Capitulo 54
Me desperté con la mujer de mis sueños aun profundamente dormida entre mis brazos.
Habían pasado casi tres semanas desde que Tala comenzase a tomar el plasma y la verdad es que había mejorado notablemente, ahora Carlisle le hacia análisis diarios para controlar las dosis, ya que si era demasiado alta habían pequeños efectos adversos, entre ellos un aumento de la libido lo suficientemente alto como para que mi integridad física peligrase, por no hablar de la suya propia.
Las obras de construcción también habían empezado, y tal y como aseguro Alice iban lo suficientemente avanzadas como para que la nueva casa estuviese acabada antes del nacimiento del bebe.
Me incline y bese su frente, luego hice lo mismo con su prominente barriga.
-¿Jake?- pregunto somnolienta.
-Duerme- Le susurre junto al oído.
Emitió un leve suspiro y se dio media vuelta en la cama, con una sonrisa en los labios. Me levante de la cama y salí de la habitación lo mas silenciosamente que pude. Tala necesitaba descansar, se había pasado gran parte de la noche en vela paseando por la casa por culpa de unos calambres en las piernas que ni siquiera mis atentos masajes habían podido calmar.
-¿Duerme?- me pregunto Billy cuando llegue a la cocina.
-Si- conteste- ¿Qué hora es?
-Las once, ya avise a los chicos de que Tala ha pasado mala noche y que hoy irías mas tarde, me han dicho que no te preocupes, que ellos se encargan y que te tomes todo el tiempo que haga falta, de hecho me han dicho que no es necesario que hoy vayas.- me explico alargándome una taza de café.
-Gracias- extendí la mano y cogí la taza- ¿A que hora vendrá Carlisle?- pregunte tomando un sorbo de café.
-Ya ha venido, se ha ido a ayudar con las obras, he quedado con el que le avisaría cuando Tala se despertase.- respondió mientras se dirigía al salón.
-Gracias papa- le dije siguiéndolo.
-¿Se ha despertado ya?- dijo Nahuel entrando por la puerta de casa.
-Hola Nahuel, no, sigue durmiendo.- Respondí al padre de mi mujer, que ya era un habitual mas en casa, mientras me sentaba en la mesa para acabarme el café.
-Pero se despertara si sigues dando esos gritos- respondió mi padre secamente.
No es que le molestase especialmente la presencia del hibrido, pero tenia el absoluto convencimiento de que nadie era capaz de cuidarla como el lo hacia y eso provocaba un cierto celo entre ambos.
-¿Quieres un café?- le pregunte a mi suegro intentando relajar el ambiente.
-No, gracias.- respondió educadamente- Volveré luego.- dijo antes de salir por la puerta.
-¡Papa!- exclame cuando considere que Nahuel ya se habría alejado lo suficiente para no oírme.
-¿Qué?- me contesto enfurruñado.
Me limite a mirarlo fijamente poniendo la cara de "malas pulgas" más convincente de la que fui capaz.
-Bueno, que quieres, me saca de quicio, si no hubiese ayudado a Tala a ocultar que no estaba bien ella no habría sufrido, así que no entiendo porque viene dándoselas de padre preocupado.- afirmo cruzándose de brazos para reafirmar sus palabras.
-Esta profundamente apenado por eso, de hecho todos lo Cullen lo están- dejen intentando hacerlo entrar en razón.
-Pamplinas, el es su padre, no debería haberse prestado a ello, yo no lo hubiese hecho- afirmo.
-Lo que te pasa es que estas celoso, va viejo reconócelo, no soportas tener que compartir su cariño con otro "padre"- le dije sin poder evitar el meterme un poco con el.
-Pamplinas- repitió
-Va Billy, reconoce que si es un poco eso- dijo Tala entrando en el comedor.
-¿Qué haces levantada?- pregunte levantándome y dirigiéndome hacia ella.
-Tengo hambre- musito y su estoma gruño para reafirmar sus palabras.
-¿Qué te apetece?- se apresuro a preguntar mi padre.
-Ya me lo hago yo, no os preocupéis.- dijo esquivándome para entrar en la cocina.
Salí tras ella con Billy pegado a mis talones, Tala abrió la nevera y suspiro.
-No quedan tomates, apenas hay queso, solo queda un huevo y no hay rastro de beicon ni de pan- dijo cogiendo la leche y cerrando la nevera.-Tendría que haber ido ha hacer la compra.
-Me tocaba a mi- murmure- lo siento he tenido mucho trabajo esta semana en el taller y se me ha olvidado.
-Yo he estado tan absorto con los muebles que ni siquiera me he dado cuenta.- dijo mi padre apesadumbrado.
Tala estallo en carcajadas mientras ponía cereales en un cuenco y le añadía la leche.
-Queréis dejarlo ya- dijo sonriente abriendo el cajón para coger una cuchara.- ¿Qué te parece si tu y yo hacemos una pequeña excursión al supermercado para abastecer la nevera?- me pregunto con picardía señalándome con la cuchara.
-Creo que hoy alguien se ha levantado de muy buen humor- dorio Billy.
-¿A que mujer no le gusta levantarse sabiendo que dos hombres se discuten por el placer de su compañía?- le pregunto a mi padre guiñándole un ojo.
Billy se puso colorado y carraspeo audiblemente.
-No estoy celoso- murmuro.
-Lo que tú digas papi- le respondió Tala agachándose para plantarle un beso en la mejilla.
-¿Eh y yo?- dije siguiendo la broma.
-¿Tu?, cuando no hayan adultos delante, no queremos escandalizarlos… ¿o si?- se acerco a mi moviéndose insinuante, afirme frenéticamente con la cabeza abriendo los brazos para recibirla entre ellos.
-Hora de irme- dijo Billy saliendo de la cocina.
Mientras nosotros estallábamos en carcajadas.
-Buenos días mi amor- le murmure al oído cuando nuestras risas disminuyeron.
-Buenos días amor mío- me contesto levantando la cabeza para que la besase, no me hice de rogar.
La bese con ternura intentando transmitirle todo lo que sentía por ella, pero como pasaba siempre el beso se me fue de las manos, haciendo acopio de autocontrol la separe levemente de mi intentado que ambos recuperásemos el aliento.
-Tiene que verte el medico- le dije acariciándole el pelo.
En las ultimas semanas le había crecido sorprendentemente rápido y ahora le llegaba por debajo de los hombros, me encantaba poder enredar mis dedos en el mientras jugaba con sus mechones.
-¿Me llamabais?- dijo Carlisle entrando en la cocina- Billy me dijo que te habías levantado, ¿Cómo te encuentras?
-Bien, exceptuando los calambres de anoche me siento genial- respondió mi mujer dedicándole una sonrisa al vampiro y saliendo de entre mis brazos.
-Los calambres son normales en los embarazos, no creo que nos debamos preocupar por ellos, ¿vamos?- dijo ofreciéndole su mano a Tala.
Ella se la cogió y lo siguió hacia la habitación para que Carlisle le hiciese la revisión rutinaria que le hacia cada día. Fui tras ellos, desde el incidente intentaba estar presente en todas las revisiones. Aunque tanto los Cullen y Nahuel, como Tala habían prometido no ocultarnos nada mas prefería estar presente, la cabezonería de mi mujer no tenía precedentes y su capacidad de persuasión tampoco. Había descubierto como ocultarme cosas pese al vínculo, aunque yo también lo había hecho.
Billy me había intentado echar el sermón de la confianza en la pareja pero con tan poca convicción que al final el mismo había aceptado sustituirme como observador en las revisiones en las que yo no pudiese estar presente.
Me apoye en el marco de la puerta mientras Carlisle le auscultaba y le palpaba la barriga y le sacaba sangre.
-Bueno todo parece en orden, tendré los resultados de análisis esta noche- nos dijo guardando los tubitos de sangre en un compartimento de su maletín- ¿Queréis que os llame, u os lo cuento mañana cuando vengáis a la ecografía?- pregunto.
Habíamos cambiado la revisión semanal en su casa a los domingos para que yo pudiese asistir, ya que era el único día que el taller estaba cerrado.
-Mañana- le dijo Tala.
-Llámanos- dije yo a su vez.
Tala emitió un leve suspiro como de fastidio, no podía culparme por querer estar al día, a fin de cuentas si no me hubiese mentido yo habría seguido confiando en su criterio y en su buen juicio para con su salud y la de nuestro hijo.
-Llámanos- acabo claudicando ella.
-¿Todo bien?- pregunto la voz de Billy desde el pasillo.
-Si papa, todo bien- respondí girando la cabeza por encima de mi hombro.
En el pasillo estaba también Nahuel que suspiro aliviado al oír mi respuesta. Me aparte de la puerta para que Carlisle pudiese salir de la habitación.
-Me han dado el día libre- le dije a Tala mientras me sentaba junto a ella en la cama y le ayudaba a recomponer su ropa- Así que si quieres, podemos ir ha hacer la compra y darnos un paseo por la playa o lo que mas te apetezca.
-¿En serio?- dijo levantando la cabeza y mirándome ilusionada.
-¿Tengo pinta de estar bromeando?- le pregunte a su vez.
-Cierra la puerta- me ordeno, debí poner cara de pasmo porque se apresuro a añadir- No tonto, quiero cambiarme de ropa- y estallo en carcajadas.
Mire su ropa, llevaba una de mis camisetas, las suyas ya no le entraban, y unos pantalones, que seguramente le quedaban por debajo de la barriga, pero que mi camiseta tapaba hasta medio muslo, estaba adorable, en realidad me encantaba que llevase mi ropa.
-Yo te veo bien- le dije.
-Ni hablar, pienso cambiarme… es mas, pensándolo mejor no quiero que me veas hasta que haya acabado de arreglarme- dijo levantándose de la cama y empujándome para sacarme de la habitación.
Me dejo plantado en mitad del pasillo y cerro la puerta sin darme opción a rechistar. Mujeres… aunque si eso la hacia feliz por mi estaba bien.
