Capitulo 2

Herida en su amor propio salió lentamente de la casa, aún sin entender muy bien lo que acababa de suceder. Subió a su auto y se dispuso a ir a una velocidad poco prudente hasta la casa Tenoh. Su mente divagaba en la misma extraña sensación: La habían timado. Ella le había hecho creer cosas que no eran. La maldijo para sus adentros por atreverse a hacer semejante cosa con su persona. Entró a la casa sigilosamente, era obvio que sus padres ya estaban durmiendo. Irrumpió en su habitación y se tumbó en la cama conteniendo su deseo de golpear lo que se pusiera en frente. Resopló. Cruzó sus manos detrás de su nuca y se plantó a observar el techo. ¿Acaso había sido realmente así? Aquella chica, tan dulce de aparente inocencia, no sólo había sido la mejor amante que había tenido en su vida, sino que además de eso trabajaba con su cuerpo. Era increíble. Se rió de la situación aún incrédula. Aquella noche vivida con ella realmente la hacía pensar que todo era posible, recordando su inocente sonrisa, sus miradas curiosas y aquella estrecha cintura que había tenido el placer de descubrir con sus manos. Lentamente cada una de las escenas comenzaron a pasarse frente a sus ojos...


flashback

La rubia de coletas se acerca a ella besandole la mejilla.

-Hola malisima – saludó sugestivamente. Michiru arqueó las cejas sorprendida. - No quise saludarte cuando estuviera Yaten, luego se pone celoso.

-¿Cómo te va cabeza de bombón? - preguntó posando su mano en la cadera de la chica. Los ojos de la aguamarina se fijaron en aquellos delicados dedos, luego en la sonrisa pícara que le dedicaba a la rubia para luego terminar observando el ridiculo peinado de la señorita. Al final, ella se retiró sin siquiera saludarla.

-Es mona – comentó.

-Si, no está mal. - respondió arrogante.

-Y está muy bien vestida, y yo aquí con estas ropas. - Hace una pausa sin dejar de observar aquella sonrisa que siempre estaba dibujada en sus labios. - ¿Es muy amiga tuya? -

-Bueno... La conozco. -

-¿Mucho?- Haruka observó a la chica que bailaba con Yaten vestida con un traje exageradamente escotado. -

-No creas que mucho más de lo que la conoces tu. - rio

-Pero yo no la conozco – respondió sin entender. Haruka se desconcertó y luego se echó a reir.-

-Me refiero al vestido. - Los ojos azules de la chica la veian con atencion. Notando que no había entendido el chiste explicó. - Dije que lo que conozco de ella no es mucho más de lo que conoces tu. Por que el vestido deja muy poco que ocultar.- Michiru se quedó un momento pensativa sin quitar la mirada de la suya para luego comenzar a reir al haber comprendido. - ¡Ah! ¡Ya entiendo! - ambas rien. - La has conocido hace poco. - terminó por decir provocando aun más risas en su compañera.

-¡No! Yo la conozco a ella, toda, completa. ¡Desnuda! ¿Me entiendes? Y como el vestido es tan escotado tu la conoces tanto como yo, por que la conoces prácticamente desnuda. ¿Comprendes? -
La risa de Michiru se esfumó por completo -Si- respondió adoptando un tono serio.

-¿Entiendes ahora? - preguntó riendose sola de su chiste ya marchito.

-Si, pero si la conoces desnuda eso quiere decir... - Haruka posó una de sus manos sobre la que ella mantenía encima de la mesa y le dio unas palmaditas paternales. -

-Yo no soy ninguna santa ¿sabes? -

-¿No? -

-No. Claro que no -

-Es dificil no ser santa. -

-No lo creas. -

-¿Cómo se hace? -

-Bueno. Cuando uno hace cosas malas. - intentó explicar. -

-¿Tú haces cosas malas? - La sonrisa de Haruka se ilumina ante la pureza en las palabras de la chica.

-Gracias. - Michiru la miró extrañada. -

-¿Gracias por qué? - Haruka tomó sus manos entre las suyas con ternura.

-Es dificil encontrar personas como tu... una a veces... se cansa de conocer siempre lo mismo. Eres un oasis. - Michiru no pudo evitar sonreír divertida. -

-¿Por qué? -

-Porque me desintoxicas. Una llega a un momento de su vida en que se cansa de todo y entonces se pregunta... - Michiru se acerca un poco más a ella prestando atención a sus palabras - ¿Qué estoy haciendo naufragando en un mar de champagne? ¿Cuando encontraré una costa? -

fin fb


Volvió a recordar su tierna sonrisa. Sus delicadas manos sobre la mesa, aquellos ojos apacibles que la observaban con admiración en aquel pub. No podía creer que una criatura tan dulce estuviera dispuesta a trabajar de algo tan aberrante. Si había alguna situación especial que la llevaba a tomar aquella determinación. ¿Qué podría hacer ella para ayudarla? No podía permitir que siguiera con un trabajo semejante. Si se encontraba en una mala situación económica, ella podría ayudarle a conseguir un trabajo decente. Si había algo de lo que podía sentirse orgullosa era de ser generosa y no guardarle rencor a las personas. Tomó la decisión de que haría de aquella muchacha su buena acción. La ayudaría a salir de aquella mala vida. Sonrió satisfecha de si misma. Sabía que a pesar de su actitud, a pesar de haberla engañado, no le guardaba rencor. Concluyó en que a la mañana siguiente cuando se levantara iría a arreglar el asunto de Michiru. Se puso de pie, se quitó la ropa y se metió en la cama para disponerse a dormir.

A la mañana siguiente fue lo mismo que todos los días. Saludos automatizados, conversaciones poco interesantes acerca de la beneficencia del club de señoras de su madre y las noticias de la bolsa de inversiones de su padre. Alguna que otra acotación de su parte sutilmente ignorada durante el desayuno. Su padre tomó el maletín y salió de la casa como de costumbre. Estaba acostumbrada al ritmo de vida de su familia. Era tan simple y mecánica que prácticamente no la percibía. Lo malo de ser hija única, era que sus padres centraban en ella todas sus frustraciones. Aunque rara vez le reprochaban sus preferencias, su madre siempre le daba el mismo discurso.

-No me molesta que te gusten las mujeres hijita, con la tecnología que hay hoy en día será facil para ti darme nietos algún día. - Haruka recordaba las primeras veces en que su madre había hecho ese tipo de comentarios, haciendo que casi se tragara la cuchara o el tenedor, dependiendo, por alguna extraña razón siempre quería conversar de sexualidad y reproducción durante las comidas. Pero a aquellas alturas ya estaba acostumbrada. - ¿Es estrictamente necesario que te vistas como un playboy? - continuaba como de costumbre siendo ignorada por su hija. - Hasta a mi se me hace difícil recordar que he tenido una niña y no un niño. Bueno, eres un joven muy guapo pero... si te dejaras el cabello apenas un poco más largo, no mucho, pero lo suficiente como para notar que eres mujer... quizás si usaras camisas de mujer y zapatos de mujer... - El parloteo matutino de aquel día le había sido liviano, probablemente por que no le hizo caso en absoluto. A veces pensaba que era un intento desesperado que ella hacía por conseguir un poco de su atención. - Piénsalo, debo juntarme con las "chicas" en el club. Nos vemos en la tarde. - Haruka levantó la vista hacia ella con una sonrisa a tiempo para verla lanzar besos al aire en su dirección, ella le respondió con un saludo agitando su mano. La sintió alejarse, el sonido de la excesiva cantidad de joyas que usaba su madre le recordaban siempre a los cascabeles navideños. Terminó de tomar su té y se preparó para la visita oficial a la madre de Michiru.

Minutos más tarde se encuentra estacionada frente a la modesta casa. Observando la puerta mordiéndose los nudillos aún indecisa, sabía que no era de su incumbencia lo que la chica hiciera, pero de alguna manera sentía una obligación con ella. Una necesidad de hacer justicia para darle una buena vida y sacarla de aquel asqueroso mundo. Tomó aire una vez más y bajó del móvil. Golpeó a la puerta y se acomodó la ropa ligeramente antes de sentir el sonido de los pasos al otro lado. Sus piernas se aflojaron al ver a la mujer que la atendió. Una versión más adulta pero al igual de sofisticada que su hija. La señora, bien vestida aunque modesta, sonrió dulcemente al verla de pie en la entrada.

-Buenos días. - saludó con la misma hermosa sonrisa que había heredado a su hija.

-Buenos días señora, ¿está Michiru? -

-No, recién salió. - respondió sin dejar de sonreír invitandola a pasar a la casa. -

-Mejor, mire, usted es su madre ¿cierto? - ella asintió. - Yo soy Haruka Tenoh – se presentó dándole la mano.

-Mucho gusto – respondió intrigada.

-Señora yo quisiera hablarle de su hija. -

-¿Michiru? - preguntó con notado orgullo en su voz. - ¿Hace mucho que la conoce?

-No señora, la conocí ayer. - respondió en tono serio.

-¡Ah! Es un amigo nuevo. - Se sentó en uno de los asientos del living e invitó a Haruka a hacer lo mismo.-

-Si, señora, llamemoslo así. Y estoy un tanto preocupada. -

-¿Preocupada? - preguntó entendiendo la situación - ¿Por mi hija?

-Si señora y quiero que comprenda lo difícil de la misión que me he encomendado, pero hay cosas que están por encima de... de otras cosas. Me sería más cómodo no decirle nada, desentenderme del asunto, pero fui criada en una buena familia y hay principios que no puedo traicionar. - La mujer la observaba intrigada. - Usted, créame que realmente me cuesta decirle todo ésto. -

-Si, le creo, le creo. -

-Usted señora, cree conocer a su hija como todas las madres cree que la conoce porque la ve en su casa y porque conversan de vez en cuando, porque a veces salen juntas... Pero a su hija, a su verdadera hija, usted no la conoce.

-Bueno, eso es un poco cierto, uno a veces cree conocer un poco a la gente y se da cuenta que...

-¡Exacto! - la interrumpió. - ¿Usted nunca se preguntó de donde saca la plata Michiru?

-De su trabajo, claro. - respondió convencida.

-Pero... ¿Y además? -

-¿Además qué? .-

-Además de la plata que gana con su trabajo, ¿No le da la impresión de que dispone de otro dinero?

-No.

-¿Usted no cree que pueda tener alguna otra fuente de ingresos? -

-No. Me lo hubiera dicho. -

-Hay cosas señora, que una hija no puede contarle a su madre. No sé si me entiende. - La mujer se queda unos instantes en silencio pensativa.

-Ahora que lo dice, a veces he pensado... - se pone de pie y se dirige a un costado del living. - incluso una vez le pregunté. - Haruka la mira preocupada, pensando que quizás ha sido muy tosca con la conversación. Se pone de pie y se dirige hacia ella con cargo de conciencia.

-Discúlpeme, no fue mi intención ser tan brusca. - La señora se da media vuelta con una bandeja, una cafetera y dos tazas y camina en dirección a los sillones para colocarla en la mesita de centro totalmente tranquila bajo la mirada confundida de Haruka.

-Le pregunté... - continuó como si nada. - "Hija, ¿no estas trabajando demasiado? Te noto cansada". Pero ella se rió, usted sabe como son las chicas. - sonrió sirviendole café en una taza. - ¿Una o dos de azúcar?

-Es que su cansancio no es por exceso de trabajo. Es por lo otro. - comentó preocupada.

-¿Otro? ¿Qué otro? - En aquel momento la puerta de la casa se abre y ambas mujeres dirigen su mirada a Michiru que ingresa con una bolsita en su mano. Al verlas sonríe con simpatía. Se acerca a Haruka y la besa en la mejilla.

-¡Hola! - ella apenas logra musitar un "hola"tímido y nervioso. - Mamá, mira lo que compré. - abre la bolsita y saca una cajita con un precioso conjunto de ropa interior de color blanco.

-Está precioso hija, a propósito, tienes tres pedidos más. -

-¿Tres? - preguntó Michiru. Haruka se sentía completamente descolocada. Observaba a las mujeres dirigiendo su mirada hacia una y otra. La madre se da vuelta hacia Haruka y comenta con una sonrisa. -

-Yo le anoto los pedidos, es que ella tiene tanto en la cabeza que a veces anota todo mal. -

-¿Qué pedidos? - preguntó más por inercia que por interés.

-Los pedidos de los turnos de los clientes, mi niña es prostituta. ¿Me dijo una o dos de azúcar? - dijo con total naturalidad.

-Una. - respondió sin haber oído. Lentamente la palabra "prostituta" llega a su cerebro. -¡¿una?! - gritó perturbada.

-Si la oí, la oí. - respondió la mujer con una sonrisa. Haruka con la boca abierta de la impresión toma casi de un sorbo el café. Michiru se excusa para tomar un baño mientras la madre le comenta con orgullo lo solicitada que es su hija. Ella aún con la mente en blanco inventa una excusa antes de que Michiru vuelva a entrar en escena. Está demasiado perturbada como para ver aquel hermoso y angelical rostro de nuevo. Se disculpa ante la señora alegando otra reunión y se devuelve a su auto. Se sienta con ambas manos en el volante y la mirada fija al frente. Estaba en shock cuando Michiru le había pedido dinero, pero ahora, estaba completamente atónita. Su mundo de estructuras tan sólidas, como las palabras moral, pudor, madre y prejuicios comienza a tambalearse.


Hola gente hermosa se que me he demorado mucho en actualizar pero

ando en una época de bloqueo así que lo siento mucho.

Sé que éste cap es cortito pero como les dije todo este fic lo será así que xD

Espero que les guste y sino intentaré mejorar para la próxima.

los saluda atentamente Mariel Kaioh