Capitulo 18

Abrí la puerta, Tala estaba sentada en el suelo, con la cabeza entre las rodillas, envuelta en una toalla, de su mano derecha manaba un chorro de sangre, era un corte muy feo. Un montón de trocitos de baldosa estaban esparcidos por todo el baño, había un agujero en la pared de enfrente. Parecía que le hubiese dado un puñetazo a las baldosas.

Estaba llorando. Me contuve de lanzarme a abrazarla.

-¿Tala?- pregunte con cautela.

-Vete déjame sola- murmuro entre sollozos.

-¿Por qué?- mi mente iba a mil, seguro que me había oído hablar pero que era lo que le había hecho tanto daño…

-Te he oído hablar con ella.- y estallo en llanto.

-¿Qué es lo que has oído exactamente?- no lograba recordar el final de la conversación.

-Que la quieres más que a mí.- ¡¿Cómo?!

-Yo no he dicho eso- ya esta ya me acordaba- le he dicho que a ti no te quiero como a ella.

-Ja. Es lo mismo- y volvió a sollozar. Esto iba a ser difícil.

- No había acabado la frase cuando oí el golpe, la deje a medias.- suspire- Tala si te cuento algo me prometes escucharme y no interrumpirme…- se lo contaría todo, lo que hiciese falta con tal de calmar su pena. No me contesto.- ¿Prometido?

-Dame unos minutos a solas para que me vista.- Bien estaba negociando, eso era bueno.

-Esta bien, te espero en el salón- Salí del baño unos minutos me vendrían bien para organizar mi cabeza.

La oí moverse por la casa mientras tarareaba una de esas canciones suyas, que extraño hacia unos segundos estaba llorando y ahora cantaba...

No sabía en que momento me había quedado dormido, pero fue el ruido del motor del coche lo que me despertó. Tarde apenas dos segundos en reaccionar. Me levante del sofá de un salto y salí fuera plantándome detrás del coche antes de que pudiese hacer el giro para enfilar el camino de salida. El motor rugió y dio un pequeño acelerón para detenerse a escasos centímetros de mis piernas, fue un aviso, si no me apartaba arremetería. Me agache cogí el parachoques con una mano para levantar un poco en vehiculo y pase la otra por debajo hasta que toque el árbol trasero lo aferre y estire con todas mis fuerzas hasta que oí como crujía y se separaba del eje articulado. Había roto el coche, pero desde luego Tala no iría en el a ninguna parte. Deje caer el coche y me dirigí hacia la puerta de piloto, la boca de Tala estaba abierta por la sorpresa. Yo estaba hecho una furia, me había engañado y me jugaba mi parte del taller a que el sueño que se adueño de mi tenia algo que ver con su canción. Respire hondo para intentar calmarme lo máximo posible, que le gritase no iba a ayudar a mi causa. Pique con los nudillos a su ventanilla.

-¿Bajas o tengo que sacarte?- le pregunte a través del cristal.

-Bajo- se limito a responder.

-Perfecto- me aparte un paso para darle el espacio suficiente para que pudiese salir del coche.

Salio y recorrió los pocos metros que distaban hasta casa cabizbaja con migo a sus espaldas y a solo unos centímetros de ella, no pensaba darle la opción de que se volviese a escapar aunque para ello tuviese que atarla.

-Ahora siéntate y escucha- le dije autoritariamente señalando el sofá y sentándome en el.

Se sentó en la otra punta del sofá, puso las piernas sobre el mismo y se las rodeo con los brazos, luego apoyo la barbilla sobre las rodillas.

-Te escucho Jake- se limito a decirme, no lo tenía yo tan claro, pero en fin…

Empecé por contarle lo de Charlie y la carta, se la resumí lo mejor que pude, le explique mi intención de llamar a Bella para hablar con ella y como al final lo había pasado por alto, le conté que fue su llamada lo que lo impidió y como luego al decirme ella que me amaba había olvidado completamente todo lo anterior. Luego el incidente de la boda y la última pelea con Billy en la que me había dicho que esperaba que me comportase como un hombre y todo lo que me dijo. Ella estaba callada, escuchándome, tal como había prometido. Por ultimo el día de hoy en el que pensaba hablarle, pero el parto de mi hermana y el nacimiento de mi sobrino lo impidió. Le explique lo que sentí al verla con el bebe en brazos y como mi mente lo había sustituido por nuestros propios hijos. Le dije que la amaba, intente ser lo mas sincero posible, le dije lo que sentía cuando la veía, cuando la tocaba, cuando la besaba, cuando hacíamos el amor, cuando pasábamos las tardes paseando o viendo una película juntos. Le dije que no concebía mi vida sin ella y que quería que fuese mía, que nos casásemos, le prometí que nada nos separaría, le suplique que se quedase con migo a mi lado y me calle a la espera de su respuesta con la respiración contenida.

-¿Me dejarías leer la carta?- pegunto con cautela.

-Si, claro.- no veía el inconveniente, a fin de cuentas ya sabía lo que decía.

-Esta bien.- contesto.

-¿Eso es un si?- pregunte. Visto lo visto mejor tener una respuesta clara.

-No Jake, no te he dicho que si- suspiro- primero necesito leerla. Además ahora mismo estoy enfadada con tigo no sabia que te peleabas con Billy por mi culpa, sabes que odio que os discutáis, no deberías habérmelo ocultado.- volvió a suspirar- Jake, te amo, tú sabes que es así pero…

-Tala cariño, yo también te amo- dije interrumpiéndola y acercándome a abrazarla, ella paso sus brazos por mi cintura y apoyo la cabeza en mi pecho- Mañana mismo te daré la carta.

-Jake, se que me quieres y se que quieres casarte con migo pero… ¿Qué pasaría si te dijese que yo no?- respondió apretando mas su abrazo, suspire.

La amaba y seguiría con ella, pero decírselo no era la mejor idea, así que le mentí.

-Si me lo dijeses tendría que replantearme seriamente la relación.- note como se envaraba bajo mis brazos, quizás me había pasado un poquito- otra cosa es que me pidieses un plazo, no se un año como mucho, eso podría soportarlo.- le daría diez si hiciese falta con tal de no perderla, pero necesitaba alguna garantía.

Se acurruco mas entre mis brazos, estrujándome como si le fuese la vida en ello, era obvio que no quería perderme. Bien. Mi chica "trabajaba" mejor bajo presión. Era dulce, tierna y cariñosa pero también tenía carácter, además de un halo de inocencia que me volvía loco y una pizca de picardía que me excitaba hasta límites insospechados.

Teníamos gustos muy parecidos, las pelis de terror eran nuestras favoritas, también nos gustaban las de acción y había descubierto gracias a ella que también me gustaban las comedias románticas. Adorábamos los coches y las motos, solíamos sentarnos juntos a ver las carreras que daban por la tele. Cualquier trabajo manual nos tenia enfrascados durante horas, habíamos construido un armario nuevo para nuestra habitación y una librería para sus libros, a ella le gustaba mucho leer y a mi observarla mientras lo hacia.

Pasábamos tardes enteras hablando de todo y de nada. Adoraba escucharla cantar mientras cocinaba o trabajaba en el taller, bajito casi un murmullo en ese idioma suyo que yo no entendía, aunque claro ella no entendía del todo el quileute.

Los domingos los dedicábamos a aprender el idioma natal del otro, yo me reía de su pronunciación demasiado suave y ella se reía de la mía porque me trababa al pronunciar tres consonantes seguidas.

Era sincera y nunca usaba esos ardiles tan propios de las mujeres de decir que si a algo si no le apetecía. Adoraba a mi familia y se desvivía por Billy.

Los jueves por la noche iba a la casa comunal a aprender cosas de nuestra cultura con las niñas de la reserva.

Las fiestas de las hogueras la fascinaban y era habitual escucharla contar las leyendas que le contaba su abuelo cunado era pequeña, así habíamos descubierto la verdadera historia de "el primer lobo" entre muchas otras y el nombre de "la tercera esposa", Chilali. Pero sin duda la que mas nos impacto fue la historia de "la cuarta esposa" de Taha Aki, de cómo ella curo al lobo centenario que encontró herido y le enseño todo lo que su cultura sabia de los fríos y de los "cambiantes" que era como nos llamaban los celtas. Reconozco que todos nos quedamos estupefactos cuando descubrimos que Tala era la nieta del Taha Aki de nuestras leyendas y que su abuela Kalen era una mujer druida. La magia corría por las venas de Tala a raudales, no era de extrañar que poseyese algunos de los dones de los Alfas.

Ella era sin duda todo lo que alguna vez había soñado en una mujer y mucho más.

-Puedo ir a dormir Jake- asentí y la seguí a la habitación, se metió en la cama de espaldas a mi y dejo las gafas en la mesita de noche.

-¿Quieres que me quede o prefieres que me valla?- le pregunte, sabia que mi reacción de antes la había asustado, si quería espacio lo tendría.

-¿Si te prometo que no me voy mas, puedo quedarme sola?- pregunto con un hilo de voz.

-Si- fue mi única respuesta.

-Entonces te prometo que no voy a ningún lado. Buenas noches Jake.

-Buenas noches Tala.- Me gire y volví al salón.

Me esperaba una noche muy larga, sabia que no podría pegar ojo si no estaba a su lado con ella entre mis brazos. Adoraba a Tala y ciertamente solo me podía quejar de una cosa de ella, su irracional miedo a la imprimación, pese a que todos y cada uno de nosotros habíamos intentado hacerla entrar en razón nos había resultado imposible, y la perseverancia que tanto admiraba en ella se había convertido en ese aspecto en una testarudez exasperante.

Mañana le daría la carta tal y como le había dicho, pero esta noche empezaría a buscar un ritual de los suyos que la atase a mi, algo que ella considerase mas fuerte que la imprimación, esperaba que hubiese algo así en los diarios que ella estaba escribiendo para preservar su cultura, porque si no… estaba bien jodido.