Capitulo 15
Estaba allí de pie en el altar esperando la llegada de la novia con cientos de miradas sobre mí. Me sentía incomodo, desde luego este día estaba ideado por las mujeres y para torturar a los hombres. La novia se retrasaba, afloje un poco el nudo de la corbata. Un intenso coro de murmullos llenaba la sala. Empezó a sonar la suave música. Uf, por fin.
Vi a Tala avanzar por el pasillo con una tímida sonrisa en sus preciosos labios, el vestido hacia un contraste precioso contra su piel dorada, el pequeño escote resaltaba sus opulentos pechos y la tela se amoldaba a sus caderas insinuando las sinuosas curvas que había debajo. Levanto su cabeza hacia mí lanzándome una sonrisa deslumbrante. Llevaba el pelo prácticamente suelto exceptuando unos pequeños mechones rizados que estaban enganchados por un pequeño pasador de fantasía, un pequeño ramo de flores blancas entre las manos y sus ya características gafas de sol. Era una visión, un escalofrío recorrió mi espalda, se sitúo al otro lado del altar. Me incline hacia el hombre que estaba a mi lado, apreté levemente su hombro en un gesto claramente tranquilizador y volví a mirar a Tala. Era una visión, un regalo para la vista, estaba preciosa, no pude evitar sonreírle lascivamente, gesto al que ella respondió ruborizándose.
La marcha nupcial empezó a sonar. Por fin… la novia había llegado.
Leah estaba muy bonita, se la veía tranquila y enamorada, avanzaba lentamente del brazo de su hermano Seth que estaba tan incomodo como su futuro cuñado Tom o yo mismo, definitivamente "era un día para ellas".
Leah y Tom se habían conocido hacia unos ocho meses en el simulacro de emergencia del estado. Tom era bombero en Shelton y Leah trabajaba como enfermera en Forks, casualidades del destino quisieron que los pusieran en el mismo equipo, cuentan que fue amor a primera vista o dicho de otra manera una imprimación en toda regla.
Se suponía que Tom era un herido al que Leah tenia que entablillarle un brazo, todo muy "real" tanto que nada mas mirarse a los ojos acabaron haciéndose el boca boca ante las perplejas miradas de sus compañeros.
Al día siguiente Tom había dejado su trabajo, su casa y toda su vida para venirse aquí con Leah. La cara de Seth y Sue al ver a Leah enganchada, como si le fuera la vida en ello, al brazo de ese enorme bombero (aun llevaba el traje puesto) no tenia precio.
La mente colectiva tenía sus ventajas, ver todo esto en primera persona había sido tronchante. Pase varios meses chinchando a Seth con la imagen de su hermana besando tórridamente al "bombero" como el lo llamaba.
Pobre Tom se había quedado con el mote, la verdad es que era un buen tipo, ahora pertenecía al honorable cuerpo de bomberos de Forks, era fácil verlo vestido de uniforme, cosa que no ayudo a que se librase del mote ni de los insinuantes chistes con respecto al fuego de Leah. Había que reconocer que el chico se lo tomaba con bastante humor. Pero era cierto, la famosa mala leche de Leah desapareció casi completamente como por arte de magia en cuanto se imprimo. El amor podía hacer grandes milagros.
Mire a Tala, sin duda el amor era maravilloso.
Saque el anillo de mi bolsillo para entregárselo a Tom, mientras Tala le daba el suyo a Leah. Hacia un par de meses que nos habían pedido que fuésemos los padrinos de su boda. Tala y Leah se habían hecho grandes amigas, de hecho Leah protegía a mi novia mas que a su propio hermano, aunque claro Seth estaba encantado.
-Puedes besar a la novia- no pude evitar sonreír, ese sacerdote no sabia lo que había dicho, solo esperaba que no hubiera niños en la sala…
Tras la copiosa comida, el vals nupcial y no se cuantos ridículos ritos mas había llegado el mas esperado por las féminas y odiado por los hombres. Las chicas se reunieron ante la tarima del pequeño escenario de la casa comunal esperando a que la novia lanzase el ramo por encima de su cabeza, según la tradición la que lo cogiera seria la próxima en casarse.
Emili, Sam, Paul, Rachel, Tala y yo nos reunimos en uno de los laterales riendo disimuladamente ante la agresividad de aquellas mujeres por situarse en el mejor lugar. Jared se acerco a nosotros cabizbajo.
-¿Y Kim?- Pregunto mi hermana sentándose en una silla ya que su avanzado embarazo no le permití estar desasido tiempo en pie. Vi como Paul le acariciaba la tripa y le daba un beso en la cabeza. Llevaban casados dos años y Rachel parecía tremendamente feliz.
-Adivina- se limito a responder Jared señalando con su pulgar por encima de su hombro, a sus espaldas donde estaban las mujeres dándose codazos, y eso que Leah aun no había lanzado el ramo…
-¿Todavía no se lo has pedido?- Exclamo Emili sorprendida. Jared se limito a negar y lanzar una mirada a Sam que se sonrío.- Por dios Jared, cuanto tiempo lleváis viviendo juntos, tres años, cuatro…
-Pero lo hará, ya tiene el anillo.- Respondió Sam pasando el brazo por los hombros de su esposa.
-¡¿En serio osito, ya me compraste un anillo, donde esta quiero verlo?!- Todos nos miramos sorprendidos, y estallamos en carcajadas.
-¿De donde has salido Kim?- Le pregunto Rachel entre risas.
-Os vi, ahí tan juntitos… decidí acercarme, además allí hay demasiada competencia…-Bufo frunciendo el ceño, para mirar luego a Jared y extender sus manos como esperando que le entregase el anillo.
-Sabes mujer no tienes remedio… - dijo Jared malhumorado y para nuestra sorpresa se saco una cajita del bolsillo y la deposito en las manos de Kim.- anda toma. Quería hacerlo bien ¿Sabes?
-¿Lo tenias aquí?- pregunto extrañada Tala mientras Kim se lanzaba a los brazos de Jared y empezaba a darle besitos por toda la cara.
-Lo lleva encima desde que lo compro, Kim ha estado registrando la casa desde hace meses.- Contesto Paul riendo.
-Bueno parece que volveremos a ir de boda- dijo señalando a la pareja que ahora se besaba con enardecido fervor- y de bautizo- señalo a mi hermana.
Oímos gritos a nuestras espaldas, Seth se acerco y se unió a nuestro grupo.
-Son insoportables.- se limito a decir señalando a las mujeres mientras se situaba a nuestro lado.
Los grititos de entusiasmo se convirtieron en quejas y algo cayó a los pies de Tala. Mire hacia abajo extrañado. Era el ramo de la novia, me gire hacia el escenario donde vi a Leah con una sonrisa picara en los labios, cuando nuestras miradas se cruzaron se encogió de hombros en un gesto de absoluta inocencia. Ja. Tala estaba rígida a mi lado, mi brazo en su cintura.
-¿No vas a cogerlo?- pregunto una muy confusa Kim.
Rachel y Emili miraron a Tala con tristeza y a Kim con reprobación. Todos conocíamos la postura de Tala, no quería casarse, al menos no con alguien que se pudiese imprimar de otra y abandonarla, le había repetido mil veces que eso no pasaría, pero ella no confiaba en mis palabras. También tenía pánico a imprimarse ella y hacerme sufrir. Las peleas que alguna vez habíamos tenido eran siempre por lo mismo, ella veía la imprimación como algo malo, para los demás era algo bueno.
-Disculparme- respondió Tala apartando mi brazo y saliendo de la casa comunal.
-Voy a matar a mi hermana… el día de su boda… lo siento por Tom…- Dijo Seth rojo de ira y ya de camino al escenario, lo cogi del brazo y negué.
-Tenia buena intención.- Afirme. Leah, por extraño que parezca era la que mas había refutado los argumentos de Tala.
-Pero Jake...- Volví a negar.
-Leah solo quería dar un empujoncito a nuestra relación, estaba intentando ayudar, a su manera al menos. Iré a buscar a Tala- mire a nuestros perplejos amigos, les sonreí y me dirigí a la salida.
Nada mas salir fuera la vi, estaba recostada en un árbol cercano. Me acerque y supe por su respiración que estaba llorando. Odiaba verla sufrir, pero tenia que superar sus miedos, por su bien y por el mío, esperaba que eso por fin sucediese. A fin de cuentas parecía que habíamos progresado, ahora era capaz de decirme que me quería.
-¿Mejor?- pregunte.
-No, Jake, no estoy mejor. Estoy siendo débil, he estado apunto de coger el dichoso ramo- Mi corazón dio un vuelco.
-Eso no es ser débil, es estar enamorada.- Dije apartando un mechón de pelo de su cara y limpiando una lagrima con mi pulgar.
Quizás si jugaba bien mis cartas el anillo con el nudo celta que había visto en una joyería hacia tres meses y para el que había estado ahorrando, rodearía pronto su precioso dedo.
-¿Y si te imprimas de otra?- me espeto. Suspire, siempre preguntaba lo mismo.
-Tala ya hemos hablado de eso, te imprimas una vez, eso dicen las leyendas.- ya sabía cual seria su siguiente pregunta.
-¿Y si yo me imprimo?- eso era algo que me preocupaba algo mas, pero no se lo diría.
-Quítate las gafas y mírame, si tu destino es imprimarte de alguien, ese alguien soy yo.- Intente parecer convencido.
Había consultado con el consejo al respecto, aunque yo no me pudiera imprimar, ella se podía imprimar de mi ¿no? La verdad nadie lo sabia, pero yo tenia la esperanza de que así fuese.
Su mano se había detenido a unos centímetros de las gafas. Sus defensas estaban cayendo, casi era mía.
La vi titubear, al final como siempre negó con la cabeza y se aparto un paso. Hoy ya no cedería, pero no yo pensaba rendirme, la amaba.
