Primer Año: ¿Problemas Amorosos?

—Muy bien... muy bien.

Snape logró abrir la puerta para llegar a entender esas últimas palabras, casi pareciendo un sollozo y vio a Quirrell salir por la otra puerta.

¿Con quién diablos hablaba? Había logrado oír DOS voces, ¿tan rápido había salido el otro? Tampoco había chimenea en esa sala para poder comunicarse desde allí.

Frunció el ceño, yendo a entrar una vez ese profesor hubo salido, pero tuvo que contenerse al ver al imbécil de Potter meter su nariz por ahí también. Ese crío se metía en más problemas que su padre y todos sus estúpidos amigos juntos.

Se apartó cuando vio que el crío miraba hacia él y chirrió los dientes. Ahora era ÉL quien tenía que esconderse de un ¡maldito alumno! Genial.

—Profesor Snape —la voz entretenida y esta vez su cuerpo reaccionó antes, sacando la varita para clavarla justo... en la punta de la nariz del director.

Gruñó. Definitivamente llevaba unos días bastante tensos, pero teniendo en cuenta que Quirrell planeaba algo... con alguien y que por lo visto solo ÉL era consciente de eso.

Y no era que no confiara en los demás, eran los DEMÁS que le llamaban paranoico a él.

—Un día se va a llevar un disgusto si sigue apareciendo de ese modo —dijo sin excusarse, la culpa era de Dumbledore, no suya. De hecho el director debía estar contento que se hubiera controlado lo suficiente para no lanzar un maleficio.

—Bueno, tendré en cuenta que durante un día soleado no puedo ir silbando por el pasillo y llamándote un par de veces antes de tener que acercarme del todo —sonrió Dumbledore mientras Snape fruncía el ceño. ¿En serio había venido silbando? No sabía si creerle.

—Exacto —dijo al final, él NO se iba a disculpar—. Odio que la gente silbe, tentado estoy de bajarle puntos por eso, director.

Albus rió ligeramente ante el comentario.

—Me alegro que estés mejorando tu sentido del humor —le aseguró, palmeándole un par de veces el hombro y Snape descartó el comentario con un gruñido.

—Quirrell estaba... —decidió decir al final, esperando que esta vez el director al menos le aceptara que debía estar tramando algo.

—Ah, el profesor Quirrell otra vez —sonrió el hombre, igual como haría un padre con un niño pequeño que le insiste en mostrarle por tercera vez el cenicero de barro que ha hecho—. Severus, creo que te estás obsesionando mucho con él... Yendo al bosque con él... espiándole en silencio... Estoy esperando el día en que le regales flores —asintió mientras Snape abría sus ojos exageradamente—, o, viniendo de ti, tal vez unas hierbas especiales para una poción romántica —terminó, riendo ante su propia idea, asintiendo de nuevo mientras Snape trataba de hablar, abriendo y cerrando sus labios sin poder encontrar palabras que pudieran expresar toda su indignación.

Al final los apretó con fuerza. No podía gritar en medio del pasillo y a pleno día... menos podía gritarle al director.

Pero esta se la devolvería. EVIDENTEMENTE que se la devolvería.