Primer Año: Juegos

—¡Dubledore! —gruñó Snape.

—Profesor Snape, por favor —pidió Minerva sentada con la espalda completamente erguida en su silla.

—Oh, venga Severus, será divertido —le aseguró el director con una sonrisa complacida, reclinándose hacia atrás en su silla.

—Director, con todo el respeto —dijo Snape muy despacio, notándose que tal vez no había tanto respeto como decía —, ¿no le parece que, quizá, lo que dice sea una Soberana estupidez? —preguntó insistente.

—Vamos, vamos. ¿Es que no has soñado nunca con buscar un tesoro? —preguntó Dumbledore con una sonrisa tranquila.

—Suficiente tenía tratando de Sobrevivir a las bromas de sus queridos alumnos —siseó Snape a eso, ganándose una mirada de reproche de la subdirectora—. No sé si recuerda esa vez que fui a buscar... algo. ¿Le suena la expresión "licántropo tratando de matarme"?

—La verdad, no es una expresión que haya oído nunca —comentó Dumbledore como si realmente estuviera pensando que esa frase pudiera ser una frase hecha y logrando que Snape gruñera—. Venga, Severus, será divertido —le insistió.

—Divertido mis...

—¡Severus! —lo amonestó la subdirectora antes que pudiera terminar la frase y éste arrugó la nariz con una mueca de disgusto. Esa maldita mujer aún lo trataba como si fuera un alumno ahí.

—Seguro que se te puede ocurrir algo relacionado con pociones —siguió el director como si Snape no hubiera dicho nada.

—No sé porque no puedo poner una poción que petrifique a todo aquel que la beba y ya —gruñó cruzándose de brazos.

—Debes dar la oportunidad a que alguien pueda pasar. Mira a Minerva, ha tenido la brillante idea de poner un Ajedrez Mágico tamaño gigante, ¿te imaginas? E incluso Hagrid ha colaborado dejándonos a Fluffy —explicó Dumbledore, dejando en claro que a él le parecía la cosa más graciosa del mundo.

—Fascinante —siseó el profesor de pociones—. Sigo sin ver Por Qué se debe dar la oportunidad a que alguien pase.

—La búsqueda del tesoro no tiene gracia si no —aclaró el director, como si eso fuera evidente.

Snape solo atinó a gruñir.

—Está bien —aceptó al final, porque era aceptar o que el director le estuviera torturando durante horas para que acabara aceptando de todos modos—. Pero bien te podrías guardar esa maldita piedra en el bolsillo —murmuró por lo bajo mientras salía del despacho, oyendo la reprimenda que le dedicaba Minerva mientras pensaba en Qué diablos iba a hacer como "reto" para que cualquier inepto pudiera pasar las 'pruebas' que Dumbledore quería poner para dejar que todo dios llegara a la Piedra Filosofal.