vegeta le gruñó y comenzó a besarle el cuello otra vez. —Sí, pero el niño estuvo con su gemelo malvado por todo el fin de semana. Ni siquiera tuvimos que pensar en él ese día. —Lentamente deslizó la mano por su espalda y sacudió la cabeza—. Por bien que la estemos pasando ahora…
—Debemos ir a ver a Trunks en algún momento —coincidió Bulma—. Sin embargo, si no me equivoco, nuestro hijo, a quien le debo una gran disculpa y un considerable aumento de mesada, está durmiendo como un lirón. ¿No podemos seguir haciendo esto hasta que se despierte? Tenemos mucho que compensar, después de todo.
—Sí —acordó el príncipe—, y no puedo creer que sea yo quien diga esto, pero si los estúpidos de tus amigos no nos dicen cuando se despierte, quizá estén asumiendo que toda esta área es un gran aviso de «No Molestar».
Bulma dejó salir un suspiro excesivamente dramático y levantó su cartera del suelo. —Vamos a hacer algo —propuso mientras sacaba el celular—, le mandaré un mensaje a uno de mis amigos idiotas, y le pediré que me mande otro cuando nuestro hijo despierte. —Ella arqueó una de sus cejas apenas visibles mientras miraba el aparato. Le dio la vuelta y preguntó—. ¿Este es el número de Gohan, verdad?
—¿Por qué demonios debería saberlo? —gruñó por lo bajo—. Yo no uso ese dispositivo inútil. Cuando necesito saber dónde está alguien, sólo busco su ki.
—Imbécil —dijo riendo mientras enviaba el mensaje—. Listo —Cerró el teléfono—. Ahora depende de ellos informarnos.
Vegeta se masajeó los hombros y le sonrió con malicia a la mujer en su regazo. —Ahora que nos hemos encargado de eso, ¿podemos volver a lo nuestro?
Bulma sonrió sugestivamente y echó el teléfono a un lado. —Por supuesto —respondió, le besó el cuello y luego susurró mordisqueando su oreja—. ¿Entonces, en qué estábamos?
Nota de la Autora: para aquellos que están decepcionados con este final, relájense. Este no es. Pasa que opté por dividir el capítulo en dos partes. ¡Saludos!
Nota de la Traductora: No estoy de acuerdo. Así que sigan leyendo el final, luego, lo publico en otro capítulo (el 25) para que ambas -original y traducción- queden iguales. Aprovecharé para dejarles un anuncio en ese. Estén pendientes.
Capítulo publicado el 21/10/2013
