Capitulo 43

Después de dos días prácticamente sin dormir lo ultimo que me apetecía era escuchar el impertinente sonido de la alarma del despertador, antes de darme cuenta el despertador había salido volando y había muerto estampado contra la pared. Mierda iba a tener que comprar otro, otra vez…

-Lo has vuelto a matar- constato Tala acurrucándose en mi pecho.

Ves, esto ya era un mejor despertar. Oímos como golpeaban la puerta de la habitación y nos miramos extrañados.

-Espero que estéis visibles, porque voy a entrar- dijo Billy desde el otro lado de la puerta.

-Pasa Billy- respondió Tala antes de darme tiempo a abrir la boca.

-Buenos días chicos- saludo Billy al tiempo que entraba.

Levaba una enorme bandeja llena de comida sobre el regazo, note como mi estomago gruñía ante la visión de semejante festín. Desayuno en la cama, el día prometía…

-Vaya gracias Billy, no tenias porque molestarte…

-No tan deprisa chico, es para ella no para ti- me corto Billy.

-¿Para mi?- exclamo Tala sorprendida.

-Si señorita, para usted y no pienso moverme de aquí hasta que te lo hayas comido- afirmo mi padre con determinación.

-No se si podré con todo- le contesto ella mirando la bandeja con suspicacia.

-Pues tendrás que poder, ordenes del medico- dijo a la vez que le colocaba la bandeja sobre las piernas.

-¿Has hablado con Carlisle?- le pregunte a mi padre.

-Si, llamo hace una hora aproximadamente, esta preocupado por tu alimentación- dijo mirando a mi mujer mientras hacia un gesto para que comenzara.

Tala frunció el ceño y empezó por los huevos revueltos después de darles varias vueltas con el tenedor como si los estuviese inspeccionando. Recordé lo que había dicho en casa de los Cullen sobre sus "nuevos gustos culinarios". No parecía muy animada con el desayuno, la verdad.

¿Prefieres sangre? pensé, dibujando la pregunta en mi cabeza.

Me miro con muy mala leche y se lanzo a engullir la comida. Mi treta no había estado bien, pero había funcionado. Al menos estaba comiendo, aunque no sabia si eso impediría que siguiese teniendo "necesidades especiales".

Había ido de caza con Ness muchísimas veces, pero no sabia porque se me hacia muy difícil pensar que quizás me tocase hacerlo también con Tala. Además, aun recordaba la alimentación de Bella durante su embarazo, esperaba que no tuviésemos que llegar a eso.

-¿Qué es lo que te ha dicho Carlisle?- le pregunte a mi padre mientras observábamos comer a Tala.

-Que os podéis quedar la antigua furgoneta de Bella tanto tiempo como necesitéis, ellos no la usan- me miro con elocuencia.

Era obvio que no quería seguir hablando del tema de la alimentación delante de Tala, lo cual me indico que Carlisle le había hablado de las "necesidades" de mi mujer.

-Es todo un detalle, me voy a la ducha- dije.

Mire a mi mujer y le di un leve beso en la sien mientras ella seguía comiendo, me levante de la cama y salí de la habitación, al pasar junto a mi padre le apreté ligeramente el hombro, el palmeo mi mano en señal de acuerdo, ya hablaríamos mas tarde.

Quince minutos después estábamos de camino al taller.

-No entiendo porque no me has dejado ir en el otro coche…- dijo Tala poniendo un puchero.

-Ya te lo he dicho, no volverás a conducir hasta que el bebe haya nacido.- aun recordaba como Nessy le había roto las costillas a Bella sin previo aviso… varias veces.

-Uf -resoplo cruzándose de brazos- vaya mierda- murmuro

No pude evitar sonreír, entendía su mal humor, estaba acostumbrada a ser independiente y de golpe se encontraba con una horda de gente pendiente de vigilarla, cuidarla y protegerla en todo momento, desde luego era un gran cambio.

-Va cariño, solo serán unos meses- le dije intentando infundirle ánimos.

-Agh, ¿disfrutas torturándome?- su cara era un poema…

-A veces, pero no así precisamente…- le respondí alzando una ceja con picardía.

-Jacob Black, eres incorregible- dijo sonriéndome.

-Lo se, igual que se que te encanta…- me golpeo el hombro cariñosamente a modo de respuesta.

-No pienso reconocerlo… nunca- respondió.

-No, no lo harás… en publico.-dije echándome a reír.

Tala se unió a mis risas. Se instalo un agradable silencio entre los dos, pero a medida que nos acercábamos al taller note como sus nervios iban en aumento. Al fin hablo.

-No se como actuar, ni se que esperar- murmuro.

Era una afirmación que iba más allá de las próximas horas. Ojala supiera que decirle, en realidad yo tampoco sabia que esperar.

-Todo saldrá bien.- Fue lo único que se ocurrió.

Asintió con la cabeza. Solo esperaba que mis palabras no cayesen en saco roto. Si le pasaba algo… No, no iba a pensar en eso, no podía, no debía pensar en eso.

Tala debió notar mi inquietud porque se acerco a mí y pasando por debajo de mi brazo apoyo la cabeza en mi pecho. Baje el brazo para rodearle los hombros.

-Te amo- murmure.

-Universo- respondió girando la cabeza para depositar un beso sobre mi pecho- yo también te amo- y se acurruco todavía mas contra mi.

Adoraba esos pequeños gestos de ternura que había entre nosotros, eran tan naturales como el fluir del río, desde luego eso era sin duda la felicidad, esos pequeños y maravillosos momentos.

Un suspiro escapo de mis labios cuando al girar la ultima esquina vi plantado delante del taller a Nahuel, en cuanto vio acercarse el coche cruzo los brazos sobre el pecho y puso cara de malas pulgas… ¿Qué tripa se le habría roto?

-Cariño, creo que tu padre esta de mala leche- dije en un murmullo mientras aparcaba el coche a un par de metros de la entrada del taller.

No había acabado de hablar ni de aparcar cuando Nahuel abrió la puerta de copiloto. Mire alrededor, esperaba que nadie lo hubiese visto moverse a esa velocidad. Extendió los brazos y cogio a Tala para sacarla del vehiculo. Un gruñido amenazador escapo de mis labios.

-¡Suéltala!- brame.

Tala se zafo de sus brazos y se aparto rápidamente de el ya sobre la acera. Baje del coche lo mas rápido que pude para enfrentarme a el. Nadie trataba así a mi mujer. Tala se interpuso entre ambos y apoyo una mano en mi pecho, todo mi cuerpo temblaba como una hoja pidiéndome a gritos entrar en fase y arrancarle los brazos al padre de mi mujer…

-¡Calmaros, los dos!- grito Tala.

Un estremecimiento recorrió mi columna vertebral instándome a obedecer. Note como mi cuerpo se relajaba al momento y dejaba de verlo todo rojo. Mire desconcertado a mi alrededor, vi la misma mirada de sorpresa en la cara de Nahuel. ¿Qué diablos había sido eso?