Capitulo 27
Nada mas me acerque a la casa de Sam vi la moto de Tala aparcada frente a la puerta. Aúlle para alertarles de mi llegada, solté mi ropa sobre unos arbustos, salí de fase y empecé a vestirme la ropa estaba cubierta de babas, era asqueroso, decidí ponerme solo lo justo.
Salí del bosquecillo, Sam, Billy y el viejo Quil estaban esperándome en la puerta, bloqueándome el paso.
-¿Has venido para quedarte?- me soltó mi padre. Puse cara de no entender.- ¿Qué si has venido a quedarte o a despedirte?- volvió a preguntar.
-No me voy a ningún lado. ¿Esta Tala dentro?- pregunte ansioso.
-Si, esta dentro- dijo Sam avanzando y poniéndome una mano en el hombro- Lo ha pasado muy mal Jake, creía que no ibas a volver.
-Me encanta la fe que tiene esa chica en mí- respondí.
-Creo que tu también desconfiabas de ella ¿no es así Jacob?- dijo el viejo Quil como si fuera un chiste privado.- Sois tal para cual. Anda apartaos, va dejarle pasar.- Dijo moviendo la silla de Billy y dándole un empujón a Sam para que se apartasen de la puerta.
-Gracias Quil- dije sinceramente al anciano, era un buen hombre.
Entre en la casa y me sorprendí al ver a tanta gente, estaban Leah, Sue, Emily, Seth y Quil, todos ellos en torno al sofá, parecía que estuvieran protegiendo y ocultando algo o a alguien.
-¿Tala?- pregunte.
Mis amigos se apartaron levemente y vislumbre a la chica que estaba en el centro. Ella se levanto tambaleante, y varios pares de manos se dirigieron hacia ella dispuestos a sujetarla.
-Jake, has venido, has vuelto- murmuro con voz rota y estallo en llanto, dejándose caer nuevamente en el sofá.
Leah me hizo un gesto con la mano para que me acercase. Todos se apartaron para dejarme pasar, pero nadie dijo nada, solo se oían los sollozos de mi novia, la escena era bastante escalofriante, parecía más un sueño que algo real. Quil me señalo el sofá al lado de Tala indicándome que me sentase. Lo que yo decía, rarísimo. Me senté junto a ella y la abrace atrayéndola hacia mi pecho para consolarla, no sirvió de mucho su llanto se volvió mas frenético, pero no se aparto. Empecé a acariciarle el pelo mientras la consolaba, la cogi con cuidado y la puse en mi regazo para acunarla mejor. Ella enredo las manos en mi pelo, apoyo la cabeza en mi cuello y se apretó más contra mí, pero no paro de llorar. Mire a mí alrededor esperando a que alguien me diese la solución, el remedio, lo que fuera que la hiciese parar de llorar.
Ocho pares de ojos nos miraban fijamente con el sufrimiento pintado en sus rostros, pero nadie dijo nada. Clave mi vista en Billy, con una pegunta en mis ojos ¿Qué hacia?
-Déjala que se desahogue- me contesto mi padre, provocando que el llanto de Tala aumentase si es que eso era posible.
-¿Qué le pasa?- pregunte alarmado.
-Lleva así desde que Billy te llamo, no hemos conseguido que pare de llorar.- Respondió Leah.
Note como Tala se convulsionaba entre mis brazos debido al llanto. Parecía que con cada palabra que se pronunciaba su llanto aumentaba.
-Schhh- siseo Sue llevándose un dedo a los labios, reclamando así que guardásemos silencio.
Diez minutos después parecía que su llanto había menguado. Fui a hablar, pero la negativa de Sam me detuvo, volví a cerrar la boca dejando que mis palabras muriesen en ella.
Lloro durante toda una hora sin pausa ni freno. Pasado un rato suspiro profundamente, empezó a removerse en mis piernas, su llanto casi había cesado y aflojo su agarre. Levante la vista con gesto interrogativo, ocho pares de ojos nos observaban fijamente a la espera de sus reacciones, mire a todos y cada uno de ellos esperando que me dijesen si ya podía hablar. Varios afirmaron con la cabeza. Inspire y me dispuse a intentar no meter la pata con mis palabras.
-¿Mejor mi amor?- le pregunte a Tala, acariciándole el pelo.
Suspiro profundamente y su aliento en el cuello me provoco un involuntario escalofrío. Volvió a aferrase a mi y la oí gemir.
-Me has hecho cosquillas- me apresure a decir mientras le pasaba una mano por la cintura suavemente para que sintiese también ese escalofrío.
-Perdón- murmuro junto a mi oído, tan bajo que casi ni la oí.
-Me gusta que me hagas cosquillas, no tienes que pedir perdón por eso- le dije bajito, pegando mi boca a su oreja.
Era bastante incomodo hablar así con ella con todo el mundo observándonos como si fuésemos el mayor espectáculo del mundo.
-No te pedía perdón por eso- murmuro sin apartar la cabeza de mi cuello.
-¿Y entonces por que era?- pregunte, me pareció que una tensión invadía el ambiente, que algunos de nuestros amigos contenían la respiración y que otros se envaraban, pero eso no era posible, mi propia tensión debía estar jugándome una mala pasada.
-Porque… veras…yo…- titubeo- siento no haber confiado en ti.- soltó de golpe.
Me pareció oír un par de exclamaciones ahogadas y cuando levante la vista mis amigos estaban tan inclinados sobre nosotros que temí que se cayesen y nos aplastasen. Se acabo, esto no era ningún show.
-Gente, seria mucho pedir un poquito de privacidad…- dije matando con la mirada al pequeño sequito.
Oí como carraspeaban y murmuraban un millar de excusas estúpidas. Enarque una ceja, que era lo que me estaba perdiendo, tenia que haber algún motivo para que no quisieran dejarla, la estaban protegiendo, pero de que… si fuese de mi no me habrían dejado cogerla en brazos.
-Ven Tala- dijo Leah extendiendo la mano hacia mi novia.- iremos a lavarte la cara y a que te refresques un poco.- La agarro de brazo y tiro suavemente pero con firmeza para arrancarla del refugio de mis brazos.
Me vi obligado a soltarla. Mire a mi alrededor sorprendido, y me levante del sofá, incomodo. Salí con la escusa de estirar las piernas, el ambiente de esa casa era cuanto menos asfixiante.
-Salgo un momento fuera a que me de el aire- dije dirigiéndome a mi excesivamente numeroso publico.
-Te acompaño- dijeron al unísono Sam y Billy.
-Emily, cariño serias tan amable de echar a los mirones- dijo Sam señalando al resto. Ella se limito a encogerse de hombros en un gesto de absoluta impotencia.
-¿Podemos ayudar en algo antes de marcharnos?- pregunto suavemente el bueno de Quil, por algo era mi mejor amigo.
-Toma- le dije lanzándole las llaves de la furgoneta- la deje en el claro, ¿puedes pasar a buscarla?- sabia que necesitaba algo que le hiciese sentir útil.
-Por supuesto Jake, ¿Seth te vienes?- Este se limito a asentir, bien dos menos ya solo quedaban seis.
-Eh Sue, yo tengo que irme ya, puedes acercarme a casa, es que vine con mi nieto- dijo el viejo Quil señalando el coche que ya iba dirección a la carretera.
-Por supuesto, déjame un segundo que vaya a buscar a Leah, vinimos juntas- me gire a mirarlos… en fin por eso se llamaban amigos ¿no?
-Iré contigo así relevo a Leah- dijo Emili apurando el paso detrás de Sue.
-Yo estoy en mi casa- me dijo Sam mirándome fijamente mientras se cruzaba de brazos, no pude evitar sonreír.
-Yo soy tu padre- me dijo Billy con cara de malas pulgas.
-Sue ¿te queda sitio para Billy en el Vanier?- pregunte por encima de mi hombro, vi la mano volar hacia mi y la esquive- Demasiado lento viejo- no podía evitar tomarle el pelo. Oí como los demás estallaban en carcajadas y e ambiente pareció aligerarse un poco.
-Jovencito el día menos pensado te atrapare desprevenido y ese día... –Me dijo Billy sonriendo.
-Para ese día papa, estaré casado y tendré hijos que se dedicaran a limpiar e honor de su padre- dije sonriente y cruzándome de brazos. Pero a nadie mas pareció hacerle gracia, mire a mi alrededor y vi caras serias y cuerpos envarados. En serio cada vez tenía mas claro que me estaba perdiendo algo.
-Quizás sea antes de lo que esperas- susurro el viejo Quil.
Me gire a mirarlo debía haber oído mal, pero vi como Sam se giraba y le lanzaba una mirada asesina.
-¿De que va todo esto?- pregunte exasperado.
Todos y cada uno de los hombres giraron la cabeza disimulando y muy mal por cierto.
-Alguien piensa contarme que es lo que sabéis y que yo no se…- dije irritado.
-Jake, hijo- dijo Billy apoyando una mano en mi brazo.- Tala te lo contara cuando este preparada.
Di media vuelta y entre en la casa dispuesto a que mi novia me dijese que estaba pasando.
-Tala, tienes que decírselo, tiene derecho a saberlo, el también es parte de esto- Oí que decía Leah. Me detuve en seco, ¿yo tenía derecho, era parte de esto?
-No puedo, creerá que lo engañe…- dijo Tala en un murmullo.
"Tendré hijos que defenderán el honor de su padre. Quizás antes de lo que esperabas"
Las palabras retumbaron en mi cabeza.
Un profundo calor invadió mi pecho.
Me sentí inmensamente feliz.
Iba a ser padre.
