Capitulo 41

-Al menos podrás esperar hasta que nazca el bebe ¿verdad?- Pregunte acunando a Tala entre mis brazos.

El remolino de emociones que ambos sentíamos era digno del Apocalipsis.

-Por supuesto, de hecho creo que seria lo mejor. Siento habéroslo planteado justo ahora, pero nunca parece el momento adecuado.-Se disculpo Sam.

-Bueno creo que deberíamos irnos ya, se hace tarde y este viejo necesita dormir.- Dijo Quil.

-Os acompaño hasta el coche.- Repuso mi padre mirándome.

Me estaba concediendo unos minutos a solas con Tala, hay que reconocer que algunas veces la intimidad en casa es un problema, pero ni Tala ni yo queríamos dejar a Billy solo. Además, Billy nos dejaba a solas cuando sospechaba que lo necesitábamos, lo cual me llevaba a preguntarme ¿Dónde diablos se metería?

-¿Estas bien?- pregunte a la mujer acurrucada ente mis brazos.

Levanto levemente la mirada y negó con la cabeza, estaba muy triste. No pude evitar suspirar, a veces preguntaba cada tontería…

-Te quiero- me dijo a la vez que se apartaba del cobijo de mis brazos, se acerco y me dio un leve beso en los labios que me dejo hambriento- Me voy a la cama.- note como mi cuerpo se endurecía- A dormir.- matizo.

-Muy bien, que descanses- le conteste algo decepcionado y molesto por el corte.

-No te enfades.

-No estoy enfadado- le respondí cruzándome de brazos.

Vi como alzaba una de sus preciosas cejas a la vez que hacia un gesto de "allá tu" con sus brazos. Dio media vuelta y se fue hacia la habitación. Joder soy imbecil. Me levante de un salto del sofá y la seguí, la cogi por la cintura volviéndola hacia mi y le di un profundo beso que ella acepto y devolvió con mas pasión de la que esperaba.

-Lo siento- le dije apoyando mi frente contra la suya a la vez que la abrazaba, quería apartar toda esa tristeza de su ser.

- ¿Lo entiendes?- me pregunto en un murmullo.

Lo entendía… pues la verdad no mucho. Cada vez que estábamos a solas mi cuerpo respondía a su presencia de forma inmediata, a veces incluso estando rodeados de mas gente, el hecho de saber que estaba embarazada de mi no hacia sino acrecentar mi deseo. Los problemas desaparecían, solo estábamos ella y yo. No, no entendía que a ella no le pasase lo mismo. Pero no creía que oírlo le hiciese mucha gracia en ese preciso momento, no quería discutir, así que opte por otra respuesta.

-Te quiero Tala- al menos así no tenia que mentirle…

Le di un beso en la frente y la empuje levemente hacia la habitación. Se apoyo en el marco de la puerta, me miro por encima del hombro sonriendo y entro en la habitación cerrando la puerta a su espalda. Me dirigí hacia la cocina con la firme intención de asaltar la nevera e intentar apaciguar mi "hambre" con comida.

Abrí la puerta y me agache para inspeccionar el contenido, habían sobras de pollo y me lleve un muslo a la boca mientras con la otra mano agarraba el cartón de la leche.

Oí como alguien carraspeaba a mi espalda, me erguí dándome dándome un golpe contra el último estante de la nevera y me gire intentando ocultar mi mal humor. Era Billy.

-No funciona- soltó mi padre.

-¿El que?- pregunte tras sacarme el muslo de pollo de la boca y cerrando la nevera con el codo.

-La comida- respondió señalando el pollo y la leche.

-¿Ah no? Vaya y yo que creía que quitaba el hambre… pues si que he estado engañado…- Billy me miro divertido, y yo que pensaba que mi mal humor era evidente.

-Anda deja eso y demos un paseo- dio media vuelta y se dirigió a la puerta esperando que le siguiera.

-Papa no te ofendas pero estoy hambriento y cansado, ¿podemos dejar el paseo para otro día?- dije intentando sonar calmado.

-Jake, vamos, créeme me lo agradecerás.- Abrió la puerta y se aparto para que yo pasase delante.

En fin, lo ultimo que me apetecía era discutir así que deje mi botín sobre le mármol de la cocina y salí de la casa seguido de mi padre. Espere en el porche a que el precediera el paseo, a fin de cuentas su silla no era todoterreno. Le vi dirigirse al cobertizo y me apresure a adelantarme para ayudarle con la silla, pero mi sorpresa fue que alguien había construido una pequeña rampa y un camino de madera que llegaba hasta la puerta.

-¿Y esto?- pregunte extrañado.

-Seth y los chicos me ayudaron a construirlo, desde que tienes el taller ya no lo utilizas y a mi me hacia falta un rincón donde relajarme.- explico mientras abría la puerta y entraba.

-ASCII que es aquí donde te metes…- el cobertizo había cambiado bastante.

En el centro tenia una mesa llena de herramientas de ebanista y parecía que estaba construyendo algo, en una esquina una tele y justo delante una especie de catre que parecía hacer las veces de sofá. Seguí mirando sorprendido. En otra de las esquinas había lo que parecía una sierra eléctrica con un montón de tablas de madera apiladas a su alrededor y junto a la ventana apilados, lo que parecían unas sillas, una mesa de café y una mesita de noche. El suelo estaba lleno de serrín. Cierto que conocía la pasión de mi padre por la ebanistería pero la verdad allí tenia un taller en toda regla.

-Vaya- exclame sorprendido.

-Si, sorprendente… la idea me la dio Tala- lo mire sorprendido, no sabia nada de eso- es una gran chica.

-Lo se- respondí con un suspiro recordando lo que había pasado momentos antes.

-¿Sabes de donde viene mi afición?- pregunto sonriente.

-Pues la verdad no, nunca me lo has contado- dije dirigiéndome al catre-sofá para sentarme y quedar a su altura.

-Veo que quieres que te lo explique…- río- Tu madre también era una mujer excepcional- sonreí al escucharlo, hacia mucho que no me hablaba de ella.- Me volvía loco, cada vez que la veía mis hormonas se alteraban…

-¡Papa!- exclame, no era el tipo de historia que quería oír sobre ella.

-Calla y escucha- dijo muy serio- en fin el caso es que cuando se quedo embarazada apenas si me dejaba tocarla- me miro y me revolví incomodo- así que para descargar la frustración empecé a fabricar cosas, lo primero que fabrique fue una cuna. Cuando tu madre la vio se tiro a mis brazos, resumiendo tras lagrimas y besos me confeso que le daba miedo hacerle daño al bebe.

Abrí los ojos como platos mientras miraba a mi padre, lo vi asentir con la cabeza.

-¿Crees que tiene miedo?- pregunte asombrado.

-Es posible.- contesto afablemente.

-Pero papa, cualquier escolar sabe que "eso" no daña a los bebes.

-En un embarazo normal puede, pero esto es algo diferente. Tala debería hablar con Carlisle, a ver que opina el.

-Gracias papa- me levante para abrazarlo.

Uf, ni siquiera lo había pensado. Ese hombre era un genio. A veces me preguntaba como mi padre podía ser tan intuitivo, aunque claro dicen que sabe más el diablo por viejo que por diablo…