Primer Año: ¿Este tipo no es un poco incongruente?

—Un trol... en las mazmorras... Pensé que debía saberlo.

Al segundo siguiente de decir eso Quirrell se desplomó en el suelo.

Snape arqueó sus cejas mientras el director daba instrucciones y Madame Pomfrey se encargaba de trasladar al profesor Quirrell a la enfermería.

Dumbledore empezó a organizar a los profesores, Snape oyó su nombre mencionado, pero se limitó a ignorarlo, siguiendo el cuerpo flotante y desmayado de Quirrell con la mirada.

—Severus, ¿me oyes? —preguntó el director mientras los demás profesores ya se estaban movilizando.

—Se ha... desmayado —comentó simplemente él, mirando hacia Dumbledore ahora.

—Bueno, supongo que ha sido un buen susto —asintió el hombre.

—Dumbledore: ÉL ha puesto un trol... protegiendo lo que ya sabes ¡y ahora se desmaya por ver uno? —protestó el profesor de pociones para que el director se fijara en la poca lógica que tenía eso.

—Oh, bueno —sonrió el director—. Ya sabes que es distinto poner un trol en un sitio controlado que encontrártelo de lleno en la cara —le aseguró—. Recuerdo una vez, con mi tía Filmeinta, esa mujer tenía un enorme jardín lleno de flores carnívoras, de hecho sacaba a pasear a alguna de ellas por el...

—¡Albus! —gruñó Snape con desesperación y luego tomó aire profundamente. A veces NO recordaba porque le había jurado fidelidad a un viejo demente... Ah, bueno sí, porque el otro estaba más demente todavía y además insistía en que la gente le besara los pies.

—Mi querido Severus, ya sabes que siempre te insisto en que uses mi nombre de pila cuando gustes... aunque agradecería que no siempre fuera en ese tono, acabaré relacionando mi nombre con algo malo —sonrió el hombre con una sonrisa de las suyas.

Snape entornó los ojos.

—Lo que sea —gruñó empezando a salir del Gran Comedor.

—Severus, las mazmorras están por el otro lado —lo llamó Dumbledore.

Snape se detuvo, girándose para ir a soltar alguna verdad al viejo chiflado pero cerró la boca al ver esos ojos azules mirándole por encima de las gafas y esa sonrisa en sus labios.

Se giró de nuevo. No tenía caso. Ese hombre ya sabía dónde iba y por qué iba.