Capitulo 30

Desperté poco después del anochecer, Tala no estaba a mi lado. Me levante de un salto y aguce el oído. Se oían voces en el salón, identifique entre ellas la de mi mujer. Salí de la habitación, me moría de ganas de verla, de abrazarla, de besarla y de decirles a todos que era mía, mi mujer, me encantaba.

Tala estaba sentada en el sofá, sonriente, hablando con mi padre y con Emily.

-Vaya, vaya, si la bella durmiente se ha despertado por fin- dijo Sam a mis espaldas.

Me gire a míralo, que dijese lo que quisiera, hoy nada podría estropearme el día. Volví a mirar hacia donde estaba Tala, había levantado la cabeza y me miraba fijamente a los ojos. Gemí y caí de rodillas al suelo en el mismo momento que ella se doblaba por la mitad y gemía junto con migo.

-Imposible- murmure.

Volví a alzar la vista para mirarla y vi en su cara de sorpresa que no lo había imaginado, ella también lo había sentido. Se levanto del sofá y vino corriendo hacia mí para lanzarse al suelo a mi lado. Cogió mi cara entre sus manos y clavo sus preciosos ojos en los míos, las cadenas que habían surgido un instante antes entre nosotros se tensaron afianzando así su presa. Me acerque y la bese con una pasión desmedida. Madre mía, cuantas veces podía unirme a esa mujer…

Una sonora tos y un carraspeo me sacaron de mis cavilaciones y me hicieron darme cuenta de que tenía a Tala prácticamente tumbada en el suelo debajo de mí y que estaba besándola frenéticamente. Me aparte de ella y me incorpore ayudándola a su vez a levantarse.

Un intenso rubor cubría sus mejillas, yo debía andar por un estilo porque me sentí profundamente avergonzado. Entrelace mis dedos con los de Tala, necesitaba tocarla, sentir su piel.

-¿Qué acaba de pasar aquí?- pregunto Sam que estaba todavía de pie a nuestras espaldas.

-Im-pri-ma-ción- deletree la palabra deliberadamente.

-¡No jodas!- exclamo Sam.

Tala y yo nos miramos y reímos mientras asentíamos con la cabeza. La abrace por detrás pegando su espalda a mi pecho y poniendo mi palma en su abdomen. Me sentía inmensamente feliz tenia a la mujer que amaba y a mi hijo entre mis brazos.

-Te lo dije- susurre acercando mi boca a su oído y ajeno a la estupefacción de los demás.

-Tu tenias razón y yo estaba equivocada, oh gran amo y señor…- dijo entre risas mientras alzaba una mano para acariciar mi mejilla. Gire la cabeza y bese su palma.

-Bueno, bien esta lo que bien acaba- dijo Billy acercándose a nosotros y cogiendo la otra mano de Tala.- Deberíamos irnos a casa, creo que hemos abusado demasiado de vuestra hospitalidad.- y miro a Sam.

-Quedaros a cenar- nos dijo Emili sinceramente.

-Creo que mi padre tiene razón, deberíamos irnos a casa.- Le di un beso en la coronilla a Tala, aun tenia que hablar con ella y no quería publico.

-Te acercare a casa Billy, ¿vosotros vais en la moto o queréis que os lleve?- pregunto Sam.

-Moto- dijimos Tala y yo al unísono.

-¿Os habéis imprimado o os habéis convertido en siameses?- pregunto Emili provocando las risas de todos.

-Siameses- volvimos a decir al unísono.

La mire y ella alzo la cabeza para mirarme con una preciosa sonrisa en sus labios, oí las carcajadas que invadieron la estancia, pero yo no podía apartar los ojos de la chica que estaba entre mis brazos. Se me hacia raro verla sin esas gafas oscuras, en cierto modo era como si le faltase algo…

-Si quieres me las vuelvo a poner- contesto. Un momento yo no había dicho eso en voz alta.

-¿Me has oído?- le pregunte bajito.

"¿Ya te he dicho que estas loco?"

Oí en mi cabeza. ¿Que diablos había sido eso? Parecía la voz de Tala… pero estaba seguro que no lo había dicho en voz alta. La mire extrañado.

-Muchas gracias por todo chicos- dijo Tala a Sam y Emili e ignorando mí gesto interrogantito. Se soltó de mi abrazo y se dirigió a Emili para abrazarla.

-Aun así deberías decírselo- murmuro la chica bajito junto al oído de mi mujer, pero alcance a oírlo. Tala se limito a asentir.

-Bueno ¿nos vamos?- pregunto Sam a Billy.

-Si, claro.- respondió mi padre.

Me acerque a Emili y le di un beso en la mejilla a modo de despedida. Mientras volvía a coger a Tala de la mano y salíamos de la casa. Ayude a Sam a doblar la silla de mi padre mientras vi como Tala lo ayudaba a colocarse en el asiento del copiloto. Salí disparado hacia ellos, Tala no debería coger peso en su estado.

-Puedo sola, no es la primera vez que lo hago ¿a que no Billy?- dijo mi mujer, dios adoraba llamarla así.

-No deberías hacer esfuerzos- respondí.

-¿Por qué?- pregunto suspicaz. Billy nos observaba en silencio.

-No es bueno en tu estado- le respondí encogiéndome de hombros. Eso lo sabía hasta el más tonto.

-¿En mi estado?- pregunto confundida. Dibuje un arco con los brazos por encima de mi abdomen, ella abrió los ojos como platos- ¡No estoy embarazada Jake!- exclamo.

-Pero yo te oí… se lo dijiste a Leah…- ella negó con la cabeza- pero… lo conté… hace cinco semanas desde tu ultimo periodo…- no podía estar equivocado, las cuentas no mentían. Titubee.

-¿Cuentas su periodo?- pregunto mi padre.

-Si, el suyo y el de Leah- mi padre alzo un ceja inquisidora,- las dispenso de patrullar cuando están…ya sabes…- intente explicarme gesticulando. Me volví para mirar a Tala que estaba echando cuentas con los dedos.

-Mierda- murmuro cundo acabo de contar.

-¿Estas embarazada?- pregunto el pobre Billy al borde del colapso.

-Es posible- contesto Tala mirando el reloj de su muñeca- pero hasta mañana no lo podré confirmar, la farmacia estará ya cerrada a estas horas…- suspiro.

-Ni hablar, yo no me espero a mañana para saberlo, estoy harto de posponer las cosas- dije malhumorado.- Vete con Sam y nos vemos en casa.- le di un leve beso en los labios y me dirigí a la moto.

-¿Que vas a hacer Jake?- pregunto mi chica asustada.

-Conseguir un test de embarazo- respondí poniéndome el casco que estaba en el manillar, subí y encendí el motor.

Alcance a oír que me decían algo pero no supe ni que ni quien ya que el rugido del motor cubrió la voz. Me sentía extrañamente inquieto y frustrado. Enfile la carretera dirección a Forks, acelere la moto todo lo posible, si me daba prisa aun encontraría a la dependienta de la farmacia haciendo caja, quizás podría convencerla de que me vendiese el dichoso test.

Quince minutos después estacionaba delante de la única farmacia del pueblo. Había luz en la trastienda.

Me acerque a la puerta de cristal y toque el timbre. Una chica alta y de pelo oscuro se asomo por la cortinilla que separaba la trastienda de la tienda.

-¡Esta cerrado!- grito sin moverse del sitio.

La observe mas atentamente, su cara me era familiar, pero era como si le faltase algo… gafas eso era lo que le faltaba.

-¿Ángela Webber?- pregunte, si la memoria no me fallaba era la mejor amiga de Bella. Esperaba que se acordase de mí…

-Si, soy yo.- dijo saliendo de la trastienda y acercándose a la puerta de cristal.

-Soy Jacob Black, el amigo de Bella…- le dije. La vi dudar pero descorrió los pestillos y abrió la puerta para dejarme pasar.

-Vaya, hola…- dijo la chica sinceramente.

-Hola.- respondí- No sabia que trabajabas aquí.

-Acabo de terminar la carrera de farmacéutica, solo llevo una semana aquí- y extendió los brazos mostrándome la farmacia. Me limite a asentir.

-Necesito pedirte un favor, se que ya habéis cerrado y que es una grosería por mi parte, pero es urgente…

-Tranquilo, no pasa nada- respondió- si te soy sincera me parece fatal que la única farmacia de todo el pueblo cierre tan temprano. En cuanto acabe las practicas pienso abrir mi propia farmacia y resolver ese problema- Dijo respondiéndome amablemente, esa chica era un encanto.- ¿Qué es lo que necesitas?- me sonrío.

-Esto… veras…- empecé a titubear, no sabia porque me sentía tan nervioso, a fin de cuentas no iba a comprar nada malo- mi mujer… ella…

-¿Preservativos?- pregunto animándome.

Negué con la cabeza.

-¿Compresas o tampones?- volvió a preguntar amablemente.

-Ya no- conteste avergonzado, porque diablos me sentía así…

-¿Esta embarazada?- me encogí de hombros para hacerle saber que no lo sabia- Entonces un test de embarazo ¿no?

-Si, eso- dije en un murmullo bajando la cabeza.

Me sentía nervioso, ansioso, contento y apenado, avergonzado y orgulloso, decidido y con miedo. Demasiadas emociones contradictorias y era como si la mitad no fuesen mías…

-Toma- dijo la chica extendiéndome una cajita envuelta en papel de seda- hoy invita la casa. Espero que sean buenas noticias…- dijo ruborizándose.

-Gracias- respondí- te lo haré saber- di media vuelta para salir.

-Jacob, espera…em- titubeo- ¿sabes algo de Bella?- pregunto tímidamente.

-Esta bien, es feliz… Tubo una hija.- le contestaste, vi como su rostro se iluminaba.

-Me alegro mucho por ella y por Edward- contesto sinceramente.

Era una buena amiga si después de tanto tiempo aun se preocupaba por ella. Tendría que contárselo a Bella, estaba seguro que le gustaría saberlo.

Salí de la farmacia, estaba deseando llegar a casa. Me guarde el pequeño paquete en la cinturilla de los pantalones y me encarame a la moto. Necesitaba salir de dudas…