Capitulo 8

Me levante y fui a la cocina, desde que encendió el grifo no oía nada, pero me parecía demasiado rato para lavar una taza, quería saber como estaba.

-Ey, Tala, ¿estas bien?- dije acercándome a ella.

Estaba apoyada en el mármol con la cabeza vuelta hacia la ventana, el grifo seguía encendido. Toque su hombro, pero no se movió.

-¿Ya te lo han contado?

-No, me han dicho que ya lo harías tú. –Puso una mueca- Si no quieres no tienes porque hacerlo…

-No, Jake, no importa… veras… mi abuelo era un Quileute, después de la muerte de su imprimada, se fue de aquí, lo paso muy mal, tanto que durante mucho tiempo no pudo abandonar su forma de lobo, porque el dolor como hombre le resultaba insoportable- de que me sonaba a mi eso…- vago por el mundo durante años, así fue como llego a escocia y como lo conoció mi abuela, como lobo, se había herido y mi abuela se lo llevo a casa y lo curo…

-¿Y a tu abuela no le extraño ver a un lobo de ese tamaño?

-En realidad mi abuela había visto cosas muchísimo mas extrañas, veras mi abuela era una hija de Beltaine igual que yo, casi todas las mujeres de mi familia han sido hijas de Beltaine o de Samain, pero eso ya te lo contare en otro momento. El caso es que se quedo con ella como su lobo guardián. Pasaron varios años juntos, para ese entonces el ya la conocía, mi abuela tenia la costumbre de hablar con el lobo y contarles sus anhelos, sus miedos, esas cosas, con el paso del tiempo mi abuelo aprendió a quererla.

Un día se vio obligado a transformarse en hombre para protegerla, en resumen, mi abuela se enamoro de el y el la acepto, fue un buen marido.- Se quedo callada.

-Vaya, es una bonita historia.- ella le había curado el la había protegido y se habían casado, era un perfecto cuento de hadas.

-Esa es la historia de mis abuelos, pero el final no es tan feliz, mi abuelo al final de su vida perdió la cabeza se pasaba el día llamando a una tal "Chilali", era la imprimada de mi abuelo, no tienes ni idea de lo que llego a sufrir mi abuela hasta que todo acabo.- Vaya eso ya no era tan bonito.- ¿Quieres conocer la historia de mis padres?- asentí- Te advierto que todavía es menos bonita- me encogí de hombros, a ver que se decía en un situación así.- Mi madre se imprimo de mi padre el día de Beltaine, pasaron el día juntos, hablaron rieron y esa noche se acostaron, quedaron en verse al día siguiente en los dólmenes, cuando mi madre llego el estaba allí esperándola, le dijo que quería presentarle a su padre y ella acepto mi madre quedo en llevar también al suyo, querían casarse, cuando esa noche los cuatro se reunieron las cosas no salieron demasiado bien, ninguno era lo que decía ser, mi padre se marcho para nunca volver y a los pocos meses nací yo, mi madre nunca supero el abandono, se fue consumiendo hasta que a mis 3 años murió.

-Joder, vaya, no se que decir.- tenia ganas de abrazarla de consolarla, pero me daba miedo que me rechazase.

-No hace falta que digas nada, por eso no creo que la imprimación sea un don ni un regalo, yo… lo veo mas bien como una… maldición.- Bueno con esa historia no me extrañaba.

-Yo estuve imprimado, pero la imprimación se rompió.

-Si lo se, me lo han contado, se antepuso tu instinto de lobo- suspiro -mi padre era como tu ex.- Me envare al momento.

-Entonces tu eres hija de un hibrido…-increíble, no era el primero que se imprimaba de un hibrido, viendo lo que le había pasado a la madre de Tala… no podía quejarme, quizás había tenido suerte.

-Y una loba…

-¿Y tu, entonces… tu que eres?

-Sinceramente Jacob, no lo se quizás por eso estoy aquí…- volteo la cabeza hacia mi, habían lagrimas en sus mejillas.

No pude aguantarlo mas y la estreche entre mis brazos, ella enrosco sus brazos en mi cintura y levanto el rostro para mirarme. No se que me paso en ese momento, que loca idea se cruzo por mi cabeza, pero empecé a limpiar sus lagrimas con mis labios, ella suspiro y yo me lance a atrapar ese suspiro de sus labios. Quería borrar su pena con mis besos, eliminar el sufrimiento de su pequeña alma, la alce y la senté en la encimera para tener mejor acceso a su boca. Su respuesta fue instantánea, puso sus brazos alrededor de mi cuello y enrosco sus manos en mi pelo a fin de acercarme mas a ella, mis manos recorrieron su espalda mientras mi lengua se deslizaba dentro de su boca. Tenía un sabor exquisito, melocotón y vainilla, exactamente igual que su olor. Abrió las piernas y rodeo mis nalgas con ellas, nuestros sexos quedaron contrapuesto. Cogí sus nalgas con el fin de acercarla y ponerlos en contacto, ella gimió, me frote contra su hendidura mientras intensificaba el beso, explorando cada rincón de su boca. Su lengua se movía contra la mía en una danza mas antigua que el mismo mundo, provocándome, seduciéndome. Aumente el ritmo de la fricción entre nuestros sexos, ella se apretó mas contra mi cuerpo, la ropa empezaba a estorbarme, necesitaba sentir el calor de su piel. Aun recordaba las pequeñas descargas eléctricas de su piel al contacto con la mía, deslice una de mis manos por debajo de la camiseta y toque su espalda. Un escalofrío la recorrió, en mis dedos una descarga eléctrica, avance mas arriba, quería tocarla, tocar su piel, sus pechos, la necesitaba como el sediento necesita el agua. Nuestras respiraciones eran aceleradas, parecía que nos faltase el aire. Dios como la deseaba, quería lamer y besar cada parte de su pequeño y exquisito cuerpo, comprobar el sabor de su fuente, seria tan dulce como el almíbar de sus labios. Con esos pensamientos en la cabeza la envestí con mas fuerza, ella gimió deliciosamente, volví a embestirla, tenia que deshacerme de la ropa, necesitaba estar dentro de ella, sentir su estrechez a mi alrededor, como si hubiese leído mis pensamientos bajo la mano hasta dejarla encima de mi miembro, lo cogió por encima de la tela y lo empezó a acariciar.

-¡Jacob Black, que cojones crees que estas haciendo, suelta a esa chica ahora mismo!- el grito de Leah me hizo volver a la realidad.

Tala me soltó, bajo la cabeza y apoyo la frente en mi pecho con la respiración todavía entrecortada, yo saque las manos de debajo de su ropa y me aparte un poco, no me atrevía a girarme, pero tenia que hacerlo. Cogí aire y me di la vuelta para enfrentarme a Leah.

Cual no fue mi sorpresa cuando vi en la puerta de la cocina a Leah, Sam, Seth, Embri, Sue, el viejo Quil y mi padre todos con cara de sorpresa o de enfado, vale, esto era una pillada en toda regla.

Me gire a mirar a Tala la cual estaba mirando fijamente a la puerta, con sus labios ligeramente hinchados por mis besos y un precioso color carmesí en sus mejillas. Me miro y de un salto bajo de la encimera para esconderse detrás de mi.

Mi padre enarco las cejas.

-Tala ¿todo bien?- dijo mirando a la chica, ella se asomo un poco y afirmo con la cabeza.- ¿Segura?- dijo con suspicacia.

-Papa, ya te ha dicho que si.- Tala tenia las manos apretadas en torno a mi camiseta tan fuerte que temí que la rompiera.

Debía estar muerta de vergüenza, pobrecita, al igual que yo, pero tenía que ser fuerte ya que por su pose deduje que ella buscaba mi protección. Me erguí.

-Vale, venga, todos fuera que aquí no hay nada que ver- dije autoritariamente mientras los animaba con las manos para que salieran de allí, no sabia yo que pudiesen caber tantas personas en la puerta de mi cocina, normal que se chocasen entre ellos mientras se giraban y se iban. Increíble, me habían hecho caso, se iban. Me gire a mirar a Tala- ¿Estas bien?- dije mientras la cogía por los hombros y levantaba su cara, malditas gafas, necesitaba verle los ojos, pero no dije nada.

-Ahora si. Jake, lo siento, debería…- pobrecita, ella no tenia la culpa, era mi culpa, mira que llegaba a ser animal.

-Es culpa mía, me embale y no recordé que la casa estaba llena de gente.- la abrace.

-Es culpa mía, tenia ganas de tocarte ahí- dijo señalando mis partes nobles- desde que te vi desnudo, me costo un mundo no hacerlo en aquel momento.- Bajo la cabeza avergonzada, yo estaba mudo, no recordaba haberme quitado los pantalones, la mire y un rubor mas intenso cubrió su piel- Lo siento, Jake.

- ¿Por qué? Yo he deseaba besarte y tocarte, así que soy tan culpable como tu.- me encogí de hombros y sonreí.- ¿Vamos?

-No creo que sea capaz de salir ahí fuera y mirarlos a la cara- dijo poniéndose todavía más roja si es que eso era posible, le acaricie la mejilla.

-Voy a estar ahí contigo.- sonreí, cogió mi mano suspiro y asintió.

-Entonces vamos.- dijo y me devolvió la sonrisa.