13º La fiesta. Preparando a los Cullen
Bella PoV
-¿Estás segura de lo que vas a hacer, Isabella?- Me pregunto Jacob muy serio.
-Sí, ya lo he decidido y lo hare hoy- Le conteste mientras me vestía con el traje ceremonial.
-No puedes hacerlo, el no siente lo mismo y si te entregas, estarás atada eternamente. ¿Y si en el futuro aparece el indicado?-
-Basta Jacob. Si que puedo hacerlo, ya sé que no siente lo mismo, pero no me importa y él sí es el indicado para mí-
-Isabella...-
-Jacob ¿es que aun no te has dado cuenta? Es tarde para mí, estoy imprimada-
-...- Se quedo sin palabras ante mi declaración.
-Exacto- Dije mientras terminaba de trenzar mi pelo.
-Tú no puedes estar imprimada y menos de el-
-Sabes que la imprimación no se controla, cuando llega, llega. Tú ya lo experimentas con Leah- Solté un suspiro desesperado.
-Te necesito Jake, necesito tu apoyo, no puedo respirar sin él, sé que no me ama, pero me quiere como la amiga que soy y eso me basta... No puedo hacer un sello con amor, pero si con amistad-
-Disfrazaras el sello de amor con amistad- Fue una afirmación, no una pregunta.
-Jacob, por favor, eres mi hermano, ayúdame- Le suplique. Se me quedo mirando un minuto, suspiro de forma teatral y me dio un abrazo.
-Está bien linda, tienes mi apoyo- Dijo al fin.
-Gracias, sabes lo importante que es para mí- Le conteste muy agradecida.
Salimos de la casa justo a tiempo para escuchar a Sam preguntando a los intrusos.
-¿Quienes sois vosotros y que hacéis aquí?-
Vi como los 5 rostros pálidos se giraban para encarar a los 5 Quileute que se acercaban.
-Son mis rostros pálidos y han venido a disfrutar de la fiesta- Le conteste.
Al oírme, todos se giraron a mirarme y en cuanto se dieron cuenta de quién era, se me abalanzaron para abrazarme, gesto que me trajo un Dejavú del primer día de clase con los Cullen.
-Bella!- Me gritaron todo, casi dejándome sorda.
-Vale, vale, manada! De uno en uno, tengo abrazos para todos- Me reí, recordando aquel día en el insti de Forks. Pronto empezaron las preguntas.
-¿Dónde has estado?-
-¿Que te ha pasado?-
-¿Por que ya no vienes a vernos?- Iba a contestar todas las preguntas, cuando la voz de Sam me interrumpió.
-Silencio manada! Yo hare las preguntas-Se impuso el líder.
-Jacob nos conto que habías estado ingresada, ¿Qué te paso?- Me pregunto con gran interés.
-Bueno, ya sabes, lo de siempre- Le dije, recordando los últimos incidentes con las ranas.
-Besando ranas!- Contestamos todos a la vez riéndonos. Mis rostros pálidos estaban algo confundidos, nunca me habían visto en la reserva y no conocían este lado de mí.
-Bueno manada, dejad que os presente a mi familia- Les dije orgullosa a los Quileute.
Mis rostros pálidos nunca me habían visto vestir de aquella manera.
Mi peinado, dos trenzas larguísimas a ambos lados de la cara, les resultaba extraño, tanto como mi vestimenta y mi forma tan diferente de hablar, pero estaba en la reserva y allí era todo distinto, yo era mas... bruta, Jake y los demás estaban acostumbrados a esta Bella, me habían "educado" de forma diferente, aquí era más directa, menos recatada.
Por eso, nada mas verme, abrieron los ojos desmesuradamente y yo tuve la fuerza de enterrar mi sonrojo ante ellos. Ante Edward sobretodo, que hizo un minucioso examen de mi persona. Se detuvo en cada uno de los detalles. Mi pelo, el escote de mi vestido, su bordado ceremonial, los flecos de la falda, que al moverme dejaba a la vista más de medio muslo, mis zapatos artesanales. Cada curva y cada rincón de mi cuerpo quedo expuesto ante sus profundos luceros color azul grisáceo que me escrutaban con esmero y cariño.
-Dios mío, Bella, estas impresionante!- Grito Alice, sacándome de mi concentración y consiguiendo que aparecieran mis colores.
-Gracias Alice- Le conteste, sintiendo el calor en mis mejillas, mientras me situaba a su lado.
-Bien, estos son mis hermanos, los rostros pálidos. Emmett y Rose, Alice y Jasper y por último, pero no menos importante, Edward-"De hecho, el más importante" pensé. Me gire y presente a los Quileute.
-Estos son mis hermanos Quileute. Sam, Jared, Embry, Quil y Paul... y por supuesto Jake, al que ya conocéis- Sam se apresuro a darles la bienvenida.
-Bienvenidos a la reserva, gracias por venir, esperamos que lo paséis bien hoy y que disfrutéis al máximo de nuestra fiesta- Me gire hacia mis hermanos para explicarles el plan.
-Muy bien, mis niños que acompañen a Jacob, os dará ropa para que os cambiéis, Alice, Rose, venid conmigo- Me lleve a las chicas a la casa para cambiarlas y que pudieran disfrutar de la fiesta como autenticas Quileute.
Días atrás había tenido una pequeña reunión informal con los ancianos de la tribu y les pedí permiso para que pudieran participar, todos accedieron sin problema.
-Bueno chicas, nos vamos a vestir de gala- Les dije. Me acerque al armario de la habitación donde estábamos y saque dos vestidos parecidos al mío. Eran cortos, por encima de la rodilla y con flecos en todas las terminaciones, tanto en la falda, como en los hombros y el escote, que era generoso, en "V" con una sencilla línea bordada. Al igual que el mío, en la falda llevaban un elaborado bordado, la cabeza de un animal. A Rose le di el vestido que representaba al oso y a Alice el que representaba al halcón.
-Estáis preciosas chicas, parecéis Quileute de verdad- Les dije una vez que estaban vestidas y examinaba cada detalle.
-Tú sí que estas hermosa Bella. Nunca te habíamos visto tan guapa. Incluso Edward ha hecho un reconocimiento exhaustivo de tu persona, babeando, por cierto- Dijo riéndose del comentario.
-Sí, ya me he dado cuenta- Susurre mirando el suelo y poniéndome más roja que un tomate.
-Estos vestidos son una pasada, pero ¿por qué nos haces vestir así?- Pregunto Rose para desviar el tema, cosa que le agradecí con la mirada.
-Bien, son vestidos ceremoniales. Hoy representaremos un espectáculo para turistas. Digamos que elegiremos "marido" en una pequeña ceremonia ancestral, que ha pasado de generación en generación- Les explique. Aunque, a decir verdad, el ritual que íbamos a representar era real, no un espectáculo.
Pero eso, ellos jamás lo sabrían.
-Para empezar elegiremos compañero, como vosotras dos ya tenéis novio, los elegiréis a ellos, yo elegiré a Edward, no voy a dejarlo fuera por no tener compañera, quiero que os podáis divertir los 5- Les dije mientras se arreglaban.
-¿Y tú no te vas a divertir con Edward?- Pregunto Alice, con picardía.
-Bueno, claro que me voy a divertir, pero yo ya sé de qué va el tema- Le conteste, intentando restarle importancia.
Me acerque de nuevo al armario y saque una caja de madera tallada. La abrí y cogí tres bolsitas de cuero teñido, una negra, una ocre y una azul. Abrí la bolsita negra y saque de ella dos collares exactamente iguales, dos cintas de cuero negro de las que colgaban dos dijes de platino con la forma de la cabeza de un lobo. Me los puse los dos y después saque dos collares de cada una de las otras bolsitas, dos halcones que le entregue a Alice y dos osos para Rose.
-Tened, os ponéis uno vosotras y el otro a los chicos. Ojo, ellos no deben tocarlo hasta que estén en su cuello. Representa vuestra pureza- Les explique algo sonrojada.
-Cuando dices pureza... ¿Te refieres a...?- Empezó a preguntar Rose, pero la interrumpí.
-Me refiero a que simboliza vuestra virginidad, por decirlo de alguna manera, ya sabemos que vosotras no lo sois, pero eso no importa realmente. Es más lo que entregáis simbólicamente- Le conteste sin mirarla directamente, totalmente avergonzada por el tema de conversación.
-Bien. Nos pondremos en círculo, juntando a los chicos por la espalda y poniéndonos nosotras delante de ellos, nos sentaremos en el suelo y entonces, con tintes naturales y los dedos pintaremos sus rostros. Da igual como lo hagáis, los dibujos que se os ocurran, pero, antes de hacerlo, debéis besar esa zona ¿Me explico?- Por la cara que pusieron supe que no entendían muy bien así que me decidí a hacerles una demostración.
-Vale, Alice, así- Le di un beso en la mejilla y luego pase mi dedo índice por encima, dejando una línea imaginaria.
-Se supone que es como marcar tu territorio, como hacen los perros con la orina-
-Ahora lo entiendo!- Gritaron las dos a la vez, provocando que yo me riera.
-Bien chicas, entonces, vamos a por nuestros guerreros!- Les dije alzando la mano en puño, alentándolas a la marcha.
Los chicos ya nos esperaban en la entrada de la casa junto con el resto de los Quileute. Vestían el pantalón ceremonial a juego con nuestros vestidos, para dejar bien claro quién era pareja de quien.
No pude evitar sonrojarme cuando lo vi. Estaba increíble con aquel pantalón que le quedaba bien ajustado a sus caderas y sus piernas. Iba sin camisa, como mandaba la tradición, enseñando su perfecto cuerpo, músculos marcados sin exagerar, sin ser tan evidente como Emmett pero sin nada que envidiarle a Jasper.
-Estáis de infarto chicos!- Grite, intentando alejar de mi mente pensamientos impuros.
Los tres se sonrojaron de manera escandalosa, cosa que me hizo mucha gracia, yo no era la única que cogía ese molesto color.
-Alice, Rose, ponedles esto- Les entregue a las chicas sus correspondientes bolsitas.
-Mirad como se pone- Saque de la mía los brazaletes ornamentales y me acerque a Edward para ponérselos. Le ate un brazalete en cada brazo, saboreando con mis dedos la tersura de su piel y sintiendo una vez más la electricidad.
-Tensa los brazos y dime si te molestan- Le susurre, conteniendo la emoción. Flexiono los codos, haciendo que sus bíceps se contrajeran y yo tuve que concentrarme al máximo en no babear.
-Están bien. ¿Vamos a vestir así todo el día?- Me pregunto alzando una ceja de forma muy, muy, pero que muy sexy. "Por mi vestías así toda la vida, cariño" Pensé. "tranquilízate Isabella!" Me reprendí a mí misma.
-Bueno, a mediodía nos daremos un baño en la playa, pero si, esa es la idea- Le dije imaginando el momento y sonriendo.
Me quite uno de los collares y se lo puse, dando así comienzo a su integración Quileute.
-Esta es nuestra insignia, algo así como nuestro escudo de armas, como ves yo también llevo uno- Le señale, haciendo que fijara la vista en mi cuello.
-Emmett y Rose representan al oso y Jasper y Alice, al halcón- Desvié mi mirada hacia mis hermanas y me di cuenta de que les estaba costando un poco atar los brazaletes, así que me acerque para ayudarlas.
Los chicos se estaban quejando por que no querían usar los collares.
-Poneos los collares, Edward lleva el suyo, así que vosotros también. Y ahora el último detalle, el maquillaje- Les ordene.
Tome con fuerza la mano de Edward y nos adentramos en el bosque todos, encabezando yo la marcha. Nosotros seis íbamos en silencio, pero un poco más atrás podía oír las voces de mis hermanos Quileute, emocionados por el día que iban a pasar.
Hablaban en voz baja y en lengua Quileute, para que los rostros pálidos no se enteraran de lo que decían, pero aun así, yo podía.
Querían ponerlos a prueba con la lucha cuerpo a cuerpo, haciendo apuestas. Tendría que hablar seriamente con Jacob del asunto.
Cuando llegamos a la pradera donde se celebraba la fiesta, anuncie nuestra llegada aullando, como era mi costumbre en la reserva. Note, a través del contacto de mi mano con la de Edward, como su cuerpo se estremecía y me sentí orgullosa de mis raíces indias.
Pronto, ese seria nuestro saludo, si él quisiera.
-Bella! Te has traído a tus rostros pálidos, ¿los vas a maquillar?- Me pregunto Leah, emocionada al ver caras nuevas.
-Leah no hables así de mis niños, no son mis mascotas- Me reí, Leah siempre veía a los rostros pálidos como algo extraño, ya que no le era habitual verlos en la reserva.
-Y por supuesto que los voy a maquillar, convoca el círculo- Le dije. Leah se aparto de nosotros un minuto para llamar a las compañeras mientras yo situaba a mis hermanos al lado de la hoguera principal para empezar el ritual.
Enseguida llegaron las chicas de la manada con sus características vestimentas y se pusieron delante nuestro para ser presentadas.
-Bien, antes de nada, os presento a los miembros de la manda que faltaban. Emily, Leah, Claire, Rachel, Rebecca y Kim, chicas estos son Rose y Emmett, osos, Alice y Jasper, halcones y mi otra mitad, Edward- Mire de reojo a Edward sin que él lo notara y vi reflejada la confusión en su rostro ante esas palabras. Estaba segura de que en estos momentos su cabeza estaba trabajando sobre el significado que pudieran tener. ¿Acertaría en su conclusión? Les pedí mentalmente a los ancestros que así fuera y que mis sentimientos fuesen correspondidos, aunque dudaba mucho de que oyeran mis plegarias.
Coloque a los chicos en sus posiciones para empezar el ritual y nos sentamos todos en el suelo. Las Quileute formaron el círculo para el cantico y también se sentaron.
-Bien chicas, hora de marcar nuestro territorio- Les entregue a mis hermanas los tintes.
-Recordad lo que os he enseñado- Les dije.
Hice una leve señal y el cantico empezó.
Al círculo se acercaron todos los que se encontraban allí y Edward empezó a mirar a su alrededor, algo nervioso.
-Concéntrate en mi, Edward, mírame y relájate, solo estamos tú y yo- Le susurre.
Fijo su mirada en la mía. Espere unos segundos y pronto se creó nuestra burbuja, donde solo él y yo cabíamos, el mundo a nuestro alrededor desapareció, llevándose los nervios y la tensión.
Respire profundamente, había llegado el momento de exponer mis sentimientos sin que Edward lo notase.
Apoye mi mano derecha en su cabeza para poder guiar sus movimientos y manche mis dedos con el tinte.
Edward se quedo inmóvil, mirándome y en silencio. Bese su frente y el abrió mucho los ojos, sin duda no se lo esperaba. Selle el beso con el tinte. Después hice lo mismo con sus mejillas y su nariz. Por último, sostuve su rostro con ambas manos y uní mis labios a los suyos. Puse allí todo el amor que sentía por él. Fue un beso dulce, lento, un simple roce de nuestra piel.
Necesite toda mi fuerza de voluntad para separarme de esos labios tan dulces, que, por otro lado, no reaccionaron a tiempo por la sorpresa. Cuando por fin rompí la unión, selle su boca con una línea dejándole mi sabor impregnado.
Edward me miro con un brillo diferente en los ojos, algo que nunca había visto se instalo en su mirada.
Su respiración se acelero y sus manos se apretaron contra sus rodillas como conteniéndose para no moverse.
Mi corazón empezó a golpear en mi pecho, intentando abrir un agujero para poder salirse al verlo así. Parecía emocionado, ilusionado, como si mi beso le hubiese significado más de lo que yo pudiera imaginar.
"no te hagas ilusiones, Bella, sabes que no te ama." Tuve que recordarme.
A pesar de esa advertencia, una sonrisa se acomodó en mis labios, deseando volver a rozar su piel.
-Estas son tus pinturas de guerra- Le dije aun sonriendo. Sus ojos, algo desenfocados brillaban con intensidad y una de sus perfectas sonrisas torcidas se materializó en sus labios para mí. Mi corazón volvió a rugir en mi pecho.
Las chicas habían acallado los canticos, así que nos pusimos todos de pie. Había hecho mi elección. Ya no había vuelta atrás, mi corazón ya tenía dueño.
Entres risas y aplausos, los Quileute nos saludaron y felicitaron.
-¿Que os ha parecido la primera parte del ritual, chicos? Esta tarde, después de comer, lo terminaremos, las chicas terminaran los tatuajes y después vosotros las reclamaréis como vuestras, tatuándolas también- Les explico Jacob, mientras a mí me miraba sentenciándome.
En ese momento se le podía aplicar aquella frase de... Si las miradas matasen...
-Un momento, ¿tatuajes? No, no, no, yo no puedo tatuarme, soy alérgica a los tatoos- Soltó Alice de pronto, asustada. Los Quileute se rieron por su repentino espanto.
-Alice, tú no eres alérgica a los tatoos, además, acabas de tatuar a Jasper, eligiéndolo así como tu guerrero, al igual que lo ha hecho Rose con Emmett y yo con Edward. Después de la batalla, si son merecedores de nuestro corazón, terminaremos sus tatuajes y entonces ellos podrán reclamar lo que les pertenece, tatuándonos a nosotras- Le conteste.
Por lo mucho que le brillaban los ojos, supe que había comprendido mis actos, o al menos, tenía la sospecha. Ella misma me lo confirmo hablando.
-Ah! Ahora lo entiendo, osea, que nos pintaran la cara como hemos hecho nosotras- Me miro directamente con aquella cara de "sé lo que te propones" así que no me quedo más remedio que confesar, ella me conocía, sabia como descubrirme.
-Eres incorregible Alice, pero sí, no vas mal encaminada, además, los ancestros lo hacían así- Solo Alice entendió lo que decía y eso solo significaba una cosa. Reunión de chicas al llegar a casa.
-Isabella Swan, veo que has elegido ya a tu guerrero - Nos giramos todos ante la voz que nos hablaba y vi acercándose al Venerable Quil Ateara, jefe de la tribu, que venía acompañado de Seth.
-Así es, venerable, he hecho mi elección- Le conteste con una leve reverencia.
-Entonces es el momento, debéis emprender el camino- Dijo, empujando un poco a Seth para que se reuniera con nosotros.
Tome a Edward de la mano para acercarnos a Seth. El también debía tomar parte de este acto, al convertirlo yo en mi otra mitad.
-Edward, es nuestro turno- Le susurre, mientras se volvía a concentrar el círculo.
-Seth, te presento a Edward Cullen, Edward, este es Seth, el cumpleañero- Les presente. Seth miraba a Edward entusiasmado, supe en ese momento que tarde o temprano, serian buenos amigos.
-Whoa! Bella, menudo macho te has buscao!- Grito Seth. "sí, definitivamente se llevaran bien" Pensé mientras notaba como Edward se ponía rojo como un tomate.
-Seth, compórtate-Le regañe riendo.
Leah se acercó a nosotros con los tintes ceremoniales para formar a Seth con su marca, que le acompañaría durante el resto de su vida.
-Sabes la admiración que Seth te tiene, así que ha pedido tu marca para honrarte, los ancianos han elegido darte a ti la opción de hacer tu legado o no- Me dijo Leah, claramente emocionada.
-Sera un honor para nosotros legarte nuestra marca, Seth- Le conteste, a punto de llorar de la emoción.
Le hice una reverencia a Leah y los canticos se volvieron a escuchar.
Tome la mano derecha de Edward y le manche la yema de los dedos con el tinte blanco, yo hice lo mismo con mi mano izquierda y el tinte negro.
Uní nuestras manos manchadas poniendo la mía sobre la suya, entrelazando los dedos y los guié al rostro de Seth. El cerro los ojos y marcamos su cara con líneas que iban desde su frente a su barbilla.
Su paso a la madurez había empezado.
Ahora quedaba lo más difícil, enfrentarse al gran lobo.
-Es la hora de la despedida- Dijo el venerable jefe.
Todos los presentes se nos acercaron para despedirse del niño, que a la vuelta de su viaje, sería un hombre.
Mi corazón empezó a latir descontroladamente, no quería separarme de Edward ahora, así que enrede mis dedos entre los suyos, que encajaban a la perfección, para no soltarlo mientras nos despedíamos.
Sería un momento muy duro para mí.
Cuando el último de los presentes deshizo nuestro abrazo, me acerque a mis hermanos. Alice y Rose no apartaron la mirada de mi mano unida a la de Edward hasta que comencé a hablar.
-Bueno chicos, escuchad. Empieza la diversión. Quiero que os lo paséis bien. Jacob estará con vosotros en todo momento, así que cualquier duda o lo que sea pod...-
-Un momento! ¿Es que no vas a estar con nosotros?- Note el cuerpo de Edward estremecerse y como la expresión de su rostro cambiaba de un semblante sereno a una mueca asustada.
-No puedes dejarnos solos peque- Ante esta confesión, mi corazón salto al vacío, intentando salirse de su lugar.
No pude contenerme, mis manos se movieron automáticamente hasta su pelo, al cual se aferraron con desesperación y amor.
Un ronroneo comenzó a brotar de su pecho, haciéndome sonreír sin apenas darme cuenta.
-Shh... Cálmate gatito- Le dije con todo el dolor de mi corazón.
No podía creerlo, Edward parecía tan espantado como yo, ante el hecho de tener que separarnos.
-Whoa Bella! En verdad que has encontrado a tu macho, solo le falta aullar!- Grito Seth, sacándome de mis pensamientos.
Seth se había dado cuenta de que Edward era el hombre idóneo para mí, aunque yo supiera que eso era un sueño imposible de realizar.
-Cuando termines el ritual, te daré permiso para que le enseñes- Le conteste en broma.
Edward nos miro confundido durante unos segundos pero luego, deslizo sus manos por mi cintura, abrazándome fuertemente y escondió su rostro en mi cuello. Yo seguía con las manos enterradas en su pelo.
-Lo siento gatito pero debo irme con Seth. No será mucho tiempo, a mediodía estaré de vuelta- Le susurre.
-No, por favor, quédate conmigo, no me dejes solo- Me suplico mientras dejaba dulces besos en mi cuello.
Un calor repentino encendió mi piel allí donde sus labios se posaban y un fuerte escalofrío recorrió mi cuerpo haciéndome temblar entre sus brazos. Al notarlo, él se separó un poco, pero después volvió a su tarea de dejar besos, mientras yo intentaba concentrarme para no desfallecer por la placentera sensación.
-Rose, me iré un rato con Seth, en cierto modo soy su madrina y debo acompañarlo en su viaje hacia la madurez, pero tranquilos, que no os aburriréis. Mientras yo estoy fuera, los hombres pelearan por el amor de sus mujeres. Os lo vais a pasar de miedo!- Les explique con un tono gracioso para relajar el ambiente.
Y llego el momento de la separación.
Debía despedirme de mis hermanos, pero el contacto que mantenía en ese momento con Edward me llamaba. Mi mente intentaba tener el control de mi cuerpo sin éxito, ya que este no respondía a la orden de moverse. Tuve que obligarme.
Lo solté con mucho esfuerzo, sintiéndome incompleta inmediatamente.
Me despedí de mis hermanos con un beso y un abrazo, dejando a Edward en último lugar.
Necesitaba sentirlo otra vez, así que no tarde en volver a la dulce protección de sus brazos.
Tome su pelo de nuevo entre mis dedos y él puso sus manos en mi cintura, juntando nuestras frentes y creando nuestra burbuja privada, la cual, sentí más fuerte que en otras ocasiones.
-Pórtate bien y diviértete. Volveré antes de que te des cuentas de que no estoy- Le susurre sonriendo, intentando alejar la tensión de su cuerpo.
-¿cómo no me voy a dar cuenta si ya te estoy echando de menos?- Me pregunto, haciendo más estrecha la cárcel de sus brazos y más doloroso el latido de mi corazón.
En ese momento no pensé con claridad.
Las palabras fluyeron de mi boca sin detenerlas sin, ni siquiera poder pensarlas. El dolor y la alegría que provoco su pregunta en todo mi ser, hizo que mi corazón hablara por mí.
-Por favor mi gatito, no sabes lo difícil que me resulta separarme de ti, Me quedaría aquí mismo para siempre, pero no puedo. Sera poco tiempo, te lo prometo- Note como Edward se aceleraba, su respiración, su corazón, su cuerpo tembló.
Se separó ligeramente de mí y nos miramos a los ojos. Me di cuenta entonces de lo que había dicho y me dio miedo por lo que pudiera pensar. El calor que desprendía mi cara me indico que la tenía roja.
-Ahora tengo que irme- Le dije con todo el dolor de mi corazón, intentando ignorar lo que había dicho.
Me puse de puntillas y rodee su cuello con mis brazos.
El por su parte me pego más a su cuerpo apretándome con fuerza.
Deje cortos besos en su cuello, probando el sabor de su adictiva piel y llenando mi ser con su aroma.
Reacciono ante eso tal como lo había hecho yo anteriormente, erizándosele la piel y estremeciéndose.
Mis ojos empezaron a picar. No quería que me viera llorar así que bruscamente me separe de mi milagro personal.
Tome la mano de Seth sin pararme, sin mirar atrás y salimos corriendo. Sabía que si no lo hacía así, no podría separarme de él.
Cuando llegamos a la entrada del bosque, que no estaba muy lejos, la ansiedad y el dolor de la separación hicieron que me diera la vuelta para poder mirarle una vez más.
Pude ver la pena que le causaba nuestra distancia, la misma que me envolvía a mí.
Mi instinto Quileute pudo conmigo y sin ser consciente de ello, un aullido lastimero salió de mi pecho, pidiendo el calor de su cuerpo cerca del mío.
Lo que no me esperaba, fue lo que paso a continuación.
Edward empezó a aullar, igual que yo, desesperado, pidiendo mi regreso. La sensación que recorrió mi cuerpo fue indescriptible.
Me sentí amada por un instante. Mi corazón latía a un ritmo frenético y mi alma quería volar libre para enlazarse con la suya.
Con una gran sonrisa en mi cara y una sensación ansiosa de volver pronto, arrastre a Seth hacia el bosque para emprender nuestro viaje.
Dejando atrás al niño y volviendo con el hombre.
