Capitulo 32
-¡Joder Tala!- chille entre jadeos cuando ambos alcanzamos el clímax.
¡Había sido increíble! Note como ella se desplomaba exhausta sobre mi cuerpo. La abracé mientras sus espasmos de placer remitían. Tuve que morderme los labios para no gemir. Cogi su cara entre mis manos y acerque nuestras bocas, la bese con devoción y su felicidad invadió mi pecho.
-Te ha gustado- afirmo ella cuando la libere de mi beso.
-Y tanto que me ha gustado, me encanta sentir lo que tu sientes.- Le dije saliendo de su interior para tumbarla a mi lado, una sensación de vacío me invadió- ¿y eso?- pregunte extrañado.
-Eso es lo que me pasa siempre que sales de mi- dijo jugando con sus dedos en mi pecho mientras apoyaba la cabeza en mi hombro.
-Es horrible- dije preocupado y estrechándola mas contra mi cuerpo.
-No, en realidad no lo es cuando te acostumbras- dijo encogiéndose de hombros- no puedo ir todo el día contigo en mi- río.
Reí con ella, no, no podía aunque no me importaría probarlo…
-¡Jake!- dijo dándome una palmada en el pecho.
-¿Qué?- le dije poniendo cara de inocente.
-Eres incorregible- la bese en la frente, me sentía feliz y ella también.
-Deberíamos levantarnos antes de que tu suegro se desnuque y llegue Leah- dije apartándome y empezando a vestirme.
No me apetecía mucho, la verdad, pero no podía dejar a Billy eternamente durmiendo en su silla, bastante nos iba a costar hacerle creer que se había echado una cabezadita así porque si, lo cual me recordaba…
-Me tienes que explicar como lo haces.- y la mire suspicaz.
-No es difícil, es un viejo truco para escapar, se llama compulsión- me respondió terminando de vestirse.
-Pero no siempre funciona- afirme recordando como me había despertado yo la noche anterior justo antes de que ella arrancase el coche.
-En realidad si funciona- dijo mordiéndose el labio en un gesto que me dieron ganas de volver a desnudarla.
-Pero yo desperté por mi mismo.- dije intentando apartar los pensamientos lascivos.
-Eso fue culpa mía, se rompe cuando te alejas lo suficiente como para estar a salvo- levante una ceja extrañado- nadie que quiera huir se acerca a tocar al responsable de su huida, yo me acerque a besarte antes de salir por la puerta y lo rompí.- se encogió de hombros.
Me eche a reír a carcajadas. Un cojín de la cama me golpeo el pecho y sentí su frustración y su vergüenza, redoble mis risas y ella empezó a reír también sin duda contagiada por mi buen humor. Subí a la cama y me estire para cogerla por la cintura y tirarla encima del colchón, aun entre risas empecé a hacerle cosquillas.
-Así que me besaste sin que me enterase eso no esta bien, exijo una compensación- dije acercándome a sus labios.
No se lo pensó dos veces y devoro mis labios con tal pasión que me quede sin resuello.
-Si seguimos así no saldremos de la cama- susurro junto a mi oído, se aparto y se levanto-¿Vienes?- dijo apoyada en el marco de la puerta de nuestra habitación.
Me levante de la cama y la seguí, no pude contenerme y le di una palmadita en su precioso culo, esos vaqueros le quedaban de muerte. Lanzo un manotazo al aire donde había estado mi mano, pero la oí reír por lo bajo.
-¿Qué le vamos a decir?- pregunte señalando a mi padre que estaba en su silla en mitad del comedor con la cabeza caída sobre su pecho mientras emitía unos leves ronquidos.
-Espera, preparare café y le haremos creer que se quedo dormido mientras lo tomábamos- dijo yéndose a la cocina.
Saque las tazas y el azucarero de la vitrina y acerque a Billy a la mesa, puse justo delante de él una de las tazas y las otras dos en los sitios donde Tala y yo acostumbrábamos a sentarnos. Fui a la cocina a coger las cucharillas de café y al mismo pasar le di un beso a Tala en la coronilla. Una oleada de diversión me recorrió de arriba abajo.
-¡Vaya, que mala eres!- dije riendo.
-Y lo que te gusta- respondió mi mujer retirando la cafetera del fuego- Anda tira.- dijo riendo.
Tala sirvió el café en las tres tazas mientras yo ponía el azúcar y lo removía, cada uno con su respectiva cucharilla. Puso el salvamanteles en la mesa y dejo la cafetera encima.
-¿Preparado?- me pregunto con una sonrisa maliciosa en sus preciosos labios.
-Para ti siempre.- le conteste lascivamente, provocando su risa.
Se sentó en su silla y yo ice lo mismo, me miro picadamente antes de extender la mano y tocarle la cara a Billy. Note como su otra mano recorría mi pierna subiendo hacia mi ingle, Billy despertó justo cuando la mano de Tala alcanzaba mi virilidad, di un respingo. "Pues si es verdad que para mi siempre", oí su voz en mi cabeza. La mire sorprendido, pero ella estaba actuando con la mayor naturalidad del mundo removiendo su café inocentemente. Baje la cabeza para mirar mi entrepierna y cerciorarme de que su mano realmente estaba allí, pero no estaba. La mire sorprendido y la vi sonreír mientras cogia la taza con las dos manos. Volví a sentir como acariciaba mi hinchado miembro, disimule el gemido que escapo de mis labios con una tosecilla. ¿Cómo haces eso? Pensé deseando que me oyese. "Concentrándome, mucho". Billy nos miraba aun desconcertado.
-¿Qué ha pasado?- pregunto mi pobre padre.
-Te has quedado dormido Billy ¿no te acuerdas?- le dijo Tala con total naturalidad mientras la sentía profundizar la caricia.
A esto podíamos jugar los dos…
Empecé a pensar en el tacto de sus pechos, en su sabor, en como sus pezones se endurecían bajo mis manos y mi boca…
-Lo siento chicos, supongo que me estoy haciendo mayor- dijo mi padre algo avergonzado, pobre hombre.
Me concentre en hacer girar los pezones de Tala entre mi pulgar y mi índice…
Vi como ella se envaraba y sus pezones se endurecían mientras soltaba un lastimero gemido.
-¿Estas bien?- le pregunto mi padre asustado.
-Si, solo es que me he quemado la lengua, el café esta muy caliente- "Para"pensó. "Para tu", le conteste en mi cabeza.
Note como la presión de su mano fantasma desaprecia inmediatamente. Le sonreí y me devolvió la sonrisa.
-¿Qué es lo que me estoy perdiendo?- pregunto Billy con la mosca detrás de la oreja.
En ese momento alguien llamo a la puerta.
-Pasa esta abierto- contesto mi padre.
-Hola- saludo Leah.
-Hola- dijimos los tres al unísono.
-Siento haber tardado, pero es que era la Rottweiler la que tenia guardia hoy.- La rottweiler era como llamaba a la jefa de enfermeras, una mujer con muchos años y no menos mala leche.- Pero los he traído- y alzo una bolsa como para demostrarlo.
-¿Los?- pregunte extrañado.
-Bueno veras…- dijo sentándose en la silla que había junto a Billy- de camino al hospital, empecé a pensar que quizás el test no fallase, a lo mejor tiene mas que ver con tu naturaleza- dijo señalando a Tala- esos test están hechos para humanos, así que pare en la clínica y le pedí a Kim que me diese uno- nuestra amiga llevaba un año trabajando en la clínica veterinaria de Forks- además cogi del hospital un test reactivo de sangre y un par de los normales que detectan la hormona a diferentes intensidades.- añadió satisfecha.
Vi la mueca en la cara de Tala, lo del veterinario le había hecho tan poca gracia como a mí, pero tenia cierta lógica. Suspiro resignada.
-Y bien ¿a que estamos esperando?- dijo mi mujer levantándose de la silla.
-¿Te parece que los hagamos todos a la vez?, solo por si acaso- pregunto Leah, Tala asintió.
Me levante y agarre a Tala depositando un suave beso en la punta de su nariz.
-Salga lo que salga te quiero igual- le dije sosteniendo su mirada con la mía.
-Lo se, y yo a ti- respondió besándome castamente en la boca.
Ambas se perdieron por el pasillo dirección al baño, me sentía muy nervioso, lo que de verdad quería era ir con Tala y darle mi apoyo, sabia que estaba asustada y yo me sentía impotente por no poder hacer nada para evitarlo. Me deje caer en la silla bufando. Intente enviarle todo mi amor y cariño, para hacerla sentir protegida y querida.
"Gracias Jake, lo necesitaba" oí en mi cabeza, mientras una oleada de cariño me recorría de la cabeza a los pies.
